Oscar Parrilli: «El límite de la unidad es Macri»

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El ex titular de la AFI y mano derecha de Cristina Fernández de Kirchner asegura que con Macri “fracasó un modelo económico”. Las estrategias de la ex Presidenta para construir la unidad. El caso D’Alessio y los servicios de inteligencia. Macri como espiador serial. ¿Cómo será la presentación de “Sinceramente” el próximo jueves en la Feria del Libro? ¿Massa puede ser parte de la unidad? ¿Cristina será candidata? Todas las respuestas en esta entrevista exclusiva a Oscar Parrilli.

Fotos: Joaquín Salguero

La gata “Patria” se escabulle entre las piernas de Carlos Zannini con la cola erizada. El ex Secretario Legal y Técnico de la Presidencia nota el roce y sonríe. Lleva un suéter borravino, zapatos negros, algunos pelos canos pueblan sus patillas. El documentalista Tristán Bauer saluda a Zannini, abre la oficina de prensa y les comenta a todos que ya vuelve, que se va a tomar un café con leche a la esquina. En ese instante, Oscar Parrilli, el hombre a cargo de la principal usina de ideas de Unidad Ciudadana, entra raudo y se mete en la habitación donde suele trabajar.

El Instituto Patria es un inmueble antiquísimo de pisos de madera y techos altos. No es ostentoso, pero está bien cuidado. En esa casa se reúnen todas las semanas las comisiones de trabajo temáticas –salud, relaciones internacionales, comunicación– que vienen puliendo la letra chica programática del movimiento político que conduce Cristina Fernández de Kirchner.

Oscar Parrilli pide a Nuestras Voces unos minutos de paciencia para empezar la entrevista. En el interior del Instituto hay movimientos arremolinados. El especialista en comunicación Daniel Rosso llega y se dirige al primer piso con sus compañeros de comisión. Vuelve a entrar Zannini y pregunta dónde está Rosso. Tristán Bauer retorna de su merienda y se lo ve satisfecho.

Dos hechos explican la dinámica particular de esa tarde en el Instituto Patria. En dos horas va a llegar la ex presidenta Cristina Fernández, tras haber estado diez días en Cuba para acompañar a su hija Florencia. Mientras tanto, toma cuerpo la noticia del embargo impuesto por el juez Claudio Bonadio a la líder de Unidad Ciudadana para impedirle cobrar los derechos de autor de su pieza editorial “Sinceramente”.

Antes de empezar el reportaje Parrilli aclara a Nuestras Voces que prefiere no hablar sobre lo dispuesto por Bonadio. “Eso es tarea de (Carlos) Beraldi”, indica y sonríe tanto que se le marcan los hoyuelos al costado de la boca. En la siguiente entrevista uno de los dirigentes políticos más cercanos en el diseño de la gestión presidencial de los mandatos de Néstor Kirchner y Cristina Fernández va a contestar siguiendo un patrón: risas y gestos más que palabras cuando la pregunta intenta discernir los próximos pasos de Cristina, voz sin cortapisas para criticar el rumbo político y económico del gobierno encabezado por Mauricio Macri.

El abogado neuquino, ex titular de la Agencia Federal de Inteligencia y ex secretario general de la Presidencia, se muestra hermético sobre cómo será la puesta organizativa de la presentación que hará Cristina Fernández de su reciente libro el próximo 9 de mayo en la Feria del Libro. Aunque cuenta algunos detalles y da a entender que no será una mesa de debate narrativo a espaldas de la gente.

Luego, Parrilli va a tomar uno de los conceptos vertidos en la última obra de Cristina Fernández para definir el actual momento político de la Casa Rosada: “Ellos son el caos”. Además, el dirigente patagónico que fue artífice de dos hitos del kirchnerismo –la creación de Tecnópolis y los festejos del Bicentenario– se explayará con dureza sobre la política del macrismo en inteligencia y en la administración del Poder Judicial: “Macri desató una guerra de servicios”. Por último, ante la pregunta del millón, es decir si habrá Cristina 2019, a Parrilli se le iluminan los ojos, y vuelve a jugar con cartas de póker: “Paciencia, todos nos vamos a enterar al mismo tiempo”.

–Comencemos por lo que todos quieren saber, ¿Cristina Fernández va a ser candidata presidencial?

–Yo también lo quiero saber (risas). No hay que tener ansiedad, hay que esperar, y respetar los tiempos elegidos para que ella decida tranquila.

–¿Pudiste hablar con Cristina en los últimos días? ¿Te comentó algo sobre el estado anímico y de salud de su hija Florencia?

–Hable ayer. Me comentó, simplemente, que Florencia continúa el tratamiento.

Peronismo, pampa y victoria

–¿Caos, en referencia al macrismo, es una de las palabras clave de “Sinceramente”?

–No sé si es la palabra clave del libro, pero sí sé que es una palabra que representa al gobierno de Macri. Lo venimos diciendo hace bastante tiempo. Lamentablemente, partimos en soledad en esa tarea. Cuando Cristina, en el año 2016, salió a denunciar la persecución mediática y judicial, cuando hizo una denuncia penal en ese sentido, cuando la ministra (Patricia) Bullrich nos tiraba los perros cuando nuestra líder tenía que declarar en Tribunales, Cristina estaba marcando el clima de caos, violencia y persecución que hoy nadie puede negar. Claro, Cristina, su familia y algunos de sus colaboradores, sufrió en persona ese hostigamiento que hoy es más generalizado. Repito, tres años atrás, lo que nosotros decíamos pasaba por una denuncia particular, asociada al enojo de un sector político. ‘Bueno, es contra Cristina. Les pasa, porque se robaron todo’, decían algunos. Hoy está claro que la persecución no era contra Cristina, sino contra el pueblo. Porque el gobierno necesita de esa violencia para llevar adelante este programa perverso, este plan de espionaje político a los opositores, este plan permanente de operaciones judiciales contra los rivales partidarios. El actual gobierno es, sin dudas, el peor gobierno que tuvimos desde el retorno democrático de 1983.

–El gobierno, sin embargo, demuestra que es capaz de aplicar medidas heterodoxas, como la intervención del mercado cambiario para paliar la recesión. ¿Cambiemos es una derecha sui generis?

-No lo creo. Veamos el programa Precios Esenciales. ¿Qué viene a decir el macrismo? Le transmite a la gente que le va a dar medio vaso de agua por seis meses, para después seguir dándole cianuro. Creo que por más medidas de intervención que tomen, todas llegan tardes. Ojalá las hubieran tomado en su momento. Porque acá no fracasó Macri, fracasó un modelo económico.

–¿Por qué haces hincapié en eso?

–Porque hay que poner el foco ahí, en el plan, en el modelo. Ellos gestionan para diez millones de personas. Pretenden que esas diez millones de personas vivan bien, y que las otras treinta millones de personas vivan mal, pero que los voten igual. Parece un objetivo político imposible.

–Ya que hablas de política, y estamos en un año electoral, ¿cuán generoso en su marco de alianzas políticas piensa ser Unidad Ciudadana? Sergio Massa planteó al presidente Macri la necesidad de que convoque a Cristina Fernández a un gran diálogo de transición. ¿Massa puede ser parte de la unidad?

–Tomo las palabras de Cristina, y es el mensaje que nos ha dado ella en forma personal, para constituir Unidad Ciudadana en todas las provincias, nosotros tenemos que trabajar con todos aquellos sectores sociales y políticos que están siendo agredidos por este modelo. El límite de la unidad es está política económica y esté gobierno. O sea, es Macri. Pero no él como persona sino por lo que representa. Porque representa el endeudamiento del país, el cierre de las empresas, representa la inflación, representa la dependencia a los organismos financieros internacionales. Ese es el límite.

–Pero, en términos concretos, ¿esa perspectiva implica acuerdos electorales más amplios?

–Vamos a los hechos. Cristina se viene reuniendo no sólo con gente crítica del macrismo; además viene sentándose con gente que ha sido muy crítica de nosotros. Sectores molestos en su momento con el kircherismo, no sé si por ingenuidad, por intereses sectoriales, y que ahora perciben con claridad cómo el modelo de Macri va directo al fracaso.

–¿A qué dirigentes u organizaciones te estás refiriendo?

–Para qué dar nombres. Busquen los diarios del año 2016 y se van a dar cuenta solos. Cuando Cristina dijo el 9 de diciembre (del 2015) en Plaza de Mayo que no iban a ir sólo por ella, sino por el pueblo, no fue una frase al pasar. Hoy cobran magnitud esas palabras. Cristina tuvo claridad en advertir qué tipo de gobierno iba a llegar a La Rosada. Después, unos meses más tarde, Cristina tuvo otro acierto cuando en el acto que armamos en Comodoro Py, en una de las primeras citas del supuesto juez Bonadio, la ex presidenta advirtió que nos preparásemos para las tarifas. ¿Tuvo razón, no?

Sobre el concepto de orden

–Como ex titular de la AFI, ¿qué implica el caso D’Alessio?  A futuro, ¿cómo reformar el aparato de inteligencia?

–El problema de la inteligencia en Argentina no lo pudo solucionar ni (Raúl) Alfonsín ni (Carlos) Menem, ni nosotros. Los servicios de inteligencia vienen con el molde de la última dictadura militar. Ese poder, en vez de trabajar para disminuir las amenazas estratégicas que puede padecer Argentina, trabajó para hacer inteligencia interna. Pero Cristina sí se animó, tarde quizás, pero sí avanzó en esa área. No sólo sacamos a (Jaime) Stiusso, también despedimos a 200 agentes cercanos a él. Eso no fue lo más importante. Lo significativo es que impulsamos una nueva ley de Inteligencia votada por la oposición, obviamente no por el PRO. Esa normativa implicó modificar la administración de escuchas telefónicas, que pasaron de Inteligencia al ámbito de la Procuradora. Segundo, comenzamos un proceso para terminar con los fondos reservados. Tercero, segmentamos los programas de Inteligencia por áreas de trabajo, en pos de transparentar y acotar el radio de acción: terrorismo nacional e internacional, narcotráfico, trata de personas. Dijimos con claridad cuáles iban a hacer las competencias de la AFI. Esas medidas, y otras más que iban en ese sentido, las derogó Macri con un DNU el 16 de diciembre de 2016. Con Cambiemos la Inteligencia recuperó las escuchas, los fondos reservados, y sobre todo volvió el espionaje político a los opositores. Por eso, D’Alessio representa la punta del iceberg de todo eso.

–¿El gobierno está cruzado por muchas internas en el área de Inteligencia y Justicia? Las fuertes acusaciones de Elisa Carrió al ministro Germán Garavano indican eso.

–Sí, y es natural. Porque darle poder a los servicios termina en las internas furibundas que estamos viendo. Es natural que terminen espiándose entre ellos mismos. Porque priman los negocios y la desconfianza. No sólo nos espían a nosotros, lo hicieron contra (Juan José) Gómez Centurión, (Daniel) Angelici, también espiaron a (Elisa) Carrió.

–Con transmisión en vivo en el programa de Luis Majul.

–Claro, porque los medios son la otra pata de esa tríada con Justicia e Inteligencia. Macri es un espiador serial, le gusta hacer espionaje. Mandó seguir los pasos de su hermana, le hizo un juicio por insania al padre, espío a los familiares de la víctimas del atentado a la AMIA. Y los responsables del aparato de espionaje montado hoy son Macri, Garavano, (Gustavo) Arribas, Patricia Bullrich.

–El Instituto Patria es una de las principales usina de ideas. En ese sentido, ¿están colaborando en la elaboración de un nuevo programa de gobierno? ¿En qué modelo de gobierno se inspira hoy Cristina? ¿Portugal, Grecia, Bolivia?

–Nosotros no sólo somos una de las usinas de ideas. El Instituto Patria es un ámbito de debates, de discusiones políticas. Parafraseando a Jauretche lo que pretendemos ser es un abrelatas, queremos abrir lo obturado para que la gente piense, razone, y tenga pensamiento crítico. Pretendemos que haya autonomía de pensamiento contra el bombardeo mediático. Para nosotros, igualmente, el modelo a desarrollar es lo que hicimos entre los años 2003 y 2015. Eso no quiere decir que volvamos a hacer lo mismo. Hay nuevos desafíos. (Néstor) Kirchner agarró un país en crisis, el próximo presidente en cambio va a tomar un país en ruinas.

–¿Diciembre de 2019 implica un escenario más difícil que el de diciembre de 2003?

–Sin dudas, claro que sí.

–¿Qué podes contar sobre el acto de presentación del libro “Sinceramente”? ¿Será el acto de lanzamiento de campaña? ¿Quiénes acompañarán a Cristina en la mesa?

–Puedo decir que va a ser la presentación de un libro.

–Pero se supone que va ir mucha gente, ¿cómo piensan organizar esa cuestión?

–Lo resolveremos, en su momento, de alguna manera. Quizás, pongamos pantallas afuera. Hay mucha expectativa, eso lo sabemos, y no vamos a dejar nada al azar.

–Vamos a suponer que Parrilli saca su libro. Al momento de elegir una anécdota con Néstor o Cristina, ¿cuál elegirías para compartir con los lectores?

–Suelo contar el día que conocí a Néstor. Era el año 1986. El peronismo no atravesaba su mejor momento. Nos unió una reunión del justicialismo patagónico. Yo era diputado provincial por Neuquén. Y en ese congreso, fundamentalmente, a Néstor y a mí nos unían las críticas a la conducción del Justicialismo. Era el momento de la renovación, de Cafiero. Cuando lo conocí Néstor estaba gordo, fumaba mucho. Néstor era más conocido como Lúpin entonces. Nos juntamos, como comentaba, con un grupo de dirigentes del sur que la estábamos viendo parecido en política. Pero me sorprendió mucho la voluntad y el convencimiento de él. “Voy a ser Intendente, y después Gobernador”, me dijo. Perfecto, le contesté. Intercambiamos teléfonos y comenzamos una relación que no terminó nunca. Al otro año, tal como dijo, se convertía en Intendente.

–La última, ¿van a volver?

–Acá lo que tiene que volver es una política con inclusión social, con la dignidad, con la posibilidad de tener una buena educación pública. Lo que tiene que volver es una Argentina donde nos sintamos orgullosos vivir. Nosotros, posiblemente, cometimos errores. Hubo cosas que nos faltaron hacer. Pero era un país que miraba al futuro con esperanza. Entonces, tenemos que volver a eso, a que el argentino se sienta orgulloso de su patria.

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Emiliano Guido

Emiliano Guido

Periodista especializado en política internacional. Forma parte del Programa de Integración Regional y Financiamiento para el Desarrollo en Fundación SES (Argentina). Ganador del Premio José Martí (2006) otorgado por la agencia Prensa Latina.

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