Plan nacional de lecturas: volver a los libros, volver a volar

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Tras cinco años de virtual parálisis, a fines de 2020 y con algunos cambios se relanzó el plan de alcance nacional que buscar hacer de la lectura algo cotidiano y no limitado a  la escuela. Talleres para que los y las autorxs se encuentren con sus jóvenes lectores, formación de mediadores de lectura y millones de libros entregados a  chicos, chicas y adolescentes son sólo parte de esta  nueva  invitación al vuelo.

 

Corría octubre de 2019, algo se estaba terminando y llegaba la hora la limpieza a fondo. La limpieza final, la de la despedida. En el contenedor suele dejarse lo que nadie quiere, lo que a nadie ya le sirve.  Tal vez por eso todos esos libros –cajas enteras de ellos– tirados a la basura y nada menos que a las puertas del Palacio Pizzurno, la sede del Ministerio de Educación de la Nación, fueron como una trompada. Y una confirmación: la lectura y los libros, ahí adentro, no le importaban a nadie.

Afuera, en cambio, sí había interesados. Muchos. Muchas.  En la calle, los libros –como en los cuentos- se “desconvirtieron” y dejaron de ser basura.  Alguien dio la voz de alerta (¡Libros a la vista!)  y varias docentes en  camisolín –junto a algunos chicos- se tiraron de cabeza a salvarlos. Se llevaron todo los que pudieron en bolsos o directamente en pilas, o en pares, debajo del brazo. Había textos del Plan Nacional de Lectura, virtualmente desmantelado por el macrismo  en 2016, sólo un año después de su llegada al gobierno nacional. Por eso muchos vieron en esa catarata de libros a la basura nada más que un último gesto de desprecio por todo lo que suele viajar entre dos tapas: ideas, preguntas, matices. Dudas, sobre todo. Mundos que no son, pero que podrían ser. Aventuras que suceden en otros espacios, tan posibles como éste en el que vivimos sólo que con menos fortuna.

En Plan Nacional de Lectura se lanzó en 2009 y –organizado por regiones- buscó formar lectores y lectoras, favorecer la lectura como una práctica placentera y no acotada a la educación formal y, sobre todo, poner millones de libros al alcance de millones de chicos y chicas. Llegó a distribuir 40 millones de ejemplares y para muchos fue la primera vez que tuvieron qué leer sin salir de la cama. Y no es exageración: según datos del Ministerio de Educación, 7 de cada 10 niños de los sectores más vulnerables nunca tuvieron libros en sus casas ni pudieron disfrutar de la lectura de un cuento antes de irse a dormir. Sin embargo, desde 2016 el Plan Nacional de Lectura quedó virtualmente paralizado y muchos de los libros a distribuir quedaron en depósitos o directamente fueron tirados a la basura. No, no llegaron a quemarlos como alguna vez se hizo con los libros del Centro Editor de América Latina. Pero tampoco hizo falta, porque con dejarlo sin recursos alcanzó de sobra.

Millones de alumnos y alumnas quedaron a la intemperie de lecturas por años.  “Las compras de literatura se habían discontinuado y el plan en sí estaba desfinanciado”, comenta al respecto Natalia Porta López, escritora y flamante coordinadora del Plan Nacional de Lecturas. “Nos pusimos a trabajar inmediatamente y por suerte pudimos hacer esa acción tan presencial y tan poderosa en las playas”

 

“Luego la pandemia nos obligó a otros modos de trabajo, igualmente intensos. Comenzamos  editando tres tomos de lecturas posibles para acompañar en las escuelas primarias esa propuesta de leer cotidianamente en voz alta en 180 días de clase. Es una colección preciosa de la cual se puede ver un adelanto acá”, explica.

 

Natalia Porta López, escritora y coordinadora del Plan Nacional de Lecturas, que se propone recuperar la lectura como derecho básico, y al Estado como garante de ese derecho.

 

Reconstruyendo Babel

Una torre de voces, de miradas, de terruños. Autores y autoras de acá y de allá. Los conocidos y los no tanto, las autoras que son sinónimo de ventas pero también ésas que conversan en una lengua propia para mucha menos gente. De recuperar todo esto habla el relanzamiento de este plan, cuyo objetivo central no podría ser más claro: recuperar la lectura como derecho básico, y al Estado como garante de ese derecho. Al frente de ese trabajo está Porta López, pero también habrá un Consejo Asesor de Lectura  para proponer los textos a incorporar a la oferta de las colecciones de las  que dispondrán docentes y bibliotecarios, considerados dentro del plan como “promotores de lecturas”.

Ahora bien, ¿qué se dice cuando se habla de la lectura como derecho? Para la escritora Claudia Piñeiro, todo podría resumirse a una frase: “Nadie nace lector”. Y explica: “Es una frase que seguramente alguien más pensó antes que yo, que la dije cuando me tocó inaugurar la Feria del Libro en 2018. No es por auto citarme, pero es así: nadie nace leyendo. Alguien tiene que mostrarte qué implican los libros, cuál es el disfrute que da leer. Entonces, ¿por qué me importa y mucho que haya vuelto el Plan Nacional de Lecturas? Por eso mismo, porque  como nadie nace lector, no se puede dejar librado a la suerte que los chicos y chicas se inicien en el camino de la  lectura. Porque unos tendrán suerte y crecerán en casas donde haya bibliotecas y padres lectores, pero otros no. Y si la persona no tiene asegurado ese camino por otras vías, familiares por ejemplo, el Estado tiene que hacerlo, tiene que darle la posibilidad de ser lector. Creo que todas las personas tienen el derecho a ser iniciadas en la lectura. Y el Plan de Lectura garantiza eso: que los libros lleguen  adonde tengan que llegar, que los chicos sean incentivados con lecturas apropiadas para ellos y con diversidad, etc. Entonces, me parece que el plan apunta a eso: a que -si nadie nace lector pero la lectura es un derecho- el Estado intervenga  para que eso se concrete”

 

«Nadie nace leyendo. Alguien tiene que mostrarte qué implican los libros, cuál es el disfrute que da leer», considera la escritora Claudia Piñeiro.

 

En un sentido similar se expresa Carola Martínez, escritora, librera apasionada y coordinadora del Plan de Lectura de la Ciudad de Buenos Aires. Para ella, “estamos arribando a una idea acerca de qué significa pensar la lectura como un derecho, de exigir que forme parte de las propuestas de los gobiernos, de pensarla como una parte fundamental de un niño, una niña, como una necesidad de la escuela. Pero esas ideas aún no se hacen realidad, los planes están siempre sujetos a criterios políticos. Entonces la necesidad urgente es que cada persona que se ocupe de formar lectores/as; que cada docente, bibliotecario/a, mediador/a reciba formación en pedagogía y didáctica de la lectura. Porque lo que sí sabemos hoy es que la lectura debe estudiarse, debe enseñarse y debe ejercitarse de la misma manera que lo hacemos con otras habilidades. Quien no lee, quien no tiene acceso al libro, no podrá de ninguna manera formarse como lector”, advierte.

«Lo que sí sabemos hoy es que la lectura debe estudiarse, debe enseñarse y debe ejercitarse de la misma manera que lo hacemos con otras habilidades. Quien no lee, quien no tiene acceso al libro, no podrá de ninguna manera formarse como lector”, afirma Carola Mart´ínez, escritora y coordinadora del Plan en la Ciudad de Buenos Aires.

 

Justamente por eso es que la propuesta del Plan Nacional de Lecturas implica llegar con diez millones de libros a otros tantos alumnos de los tres niveles educativos, sacando a la lectura de las aulas y llevándola no sólo a otras asignaturas más allá de Lengua sino también a otros ámbitos y lugares. Las casas, por ejemplo. Las casas de los chicos y chicas. De hecho, durante el relanzamiento del plan el ministro de Educación de la Nación, Nicolás Trotta, destacó que “La idea es que estos espacios de lectura formen parte de la currícula, no sólo de Lengua, sino como un espacio transversal, para lo cual habrá una fuerte capacitación a los docentes.  Queremos también llegar a las familias, que las lecturas vuelvan a ser parte de las experiencias cotidianas en los hogares”.

 

Nicolás Trotta, en el relanzamiento del plan: “La idea es que estos espacios de lectura formen parte de la currícula, no sólo de Lengua, sino como un espacio transversal, para lo cual habrá una fuerte capacitación a los docentes. Queremos también llegar a las familias, que las lecturas vuelvan a ser parte de las experiencias cotidianas en los hogares”.
En defensa de la bibliodiversidad

Libros, libros y más libros, de autores, autoras, temas, tamaños y hasta soportes diversos. Una fiesta de libros, de eso se trata, pero también -como su nombre lo indica- de un plan. De definir lineamientos, de organizar actividades, de capacitar mediadores y tanto más. Por ejemplo: cuando a comienzos de 2020 la pandemia llegó a cambiar las vidas y los planes de todos y todas, hubo que pensar -y pensar rápido- alternativas para que la lectura no cesara. ¿Qué se hizo entonces?  “Desde el 18 de marzo del año pasado, durante cada día del aislamiento, se editaron piezas gráficas literarias en un formato ligero, fácil de compartir a través de servicios de mensajería gratuitos como WhatsApp y redes sociales a fin de que las familias contaran con una propuesta diaria de lectura para compartir en el confinamiento en sus diferentes fases. La campaña se llamó “Porque te quiero, me quedo en casa a leer” y la gráfica nos la donó Rep, explica Porta López.  “Paralelamente, se fue organizando la compra de las primeras colecciones literarias que también llegarán a las escuelas de todos los niveles en estos primeros meses. En la selección trabajaron más de 200 coordinadores de planes provinciales, referentes de bibliotecas escolares y especialistas designados por los ministros de cada provincia. El Plan coordinó esa labor que implicó muchísimas horas de lecturas y diálogo para llegar a los consensos. La primera tanda implica acercar a las escuelas 138 títulos de 209 autores y autoras por una inversión de $ 600 millones con una ampliación en la que ya se trabaja”

Justamente de esto, de la necesidad de inversión sostenida, habla también Carola Martínez, quien desde la coordinación del Plan de Lectura de CABA busca “promover el derecho a la lectura con el envío de materiales a las escuelas y, por primera vez, a los jardines maternales y salas de tres años. De esa manera vamos ampliando los acervos y asegurando que la mayor cantidad de niños y niñas tengan acceso a libros de calidad”.

Volver a hacer de los libros un objeto cotidiano y no suntuario, convertirlos en algo que se puede abrir, compartir, disfrutar, dejar, retomar, llevar a casa y que allí se quede. De hecho, para millones de nenes y nenas fue este mismo Plan Nacional –en sus primeras ediciones- el que les acercó los libros con los que comenzaron a armar sus primeras bibliotecas. “De nuevo, leerles a los chicos es un camino de iniciación: siempre hay, siempre tiene que haber unos que inician a otros, y seguro quien ve leer a alguien con gusto -o lee con gusto- tiene muchas más posibilidades de terminar siendo lector que quien no tuvo esa oportunidad”, dice Claudia Piñeiro, e ilustra: “Yo antes vivía fuera de la ciudad y siempre con mis hijos andaba mucho en auto. Y tenía siempre, en la luneta del auto, un libro. El que fuera, eso era lo de menos, pero el libro siempre estaba. Un día uno de mis hijos lo agarra y me dice: “¿Qué hay acá adentro que lo llevás a todas partes? “ Y yo la sensación que tengo es ésa: que leerle o mostrarles libros a los jóvenes y a los niños es despertarles ese sentimiento de ¿Qué hay acá adentro, que esta persona lo lleva a todos lados como si fuera un tesoro?”

Tesoros portátiles, sí, de tapa dura o blanda, con ilustraciones o sin ellas, para leer en papel o en digital. Tesoros que están de regreso, después de la intemperie. Vueltos del container. Tesoros que no se tiran sino que prestan, se heredan, se forran, se cierran se disfrutan. Adonde y cuando sea. Casi, casi, como en los cuentos de hadas.

 

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Fernanda Sández

Fernanda Sández

Licenciada en Letras y periodista. Docente universitaria. Autora de La Argentina Fumigada (Editorial Planeta, noviembre de 2017). Autora en Editorial Planeta.

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