Saquen una hoja (y la tijera)

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El Presupuesto 2018 del Gobierno porteño vuelve a marcar una tendencia a la baja en Educación. Según un informe de UTE-CTERA, hay recortes en infraestructura escolar, becas, alimentos y en la entrega de computadoras.

Publicado en Nueva Ciudad

Hay una tendencia en los presupuestos educativos desde que el PRO llegó al Gobierno de la Ciudad: una caída de su participación en el presupuesto total. Esto es, del porcentaje que representa la partida de educación con respecto a la totalidad del dinero que invierte el Gobierno. Esto implica, en los números fríos, una caída de la prioridad que le destina la gestión PRO a la educación. Para el año que viene, según un trabajo de análisis del presupuesto del gremio UTE-CTERA, la participación del presupuesto es del 18 por ciento, un punto menos que este año. Además, el documento advierte sobre recortes en infraestructura escolar y en educación digital, lo que choca contra las intenciones modernizadoras del proyecto de “Secundarias del futuro”.

La tendencia a la baja de los presupuestos educativos se viene registrando desde 2008. Con la venta de los terrenos de Catalinas norte en 2009, se suponía, el Gobierno macrista iba a tener un monto extra para hacer un shock de inversiones en las escuelas. En cambio, ese dinero fue utilizado para compensar los recortes en las partidas a lo largo de varios años.

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La participación del presupuesto educativo en el total era en 2013 de 26 por ciento. Cayó a 23 por ciento en 2014 y a 22 por ciento en 2015. Para este año, era del 19 por ciento y según lo planificado en el proyecto de Presupuesto 2018 caerá a 18 puntos. Esta es una de las conclusiones del informe de UTE-CTERA sobre la ley que el macrismo impulsa. Otro análisis en base a los datos oficiales del think tank kirchnerista La Fábrica porteña apunta en el mismo sentido: “El presupuesto en educación para el 2017 fue de 36.292 millones de pesos mientras que para el 2018 es de 40.990 millones de pesos. En ambos se observa un aumento nominal del 13 por ciento y una caída real de 5,5 por ciento”. Esto es porque la suba apenas si acompaña la inflación y mantiene congelado el poder adquisitivo de los docentes. En términos reales (descontando la inflación), ya acumula una caída de 8 puntos desde 2016.

El gremio docente compara esto con el incremento de la deuda pública: desde 2013, la deuda de la Ciudad se triplicó mientras que la partida educativa sigue en el mismo nivel que 2015 y la inversión por alumno matriculado cae a los niveles de hace cinco años (sin que se haya incrementado significativamente la matrícula). Y ya que hablamos d

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