Tarifazo al barrio

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Pese a contar con una Ley que los protege, la suba de los servicios públicos pone en peligro a los clubes de barrio: es que con la implementación que está llevando adelante la Secretaría de Deportes, sólo unos pocos podrán gestionar la tarifa social. Por eso, más de 6.000 instituciones se reunieron para organizarse de cara al pedido de una tarifa accesible para todos. Marcharán a Plaza de Mayo el 7 de junio.

La Asociación de Fomento 25 de Mayo de 1810 se encuentra en Liniers. Existe desde hace 80 años y nuclea a los pibes del barrio: escuelita de fútbol, torneos amistosos, patín artístico, futsal y polideportivo para dos de las escuelas de la zona. Son 240 pibes que entre las 11 de la mañana y las 11 de la noche tienen un lugar propio. Allí se juntan, se encuentran, hacen amigos, aprenden a jugar en equipo.

Además están los 70 socios, en general adultos mayores, que pagan una cuota social de $15 y disfrutan del club. Toman mate, juegan a las cartas, se juntan a charlar. Un espacio compartido entre diversas generaciones que forma parte de la identidad del barrio.

La Asociación 25 de Mayo no persigue el lucro. Cobra una cuota social simbólica a sus afiliados y, a los que practican deportes y pueden, una cuota de $200. Sin embargo, Antonio, actual presidente del club, nos dice: “Los que pueden pagarlo son muy pocos. En total son unos 60 chicos. Pero acá participan todos, es nuestra esencia”. El dinero recaudado se utiliza para los propios chicos: “Con ese dinero se cubren los gastos de los deportes: compramos las pecheras, unos alfajores para llevar a los torneos, el seguro para que todos los chicos estén resguardados y el sueldo de los profes”.

En el club 25 de Mayo de 1810 la factura de luz pasó de $2.600 bimestrales a $6.000 mensuales. El primer mes juntaron la plata. El segundo se les venció impaga. No saben qué van a hacer.

Hasta hace dos meses el club abonaba alrededor de $2.600 bimestrales de luz y $600 de agua. Los tarifazos en los servicios públicos implementados por el Pro-Cambiemos llevaron esa cifra a un 400% más: el club recibió una factura de $6000  mensual- por el consumo de electricidad y otra de  $2.700 por el agua. “El mes pasado lo pagamos, juntamos la plata entre todos, fui y lo pagué. Pero este mes ya no podemos. La factura de luz se nos venció, no sé qué vamos a hacer”, comenta preocupado Antonio.

La alternativa que encontraron, esperanzados en que se reglamente la Ley Nacional de Clubes antes de que se vean obligados a cerrar, es disminuir el horario de atención. “Lo que vamos a hacer es cerrar a las 18 horas y cancelar todas las actividades, sobre todo de fútbol, que se realizan hasta las once de la noche. Haremos más patín, que es un deporte que no consume luz. Es la única alternativa que se nos ocurre por ahora.”

La unión hace a la fuerza

Existen cientos de casos como este en toda la Ciudad de Buenos Aires y miles a lo largo y ancho del país. Espacios que nuclean a los chicos, que actúan como integradores en la comunidad y que ahora se ven asfixiados por los aumentos de entre el 400% y el 1.000% en sus tarifas de servicios públicos. Son instituciones que contienen y que, además de ofrecer espacios  deportivos, brindan un lugar para la familia y los amigos. Lugares que deberían ser protegidos por el Estado corren el riesgo de desaparecer por las propias medidas del Poder Ejecutivo.

Muchos de ellos –6.000 clubes de 12 delegaciones de todo el país– se juntaron el martes pasado en el 3° Congreso de la Unión Nacional de Clubes de Barrio (UNCB). El encuentro se llevó a cabo en el Hotel Bauen de la Capital Federal y les permitió organizarse para hacer frente a la crisis que pone en riesgo su continuidad.

Allí, se exigió la reglamentación de La ley Nacional de Clubes y la implementación de la tarifa social para estos espacios. Además, se decidió marchar el 7 de junio próximo hacia Plaza de Mayo para exigirle al Poder Ejecutivo medidas concretas que resguarden a los clubes y eviten su cierre.

La ley ya existe, sólo hay que cumplirla

Alejandro Amor, el defensor del Pueblo porteño, se reunió el lunes pasado con representantes de los clubes para evitar que estos espacios se extingan. “Exigimos la aplicación de la normativa vigente. Y eventualmente nos presentaremos ante la Justicia con un amparo colectivo en representación de todas las entidades afectadas”, dijo Amor.

Es que a nivel nacional existe, desde el año 2015, la ley 27.098 (Ley de Promoción de los Clubes de Barrio y de Pueblo) que brega por la protección de estas instituciones. En ella, se solicita la creación de un Registro Nacional de Clubes de Barrio entendiéndolos como generadores de inclusión social e integración colectiva. Además, la misma ley nombra a los Clubes de Barrio como beneficiarios de tarifas sociales en el acceso a los servicios públicos. Sin embargo, la ley no se encuentra reglamentada aún. La autoridad de aplicación es la Secretaría de Deportes de la Nación a cargo del ex futbolista y diputado del PRO, Carlos Mac Allister.

El funcionario realizó, días atrás, declaraciones en las que afirmó que los clubes podrán acceder a la tarifa social inscribiéndose en el Registro que creó recientemente la Secretaría de Deportes. Sin embargo, Cristian Font, miembro del Consejo de la UNCB, explica: “Sólo el 10 o 15 por ciento de los clubes de barrio de todo el país podrán acceder a este beneficio. Lo que hicieron fue crear un registro vía Internet que pide el CUIT de los clubes y la mayoría no lo tiene. En un universo de 20 mil clubes de barrio en todo el país solo 3.600 pudieron registrarse en el registro único».

El registro de la Secretaría de Deportes para la tarifa social exige que la institución tenga CUIT, por eso de 20.000 clubes de barrio y pueblo de todo el país, solo 3.600 pudieron anotarse.

Además, el registro sólo contempla a los clubes que posean entre 50 y 2.000 afiliados, sin aclarar qué sucederá con aquellos que superen por poco la cantidad de socios sin llegar a ser grandes instituciones.

Avances en la provincia de Buenos Aires y en la Legislatura porteña

Hace diez días, el bloque de senadores bonaerenses del Frente para la Victoria presentó un proyecto de ley que permite que los Clubes de la provincia sean beneficiarios de la tarifa social. Además, el proyecto impulsa la creación de un fondo Provincial de Protección y Promoción para sostener su financiamiento. El fondo pretende conformarse con la recaudación del impuesto al ingreso a los casinos, bingos, hipódromos y agencias hípicas.

Por otra parte, en la legislatura porteña, legisladores y comuneros del FpV presentaron un paquete de proyectos para salvaguardar a los espacios más indefensos frente a los aumentos en las tarifas. No sólo amparan a los clubes de barrio, sino que también contemplan a las cooperativas y empresas recuperadas, los centros de jubilados y pensionados, establecimientos culturales y medios comunitarios.

Además, la Ciudad Autónoma de Buenos Aires adhirió a la ley nacional  27.098, gracias a la iniciativa de la legisladora Silvia Gottero (FpV). Esto permitirá que, una vez que comience a implementarse la norma nacional, los clubes porteños puedan gozar del amparo que la Ley de Promoción de Clubes de Barrio les brinda.

Factor común: la urgencia

La situación que viven hoy los clubes de barrio, no es un hecho aislado. Los espacios culturales –teatros, milongas y centros culturales-, los centros de jubilados y los medios alternativos sufren de igual manera las consecuencias de los tarifazos.

Estos espacios, fundamentales para el funcionamiento de la sociedad con una carga fuertemente comunitaria, fueron hasta hace poco acompañados por un Estado que los resguardaba. Sin perseguir rentabilidades extraordinarias habían logrado mantener el equilibro entre cuotas accesibles y servicio a la comunidad. Sin embargo, el abrupto aumento de tarifas que implementó el Gobierno los asfixió y con ello desprotegió a las comunidades que los llenan.

De manera conjunta lucharán por la implementación de la ley que los ampara. Los clubes de barrio saben que poseen un fuerte rol social y la capacidad de recuperar las relaciones solidarias y cooperativas en sus territorios. Logran contener a los chicos, sacarlos de la calle, generar identidad popular y sentido de pertenencia. Por eso luchan, como dijo Font, por las ganas de no desaparecer.

@malaumanfre

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