“Negro andate de acá, tomátelas”

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Ser negro, senegalés y vendedor ambulante en la ciudad que gobierna Rodríguez Larreta puede ser una pesadilla. La última gran represión ocurrió en el barrio de Flores días atrás y terminó con un joven gravemente herido pero la persecusión y el hostigamiento policial son una constante contra este grupo de migrantes. Pacíficos y un poco resignados, denuncian que la policía los golpea y les saca la mercadería sin motivos: “Solo quiero trabajar pero no me dejan”, dice Abdou. Crónica del racismo y la violencia sistemática contra los senegaleses.

Fotos: Joaquín Salguero y Ulises Rodriguez.

Abdou para en la boca del subte B, en plena 9 de Julio y Corrientes. Llega temprano y en un pedazo de lona negra acomoda joggins y pantalones de gimnasia. Tiene cara de cansado y la risa fácil. Son las cinco de la tarde y en ese momento una marcha convocada a través de Facebook reúne unas 200 personas que los apoya en el Obelisco contra la represión policial. Abdou mira atento sus pertenencias, relojea la convocatoria a la que no asistirá porque tiene que trabajar hasta que aparece la Policía de la Ciudad que los mira intimidante y les hacen señas con la cabeza para que se vayan. Abdou y su compañero Kenneth bajan la cabeza y empiezan a levantar sus petates.

“Es todo el tiempo así. Todo el tiempo. No sabemos ya qué hacer. No vendo marcas para que no me acusen por la ley de marcas pero igual me echan, me sacan las cosas y a mis amigos también”, dice Abdou a Nuestras Voces en un español atravesado y mezclando algunas palabras en francés para darse a entender.

Con todas sus pertenencias envueltas para irse a otra parte del microcentro porteño hasta que la policía vuelva a echarlo, así pasa todo el día el vendedor ambulante africano. “Es mucho contra nosotros. A otras gentes los dejan y no dicen nada pero con nosotros es ‘Negro andate de acá, Negro  tomatelas…Negro, Negro… siempre Negro. Nunca con respeto”.

Abdou nació en Dakar, Senegal, hace 29 años y vino a Argentina hace dos años y medio buscando el trabajo que en su país escasea. Al día siguiente que llegó asumió Mauricio Macri. “Toda gente dice que vine en mal momento. No sé quién es Macri, solo quiero trabajar pero no me dejan. Últimamente no nos dejan”.

A los senegaleses nunca se la hicieron fácil en el país pero desde que está Cambiemos en el gobierno nacional las cosas son más duras aún y se ha recrudecido la violencia y el ensañamiento contra una comunidad que es por demás pacífica.

Costurero de oficio, Abdou dice que sabe hacer camperas, pantalones, camisas, remeras. “De todo sé hacer pero aquí no puedo trabajar porque no tengo documentos”. Su objetivo cuando amanece es juntar 300 pesos por día para pagar la pieza que alquila junto a otros “hermanos” en una pensión de calle Tucumán y comer.

A un costado de Abdou, con un gorro azul de lana y campera negra refregándose las manos constantemente para calentarlas está su amigo Kenneth que vende cuellos, bufandas y gorritos para niños. Casi no habla español pero dice: “no tomamos alcohol, no usamos drogas, somos respetuosos con la policía pero ellos no con nosotros. Siempre nos sacan, se llevan nuestras cosas, nunca las devuelven y nos llevan a la comisaría. ¿Por qué me digo?, ¿por qué si lo único que queremos es trabajar.”

Kenneth paga 6500 pesos por mes por el cuarto que alquila en un hotel de la calle Sarmiento. “No podemos alquilar casa ni otra cosa porque no tenemos papeles, ni garantía ni nada de lo que se pide entonces vamos ahí y ahora nos dijeron que aumentan a 7000 pesos. No sé cómo haremos”.

El problema es ser Negro

En Argentina no existen aún cifras oficiales de los senegaleses que habitan el país porque muchos viven migrando hacia Brasil, luego regresan y andan moviéndose para juntar dinero mandarle a sus familias en Senegal. Según la Dirección Nacional de Inmigraciones en 2013 fueron alrededor de 1700 senegaleses los que iniciaron el trámite de regularización y desde la Asociación de Residentes Senegalese en Argentina (ARSA) se estima que el número llega a 4000.

Un artículo publicado por la doctora en Ciencias Sociales Gisele Kleidermacher, en la revista Runa, da cuenta de que “la actual migración senegalesa hacia la Argentina data de la década de los noventa y se profundizó entre los años 2004 y 2008, sin sufrir interrupciones hasta la actualidad”. Dada la inexistencia de representaciones diplomáticas entre ambos países, los senegaleses no puedan solicitar la visa requerida para ingresar a la Argentina, por lo que el ingreso suele realizarse por pasos fronterizos no habilitados, principalmente a través de Bolivia o Brasil. También por ello, entre otras razones, no hay datos precisos en la Argentina con respecto al número de pobladores provenientes de Senegal.

El martes 5 de junio se vivió una de las tantas situaciones  de racismo y represión a vendedores senegales. Ese día en el barrio de Flores la Policía de la Ciudad reprimió, lastimó y detuvo a Serigne Dame Kane, un joven senegalés que terminó con su brazo ensangrentado y quebrado por la brutal golpiza.

El caso de Serigne se hizo conocido porque alguien lo filmó y se viralizó en las redes sociales –e incluso fue censurado por Facebook cuando lo publicó la revista Cítrica en su fan page– pero la violencia contra esta comunidad se ha vuelto habitual en ciudades como Buenos Aires y La Plata.

“Antes la policía era amiga. Íbamos al baño y nos cuidaban la mercadería y cuidaban de que nadie nos roba, ahora cambió. No nos quieren en ninguna parte: no Once, no Flores, no Constitución, no aquí, ninguna. Los mandan a que nos echen de todas partes, hasta del país nos quieren echar”, dice Aliou a Nuestras Voces en la esquina de Corrientes y 9 Julio donde tiene su puesto de pantuflas.

La mayoría de los senegalese vienen a la Argentina con el relato de que esta es una tierra de oportunidades, un lugar donde podrán trabajar de su oficio y enviar dólares a sus familias que quedaron en Senegal y los ayudaron a juntar el dinero para viajar. Un sueño que se desmorona al llegar y comprobar que la vida no es fácil, que deben vivir hacinados en hoteles baratos y pensiones y que la situación económica es cada vez peor en el país, sumado a la violencia y la represión policial.

Para entender mejor la vida de los inmigrantes senegaleses en el país vale la pena ver el documental “Estoy acá – Mangui Fi”. que cuenta las historias de Ababacar y Mbaye, dos inmigrantes senegaleses que se conocieron en Buenos Aires y se hicieron grandes amigos.

El trabajo dirigido por Esteban Tabacznik y Juan Manuel Bramuglia se encuentra en exhibición los domingos de junio en el Centro Cultural Recoleta a las 20.30.

“Ababacar y Mbaye representan lo que está ocurriendo hoy dentro de la comunidad senegalesa que vive en el extranjero, oscilando entre la apertura a otras culturas y la precaución frente a la influencia externa”, dicen los directores sobre uno de los pocos trabajos cinematográficos que ahonda en esta comunidad desconocida para la mayoría de los argentinos.

En un país donde no tienen representación diplomática, la situación de los inmigrantes senegaleses es de las más precarias que existen. En enero de 2016 el presidente Mauricio Macri firmó un Decreto de Necesidad y Urgencia que posibilita que muchos extranjeros sean expulsados de Argentina en apenas 48 horas y sin que se haya comprobado ningún delito. Hoy por hoy el mayor delito de estos ciudadanos es ser negros.

Producción: Agostina Hernández Bologna

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Ulises Rodríguez

Ulises Rodríguez

Periodista y locutor. Especializado en temáticas culturales, escribió en Anfibia, Infobae y la Revista Acción. Formó parte de Infonews y realizó publicaciones en Escribiendocine.

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