El secuestro de Milagro Sala

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Milagro Sala, detenida arbitrariamente hace más de 600 días en Jujuy, fue trasladada violentamente en piyama y descalza de la casa de La Ciénaga, donde cumplía prisión domiciliaria, a la cárcel de Alto Comedero. Sus abogados no fueron notificados y calificaron el operativo como un “secuestro”. La Comisión Interamericana de Derechos Humanos denunció que su vida corre peligro en esa prisión. Para conocer el trasfondo de esta causa Nuestras Voces dialogó con los autores del libro “Presa. Un decálogo del caso Milagro Sala”.

La noticia se conoció en las primeras horas del sábado: Milagro Sala, que estaba descansando en piyama y descalza en la casa de La Ciénaga, en Jujuy, fue sacada a la fuerza por Gendarmería y sin notificación previa a sus abogados. Allí cumplía arresto domiciliario tras la cautelar otorgada por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. La llevaron en un operativo sombrío, “digno de las épocas más oscuras del país”, como dijo una de sus abogadas, a la cárcel de Alto Comedero, donde ese organismo internacional advirtió que corre riesgo su integridad física.

La orden política del gobierno de Gerardo Morales a la justicia jujeña –ejecutada por el magistrado provincial Pablo Pullen Llermanos–, a una semana de las elecciones, “no sólo es salvaje, porque la sacaron esposada y en piyama, un sábado, donde los trabajadores judiciales no suelen trabajar, sino que no es casual porque busca un impacto electoral dentro de las maniobras del macrismo de dar golpes de efecto”, dijo uno de sus compañeros de la Tupac Amaru.

El operativo además, fue magnánimo: un grupo de gendarmes, fuertemente armados y algunos con capuchas tapando sus rostros, rodearon la casa y la sacaron en un auto sin patente. “Es un secuestro, no hay otras palabras para definir esta acción ilegal que recuerda a las peores épocas del país”, lo definió Elizabeth Gómez Alcorta, una de las abogadas defensoras de Milagro Sala.

La Comisión Interamericana de Derechos Humanos había concedido la medida cautelar solicitada por Amnistía, el CELS y ANDHES, y dispuesto que Milagro quedara en libertad o bajo prisión domiciliaria. Una vez que se efectivizó la segunda opción, fue trasladada a una casa de la Tupac Amaru, aislada de sus compañeros y con una vigilancia extrema de Gendarmería. Pero ahora el gobierno de Morales ordenó devolverla al penal. “La orden fue protocolizada por la Cámara de Apelaciones y Control de Jujuy, en una resolución que confunde a la Comisión con la Corte Interamericana de Derechos Humanos, no distingue entre una petición y una medida cautelar, cita en forma errónea jurisprudencia de la Corte Suprema de Justicia de la Nación y desconoce la primacía del bloque de constitucionalidad que integran las Convenciones Internacionales de Derechos Humanos sobre las decisiones de los tribunales provinciales”, opinó Horacio Verbitsky, quien publicó un reciente libro sobre el caso de Milagro Sala.

El caso de las bombachas, nuevo show contra Milagro Sala

Para entender el telón de fondo de esta causa, por estos días también se está presentado otro libro titulado “Presa. Un decálogo del caso Milagro Sala”, un compendio de ensayos de diez autores sobre distintos aspectos de la criminalización de la Tupac Amaru y la prisión de Milagro Sala. Nuestras Voces dialogó con los autores días antes del nuevo y violento traslado de la líder social a la cárcel de Alto Comedero.

Milagro Sala, líder de la organización social Tupac Amaru originada en Jujuy, fue detenida en enero de 2016, un mes después de la asunción de Mauricio Macri. El hecho no fue algo aislado: la maniobra mediática que se tejió meses antes, convirtiéndola en poco más que una terrorista creadora de un Estado paralelo, había sido apabullante. El lenguaje de estigma y criminalización recorrió las pantallas, las redes sociales, y se potenció en la opinión pública una vez que la dirigente fue encarcelada, siendo la primera presa política del macrismo. Cualquier juicio caía sobre su figura y sus compañeros, algunos de ellos, incluso, también presos o procesados en causas insólitas: solían escucharse frases como “negros corruptos”, “se acabó la fiesta del Estado”, “que pague su condena por no trabajar y vivir de los planes”. Fue entonces que los integrantes de la Editorial EME (Estructura Mental a las Estrellas) de La Plata, a kilómetros de distancia de la provincia norteña pero a centímetros de la experiencia política de una de las organizaciones más populares de los últimos tiempos, empezaron a pensar en palabras. En renombrar las palabras y las cosas.

“La primera acción fue apropiarnos de las palabras que se utilizaron en los medios dominantes para generar la operación mediática y judicial que permitieron la captura. Convocamos a un grupo de autores y autoras para que pudieran elaborarlas de manera crítica. Y de ahí llegamos a un decalógo, algo útil para desarmar los conceptos y entender armar el porqué de la detención de Milagro”, dice Verónica Stedile Luna, editora de EME.

“Presa. Un decálogo del caso Milagro Sala” fue publicado en agosto de 2017 por EME y escribieron, entre otros, María Pía López, Elizabeth Gómez Alcorta, Ileana Arduino, Diego Tatián, Estela Díaz y Esteban Rodríguez Alzueta.

Hostigamiento y perversidad judicial contra Milagro Sala

“‘¿Y entonces, si es inocente, si está presa por mujer, por india, por negra, por qué no lo demuestra?’ De la defensa a la acusación hay que trazar un camino para luego ver que tal vez quisiéramos estar en otro, y sentarnos a la mesa del domingo en familia bajo la pasión de otra pregunta ¿por qué es arbitraria su detención?, y ¿por qué el Gobierno de la Alianza Cambiemos PRO-UCR decidió asumir el costo político de ignorar a los Organismos Internacionales que reclaman la inmediata liberación?, ¿qué es lo que esta democracia y esta justicia han encerrado de Milagro Sala en Alto Comedero?”. Prólogo del libro escrito por Verónica Stedile Luna.

Agustín Arzac, otro miembro de la editorial, cuenta el viaje que hicieron a Jujuy, donde Milagro Sala los recibió en una casa que pertenece a la Tupac Amaru –allí permanecía en prisión domiciliaria, con custodia de Gendarmería-. “Fue cálido, aunque cuesta verla rodeada por un batallón de gendarmes que la custodia en un barrio tranquilo de Jujuy, parece una película de ciencia ficción”, dice.

“Se puso contenta con el libro, la vimos fuerte, con bronca, con ganas de volver a participar de la política, de volver a recuperar su organización”, agrega Agustín sobre la dirigente de una organización que, aunque ha sido desmantelada desde el cambio de gobierno y perseguida por el aparato judicial y político del gobernador jujeño Gerardo Morales, resiste estoicamente a los embates del poder.

A la par que organismos internacionales como la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), Amnistía Internacional y hasta el Grupo de Trabajo sobre Detención Arbitraria del Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas consideraron que su detención había sido arbitraria, a la par que presionaron para lograr la prisión domiciliaria y exhortaron al Estado argentino a revisar el proceso judicial, los libros sobre la situación de Milagro Sala y el trabajo comunitario de la Tupac Amaru aparecieron como una herramienta para pensar los sentidos de la discusión política y dar batalla contra los postulados hegemónicos. Además de “Presa”, acaba de publicarse “La libertad no es un Milagro”, escrito por el periodista Horacio Verbitsky, que se suman al debate sobre su figura al texto de Sandra Russo, “Milagro Sala, jallalla: la Tupac Amaru, utopía en construcción”.

– La puesta en práctica del libro, entonces, fue una apuesta por reinventar la palabra, por discutir el lenguaje de lo político.

– Agustín: Sí, pero la verdad que en un comienzo no sabíamos cómo encararlo, si hacer una investigación sobre la causa, si contar los casos, o qué lugar darle en nuestras colecciones de la editorial. Todo se empezó a aclarar cuando pensamos en diez palabras clave, en definir un decálogo, que se armó con las palabras más determinantes que utilizaron los medios de comunicación sobre Milagro. Por ejemplo, los bolsos, los millones, la india, la corrupta, la negra. Cada palabra, a su vez, iba construyendo un concepto. Y allí seleccionamos a los autores en función de cada palabra, que remitiera al campo disciplinar de cada uno de ellos.

–Verónica: Fue importante el enfoque multidisciplinario, elegir muchas voces de territorios diversos, porque el caso es complejo y no queríamos lecturas lineales ni reduccionistas. Queríamos sacarlo del modo que se venía discutiendo en los medios, que era desde el principio de culpabilidad, al cual se le oponía pensar a Milagro como una víctima política del gobierno. Entonces decidimos desplazar la mirada a otros focos. Para pensar qué le aportó la experiencia de la Tupac a la democracia, por ejemplo, lo convocamos a Diego Tatián. O en figura de Milagro como mujer, la convocamos a María Pía López. La abogada Elizabeth Gómez Alcorta se concentra en el concepto de Justicia. Salieron cosas muy buenas, como el epílogo de Melina Gaona, de ver hasta dónde la Tupac nos obliga a pensar en otra forma de entender lo político, a desnaturalizar los modos en que estamos acostumbrados a dirimir la trama social y cultural.

–¿Y cómo es eso?

–Verónica: Conocer que hay otras formas de organización social que no son las que habitualmente estamos acostumbrados a vivir, otros parámetros, como por ejemplo el manejo de las decisiones, que no son comparables a las que se deciden tradicionalmente en la administración de lo público. Es imposible ver a la Tupac sin entender eso. Hay discursos hegemónicos, que construyen el sentido común, que encarrillan todo hacia lugares lineales, a no poder discutir. Como el hecho de que se piense que Milagro Sala, por haber sido diputada del Parlasur, es una política de carrera, cuando en realidad viene de una organización social, con otro tipo de construcción, con otra trayectoria. Esta clase de experiencias no se reducen a la asistencia del Estado, la Tupac interviene políticamente en la provincia de Jujuy. O fijate cómo se habla de un “Estado paralelo”, se instala mediáticamente, cuando en realidad esa manera de nombrar a la Tupac es por no poder pensarla por fuera de las lógicas dominantes de construcción política, por no conocer en profundidad esa experiencia. El libro intenta poner en discusión esas representaciones, esas maneras de abordar el problema.

–Con tantos autores y temas distintos, ¿de qué manera fueron componiendo el libro sin que quedaran las partes disociadas?

–Agustín: El decálogo nos dio una simplicidad, una unidad. No es que hubo ideas al voleo sino palabras previamente pensadas. Les dimos una cierta orientación a las autores, claves para trabajarlas, pero los textos fueron devueltos de maneras muy distintas, la edición fue intensa. Algo que decidimos conscientemente fue llenar el libro de datos, para que no sean textos que sólo expresen ideas, sino que sea una herramienta con información chequeada y rigurosa, para no dejar abiertas lecturas del tipo “se robaron todo” o “por algo será que está presa”. Acá está todo demostrado cómo fue el mecanismo de persecución y de criminalización, hay una intención política evidente. Y quisimos también brindar un aporte a los Comités de Libertad por Milagro, a que las organizaciones sociales se apropien de este material. Como un instrumento de pensamiento que lleve a la acción.

Milagro Sala en una casa destruida

“Es claro que en la persecución a Milagro se activan elementos clasistas, racistas y misóginos, enunciados que se traman a la hora de fijar a las personas en el espacio y la identidad asignados por los siglos de los siglos y diciendo amén. Porque eran tolerables y aun festejados los merenderos y copas de leche. Una mujer pobre que hace asistencia cumple su rol y lo adorna de emprendedorismo –como lo muestra la figura de Margarita Barrientos, a quien construyeron como precisa contracara de Milagro–, mientras una mujer que hace piletas y despliega dispositivos para el goce de los cuerpos y piensa que de la humillación se sale también con la fiesta de los sentidos, con el derroche y con el hedonismo colectivo, es intolerable”. Del capítulo “Mujer” del libro “Presa”, por la socióloga María Pía López.

–¿Cómo hacer para deconstruir lo que hay instalado sobre la figura de Milagro Sala en los medios?

–Agustín: Es difícil darlo vuelta, en los ensayos se repite la preocupación de cómo se perdieron ciertas discusiones y quedaron en manos de la derecha. Por ejemplo, el tema de la corrupción, donde parece que los empresarios nunca tienen que rendir cuentas de nada, como si sólo fuera una cuestión de ganancias y pérdidas su rol en el país. El lugar ético es fundamental debatirlo. Lo que aparece como telón de fondo en el caso de Milagro es cómo debería ser la participación del Estado, el rol de los trabajadores, el tema de la vivienda y la cuestión geográfica, porque no es lo mismo Buenos Aires que Jujuy. Y cómo es el tema de la propiedad, la Tupac lo pensaba de otra manera, no era sólo la conquista de la propiedad en sí misma sino también el trabajo, la educación, la salud, el deporte. Es otra manera de organizar lo social.

–Verónica: El desafío es pensar por fuera de los estructuras de pensamiento que ofrece el enemigo, por decirlo de forma grandilocuente. Lo que uno siente es que estamos permanentemente respondiendo a ataques, y es complicado, porque ella está presa y hay que salir a responder, a defenderla, ahora viene otra causa ridícula contra ella y van a seguir apareciendo más. No hay que ceder al desgaste.

–¿Cómo está la situación de la Tupac en Jujuy?

–Verónica: Complicada. Del viaje a Jujuy nos quedó una sensación triste, recorrimos su obra en el barrio Alto Comedero, lo que ha hecho este gobierno es de una inmensa crueldad, allí es donde se ve la matriz destructiva, de odio de clase. Rompieron su obra, robaron máquinas, destruyeron la pileta pública. Es un ejercicio de maldad, atacan no sólo a lo material-físico sino a lo simbólico. Los compañeros que siguen militando tienen una fortaleza enorme, las mujeres tupamaras tienen relatos impresionantes, cómo defienden los espacios en este momento es admirable, con los recursos mínimos que están teniendo, con la gente que sigue apoyando, porque los aprietes que se sufren son cotidianos. Por un lado, la sensación es de cierta tristeza, y por otro lado, de resistencia, porque la lucha sigue y emociona. Es de ponerle el cuerpo todos los días. Hay que estar ahí todo el tiempo para que no entren, para que no roben, para que no destruyan.

–Agustín: Cuando recorrés la obra de la Tupac por distintas localidad ves cómo se conserva bien la farmacia, los consultorios, pero no tienen profesionales, los médicos, los odontólogos se fueron porque no hubo forma de poderes pagarles. Todo está abandonado, las máquinas, los consultorios equipados. Y lo mismo pasa con los talleres y con el deporte.

La ONU pidió la libertad de Milagro Sala

“A casi dos décadas de avanzado el siglo XXI, debemos, y el caso de Milagro y su injusticia lo exige, problematizar las ideas de que la República moderna se basa principalmente en el concepto de división e independencia de los poderes del Estado, pensando los modos en que este se entrecruza con la propia noción de democracia. No sólo desde un punto de vista teórico sino desde el análisis normativo-institucional y el de las prácticas reales en nuestras democracias”. Del capítulo “Justicia”, por Elizabeth Gómez Alcorta, abogada e integrante del equipo de defensa de Milagro Sala.

La aniquilación del movimiento parece ir en etapas, ¿dónde creen que está la razón de la ofensiva política y judicial?

–Verónica: Me parece importante destacar que la situación de la Tupac no se da porque se cortó el chorro económico que le daba el Estado. Acá hay una voluntad política de destruir una identidad. Por ejemplo, la Tupac ponía en discusión cómo se tomaban las decisiones en las cooperativas, algo que el gobernador Morales quiso frenar desde siempre. La discusión de fondo es la disputa del poder, que es una disputa de clase que se traduce en frase del tipo “cómo estos negros van a administrar, y encima quieren la autonomía”. Morales es el que manda, él había prometido que los cooperativas que pasaban al Estado cobrarían el doble, pero nunca sucedió. La Tupac calcula que hay 20 mil cooperativas sin empleo, sin contar a las otras organizaciones sociales de Jujuy. Hay un abandono del rol del Estado, que se expresa en tener un control sobre el deseo, reducir el Estado a la asistencia con los bolsones de comida, volver a la ayuda caritativa de los ´90. La Tupac no se conformaba con recibir migajas, quería tener dignidad, educación, trabajo de calidad. Hasta Milagro en su momento se enojó con Cristina porque sintió que la trataba de pobre, más allá de la admiración que le tiene. Porque quería ser tratada de igual a igual, defendiendo la toma de decisiones en asamblea para decidir qué hacer con los recursos, para construir una verdadera soberanía popular. Es eso lo que el poder quiere destruir.

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Juan Manuel Mannarino

Juan Manuel Mannarino

Periodista. Colabora en este portal, en la revista digital Anfibia y el sitio Cosecha Roja. Es docente de la Facultad de Comunicación Social de la Universidad Nacional de La Plata y escribe obras de teatro.

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