Poligolpe a Maduro

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El presidente venezolano Nicolás Maduro asume hoy el mandato constitucional surgido de su holgado triunfo electoral en el 2018. Los gobiernos de la región no estarán presentes en la ceremonia. Salvo Bolivia, el resto de los países decidieron instrumentar una ofensiva conjunta para intentar precipitar el fin del ciclo bolivariano. La estrategia intervencionista, con el aval de Donald Trump, es la más fuerte de los últimos años y se expresa en distintas velocidades. Uruguay resta apoyo diplomático a Caracas, Argentina y Brasil proponen un cerco comercial agresivo y, de fondo, maniobras militares estadounidenses en Panamá ensombrecen más el asunto.

Nicolás Maduro juramentará hoy su nuevo período al frente del Palacio Miraflores después de ganar las últimas elecciones nacionales por una diferencia de más de cuatro millones de votos. Sin embargo, la mayoría de los gobiernos latinoamericanos, nucleados en la mesa multilateral Grupo de Lima, rechazan la legitimidad democrática de ese triunfo electoral y del nuevo mandato constitucional. Por ese motivo, el líder bolivariano sólo recibirá hoy en Caracas el apretón de manos y las felicitaciones de un solo par sudamericano: el presidente boliviano Evo Morales.

El resto de Jefes de Estado del arco zonal no estarán presentes en la ceremonia. Los promotores de la ausencia en el acto protocolar bolivariano y de la convocatoria a incrementar el cerco diplomático y comercial contra Venezuela son Mauricio Macri, una marca de la gestión Cambiemos desde diciembre de 2015, y el recién asumido Jair Bolsonaro. Incluso, Uruguay, que no es parte del Grupo de Lima y ha mantenido un buen vínculo con Caracas durante los últimos años, está vez no enviará a su Canciller, y sólo estará representado por su embajador en Venezuela, para evitar criticas de la oposición en un año electoral reñido. Tampoco estarán presentes delegaciones de Estados Unidos y la Unión Europea. Aunque sí pisarán suelo venezolano representantes de global players relevantes como China, Rusia y Turquía.

La inédita situación de guerra diplomática contra la asunción de un mandatario sudamericano motivó, incluso, la intervención del Papa Francisco. El club de presidentes alineados con Donald Trump en la caracterización dictatorial del gobierno venezolano criticaron al Sumo Pontífice por no ser partícipe de esa lectura. El ex obispo porteño zanjó el señalamiento recordando que “la Santa Sede no busca interferir en la vida de los Estados” y reclamó más diálogo conjunto, tanto nacional como regional, para distender la tensión en Venezuela. Precisamente, Maduro recurrió ayer a una conferencia de prensa para exigir “rectificaciones” al Grupo de Lima; más, precisamente, a un punto de su documento donde el eje hace propio un reclamo de soberanía marítima de la vecina Guyana que cuenta con el apoyo de la petrolera Exxon. Además, el presidente venezolano reiteró su enemistad con Mauricio Macri, a quien siempre le dedica unas líneas; está vez lo calificó como “el destructor de Argentina. Recapitulando, ¿Hay en marcha una ofensiva conjunta, con distintas intensidades, para generar un golpe regional contra el ciclo político iniciado por Hugo Chávez?

¿La culpa es de Maduro?

En principio, la experimentada periodista Stella Calloni, que cubrió las guerras de baja de intensidad promovidas por Estados Unidos en Centroamérica a fines de los setenta, invitó públicamente a los cronistas especializados en la agenda latinoamericana a estar en “alerta roja” y  “romper el cerco informativo” por un posible intento de intervención militar contra Venezuela. Así lo explica Calloni: “De acuerdo a periodistas panameños muy bien informados están llegando tropas del Comando Sur y helicópteros artillados a la zona del Darién, en Panamá. Esa situación, entiendo, invita a pensar que esas maniobras buscan intimidar a dos gobiernos vecinos legítimos: el de Nicaragua y el de Venezuela. Debemos estar muy alertas. No se trata de una amenaza a concretarse en el futuro. Es ahora, y ya. Pasemos está información a todas partes”.

Por otro lado, las declaraciones y los pronunciamientos diplomáticos contra Venezuela pueden ser leídos como un hecho repetitivo. En lo concreto, las administraciones neoliberales del Cono Sur utilizan constantemente esa acción con un doble propósito: congraciarse con los Estados Unidos y, en segundo lugar, ganar presencia en la opinión pública local contra “el régimen bolivariano”. Sin embargo, el último comunicado oficial del Grupo de Lima, muy promovido y sobreactuado en los medios argentinos por el Palacio San Martín, inaugura acciones contrarias a la autodeterminación venezolana no registradas desde que el chavismo llegó al poder en 1998.

Por ejemplo, la entente citada acordó en su declaración rebajar a cero el vínculo con Venezuela, como si se tratara de un régimen terrorista. “Impedir a los altos funcionarios del régimen venezolano la entrada al territorio de los países del Grupo de Lima…Elaborar listas de personas naturales y jurídicas con las que entidades financieras y bancarias de sus países no deberán operar o deberán tener una especial debida diligencia, prevenir su acceso al sistema financiero y, de ser necesario, congelar sus fondos y otros activos o recursos económicos”, advierten los gobiernos sudamericanos en los párrafos más incendiarios de su texto elaborado.

Un manual para derrocar a Evo

Sin embargo, un dato nuevo del paisaje latinoamericano, la recién asumida gestión presidencial de Andrés Manuela López Obrador (AMLO) en México, mitiga, incluso dentro del Grupo de Lima, donde Los Pinos tiene un asiento, la oleada antibolivariana ya que AMLO se comprometió a respetar la soberanía venezolana. En ese sentido, el periodista venezolano Bruno Sgarzini registra el apoyo mexicano a Maduro y advierte en una artículo publicado en el portal “Misión Verdad” que: “Hay distintas formas de observar el último comunicado del Grupo de Lima. Por su extravagancia, representa una operación política dirigida a atemorizar al chavismo haciendo suyo y presentando como novedosas tácticas de guerra diplomática y financiera que tienen tiempo corriendo de manos de Estados Unidos y la Unión Europea. Lo extenso, apresurado y agresivo del tono utilizado tiene que ver con cubrir la ausencia de México”.

Un factor geopolítico explica los vientos golpistas sudamericanos: Donald Trump y su Departamento de Estado, a cargo del hasta recién número uno de la CIA Mike Pompeo, han decidido hacer de la cuestión Venezuela su manera de reposicionarse en la región ante China. Además, el nuevo gobierno brasileño también busca explicitar su nuevo alineamiento internacional, recostado ahora sobre Washington y no con Beijing como venía siendo -por lo pronto, en lo comercial-, alentando un aislamiento total, tanto en lo económico como en las relaciones protocolares, contra la administración venezolana.

Y es en ese punto donde la ofensiva destituyente contra Nicolás Maduro cobra un relieve global. Como en un partida del clásico juego de guerrra TEG, los actores estatales más importantes de la escena internacional buscan incidir en un territorio donde parece librarse la madre de todas las batallas: la guerra comercial entre Estados Unidos y el gigante asiático. Por lo pronto, de la alacena de estrategias golpistas conocidas, Washington y sus gobiernos sudamericanos aliados parecen tomar el modelo libio. En el país norafricano, durante la llamada primavera árabe, la coalición OTAN hizo pie contra Muammar Khadafi alentado la instalación de un gobierno paralelo.

En ese juego de espejos con Libia, la oposición venezolana ya cuenta con su portaaviones institucional para recibir apoyo regional de todo tipo: la Asamblea Nacional. Ese cuerpo tiene la representación de la única elección donde la Mesa de Unidad Democrática (MUD) resultó victoriosa en el ámbito legislativo. Luego, el Palacio Miraflores superó ese traspié conformando un nuevo ente parlamentario: la Asamblea Nacional Constituyente, validada también en comicios democráticos. Recapitulando, en el Congreso de la oposición, el único órgano democrático de Venezuela según Cambiemos, acaba de asumir un halcón: el diputado de Voluntad Popular Juan Guaidó, portavoz de ala menos dialoguista en la MUD.

En ese sentido, el periodista argentino Marcos Salgado, corresponsal en Caracas por la cadena iraní Hispan TV, recuerda que, apenas asumido al frente de la Asamblea Nacional, Guaidó “habló de cuatro patas en la mesa para la salida de Maduro: la Asamblea Nacional, la presión internacional, la movilización popular y las Fuerzas Armadas. Tienen las dos primeras, pero no las otras dos. No pueden movilizar a los propios y deberían enfrentar además un movilización opuesta, del chavismo, que aun atribulado por la crisis económica saldría, en números no desdeñables, a defenderse del golpismo, como ya lo hizo durante 2014 y 2017”.

Por lo visto, Nicolás Maduro asume hoy un mandato presidencial en un contexto adverso. La sombra del golpismo internacional se aproxima desde varios frentes: maniobras militares en Panamá, boicot financiero en el Cono Sur, rechazo diplomático en las mesas militares conjuntas. ¿Podrá Venezuela, su gobierno, a pesar de su presente económico sensible, sortear un nuevo ataque destituyente? Salgado da una respuesta interesante porque acentúa una fortaleza, el poder popular bolivariano, poco tenido en cuenta en los análisis que circulan sobre el país caribeño: “¿Qué se puede esperar el diez de enero en Venezuela? Todo parece indicar que se puede esperar que llegue el día once, y el doce, y así. El pulso político de Venezuela no se resuelve en los pasillos de las cancillerías latinoamericanas o en el Departamento de Estado”.

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Emiliano Guido

Emiliano Guido

Periodista especializado en política internacional. Forma parte del Programa de Integración Regional y Financiamiento para el Desarrollo en Fundación SES (Argentina). Ganador del Premio José Martí (2006) otorgado por la agencia Prensa Latina.

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