Seis meses para reactivar el Mercosur

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Argentina asumió la presidencia pro tempore del Mercosur el pasado 16 de diciembre y tendrá 6 meses para poner sobre la mesa de discusión un conjunto de temas que apuntan a reactivar un bloque que lleva, al menos, un lustro paralizado.

 

El cambio de gobierno en Argentina en 2015, la destitución de Dilma Rousseff en 2016 y un escenario internacional dominado por la disputa entre Estados Unidos y China, hicieron que el bloque que cumplirá 30 años el próximo 26 de marzo se volviera irrelevante.

Desde su asunción, Alberto Fernández juega en condiciones de inferioridad respecto de los grandes temas que forman parte de la agenda regional. Por un lado, porque sus socios coinciden en una agenda liberal y por el otro, porque el gobierno de Mauricio Macri comprometió al país, aún sabiendo que no iba a seguir en el gobierno, con acuerdos comerciales con los que la gestión actual no está de acuerdo.

En este contexto, el presidente tiene que construir un equilibrio muy fino entre un proteccionismo con el que está de acuerdo pero no es posible aplicar ante la actual relación de fuerzas y una flexibilización que sería dañina para la industria argentina.

La última cumbre virtual dejó en claro que a pesar de las diferencias, los cuatro miembros plenos consideran el Mercosur un lugar de pertenencia y una política de estado sostenida en el tiempo. Esto es un paso adelante para pensar su reactivación.

De cara al futuro

Lo que viene es pensar los incentivos para reforzar el comercio intrarregional y afianzar la inserción del bloque con el escenario global. En relación al primero de los temas, se observan tres desafíos: la consolidación del comercio de los productos primarios, la diversificación para pasar de un comercio primarizado a otro diversificado basado en nuevos mercados como la economía del conocimiento, servicios y beneficios para los sectores que generan empleo y la políticas para combatir la desigualdad.

El segundo eje debe abordar seriamente la manera en que el bloque y los integrantes del Mercosur se vincularán con la Unión Europea, Estados Unidos y China; algunos pueden ser orientados desde una perspectiva regional y otros, como China, desde una lógica bilateral, ya que Paraguay reconoce a Taiwán y no tiene vínculo diplomático con Pekín.

Argentina, en su carácter de presidente pro tempore, tiene una ventaja respecto al resto y es el buen diálogo con las tres potencias.

En este sentido, el gobierno deberá jugar a su favor la orfandad reciente de Brasil que, sin Donald Trump en la Casa Blanca, perdió un aliado con quien compartía una mirada del mundo antiglobalista y conservadora.

La moderación del discurso de Bolsonaro en la última cumbre podría ser indicio de un giro regionalista como lo venían pidiendo el sector militar del gobierno contra los liberales que buscan reconvertir el Mercosur en una zona de libre comercio.

La idea de un “Eco-Mercosur” también es una ventaja para la construcción del liderazgo argentino, ya que es un eje que forma parte de una agenda multilateral que el gobierno empuja desde el principio y lo acerca tanto a la Unión Europea como a la nueva administración norteamericana.

La defensa del medio ambiente es una cuenta pendiente del Mercosur desde el conflicto por las papeleras en el Río Uruguay en 2003. El contexto global le asigna más densidad a este punto que, en el caso latinoamericano, tiene el acuerdo de Escazú como una oportunidad para pensar una articulación regional alrededor de la temática. Aquí deberá mediar con Brasil, que se opone a que las potencias extranjeras debatan sobre la crisis en el Amazonas.

El cambio de escenario internacional para Brasil podría ser una buena noticia en el Mercosur, ya que el país sudamericano es vital para pensar una repotenciación. Para ello, será clave la búsqueda de incentivos que permitan una integración pragmática y de mutua conveniencia. Tal como lo hizo Fernando Henrique Cardoso en 1999, ese punto de consenso puede ser la integración en infraestructura.

 

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Bolivia: un aliado

El ingreso de Bolivia como miembro permanente es otro de los objetivos de la presidencia mercosureana de Fernández.  Esto tiene de fondo la necesidad de Argentina de contar con un aliado que pueda ser un punto de apoyo en una correlación de fuerzas desfavorable y, como fue en su momento Venezuela, ampliar la capilaridad de recursos de los países del Mercosur.

Con Bolivia hay afinidad política e ideológica pero también una expectativa puesta en el desarrollo conjunto a través de los recursos del litio. Argentina, Bolivia y Chile tienen la mayor reserva del mundo de ese mineral.

 

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De esta manera, hay condiciones para pensar un nuevo frente de desarrollo regional, trazar una línea de intervención en lo que refiere a energías limpias y sentar a un aliado en la mesa de negociación con la Unión Europea.

Finalmente, aparece un tema de interés particular para Argentina: la soberanía de las Islas Malvinas. La decisión de la Unión Europea de excluir a las Malvinas (junto con otros territorios) del acuerdo comercial entre el bloque europeo y el Reino Unido por el Brexit es una oportunidad para negociar.

Gran Bretaña es una potencia hegemónica en declive y el Brexit lo ratifica aislando a todos sus enclaves coloniales. Esto empeorará la situación económica y social en esos territorios y podría alentar debates independentistas.

De todas formas, Argentina sabe que no reconocer a las Malvinas como territorio comercial británico no significa un cambio en el posicionamiento de Europa respecto a la soberanía pero es un clima propicio para sumar apoyos del otro lado del charco. La crisis británica puede ser una oportunidad argentina.

Estos serán los desafíos de los próximos 6 meses en un bloque que hizo poco y nada para pensar una salida colectiva de la pandemia. No obstante, Alberto pretende hacer valer su buen vínculo personal con el Canciller uruguayo, Francisco Bustillo y el presidente de Bolivia, Luis Arce, y confirmó que ayudará a esos países para que puedan acceder a la vacuna Sputnik V.

De esta manera, aún con la crisis de los últimos años, todos sus integrantes están decididos en preservar un Mercosur que tiene que reconfigurarse, construir un piso de coincidencias y diseñar una integración pragmática y duradera que doten al bloque de una espalda mayor para afrontar los desafíos globales.

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