Primeros días de Bolsonaro: la utopía neoliberal

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Los primeros días de Jair Bolsonaro perfilan una agenda de gestión inédita a nivel regional. En lo político, diplomático y económico el nuevo presidente pone en hechos la utopía negra neoliberal: drástica baja del salario mínimo, cepo ideológico estatal a los estudiantes y trabajadores identificados con el PT de Lula, y cesión de soberanía para que pueda instalarse una base militar estadounidense. En lo simbólico el Jefe de Estado realiza gestos macartistas propios de la Guerra Fría, como ordenar el retiro de las sillas con tapizado rojo del Palacio de la Alvorada y reemplazarlas por azules.

El miércoles 3 de enero Jair Bolsonaro, la Primera Dama Michelle Bolsonaro, y las pequeñas Laura y Leticia pasaron su primera noche en la residencia presidencial Palacio de la Alvorada, parte de la obras modernistas creadas por el arquitecto Oscar Niemeyer en Brasilia. Entusiasmado con su cruzada contra el color rojo comunista, Bolsonaro ordenó terminantemente a los trabajadores del complejo que retirarán a la mañana siguiente del salón principal las sillas revestidas en rojo para reemplazarlas por un mobiliario similar, aunque color azul. Esa acción fundamentalista de Bolsonaro tuvo una réplica igual de primitiva en boca de su ministra de la Mujer, la Familia y los Derechos Humanos, la pastora evangélica Damares Alves; aunque, en su caso, con una variante cromática. En concreto, Alves aconsejó que en el “nuevo Brasil” los niños deberían concurrir vestidos con colores “celestes” a la escuela y para las niñas, claro, promovió el uso de prendas “rosas”.

Bolsonaro, el nuevo macho alfa del neoliberalismo sudamericano

Esas declaraciones o gestos simbólicos podrían ser leídos en modo cauto como el diseño del nuevo ropaje ideológico en marcha. Sin embargo, esa bruma de ideas conservadoras se están trasladando a la ejecución de políticas concretas, tan agresivas y extravagantes como la cacería de colores citada. En el minuto uno de la gestión el ministro de Economía Paulo Guedes, quién bautizó a su grupo de asesores como el “equipo de los sueños” -la versión tropical del vanidoso slogan cambiemita “el mejor equipo de los últimos 50 años” – anunció un fuerte recorte del salario mínimo, y la medida fue festejada con champagne en la Bolsa de San Pablo.  A su vez, en la primera reunión del gabinete ampliado, el ministro de la Presidencia (símil al del Interior en Argentina) Onyx Lorenzoni comunicó que iba a despedir de la administración pública a 300 funcionarios por considerarlos adherentes al Partido de los Trabajadores.

Esa ofensiva contra el trabalhismo tuvo una continuidad el día 7 de enero, pero en la órbita de Educación. Ese día el diario O Globo comunicó con un pequeño recuadro en su interior el “cepo ideológico” que proyecta aplicar el ministerio de Educación para otorgar, de ahora en más, las becas de apoyo económico en el sistema universitario. El influyente matutino oficializaba, entonces, una política de claro sesgo discriminatorio utilizando un cuerpo informativo nimio, como el utilizado para comunicar el clima o los accidentes. Concretamente, la pieza advertía que: “Se están estudiando nuevos criterios para otorgar bolsas de estudio a nivel de postgrado y para los estudiantes que realizan un perfeccionamiento en el exterior. El criterio ideológico será eliminatorio. El joven que no cumpla con ese requisito no seguirá estando bajo la cobertura del Ministerio. Incluso, está en estudio de la cartera de Educación interrumpir las becas a los estudiantes que estén identificados con una militancia activa en política”.

En el ámbito de política exterior el giro abrupto de Bolsonaro es igual de pronunciado y está en consonancia con el contorno intelectual de un Canciller, Ernesto Araújo, que en su blog personal, antes de asumir, se quejaba de la “criminalización de las relaciones heterosexuales, el petróleo y la carnes rojas”. Recapitulando, el diplomático heteronormativo, partidario de las energías no renovables y carnívoro tuvo una grata cumbre con su par estadounidense Mike Pompeo, hasta ayer nomás número uno de la CIA, donde se comprometió a ceder soberanía brasileña para que Donald Trump pueda utilizar la base espacial de Alcántara, un proyecto injerencista que quedó inconcluso gracias al rechazo del ex presidente Luiz Inácio Lula Da Silva en sus primeros días de mandato.

El paradigma que une a Bullrich con Bolsonaro

¿Por qué es tan apetecible Alcántara para Estados Unidos? Lo responde la periodista argentina Telma Luzzani en su recomendable libro Territorios Vigilados- Cómo opera la red de bases militares norteamericanas en Sudamérica. En esa obra Luzzani recuerda que: “La base de San Pedro de Alcántara está ubicada en el estado nordestino de Maranhao, un punto estratégico inmejorablemente ubicado en las puertas del Amazonas y al borde del océano Atlántico. En los años 70, la dictadura militar expulsó de Alcántara a decenas de comunidades negras tradicionales para construir allí un Centro de Lanzamiento Espacial, con el argumento de que esto sería un gran desarrollo hacia el futuro. La construcción del centro se inició en 1987, bajo la presidencia de José Sarney. En el acuerdo con EE.UU. la base pasaría a ser un área estratégica para el control de las comunicaciones. El tratado era claramente desigual: Brasilia tenía diversas obligaciones y Washington ninguna. El Pentágono podía delimitar áreas restringidas donde sólo tendrían acceso los norteamericanos y a Brasil le estaba prohibido verificar el contenido de los materiales enviados o recibidos por EE.UU”.

Prosigue Luzzani la trágica y pendular historia de la base militar norteamericana en suelo brasileño, que hoy vuelve a ser realidad gracias a Jair Bolsonaro: “En septiembre de 2002, el candidato a la presidencia Lula da Silva llamó a un plebiscito nacional sobre la base de Alcántara. La fuerza de la convocatoria era simbólica ya que no era obligatorio ni vinculante. No obstante, su resultado fue apabullante: el 99% de los votantes estuvo en contra. Cuando Lula ganó, Estados Unidos dejó Alcántara porque Brasil no le renovó el contrato. Este hecho coincidió con el mayor desastre en la historia espacial de Brasil: la explosión del tercer prototipo del VLS-1 (Vehículo Lanzador de Satélites) en la Plataforma del Centro de Lanzamiento de Alcántara. Murieron 21 trabajadores del Centro Técnico Aeroespacial de San José dos Campos”.

Ese anuncio cobra relevancia continental, además, porque tanto Pompeo como Araújo recalcaron en sus declaraciones que la instalación de la base estadounidense es una suerte de precinto de seguridad estratégica contra el enemigo vecino en común: el gobierno de Nicolás Maduro, considerado ilegítimo por el Grupo Lima, una entente conservadora que integra activamente el gobierno argentino. Nuestras Voces habló con Adriana Rossi, Directora del Observatorio Geopolítico de los Conflictos, para comprender el nuevo esquema geopolítico de Brasil que, por lo pronto, le ha abierto las puertas del subcontinente a otro socio de hierro de la administración Trump, el gobierno israelí de Benjamín Netanyahu.

Por qué voté a Bolsonaro

“Efectivamente, Bolsonaro y Netanyahu están sellando una alianza estratégica. El Primer Ministro israelí había previsto una visita más breve pero, al final, su estancia durante la asunción de Bolsonaro fue más prolongada a pesar de atravesar una crisis política y electoral en su país. En su apertura a los capitales extranjeros para promocionar el capítulo agroindustrial, fomentar los cultivos intensivos en zonas áridas o, incluso, promover proyectos para desalinizar agua en el nordeste brasileño Bolsonaro encuentra en Israel a un socio. A su vez, el nuevo gobierno de Brasil entiende que esa oportunidad de negocios con Tel Aviv se extiende al área de seguridad y equipamiento militar. En ambos segmentos comerciales Israel es un gran competidor internacional”, comienza advirtiendo Rossi.

Por último, la especialista consultada advierte que: “Para su perfil de inserción global Bolsonaro trazó una estrategia tan llana como maniquea. En su discurso inaugural aclaró que solo se aliará con países amigos. Bueno, ¿Cuáles son esos países? Los gobiernos con los que encuentra afinidad ideológica: Estados Unidos, Israel, Chile. A su vez, la cumbre de Netanyahu con el hijo de Bolsonaro fijó el deseo conjunto de tramar una ofensiva contra los gobiernos o movimientos populares regionales contrarios a la actual restauración conservadora. Esa estrategia tiene una fecha de elaboración en el 2001, la llamada Doctrina Cebrowski, en referencia a un Almirante que en tiempos de Bush dirigió un plan militar para atacar a los países no alineados con el esquema imperial financiero del siglo XXI. Por último, Brasil, al igual que el gobierno de Donald Trump, trasladará su embajada en Israel de Tel Aviv a Jerusalén. Es más, Bolsonaro comprometió su presencia en Medio Oriente cuando se concrete esa decisión diplomática. De esa manera, los gobiernos mencionados van tejiendo una red de ultraderecha. Claro, no se trata de un fascismo equiparable a la época de Mussolini aunque, eso sí, cuenta con una voluntad muy fuerte de barrer de la escena política a sus oponentes”.

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Emiliano Guido

Emiliano Guido

Periodista especializado en política internacional. Forma parte del Programa de Integración Regional y Financiamiento para el Desarrollo en Fundación SES (Argentina). Ganador del Premio José Martí (2006) otorgado por la agencia Prensa Latina.

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