Neuquén: puede fallar

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Las elecciones del domingo en Neuquén reinstalaron el debate sobre el fracaso de las encuestas. Si bien Neuquén representa solamente el 1,55 % del padrón a nivel nacional y el MPN lo gobierna desde 1962,  la pelea fue leída en clave presidencial. El problema de las encuestas también puede ser visto con esta perspectiva: quién queda afuera de los cuestionarios telefónicos, los que no responden, los excluidos y jóvenes que se mantienen bajo el radar pero votan.

Más allá del triunfo del candidato Omar Gutiérrez, del Movimiento Popular Neuquino (MPN) y de las lecturas que se realizaron en torno a la derrota de las otras fuerzas políticas, las elecciones del pasado domingo instalaron el debate sobre lo que algunos denominaron “el fracaso de las encuestas”. Mientras los pronósticos en algunos casos hablaban de un triple empate, aunque con alguna predominancia del MPN y de Unidad Ciudadana (UC), los números finales arrojaron una diferencia de casi 13 % entre ambos. Andres Gilio, director de Opina Argentina; Carlos de Angelis, sociólogo y profesor de Sociología de la Opinión Pública en la Universidad Nacional de Buenos Aires (UBA), y Diego Reynoso, director de la Encuesta de Satisfacción Política y Opinión Pública (ESPOP) que realiza la Universidad de San Andrés, dialogaron con Nuestras Voces para analizar el alcance real de esta herramienta que no sólo en Argentina sino también en otros lugares del mundo ha sido duramente cuestionada a la luz de los resultados electorales.

La elección cargó con el peso de ser el primer test electoral del año. Todas las miradas giraron en torno a la disputa entre Mauricio Macri y Cristina Fernández de Kirchner. Sin embargo, Neuquén representa solamente el 1,55 % del padrón a nivel nacional y tiene la particularidad de tener en el poder desde 1962 al Movimiento Popular Neuquino, una fuerza que no tiene presencia en ninguna otra provincia, ni peso en otras esferas del país y que gana la gobernación ininterrumpidamente en la provincia desde 1962. Sin embargo, el diario Clarín tituló “La reelección de Gutiérrez alivia al Gobierno y es un duro revés para Cristina”. En su discurso, sin embargo, el Gutiérrez aseguró: ”Hoy se eligió Gobernador de la provincia de Neuquén, no Presidente” y luego dio libertad de acción a sus dirigentes respecto de las elecciones nacionales.

Fontova: “Hay que frenar esta locura en las próximas elecciones»

Tras los resultados oficiales, ninguna consultora se adjudicó las encuestas que circularon los días previos. Incluso la de Julio Aurelio, Aresco, que se mencionaba como una de las fuentes utilizadas por los medios a la hora de dar cuenta de los posibles escenarios electorales, aclaró que la última medición que habían realizado era de enero. Sin embargo, todas las publicaciones vaticinaban una elección reñida. Según un artículo publicado en El Cronista la semana previa a las elecciones, la Casa Rosada estaba prestando atención a dos encuestas. Una según la cual Gutiérrez estaba primero con 29,8%; el candidato de la alianza UC y Frente Neuquino, Ramón Rioseco, segundo con un 26,6% de intención de voto; el candidato de Cambiemos Horacio “Pechi” Quiroga tercero con 21,3% y el ex gobernador Jorge Sobich cuarto con 7,3%. El otro estudio arrojaba los siguientes pronósticos: Gutiérrez 28,1%; Rioseco 25,6%; Quiroga 22,3%, Sobich 6%; Indecisos 10,1%. Los números que hicieron entusiasmar con un triunfo a Unidad Ciudadana mostraban un escenario en el que el kirchnerismo obtenía el 31,2% de los votos; el MPN el 29,4% y Cambiemos el 19%. Sin embargo, los resultados finales le dieron a Gutiérrez la victoria con el 39,7%; lo secundó Rioseco con 26,08%, Quiroga obtuvo el tercer puesto con 15,24% y Sobich sacó 9,87% de los votos.

Todos los entrevistados señalaron que las encuestas pueden tener un margen de error de más menos 4%. Sin embargo en el caso de Neuquén el número fue muy superior. A la hora de analizar los factores que pueden haber llevado a la diferencia se pueden encontrar cuestiones metodológicas, por un lado pero también políticas. Respecto a las primeras, Gilio explicó: “Todas las estrategias de recolección de datos tienen pros y contras y se reducen a cuatro: la presencial, que es la domiciliaria tradicional que es la más costosa; la telefónica de línea fija con la variante de si la hace una persona o un IVR -sigla que se refiere a los llamados a través del sistema de respuesta de voz interactiva– y las encuestas online”. El método predominantemente utilizado en las encuestas electorales, explicaron los especialistas, es el llamado a teléfonos de línea fija. “En Neuquén la penetración del teléfono llega al 70% de los hogares. Por lo cual hay un 30% de las viviendas que no están representados por la muestra”. Según Reynoso, a nivel nacional, el alcance de la telefonía fija es de alrededor del 60%. Entonces, un primer elemento a tener en cuenta es el método de recolección de datos que deja fuera de la encuesta a aquellos que no poseen teléfono fijo. Entre ellos, señalaron, se encuentran centralmente los más jóvenes y también los sectores más vulnerables, donde muchas veces las redes de las empresas no llegan.

La persistencia del rechazo

Pero, en términos metodológicos también se suma un segundo elemento que tiene que ver con las personas que no responden las encuestas. “En general de eso no se habla. Toda esa gente que no contesta, ¿piensa igual que los que contestan? Sobre todo, cuando hay mucho descontento, o mucho voto oculto, ahí te aparece un gran problema. Hay hipótesis muy coyunturales: ¿hay voto oculto al gobierno? ¿Hay voto oculto a Cristina? Si para tener mil casos tenés que llamar a tres mil, por poner una cifra, tenés ese rechazo, el resultado final genera muchas dudas”, explicó De Angelis. En ese sentido, Diego Reynoso señaló: “De 20 llamados con IVR, uno responde. Entonces vos podes seguir muestreando aleatoriamente teléfonos, pero tenés una baja tasa de respuesta. Con una tasa de rechazo de 19 en 20, la reposición no te está neutralizando el margen de error. Puede haber un sesgo sistemático en la gente que no responde, que cuelga, o no completa una encuesta”, analizó.

Gilio explicó: “Algo que nosotros vemos que pasa, sobre todo en las encuestas telefónicas, está relacionado con  quiénes son los que responden: los que están más politizados. Ese es un sesgo que uno podría decir que es bastante importante. El despolitizado no quiere pasarse diez minutos poniendo alternativas en una máquina. El politizado lo vive como una actividad militante”.

Además, hay cuestiones vinculadas con la formulación de las preguntas que, para el director de Opina Argentina, es una parte crucial del diseño de la muestra. “Uno de los inconvenientes es el nivel de conocimiento de los candidatos en el marco de las fuerzas políticas. Si vos preguntas en la elección de 2017 en provincia de Buenos Aires por candidato, el resultado era uno en función de que Cristina Fernández de Kirchner era más conocida que Esteban Bullrich, y cuando preguntabas por fuerza política, el resultado era diametralmente opuesto”.

Otro de los puntos a tener en cuenta es si a la hora de responder las encuestas, los entrevistados especulan o no con las respuestas. “Yo no noto que la gente mienta tanto. Hay un término que los encuestadores llaman espiral de silencio que se refiere a los casos en los que, por algún motivo, ya sea por vergüenza o por alguna otra cuestión, el encuestado no dice la verdad. Pero son casos muy particulares”, señaló Gilio.

“Si la gente miente, miente para arriba y miente para abajo, entonces se compensa. Ahora si hay gente que dice que no va a votar a Macri y después lo vota, no hay que hacer mas encuestas. Si la gente va a mentir sistemáticamente para un lado, ninguna encuesta en ese marco vale la pena”, aseguró  De Angelis. Y explicó que hay un gran número de mediciones que se obtienen a través de esta herramienta, entre ellas la Encuesta Permanente de Hogares, la desocupación, la inflación, por mencionar algunas. “La diferencia con las encuestas electorales es que después tenes un resultado y  ves si dio bien o mal. Pero si uno plantea que las personas sistemáticamente mienten entonces no hay forma de saber, por ejemplo, cuál es el nivel de pobreza. La encuesta electoral tiene esta gran virtud y maldición de tener el resultado real un par de días adelante”.

Fuera de las cuestiones estrictamente técnicas, también se pone en juego un factor político. Para Gilio “es reducido el margen de gente que hace un cambio de su preferencia electoral por lo que dicen las encuestas. Sobretodo en los últimos días de los procesos electorales está lo que se llama guerra de encuestasque es una práctica muy común en los sectores políticos, pero considero que el impacto que eso tiene en los comportamientos electorales es muy limitado. Creo que lo que puede ocurrir es que los candidatos o las fuerzas políticas quieran usar las encuestas como una forma de influir en la opinión pública, pero para mí esa capacidad es muy limitada”.

Para De Angelis, es una gran incógnita si la información que circula a partir de la difusión de las encuestas lleva o no a cambiar el voto. “Alguna vez lo trabajé en boca de urna y el resultado que me dio es que influye mucho en la gente desinformada. Hay un 30% que no le importa nada, que no lee diarios. Yo estoy haciendo muchos focus group y los grupos de 18, 20 años no leen diarios, no se informan por internet, se informan por facebook y cuando están por llegar las elecciones miran como están las encuestas y en función de eso votan. Eso lo pude corroborar en ese sector hace un par de años”.

Pero además, explicó el sociólogo, “las encuestas se publican si conviene que sean publicadas. A veces circulan privadamente y los números son distintos. Hoy te diría que la gran mayoría de los políticos se basan en encuestas y en focus groups y análisis cualitativos que te dan otro tipo de información y eso nunca es publicado. Las encuestas crean expectativa y también hay estrategias sobre las encuestas. Si el MPN, como hipótesis, tiene un estudio que le da el 40% de intención de voto probablemente no le interese publicarlo. Vamos a imaginar al votante del PRO que a la luz de esa encuesta diga: como ya gano, entonces voto a “Pechi” Quiroga. O por el contrario, hacer circular encuestas donde dice que van empatando, quizá obligue a algunos a cambiar por el voto útil: mejor lo voto a este para que no gane Rioseco. Ahora Rioseco tampoco estaba mucho más alto en las encuestas que en los resultados que obtuvo. Estaba a 30 puntos y el candidato del MPN estaba bajo. Entonces no es impensado que hubo votos de Cambiemos que fueron al MPN también influidos por las encuestas que marcaban una paridad. Todo proceso de investigación en ciencias sociales cambia el objeto de estudio. Hay muchas encuestas circulando y eso cambia la expectativa de los propios votantes y afecta la campaña. Hay un uso político de la encuesta. Es una herramienta electoral de propaganda, pero no es lineal”.

En el mismo sentido, para Reynoso “se puede haber producido una movilización del voto en respaldo a Gutiérrez por el temor a que Rioseco pudiera ser electo”. Para el director de ESPOP no son las encuestas en sí las que modifican la elección del votante pero sí “la información que arrojan pueden producir una movilización estratégica por parte de los líderes políticos que salen a decir desinflemos a nuestro candidato y vamos con Gutiérrez para que no gane Rioseco”.

“Paradójicamente hoy vimos un dato muy curioso –relató el director de ESPOP–. Cristina y Macri están casi  empatados cuando preguntamos por el listado completo de candidatos. Cuando vamos al balotaje Macri le gana a Cristina, pero cuando ponemos a Macri con Lavagna, Macri es derrotado de una manera contundente. ¿Qué está funcionando en el voto, en ese plus que recibe Macri cuando lo comparas con Cristina? Es un plus de votantes que esta muy insatisfecho con el gobierno, que lo desaprueba y tiene una mala imagen del Presidente, pero es más intenso el rechazo a Cristina. Esa lógica potencialmente podría haber estado funcionando en el voto estratégico en Neuquén y podría haber generado otro plus de corrimiento en favor de Gutiérrez”.

Las cuestiones metodológicas y políticas que podrían explicar la diferencia de 13% entre lo que pronosticaban las encuestas y el resultado final no son excluyentes y pueden convivir. Sin embargo, a la hora de analizar los futuros escenarios electorales, hay que tener en cuenta una diversidad de elementos.

“Las encuestas son una parte de la información que tenemos que analizar cuando estamos en  campaña electoral. Es una estimación del estado de la opinión publica en un momento determinado. Ahora los procesos de opinión publica son muy dinámicos y parte de esa información puede influir también para que los actores entablen estrategias que, si son exitosas, puedan modificar el estado de esa opinión pública. Pensar que hoy una encuesta puede estar prediciendo el resultado de octubre es una locura porque pueden pasar mil cosas. Incluso puede ser válido hoy y el hecho de que se conozca esa información hace que los actores se comporten de determinada manera para modificar el escenario. Las encuestas tienen que usarse para eso, como un instrumento estratégico, para conocer como está la opinión pública, cuáles son los vectores que movilizan esas opiniones y en función de eso tener un plan estratégico. De esa manera la usan los políticos que tienen un buen equipo de campaña. Leer, como a veces creo que se leen las encuestas en los medios de comunicación, como si tuvieran un poder predictivo es un error, porque son estimaciones en un momento dado. Ahora si tenes series de tiempo que acompañen esa lectura entonces ahí si podemos hacer mejores estimaciones. Si en el medio de un proceso se te dispara el dólar, te cambia la valoración que la gente hace respecto a dela economía o respecto de la inflación y de la seguridad no hablamos más, que es un tema que estaba en agenda todo el tiempo. Pasan esos fenómenos. Las encuestas nos ayudan a entender esos procesos. Y hay que acompañarlas con otra información adicional que tiene que ver con la estructura del voto histórico, con los datos duros, como por ejemplo los resultados electorales previos, la aprobación o no respecto del gobierno provincial o nacional, la satisfacción o no de la ciudadanía respecto de ciertos issues de política pública, cuáles son los temas que se están debatiendo y son el eje central del comportamiento de un elector en una elección en particular. Porque si bien se elige el gobierno y un gobierno define muchas cosas las elecciones tratan de unos muy pocos temas. Entonces ver cuáles son esos temas, cómo la población opina sobre ellos. Eso te va a dar una pintura más general. Pero la respuesta fundamentalmente de si hoy fueran las elecciones por quien votaría sólo te da una respuesta muy puntual y parcial. Tomarla como el resultado final de una elección conduce a estos resultados que son problemáticos. Pero siempre pasa que cuando sucede algo de esto, el método y la profesión de los consultores se pone en cuestión completamente”, explicó Reynoso.

Será cuestión de esperar al próximo domingo para saber si los medios de comunicación y los encuestadores toman estos otros elementos a la hora de anticipar el escenario electoral que, esta vez, tendrá lugar en el centro del país.

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Sabrina Roth

Sabrina Roth

Licenciada en Ciencias de la Comunicación (UBA). Es corresponsal de Telesur en Argentina y escribe colaboraciones en Página/12 y #LaGarcia.

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