Perseguida por querer trabajar

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Fernanda Lizarraga es la única trabajadora mujer que quedó entre los 120 empleados de la cooperativa Acoplados del Oeste. Recuperaron la fábrica, la pusieron a producir y consiguieron una ley de expropiación. Hasta que la gobernadora María Eugenia Vidal la vetó. El 3 de marzo, un operativo de 600 efectivos los dejó en la calle. Cuatro trabajadores sufrieron allanamientos: buscaban máquinas de hasta 20 metros en sus casas. Fernanda fue una de las allanadas. Su historia representa la paradoja de trabajadores que quieren seguir produciendo, pero son perseguidos y crminalizados por el Estado.

Fernanda Lizarraga mira la hora en el reloj de su casa en Marcos Paz. Son las 21:15 y se acaba de sentar a cenar junto a su marido, luego de planificar la fiesta para su hijo que en tres días cumple 6 años. Los preparativos incluyen ordenar un poco la casa, llena de cajas porque está en construcción. Nada disipa la preocupación de llevar cuatro meses sin poder trabajar: ella es la única trabajadora mujer que sigue en Acoplados del Oeste (exPetinari), la fábrica recuperada en Merlo, municipio al oeste del conurbano bonaerense, desalojada el 3 de marzo por un megaoperativo de más de 600 efectivos entre Gendarmería, Infantería y Policía Local. Desde ese entonces, y después de recuperar su fuente de trabajo, 120 familias quedaron en la calle resistiendo en una carpa.

A las 21:15 del lunes 4 de julio un aplauso saca a Fernanda de los preparativos del cumpleaños. Hay una persona en el portón de su casa. Es un policía de voz enérgica:

-Orden de allanamiento.

“Yo no entendía”, dice hoy Fernanda a Nuestras Voces. “El policía me repite por segunda vez ‘orden de allanamiento’. Y me dice que si lo dejo entrar no hace falta que ingresen los más de 20 oficiales con cascos y escudos que ya estaban en la vereda”.

Fernanda le preguntó si podía llamar a su abogado. “Me dijo que no, que no podía hablar por teléfono, porque era una orden de allanamiento. Lo que sí me acuerdo, es que me dijo que me no pusiera nerviosa, porque sabía que lo que venían a buscar yo no lo tenía. Hasta ese momento todavía no había leído el acta”.

Cuando la leyó, no lo podía creer. Los policías buscaban:

  • Dos puentes grúa.
  • Un grupo electrógeno.
  • Un horno eléctrico.
  • Soldadoras.
  • Agujereadoras.
  • Una prensa neumática.
  • Circulares.
  • Tornos.
  • Bicicletas.
  • Carretillas.
  • Fotocopiadoras.

Eran instrumentos y maquinarias de la fábrica donde ella trabajaba. El juez Jorge Rodríguez, del Juzgado de Garantías N°5 de Morón, convalidó el allanamiento luego del requerimiento del fiscal Fernando Capello, de la Unidad Funcional de Investigación y Juicio N°2 del mismo departamento judicial. Fernanda trató de llamar a sus compañeros. Llamó a Jorge Gutiérrez, presidente de la cooperativa y a Luis Becerra, miembro de la comisión directiva. No la atendieron.

Luego supo por qué. A ellos también los estaban allanando.

Fernanda sintetiza el absurdo: “Somos trabajadores”.

A quién creerle

Fernanda entró a la metalúrgica que confecciona acoplados y carrocerías cuando todavía era Pedro Petinari e Hijos. Tenía 16 años y era pasante. Trabajaba como administrativa al momento del conflicto. En julio de 2014 comenzaron con suspensiones sin goce de sueldo, aguinaldos impagos, la situación se complejizó en diciembre y en enero del nuevo año hubo vacaciones impagas y salarios cobrados por la mitad. Pasaron  los retiros voluntarios y de 330 trabajadorxs quedaron 120. Hicieron paros, ocuparon la empresa y los desalojaron. La idea de una cooperativa comenzó a tomar forma: los dueños no ofrecían respuestas ni garantías.

Fernanda no estaba de acuerdo con el reclamo de sus compañeros. Se mantenía al margen. Pensaba que todo tenía que ver con cuestiones sindicales. Hasta último momento era de las que quería volver a la fábrica y cobrar el dinero adeudado. El quiebre fue una frase de uno de los abogados del SMATA (Sindicato de Mecánicos y Afines del Transporte Automotor, gremio que critican los trabajadores porque nunca los apoyó) luego de una de las audiencias: “Olvidate, Petinari no va a abrir más”.

Desde entonces supo a quién creerle.

Fernanda es la única mujer que quedó para conformar la cooperativa. Hoy tiene 36 años: nunca pensó que veinte años después sería la secretaria de una fábrica recuperada.

Del orgullo al veto

Los trabajadores cosecharon abrazos del movimiento cooperativo, de otras fábricas recuperadas, del barrio y sindicatos como SUTEBA, CTA y CGT, entre otros. Fernanda formó parte de cada una de las conquistas que Acoplados del Oeste fue logrando: ocuparon, los desalojaron y en agosto del 2015 volvieron a entrar para resguardar las maquinarias y en defensa de sus fuentes de trabajo. Desde ese momento pusieron la fábrica a producir, recuperaron clientes y, de a poco, generaron ingresos para repartir. El 22 de marzo de 2016, entre noticias de la aprobación del acuerdo con los fondos buitre y la Plaza de Mayo llena de banderas estadounidenses por la visita del expresidente Barack Obama, el Senado bonaerense votó la ley de expropiación que confirmaba oficialmente lo que los trabajadores habían convertido en un hecho.

Trabajar sin patrón

Pero la gobernadora María Eugenia Vidal vetó la expropiación. Fue una de los seis vetos a expropiaciones bajo la gestión Cambiemos junto al del Hotel Bauen (nivel nacional), La Robla (CABA), Cooperativa Néstor Kichner, Cerraduras de Precisión y Cintoplom (provincia de Buenos Aires). La dificultad de recuperar una empresa y ponerla a producir para evitar que cientos de familias queden en la calle se agrava con los rechazos del Gobierno y una política económica en la que las empresas recuperadas fueron uno de los actores más afectados. El Centro de Documentación de Empresas Recuperadas del Programa Facultad Abierta de la UBA elaboró un informe sobre el estado de la cuestión del movimiento a mayo de 2016, y allí sintetiza cuáles fueron los impactos más evidentes de la política del macrismo: aumento generalizado de costos de los insumos, descenso abrupto del consumo, apertura de importaciones, devaluaciones que encarecieron productos importados, tarifazos de 600% en agua, 700% en energía eléctrica y 1300% en gas. En medio de ese panorama, Acoplados estaba produciendo.

Hasta que los desalojaron.

La dignidad

Fernanda recuerda ese día como si fuera hoy: “Había 600 efectivos: fue una locura”. Un despliegue inusitado de Gendarmería, Infantería y Policía Local desalojó el 3 de marzo lo que el Gobierno bonaerense había vetado en los papeles. El repudio y el apoyo a los trabajadores fue unánime, pero a partir de allí los obreros volvieron a la carpa enfrente de la empresa, sobre la fría ruta 200. En ese contexto de violencia, una política económica expulsiva y el ninguneo oficial, cuatro trabajadores sufrieron los allanamientos en base a una denuncia que presentaron los exdueños de la empresa. Fernanda: “La denuncia la presentaron a la mañana y la activaron esa misma noche”.

Ocurrieron en simultáneo, por eso ninguno de sus compañeros atendió en ese momento la llamada de Fernanda. “Fue para amedrentarnos. Buscaban un puente grúa de más de 5 toneladas, máquinas soldadoras enormes y un horno industrial gigante que era imposible que pudiera haberlo puesto en una caja y llevarlo a mi casa. La grúa mide más de 20 metros. Me revisaron toda la casa. Por suerte a mi nene no le hablaron”.

-¿Por qué pensás que pasó?

-En esa semana habíamos logrado llegar a un acuerdo con el Municipio, que nos iba a prestar un predio durante unos meses para que trabajáramos. También estábamos buscando algunas líneas de crédito para acceder a máquinas y continuar con la producción. Quisieron asustarnos. En el caso de mis otros compañeros, sus hijos vieron todo y eso es horrible. En mi caso el policía me pedía disculpas porque decía que este no era el trabajo que tenían que hacer y estaba molesto con el fiscal (Copello). Pienso que todo se dio en función a que estábamos avanzando.

¿Y eso molesta?

-Pienso lo que vivimos: recuperamos trabajo, pusimos a producir, generamos dinero para nuestros compañeros, para nuestras mesas. Y creo que en este contexto político mucha gente va a pasar por esta experiencia. Ojalá tengan el coraje y el valor que tuvimos nosotros para afrontar esta situación. Yo les digo que sepan que se puede. A veces uno tiene guardado en el fondo capacidades que sólo la situación y el momento te lleva a desarrollar. Aprendí que se puede, y aunque nos hayan desalojado con 600 policías y nos hayan allanado, continuamos la lucha, no bajamos los brazos y nos siguen saliendo oportunidades. Sólo por ser perseverantes y seguir manteniendo la lucha. Esto te muestra que hay una salida. Y es esta: la dignidad de trabajar.

@lucaspedulla

 

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