Tierra arrasada

Compartir

El neoliberalismo y la resistencia de un pueblo son retratados por Tristán Bauer en la película Tierra Arrasada. Pasa por la emoción, la tristeza, el espanto y la alegría de la lucha y el porvenir. Cuatro años de macrismo que se van con una memoria fílmica que quedará para señalar lo que aquí ocurrió. Una América Latina convulsionada y un aparato judicial que aplica el lawfare sin disimulo. Y Cristina, que da mil batallas y vuelve.

El cine logra resumir el arte en dos horas. Del iris de los ojos de las entrevistadas y entrevistados brotan las luces de la esperanza de un país para todos y todas.  La película Tierra arrasada que dirigió Tristán Bauer con la producción de Jorge “Topo” Devoto y la voz narrativa de Darío Grandinetti nos toma de la solapa por asalto, como en un saco grande, y nos zamarrea con su mano invisible entre la emoción, la tristeza, el espanto y la alegría de la lucha y el porvenir. 

La obra resume los cuatro años de tortura neoliberal que padeció la Argentina y la resistencia del pueblo. Entre el llanto y la felicidad por el fin de una etapa aterradora, una mujer late en el núcleo del relato. Una mujer que se anticipó a los grandes padecimientos de la patria. Una mujer perseguida por el neoliberalismo en su expresión más odiosa. Esa mujer tiene nombre y es Cristina. La articuladora más potente de la unidad que logró derrotar a Mauricio Macri en las elecciones y la vicepresidenta electa de la Nación junto al presidente electo Alberto Fernández. 

En el film aparecen tantos y tantas “nadies” de Fernando “Pino” Solanas y la cadencia narrativa que estuvo a cargo del guión  de Omar Quiroga y Luis Bruschtein parece inspirada en la potencia estética del legado de Leonardo Favio y los documentalistas del Grupo Cine Liberación, que integró el propio Solanas en los ’60 y ’70, y su genial Memoria del saqueo del año 2004. 

La música de Tierra arrasada fue creada por Tomás Bauer y Santiago Condomí, y logra llevar a nuestras almas de un rincón al otro del ring de la vida. La perseverancia está presenta en las voces de los resistentes a la opresión. Los docentes Sonia Alesso, Roberto Baradel y Hugo Yasky  pasan con sus enérgicas voces en el centro de la represión y el hostigamiento estigmatizador que intentó extirpar la historia y la memoria con billetes de animales sin próceres y una deuda externa astronómica que supera a la dictadura militar con José Alfredo Martínez de Hoz.

La película de Bauer –ministro de Cultura desde mañana- no pretende dejarnos indemnes y sentaditos en la butaca. No funciona como una vacuna contra los males de la condición humana. Al contrario: nos alerta sobre el peligro de perder la unidad de acción y la acumulación ante un adversario encaramado en lo más alto de la pirámide de los poderes fácticos del capital concentrado, los medios de comunicación hegemónicos, la banca extranjera y los sectores anquilosados de la Sociedad Rural y su vocería en el marco de un región convulsionada por el golpe sangriento en Bolivia, las protestas en Chile, Ecuador, Haití y Colombia, con la decrepitud de los planes del libre mercado y la idea falsaria de que la copa se derrama. La mentira se respira. 

Otro factor imperante es la guerra judicial o lawfare, para proscribir y encarcelar a Cristina como se logró hacer por un tiempo con Lula en Brasil. Intenciones que quedaron expuestas a través de jueces como Claudio Bonadío en aparición estelar. Su imagen retacona de cabello en terminal de supuesta coleta encanecida en meandros podría ser comparada con la imaginaria figurilla de un vendedor de mates artesanales de San Isidro, pero no. La insidiosa penetración del veneno del odio esparcido se derrama sobre los oídos de los espectadores. Entonces, la mesa de Mirtha Legrand, Jorge Lanata y Alfredo Leuco piden “cárcel para Cristina”. Uno la trató de “pobre vieja enferma” y la conductora de los almuerzos con las manos agitando joyas de canje opinó que hasta 2015 el país vivió “una dictadura”. Se trató de la construcción del enemigo/a a destruir con la excusa de la libertad de prensa prudentemente a la retaguardia de la libertad de empresa, que no es lo mismo pero sirvió para fomentar la tirria asocial e irracional que representa al 40% que votó la fórmula Macri/Pichetto. 

Ese cuadro goyesco es contrapuesto por Cristina en su Ezeiza personal de abril de 2016 en el reino decadente de Comodoro Py. Miles de personas bajo la lluvia fina, madres, hijas, familias completas, trabajadores con sus miradas puestas en ella; grupos de jóvenes subiendo las escaleras del subterráneo, en los pasillos de las líneas urbanas, imponiéndose a la oscuridad del amanecer –en lo profundo de la noche- y caminando durante kilómetros para encontrarse con ella y su palabra reparadora.

La película nos propone el espejo de estos años de tortura infinita de la mano de la edificación de una esperanza concreta cimentada en una coalición política que presagió Cristina antes que nadie. Corriéndose del ego, de vuelta de casi todo, dos veces presidenta, legisladora, senadora, viuda de su gran compañero de la vida Néstor Kirchner, madre de Florencia y de Máximo, y una abuela que ama. Esa mujer que aparece también en los comedores de las villas ante mujeres que la adoran con el llanto del sufrimiento y el hambre que azota a los niños. Cucharones de estaño. Fideos y guisos, amalgama de corazones que se reconfortan. En actos con 100 mil personas. Acariciando el cabello del gobernador Axel Kicillof con la ternura y la sonrisa de  una madre-guía. Justo ella tan vilipendiada por la canalla televisada. Quizá por ser mujer, valiente, obstinada en su eje, con la templanza necesaria de quien vivió demasiado para tapizar el olvido, perdonando sin olvidar.

Desde lo alto del teatro Coliseo había llegado la Marcha con aplausos. Dirigentes sindicales, actrices, actores, familiares de detenidos desaparecidos, Madres, Abuelas, ministros, diputados y senadores recién electos y militantes –palabra denostada que significa nada menos que anhelar y poner en práctica cambiar el mundo con el ejemplo- aplaudieron y cantaron antes, durante y después de la película de Bauer.

Un documento artístico que contó, una vez más, con el trabajo de jóvenes realizadores como Diego Briata, Manuel Fernández Ceballo, Diego Belaunzarán Colombo, y los más experimentados Juan Esteban Chávez y Ricardo Ferraro, en la jefatura de producción y la dirección de producción respectivamente. 

Aunque un nombre -otra mujer- sobrevoló el film y Bauer la recordó en la presentación. Se trata de Florencia Kirchner, una cineasta cruelmente perseguida en la inquisición macrista por el insólito (¿delito?) de ser la hija de Cristina y Néstor Kirchner.  

Florencia fue parte fundamental del anterior documental de Bauer, El Camino de Santiago, sobre la desaparición y muerte de Santiago Maldonado durante el año 2017 en Chubut. Un trabajo que ya obtuvo dos premios en el Festival de Cine de La Habana y la Universidad de Yale en Estados Unidos y se convirtió en el documental más visto –por fuera del circuito comercial- de la historia cinematográfica argentina. 

La desaparición y muerte de Santiago Maldonado y el asesinato  por la espalda del joven mapuche Rafael Nahuel en Lago Mascardi aparecen como un estigma en Tierra Arrasada.   

Un auto desvencijado con la voz de Pedro Saborido reparte dólares por las ventanillas con la actuación de Diego Capusotto en una escena que resume con humor e ironía la ignominia de estos años de desguace. 

Ya en el final, esos ojos tristes de niños y niñas en primer plano comienzan a revertir con sonrisas la más pura dignidad del trabajo de sus madres y padres en el campo santiagueño, misionero y bonaerense. Y así renace el fuerte latido del cucharón de los sueños.

El poeta John Berger escribió: “La cabellera púrpura de la tierra en otoño/y en tiempos de hambruna/los huesos metálicos de la tierra/extraídos a mano/la iglesia sobre la tierra/los brazos de nuestros reloj crucificados/todo se lo han llevado”. 

Esta vez la esperanza deberá construirse sobre la redención de los actos concretos.

Comentarios

Comentarios

Juan Alonso

Juan Alonso

Periodista, escritor y docente. Columnista con Roberto Caballero en Radio Colonia y del programa ADN en C5N. Distinguido con el Premio Walsh de la Facultad de Periodismo de La Plata en 2017. Fue editor de Policiales de Tiempo Argentino.

Hacé tu anotación Sin anotaciones
Apoyan Nuestras Voces

NuestrasVoces.com.ar - 11/07/2020 - Todos los derechos reservados
Contacto