Ser o no ser independientes

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En muchos aspectos de la vida política y económica nacional se evidencia el abandono de la soberanía por parte del Gobierno de Mauricio Macri. De las verdaderas angustias por las que tuvieron que pasar los padres de la Patria para alcanzar la Independencia a las angustias provocadas por la creciente dependencia externa. Sin desfile por el ajuste, pero despilfarrando dólares en la timba financiera.

En 1969 Leonardo Favio estrenó la maravillosa película: El Dependiente, protagonizada por Graciela Borges y Walter Vidarte. En ella se veía a un hombre taciturno, empleado de una ferretería de pueblo, que por fin logró liberarse del dominio de su asfixiante jefe y construyó una familia, con la que se adivina, será una asfixiante esposa. Esa tal vez sea la mejor alegoría a lo que le pasa a un gobierno como el de Cambiemos cada día de la Independencia.

Este peligro de pasar de una dependencia a otra fue observado ya por los que redactaron la declaración de la independencia. La proclama decía: “Nos los representantes de las Provincias Unidas en Sud América, reunidos en congreso general, invocando al Eterno que preside el universo, en nombre y por la autoridad de los pueblos que representamos, protestando al Cielo, a las naciones y hombres todos del globo la justicia que regla nuestros votos: declaramos solemnemente a la faz de la tierra, que es voluntad unánime e indubitable de estas Provincias romper los violentos vínculos que los ligaban a los reyes de España, recuperar los derechos de que fueron despojados, e investirse del alto carácter de una nación libre e independiente del rey Fernando VII, sus sucesores y metrópoli”. A los pocos días hicieron una enmienda para agregarle que seremos libres del rey Fernando VII y “toda otra potencia extranjera”.

Son muchos los aspectos de la vida política y económica nacional en donde se evidencia el abandono de la soberanía. El aumento descontrolado de la deuda externa, el achicamiento a niveles de destrucción operado en la agencia del Estado TELAM, gran ejemplo de pérdida de soberanía informativa. El congelamiento del presupuesto del CONICET, que implica no un achicamiento sino una puesta en terapia intensiva a la soberanía científica, base de cualquier proyecto de desarrollo nacional. El abandono de los desarrollos de tecnología satelital nacional en manos de grupos extranjeros, la falta de control para la entrada y salida de capitales a la sufrida economía argentina, la dolarización creciente de las transacciones y los depósitos. Y podemos seguir citando ejemplos.

El bicentenario y la independencia económica

Eso explica el grado sumo de incomodidad que cada 9 de julio experimenta Mauricio Macri, cuya punto sobresaliente fue su discurso en Tucumán durante los festejos del Bicentenario de la Independencia, cuando aludió a los patriotas que impulsaron esa determinación: “Estoy acá tratando de pensar y sentir lo que sentirían ellos en ese momento. Claramente deberían tener angustia de tomar la decisión, querido Rey, de separarse de España”.

Repasemos aquel momento de 1816 y veamos cuales eran las verdaderas angustias. El contexto era dramático. Las monarquías absolutistas que vencieron a Napoleón en Europa proclamaban que el mundo debía volver a 1789, antes de la Revolución Francesa, y condenaban las repúblicas y las revoluciones. Así lo informó Manuel Belgrano en una reunión secreta que los congresales le pidieron para que cuente lo que había escuchado en su reciente viaje europeo: “todo lo que sea república será condenado, solo se aceptaran monarquías”, de esta realidad se desprende la propuesta de intentar proclamar un monarca Inca. Los realistas venían arrasando: triunfaron en México, Nueva Granada (Colombia), Venezuela y Chile. Solo quedaban en pie los territorios rioplatenses. Para peor, su economía estaba arruinada por seis años de guerra y la ruptura de los circuitos comerciales. A la vez, estaban divididos entre sí. La Liga de los Pueblos Libres encabezada por Artigas proponía una organización confederal, mientras que las Provincias Unidas dirigidas por Buenos Aires eran centralistas. Aún más: dentro de las Provincias Unidas había divisiones, ya que Salta y Córdoba habían dejado de obedecer a Buenos Aires y solo aceptaban subordinarse al Congreso que debía reunirse en Tucumán. No había acuerdo sobre la forma de gobierno a elegir para el nuevo Estado, ¿república o monarquía?  Y por último, muchos representantes estaban deseosos de ponerle fin a los movimientos revolucionarios que arrancaron el 25 de mayo de 1810, le empezaban a temer al “bajo pueblo”, querían empezar a construir un nuevo orden.

Independencia y justicia

Una definición muy certera, que capta la complejidad de lo que ocurrió con aquel Congreso en Tucumán, la esgrimió Bartolomé Mitre: La Independencia declarada en Tucumán  Producto del cansancio de los pueblos, elegido en medio de la indiferencia pública, “federal” por su composición y tendencia y “unitario” por la fuerza de las cosas, revolucionario por su origen y reaccionario en sus ideas, creando y ejerciendo directamente el Poder Ejecutivo sin ser obedecido por los pueblos que representaba, sin haber dictado una sola ley positiva en el curso de su existencia, proclamando la monarquía cuando fundaba una república, atravesado por divisiones locales siendo el único vínculo de la unidad nacional, este famoso Congreso de Tucumán salvó, sin embargo, a la revolución y a pesar de dejar expuestas las diferencias que se manifestarán sangrientamente en lo sucesivo, se atrevió a proclamar la independencia.

El primer gobierno peronista, en 1947 organizó en la Casa histórica de Tucumán una declaración formal. Consideraron que en 1816 fue la independencia política y ellos proclamaban la independencia económica. Aquí se puede escuchar la solemnidad del momento bajo la lectura del entonces ministro del interior Ángel Borlenghi.

Parece mentira que pueda tener vigencia, aún hoy en día, la dicotomía “Liberación o dependencia”. En un vaivén interminable pasamos de arrestos libertarios a atarnos las manos.

En 2007, también en Tucumán, Néstor Kirchner en su discurso puso como centro de una política independiente el haber terminado con los compromisos con el FMI. Hoy la paradoja nos lleva a un gobierno que suspende los desfiles militares por ajustes presupuestarios comprometidos con el Fondo. No hay actos de la independencia, porque no somos independientes. Pero habrá marcha popular.

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Sergio Wischñevsky

Sergio Wischñevsky

Historiador, periodista y docente de la UBA. Columnista en Radio del Plata en el programa Siempre es hoy. en Radio Nacional en el programa Gente de a Pie y en La Liga de la Ciencia.

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