Sí, se puede… estar peor

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En apenas un año, Mauricio Macri endeudó al país, vendió activos para pagar gastos corrientes, aumentó el déficit fiscal, emitió pesos, subió la inflación, bajó los salarios, subió las tarifas, licuó el presupuesto estatal, favoreció los despidos, pinchó a la actividad industrial. No es opinión, son estadísticas. Bajó los impuestos a las mineras, al campo, los ricos y a los grandes evasores, incluyendo por decreto a su familia y la de todos los CEO que son funcionarios del gobierno y fugaron divisas. Solo benefició la especulación financiera, la deuda pública, la obra pública de empresas vinculadas, propias y amigas, a los bancos, a los Fondos Buitre, a un pequeño grupo de jubilados, a los Sindicatos, Clubes de Fútbol de Primera y a las multinacionales. Ajustarse los cinturones, el 2017 será peor. 

Foto: Fotosur
Cumplido ya el primer año de gestión, Mauricio Macri cierra el 2016 con la economía en caída, la alianza legislativa resquebrajada y un 2017 que será bastante más complicado a nivel económico que la “herencia” que recibió en 2016: la devaluación insuficiente para la industria y excesiva para el comercio, las inversiones que no llegan, el consumo pinchado y el crecimiento de la pobreza y la desocupación auguran más deuda, más déficit, más ajuste.
Los principales indicadores económicos así lo demuestran y es por eso que desde el Instituto de Trabajo y Economía (ITE) de la Fundación Germán Abdala (FGA) advierten en su último informe de coyuntura que “el horizonte económico está lejos de lucir despejado, dado que el gobierno no ha logrado consolidar la baja de la inflación y la economía no repunta”.
Inflación en aumento

La inflación, lejos de “bajar drásticamente” como decía el propio Macri en marzo de este año, no cesó. El IPC porteño marcó 2% de incremento en noviembre, acumulando 39,3% en lo que va del año y un 44,8% si se toman los últimos doce meses. Algo similar señala el IPC-Congreso que indicó un 1,9% de aumentos en noviembre y un 43,4% en los últimos doce meses. El documento del ITE-FGA sostiene que “la estabilización de la inflación se hace esperar” y el índice de relevamiento de precios (IRP) sibió un 42,1% anual hasta octubre inclusive.

Suba de precios. Variación en porcentaje, mensual y anual.

Sin embargo, en el Gobierno vuelven a prometer lo que ya no cumplieron este año y prevén una inflación de 18% para el 2017: ya se vio su juego, bajar las paritarias con una cifra baja y luego no reabrirlas salvo contados casos. A todas luces el número queda chico, sabiendo que el propio oficialismo habilitó un aumento de nafta del 8% a partir de enero; Aranguren anunció nuevo gradualismo en aumentos de luz en febrero y agosto  y aumentos de gas en abril y octubre. Además, los porteños tendrán aumentos de hasta el 38% en ABL. Y la suba del dólar no reactiva a la industria -afectada por la liberación de las importacion- pero provoca suba de precios.

En enero el Presidente afirmó: “Este año la inflación estará más cerca del 20% y espero que los gremios acompañen”. Desde el ITE-FGA indican que “de cara a 2017, es esperable que el nivel general se ubique nuevamente por encima de la inflación núcleo, en vista del cronograma de aumento de las tarifas de gas y luz” y advierten que, efectivamente, “la dinámica inflacionaria seguirá estando en el centro de la discusión el año próximo”.

Brotes verdes, qué brotes

A pesar de que en agosto muchos anunciaron que comenzaba un tibio proceso de expansión de la actividad, la inversión y el consumo, de septiembre en adelante los principales indicadores volvieron a mostrar los niveles de caída de mitad de año. De hecho, como se observa en el Gráfico 2, “el Indicador Mensual de Actividad (IMA) finalizó el tercer trimestre con una caída de -4,7%, marcando una profundización del escenario recesivo”.

Gráfico 2. Indicador Mensual de Actividad (IMA). Variación % Anual.

Por su parte, el Índice Mensual de Consumo (IMC) se contrajo -5,2% anual en octubre, “lo que implica la décima caída consecutiva” y el Índice Mensual de Inversión (IMI) “registró una caída de -10,4% anual en septiembre” cerrando el tercer trimestre con “un descenso de -8,9% anual”. El diario La Nación publicó los datos de una consultora privada que señala que el consumo cayó  -7,5% en octubre y “se encamina a cerrar el peor año desde la crisis del 2002”.

La industria, la más golpeada

“Por primera vez hay excedente de gas” tituló Clarín en su edición impresa el pasado jueves 8 de diciembre. Sin embargo, en el cuerpo de la nota se leía que “la causa, de acuerdo a los especialistas, obedece a la fuerte caída de la actividad industrial”. Según el informe ITE-FGA el desplome industrial está sembrando fuertes consecuencias en materia de empleo y de divisas.

En empleo porque más de la mitad de los despidos y suspensiones del ámbito privado corresponden a la industria y porque, además, el sector fue perjudicado por la apertura comercial impulsada por el gobierno (para ejemplificar: en el acumulado a octubre, las ventas de vehículos importados crecieron un 30,7%). En divisas porque pese a estos datos y a haber descendido 5 puntos porcentuales en el nivel de producción total, el balance industrial de divisas no se modificó. Es decir, a contramano de lo esperado, la menor actividad industrial no significó una menor necesidad de divisas sino que, casi idéntico al 2015, alcanzó un déficit cercano a los USD -10.500 millones de dólares. De acuerdo a lo que señalan desde el ITE-FGA, esto se debió principalmente a que el sector automotriz duplicó su déficit de divisas “pasando de USD -3.200 millones” en 2015 a “USD -6.300 millones en diez meses”.

Gráfico 3. Balance cambiario industrial. Acumulado primeros diez meses del año en USD millones.

“Lo llamativo de este cuadro es que a pesar de que en 2016 el sector industrial continúa reduciendo su producción y destruyendo empleo, no se ha logrado un menor requerimiento de divisas”, indican desde el ITE-FGA.

¿Más fuga de capitales en 2017?

El ITE también pone foco en que, en los últimos meses, “el principal proveedor de divisas no fueron las inversiones financieras atraídas por las altas tasas, sino la colocación de deuda pública”. El dato es muy relevante para estos momentos en que se encareció un 25% el costo del endeudamiento argentino y en que la Reserva Federal subió 0,25% la tasa de interés (y especialistas proyectan tres nuevas subas el próximo año). Como explica el ITE “un mayor rendimiento de los activos estadounidenses tendría un efecto combinado: induciría una mayor fuga de capitales desde Argentina (y reacción al alza la tasa de interés local, incrementando el sesgo contractivo de la política monetaria) y, en simultáneo, haríacaer los precios de los commodities”.

Sin dudas, un panorama que afectó a trabajadores, comerciantes y pequeños industriales, mientras los sectores concentrados y trasnacionales ya se preparan para lo próximo: venta de activos (tierras, acciones), privatizaciones encubiertas (desinversión en areolíneas e YPF y entrega de rutas y recursos a multinacionales) y grandes obras públicas con nueva deuda. Si la lógica de capitalismo financiero y concentrado no cambió su libreto luego viene corrida bancaria, empobrecimiento masivo y compra de lo que quede a precio de remate. Aquí lo vivimos luego de cada período neoliberal: en los 80 gracias a Martínez de Hoz, en el 2001 gracias a Cavallo, y Macri está ya inflando su globo amarillo. En los dos casos el Estado dio una última ayuda: licuo la deuda de los privados y les dio dólares del tesoro. El arquitecto de esa operación fue… el actual presidente del Banco Nación y negociador de la deuda externa (no consiguió rebaja pero si buenas comisiones para los intermediarios). Y uno de los grandes beneficiarios fue… SOCMA, la empresa de Macri.

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