«No hay nada más significativo que el abrazo con mi tío después de 40 años»

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Cada vez que las Abuelas de Plaza de Mayo identifican a un nuevo nieto se abre un túnel al pasado. El nieto 130, Javier Matías Darroux Mijalchuk, podría tener un hermano apropiado, ya que su madre estaba embarazada al momento del secuestro, en 1977. Un drama que empezó hace 42 años y aún se escribe en presente. No hay información sobre alguna militancia de sus padres, y sin embargo Matías es uno más de los bebés a los que la dictadura les quiso quitar su identidad y los privó de su historia. Hasta que la lucha y el amor lo trajeron de vuelta.

Fotos: Abuelas

Cuando un nieto encuentra su identidad suele decirse que es la pieza que faltaba para terminar de armar un rompecabezas. El nieto es el corolario de una intensa búsqueda que pone el broche de oro a una vida signada por la lucha. Sin embargo, la historia del nieto 130 es diferente al resto de los nietos. Hubo búsqueda, lucha y reencuentro. Javier Matías Darroux Mijalchuk es la pieza que estaban esperando encontrar para continuar la búsqueda, porque desde que sus padres, Elena Mijalchuk y Juan Manuel Darroux desaparecieron en diciembre de 1977, nadie supo nada de ellos. Pero a diferencia de la mayoría de los casos de nietos recuperados, no hay información sobre alguna militancia de sus padres.

La inclusión a Matías en la nómina de los 130 nietos restituidos es trascendente, porque deja en evidencia las innumerables consecuencias que tuvo la ilegalidad de la dictadura: fue un nieto apropiado y su identidad suprimida. Es una demostración de que no existe una linealidad en las historias y en las búsquedas. El caso del nieto 130 refuerza e interpela a quienes no terminan de dimensionar por qué la persistencia en la lucha por los derechos humanos es más presente que pasado.

Es que además, Elena estaba embarazada de tres meses al momento de su desaparición, por lo que Matías podría tener un hermano apropiado. Las investigaciones realizadas por la Comisión Nacional por el Derecho a la Identidad (CONADI) y, más tarde, por la Unidad Fiscal Especializada para Casos de Apropiación de Niños, no pudieron arribar a ninguna información concluyente.

La cifra abierta

Hace dos años un cruce entre el ex secretario de cultura de la ciudad Darío Lopérfido y el escritor Martín Kohan se hizo viral. El escritor argumentó con didáctica por qué es legítima la cifra de 30 mil desaparecidos, que el ex miembro del grupo sushi negaba. “La cifra de los 30 mil es abierta, pero es abierta en el sentido más fuerte de la noción. Es una interpelación al Estado, es una exigencia, porque la represión fue clandestina. No tenemos muertos, tenemos desaparecidos. Porque no hubo cuerpos, porque se siguen buscando los cuerpos. Entonces la cifra está abierta por eso. Porque si el Estado reprimió de manera clandestina e ilegal y los cuerpos los sustrajo y no dio la información, la cifra abierta no es solo que no sabemos, no es que inventamos 30 mil como se dice tontamente o macabramente, sino que es una exigencia a la respuesta”.

El caso del nieto 130 refuerza la noción de cifra abierta: sus padres no están en aquel listado primigenio de la CONADEP. La familia Mijalchuk no conocía a nadie que les pudiera brindar información sobre Elena. A finales de los 80, tanto ellos como los Darroux pidieron a la justicia la presunción de fallecimiento. Pero recién en mayo de 1999 Roberto Mijalchuk se decidió y denunció la desaparición de su hermana embarazada, su cuñado y su sobrino. Así se abrió un nuevo legajo de una mujer embarazada desaparecida y un nieto apropiado en la CONADI,  y se incluyeron sus datos en el registro de desaparecidos.

Roberto dejó como contacto un teléfono de línea que, en estos años, nunca dio de baja, esperando recibir alguna vez una noticia. Ayer Matías dijo: “No hay nada más significativo que el abrazo con mi tío después de 40 años de búsqueda”. La denuncia, la espera, la búsqueda y el trabajo de Abuelas hicieron posible ese abrazo. La lucha y el amor dieron por resultado identidad.

Volver al pasado para recuperar el futuro

Las familias Mijalchuk y Darroux fueron incorporando sus muestras al Banco Nacional de Datos Genéticos. Abuelas, por su parte, solicitó a la justicia que se realizaran exhumaciones de familiares fallecidos para completar la información genética. La última muestra que se sumó, la de su abuela paterna, Natividad Arelano Venturelli, junto a la ampliación de los marcadores analizados por el Banco, permitió la identificación de Matías. A todo esto, los equipos de la CONADI investigaban infructuosamente las causas de desaparición de la pareja.

La duda

Al mismo tiempo, un joven con dudas sobre su identidad se acercó a la filial de Abuelas Córdoba. Él siempre supo que no era hijo de quienes lo criaron y su expediente de adopción consignaba que había sido encontrado por una mujer la noche del 27 de diciembre de 1977. Fue en la intersección de Ramallo y Grecia, a tres cuadras de la ESMA, muy cerca de donde esa misma madrugada su madre, Elena Mijalchuk, fue vista con su bebé por última vez. Por disposición de la justicia, el bebé fue entregado en guarda para adopción a un matrimonio que lo recibió de buena fé, con quienes se crió en la Ciudad de Buenos Aires. El muchacho se mudó a Córdoba en 1999 y allí inició su búsqueda. Paralelamente, en Abuelas Capital se habían recibido denuncias sobre un joven presuntamente hijo de desaparecidos, que también fueron incorporadas al caso para su investigación.

Su padre, Juan Manuel Darroux trabajó en la Prefectura Naval Argentina de diciembre de 1961 hasta junio de 1966. De septiembre de 1969 a mayo de 1975 se desempeñó en la Universidad de Morón, en tareas administrativas, y allí conoció a Elena Mijalchuk, que estudiaba la carrera de Contadora Pública en ese establecimiento. Elena y Juan Manuel formaron pareja y aunque la familia de ella en un principio se opuso por la diferencia de edad –él era mayor que ella–, finalmente aceptaron la relación. Elena se mudó con Juan Manuel, quien ya vivía solo, a Capital. La familia de él era de San Antonio de Areco, provincia de Buenos Aires.

Según consta en el legajo de la Universidad de Morón, Elena rindió su primera materia en 1969 y la última en diciembre de 1976. El 5 de agosto de 1977, en el Hospital Alemán de Capital Federal, nació su primer hijo. Lo llamaron Javier Matías, y si bien a Elena el nombre que más le gustaba era Matías, agregó Javier para que el niño llevara las mismas iniciales que su padre. Con el tiempo las tensiones con los Mijalchuk quedaron atrás, al punto que la pareja se mudó a Caseros con ellos. Al poco tiempo, Elena volvió a quedar embarazada. Ella misma se lo contó a su madre y a su hermano Roberto, así como Juan Manuel también se lo había mencionado a su medio hermano Raúl Venturelli.

Al momento del secuestro, Juan Manuel, Elena y el pequeño Javier Matías, ya vivían en Caseros. Lo último que la familia supo sobre Juan Manuel fue a través de sus primos Luis Molina y Domingo Carmelo Graziadio, a principios de diciembre de 1977. Se habían encontrado con él en un bodegón en la localidad de Valentín Alsina, ubicado en Rucci y Viamonte, donde se solían reunir. Luego Juan Manuel le pidió a su primo Domingo que lo acercara hasta Paraná y Panamericana, zona norte del conurbano. Domingo lo dejó allí pero como lo notaba preocupado volvió a pasar y vio cómo su primo discutía acaloradamente con cuatro hombres que lo subieron a un Chevy azul metalizado. Fue la última vez que lo vio.

“La aparición de nietos nos estimula a seguir trabajando”

Elena se enteró de la situación. Juan Manuel no aparecía y ella no sabía dónde buscarlo. Hacia fines de diciembre de 1977, recibió una llamada y después una carta en la que su marido le indicaba que el 26 de diciembre debía encontrarse con unos compañeros en Capital Federal. En la víspera, Día de Navidad, Elena mostró la carta a sus padres y les pidió que la acercaran con su bebé al lugar. Al día siguiente, tal cual lo convenido, llevaron a Elena y al pequeño Javier Matías a la cita, en Pampa entre Lugones y Avenida Figueroa Alcorta, en Núñez. Esa fue la última vez que los vieron.

La hora del encuentro

La sede de Abuelas de Plaza de Mayo sobre la calle Virrey Cevallos estaba colmada como hacía mucho que no estaba ante la aparición de un nieto. Algunos decían que era porque se anunció la conferencia con cuatro días de anticipación, sin embargo quedó demostrado la necesidad de refugiarse con las mujeres de pañuelo blanco en tiempos tan hostiles. Matías, de pelo largo y sonrisa tierna, se mostró visiblemente emocionado al lado de Estela Carlotto, de su tío Roberto y rodeado de otros nietos recuperados, y otros miembros de su propia familia.

Después que Estela leyera el clásico comunicado, Matías tomó la palabra. En principio contó que si bien él siempre supo que no era hijo biológico de sus padres y que había nacido en 1977, no se animaba a enfrentarse a la posibilidad de que fuera hijo de desaparecidos. Fue gracias a la insistencia de sus amigos y de su círculo íntimo que en el año 2006 dejó la muestra de sangre en Abuelas. Matías confesó que durante mucho tiempo prefería quedarse cómodo en su situación, hasta que entendió que podría haber familiares del otro lado buscándolo, como sucedió. Así que que llamó públicamente a aquellos que tuvieran dudas a acercarse a Abuelas. Y concluyó: “La restitución de mi identidad es una homenaje a mis padres, una caricia al alma, un símbolo de Memoria, Verdad y Justicia. Quiero agradecer a las Abuelas de Plaza de mayo por incluirme como un nieto recuperado más. Mi historia y la de mis padres aún no está resuelta, y la posibilidad de hacer visible nuestra historia públicamente me da una luz de esperanza para encontrar a alguien que sepa que ha sido de la vida de ellos”.

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Tali Goldman

Tali Goldman

Es licenciada en Ciencia Política de la Universidad de Buenos Aires (UBA) y periodista. Escribe crónicas en medios digitales como Anfibia, Nuestras Voces, Latfem, entre otros. Es columnista en el programa de radio Cheque en Blanco, que se emite en Futurock. Su primer libro La Marea Sindical, mujeres y gremios en la nueva era feminista de Editorial Octubre ya va por la segunda edición.

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