Por qué voté a Bolsonaro

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Los votantes que le dieron el triunfo a Jair Bolsonaro aseguran que el discurso fascista y de odio “son cosas de la boca para afuera”, aunque algunos también se esperanzan de que la mano dura acabe con la inseguridad. El rechazo al PT, incluso de ex votantes, un factor transversal a la hora del voto. Las razones por las que un neofascista ganó en Brasil, en primera persona.

(Desde San Pablo).- Para tratar de comprender un poco lo que sucedió en Brasil con la elección de Jair Bolsonaro (PSL), una colega brasileña me acercó la frase de Tim Maia, un cantautor, que una vez dijo: “Este país no puede funcionar. Aquí una prostituta se apasiona, un galán tiene celos, el traficante se vicia y el pobre es de derecha”.

-No es tan así –le respondí-. (Fernando) Haddad ganó en las ciudades más postergadas.
-Sí, pero también hubo pobres y trabajadores de salario mínimo que lo votaron-, fue su respuesta.

Jao tiene 20 años, en la primera vuelta votó a Marina Silva (Partido Rede), que sacó el 1 por ciento de los votos.
-¿A quién vas a votar?-, le preguntó este cronista antes de la elección.
-Ninguno de los dos candidatos es bueno, no elegiría a ninguno pero no hay opción. Voy a votar por Bolsonaro-, responde y me mira con una tenue sonrisa.
-¿Por qué?-, quise saber.
-Habla lo que piensa, es espontáneo, es una cara nueva. No quiero otros 4 años del PT-, concluye.

Jao trabaja como mozo en un café universitario, también estudia en una Universidad Privada y dice que la gente no le presta atención al “discurso fascista” de Bolsonaro.

Es que Bolsonaro también ganó por la indiferencia de muchos. Entre los votos blancos, nulos, y los que no fueron a votar hubo 40 millones de personas. Una Argentina entera (en términos numéricos) que prefirió la indiferencia antes de elegir su destino. De manera indirecta, también eligió.

Son las 14.30 en San Pablo. A las 17 cerraban las mesas de votación en esta ciudad. Por los distintos usos horarios que atraviesan el país, los comicios cerrarían recién a las 19 (hora Argentina). Me acerco a una artesana que vendía colgantes y pulseras frente a un Shopping y le pregunto si ya había votado. “No, no creo en la política. El problema no es Haddad, el PT o Bolsonaro. El problema es de la gente, hasta que no haya un cambio profundo, nada va a pasar”, respondió. Su nombre era Marina. ¿Pero no vas a votar, todavía hay tiempo?, insistí. “No. Hace diez años que no voto, no creo en la política”, agregó.

Un chofer de UBER que hace 5 meses maneja 12 horas promedio su auto –antes trabajaba en una importadora en el área de logística hasta que se quiso independizarse- cuenta que votó al PT en tres oportunidades pero que no habrá una cuarta. “Robaron mucho, uno ve la televisión o las noticias y siempre aparece algún hecho nuevo de corrupción”, afirma Guilherme.
-¿Pero no te da miedo las cosas que dice Bolsonaro sobre los militares o cómo trata a las minorías?-, interpelé.
-No, eso es de la boca para afuera, no creo que vaya a hacer nada raro-, respondió sin mostrarse dubitativo.

Una semana antes de las elecciones, durante una manifestación a favor de Bolsonaro, una señora paqueta de San Pablo me afirmó que no creía que el ex militar fuese fascista. “Los que tienen miedo del fascismo son los terroristas”, sostuvo. ¿Y quiénes serían esos terroristas?, le pregunté. “Los izquierdistas. No los que quieren un país justo, sino los partidos de izquierda”, agregó. Segundos antes había acompañado el canto que decía “no quiero que mi bandera sea roja”.

Brasil entre reformas y retrocesos: la nueva ola moralista

Bolsonaro supo trabajar el eje del anticomunismo. Un analista vinculado al PT lo resumió de la siguiente manera: “Es como si estuviéramos viviendo en la Estados Unidos de Reagan”. No por nada, lo primero que dijo Bolsonaro al ganar fue que “se acabó el tiempo del comunismo, el socialismo, el populismo y las ideologías de izquierda”.

Un comerciante de 59 años de nombre Iván tenía una apreciación similar sobre el discurso fascista de Bolsonaro. “En la Dictadura, a los que perseguían eran a los socialistas. Yo podía andar por la calle sin problema”, manifestó y agregó: “Y si Bolsonaro quiere implantar una dictadura, saldremos a la calle a manifestarnos en contra como lo hicimos con Dilma”.

-¿Cuál es la propuesta que más te agrada de Bolsonaro?-, le preguntó este cronista a una mujer de 40 años llamada Juliana, que trabaja en el sector privado (no quiso especificar dónde).
-La reducción de la minoridad para ir a la cárcel. Brasil es un país muy violento y se les permite ser violentos a los chicos.
-¿No le tenés miedo a las fuerzas armadas?-, consultó Nuestras Voces.
-No es real que pueda suceder una Dictadura. Esas son cosas que dice (Bolsonaro) de la boca para afuera.

Para la especialista en Ciencias Sociales de la Universidad Federal de San Pablo, Esther Solano, en Brasil ocurre una suerte de “reinterpretación de la dictadura”, en donde los ciudadanos y ciudadanas suelen rememorar que “la vida era más segura y disciplinada”, y que en la democracia “la vida es mucho más insegura, un lío, libertinaje”. Algo de eso hay.

“Nunca se habló en Brasil profundamente de la Dictadura, no se habla del racismo tampoco. Se niega el racismo. Lamentablemente asistimos a un ascenso del fascismo legitimado por el voto”, sostuvo a Nuestras Voces el historiador Cadu de Castro.

Transformación y transformismo en Brasil

¿Serán simplemente cosas que dice de la boca para afuera? Luego de conocerse los resultados con la victoria de Bolsonaro, una caravana de militares desfiló por la ciudad Niteroi en el Estado de Río de Janeiro. Lo hicieron en sus camiones y tanques, exhibiendo sus armas mientras eran vivados por la gente. Durante la campaña, los militares también hicieron esa demostración de fuerza, en apariencia “espontánea” pero que responde al discurso habilitante de Bolsonaro.

Las manifestaciones a favor del ex militar durante los días previos a la segunda vuelta solían convertirse rápidamente en micro templos evangélicos. En cada esquina uno podía toparse con alguien haciendo las veces de pastor. Una de esas esquinas de la Avenida Paulista estaba destinada a agrandar una de las principales mentiras difundidas por Bolsonaro y su equipo: la existencia de un kit gay.

En 2016, el electo Presidente difundió un video donde él mismo decía que el PT distribuía en las escuelas libros con un “kit gay” que supuestamente les enseñaba a los niños y niñas a ser gays o lesbianas. Nunca existió un material semejante ni se repartieron en los colegios los libros que Bolsonaro decía que existían. Todo era parte de la propia campaña del diputado del PSL para promocionar la “desideologización en las escuelas”.

“¡Escuela sin partido! ¡Escuela sin partido!”, grita Rita, con un cartel que contiene la misma consigna. ¿Qué significa esto?, le pregunto (aunque en mi interior ya había adivinado su respuesta). “No queremos ningún tipo de ideología en los colegios y menos que le enseñen a los más chicos cosas raras. ¿Vos escuchaste hablar del kit gay? No queremos a estos izquierdistas”, me respondió Rita. La llamada ideología de género es “combatida” en Brasil por la iglesia evangélica, sostén de Bolsonaro.

Ya habían pasado varias horas de conocido el resultado electoral. Por la calle se escuchaban todavía bocinazos y fuegos artificiales; sobre la Avenida Paulista ocurrieron algunos disturbios con intervención de las fuerzas de seguridad. Los aplaudidos de la noche fueron los integrantes de la Policía Militar, vivados y exaltados por los adherentes de Bolsonaro. Muchos votaron atraídos por la mano dura prometida por el ahora Presidente. Y en la noche de su victoria, no dudaron en felicitarlos por adelantado.

@spremici

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Sebastián Premici

Licenciado en Ciencias de la Comunicación. Autor del libro De patrones y peones. Los aliados esclavistas de Mauricio Macri. Colabora en Página/12 y formó parte de Radio Nacional.

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