Operativo desánimo: la falacia de que somos un país pobre

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La decisión del presidente de ajustar los montos de coparticipación de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA) generó las previsibles reacciones del aparato conservador: “Quieren nivelar para abajo, buscan empobrecer al país”, y demás lugares comunes. Curiosa afirmación de parte de quienes aumentan la pobreza cuando gobiernan con la excusa de que no se puede hacer nada porque Argentina es un país pobre. El éxito de esta operación y el desafío de derrumbar la falacia.

La receta poco innovadora pero eficaz de la derecha consiste en tratar de obturar cualquier intento del estado argentino en la búsqueda de tener un país mas fuerte, mas justo y más rico diciendo, justamente, lo contrario: que lo que se quiere es empobrecer, repartir miseria, espantar a los inversores, destruir empleo privado, etc. Es fácilmente comprobable que siempre dicen lo mismo, no importa si el tema es Vicentín, las grandes fortunas, las telecomunicaciones o la coparticipación. Curiosa preocupación por la pobreza de parte de quienes siempre que gobiernan, la aumentan.

El país occidental que más habla del porcentaje de pobreza

En los últimos años es imposible encontrar un país occidental en donde se haya hablado tanto como el nuestro del porcentaje de pobreza de su población. Es curioso porque las mediciones de pobreza  son estadísticas mucho más imprecisas y antojadizas (cada país define qué es ser pobre en base únicamente a ingresos cuyo piso es definido por el estado, a la mezcla de esa variable con otras, etc.) que otras mucho mas concretas e incuestionables como el PBI per capita, el índice de Gini que mide la desigualdad, el nivel de empleo formal, entre otras. Sin embargo, seguramente usted ha escuchado hablar mucho más del porcentaje de pobreza que de estas otras variables. Esto ocurrió principalmente por tres motivos: el primero es porque desde la campaña 2015 la oposición creó el discurso de que el kirchnerismo dejó un país destrozado, lleno de pobreza y miseria (sin aclarar jamás que Cristina terminó su mandato con casi 30 puntos menos de pobreza que los que recibió Néstor, tomando cualquier medición que se quiera tomar).

El segundo es que a Macri le salió el tiro por la culata ya que su gobierno aumentó la pobreza en tal magnitud que su propia agenda discursiva se le volvió en contra electoralmente, aunque sí logró con éxito un país con salarios mucho más bajos, uno de sus objetivos centrales.

El tercero está vinculado al segundo. Argentina, a diferencia de los otros países de la región, jamás naturalizó tanto la pobreza por lo que la misma sigue generando escándalo en la población, como bien se explica en esta nota del 2018 publicada en El País de España.

El costo país de ser antiargentino

La operación “Argentina, un país pobre”

La “medición de la pobreza” fue un flanco débil que el kirchnerismo le dejó servido en bandeja al macrismo y afines. Luego de instalar durante años que el kirchnerismo ocultaba a los pobres, Macri legitimó ese relato cuando en septiembre de 2016 presentó los números de pobreza que había recibido: 32% de los argentinos eran pobres. Ese número contenía dos trampitas que no fueron contadas a la población ni por el gobierno ni por los medios hegemónicos: la primera es que se había cambiado la forma de medir la pobreza, se había elevado mucho más el piso de ingresos para que alguien no sea considerado pobre, lo que naturalmente haría elevar el porcentaje de pobreza, tampoco se explicó que la medición de pobreza argentina es la más exigente, por lejos, de la región, es decir que el país exige mucho más que el resto para no considerar a alguien pobre. El segundo engaño fue ocultar que ese 32 por ciento incluía el primer semestre de gobierno macrista, durante esos seis meses la pobreza había aumentado entre 3 y 4 puntos producto principalmente de una brutal devaluación del 40 por ciento. Ese escandaloso porcentaje de pobreza sentó las bases para un proyecto de país que pretendía empobrecerse mucho más todavía. Con esos números era más fácil justificar bajas salariales, despidos y un estado más ausente porque “¡qué querés que hagamos, con la pobreza que hay!”. Para decirlo más en criollo todavía: no se puede hacer nada porque es un país muy pobre. Todo el día, todos los días se hablaba del número de pobreza dejado supuestamente por los k. Jamás se decía que incluso esos números seguían ubicando a la Argentina como uno de los países con menos pobreza de Latinoamérica (y todavía lo sigue siendo, con lo cual hay mucho trabajo por  hacer para nuestra derecha si queremos tener números de pobreza similares a los de Perú o Brasil). Incluso se ha llegado a decir que teníamos una de las pobrezas más altas de la región, utilizando una falacia metodológica que implica comparar pobreza  entre países de manera nominal y no con una vara común de medición (única manera legítima de comparar pobreza entre naciones, como lo hace el Banco Mundial, por ejemplo). Si uno hace la prueba de comparar nominalmente la pobreza entre países va a conseguir resultados ridículos como que EEUU tiene el doble de pobreza que Chile o que España tiene el triple de pobreza que Uruguay y más del doble que Brasil. Estas barbaridades estadísticas le han dado bastante trabajo al Doctor en Sociología, Daniel Schteingart, quien se ha tomado el trabajo de desmentirlas. Tampoco nadie explicaba por qué si Argentina era tan pobre seguía siendo el país que más inmigrantes recibía de la región y el que menos emigrantes tenía. En ese capítulo fundamental del operativo desánimo, el gobierno gritaba a los cuatro vientos que éramos un país de mierda y muy pobre mientras aumentaban la pobreza y el hambre. El ejemplo más ridículo de está opereta fue cuando Macri le contó al Emperador de Japón los números de pobreza que supuestamente le dejó el kirchnerismo.

Pobres no, empobrecidos sí

Pese a los 4 años de debacle macrista, la Argentina sigue estando estando en la mitad de tabla para arriba a nivel mundial en cuanto a PBI per capita, pobreza, desigualdad, índice de desarrollo humano, entre otras estadísticas, pero hemos empeorado en todas ellas. Cada ciclo neoliberal que gobernó la Argentina dejó capas de deterioro que son muy difíciles de erradicar y un caso claro fue el de la pobreza: el kirchnerismo la bajó a la mitad de lo que la recibió pero nunca llegó a tener los niveles de pobreza que había antes del primer ciclo neoliberal de 1976. Siempre es más fácil destruir que construir. Ahora hay que construir en el medio de una pandemia, con una herencia recibida catastrófica y con una oposición radicalizada. El objetivo de esta nota no es minimizar la pobreza, es ponerla en el contexto del país que somos y no del que dicen que somos quienes lo detestan. Si seguimos mirándonos de manera distorsionada le hacemos el juego a quienes pretenden que bajemos los brazos y nos rindamos para que ellos vuelvan a  aumentar la pobreza mientras declaman congoja por la misma.

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