Chau Lopérfido

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Darío Lopérfido no renunció. Se resistió hasta el último minuto, desmintió su alejamiento del cargo cuando todos ya lo daban como un hecho y tuvo que ser el mismísimo jefe de gobierno Horacio Rodríguez Larreta quien terminara echándolo para evitar que su presencia en los actos previstos para el Bicentenario de la Independencia terminara en un bochorno para el macrismo.

El final de Lopérfido como ministro de Cultura es el triunfo más significativo hasta el momento de la resistencia al intento del macrismo por dar marcha atrás con las políticas de derechos humanos de la última década. Aunque la gestión cultural del ministro también era cuestionada, la lucha de los artistas, directores de teatro, músicos, organismos de derechos humanos, y toda la comunidad cultural en su conjunto fue clara y contundente en el repudio a sus dichos negando la existencia de treinta mil desaparecidos.

Desde ese momento, y en solicitadas, cartas, columnas, entrevistas, la Plaza de los Artistas en Parque Saavedra, encuentros de la cultura en diversos puntos, manifestaciones en los teatros y reclamos en la jefatura de gobierno, la comunidad artística y cultural no se detuvo en su firmeza y su reclamo. Ni siquiera el no rotundo del jefe de gobierno logró hacer que retrocedieran un ápice en su lucha.

Fue tal vez el reclamo más unánime de los tiempos que corren. Lopérfido se habrá ido tal vez porque lo cuestionaron artistas internacionales como Joan Manuel Serrat, Chico Buarque, Ana Belén o Silvio Rodríguez; o porque los jóvenes estudiantes de cine lo escracharon al iniciar las clases. Fue tan incómodo para él que pidieran su renuncia desde Fito Paez y León Gieco, o Victor Heredia, o Pablo Echarri y Cecilia Roth como lapidaria esa carta echada a andar por dos jóvenes discípulos de Mauricio Kartún que terminó congregando firmas de aquí y del mundo.

En ese camino los organismos de Derechos Humanos encabezados por Madres y Abuelas fueron personalmente a reclamarle al jefe de gobierno la renuncia de Lopérfido, y el colectivo de miembros de la comunidad artística se organizó para estar presente en cada aparición pública con su reclamo. Y el público, que lo esperó a la salida de las salas para pedirle su renuncia. Y los artistas que luego de cada obra leyeron la proclama reclamándola.

En la última semana, se sucedió un poco de cada ingrediente. Lopérfido insultó públicamente a artistas como Rita Cortese, Luis Maccín, Gustavo Garzón, Juan Palomino, entre otros. Y ellos, pero todos y todas, las asociaciones de actores y el sindicato y todos sus colegas se unieron sin matices en su defensa y en el repudio a sus dichos. También en esos días, en un acto que compartía con Rodríguez Larreta y Jorge Telerman, la irrupción de un grupo de jóvenes actores con carteles reclamando su renuncia se sumó al horizonte de final anunciado.

La lucha por la renuncia de Darío Lopérfido tuvo todo: organización, persistencia, amplitud, unidad. No se amilanó cuando parecía derrotada, se reinventó cuando parecía agotada. Fue profundamente ideológica, porque fue contra una visión mercantilista de la historia y negadora de los derechos humanos, y profundamente conceptual porque fue planteada desde una concepción del arte como instrumento político para la transformación.

Por eso la renuncia hoy es mucho más que una renuncia, es mucho más que un triunfo. Es la confirmación de que la única lucha que se pierde, es la que se abandona.

Darío Lopérfido renunció hoy, no se conoce aún quién será su sucesor.

Repaso

Con el correr de las horas, la renuncia del ministro de cultura porteño Darío Lopérfido se transformó en mucho más que un rumor de Twitter.

Ni los voceros del gobierno pueden desmentirlo.

Los medios amigos publicaron su renuncia en condicional. 

Y distintas fuentes confirmaron que les ofrecieron ser los sucesores del cargo.

Un tiempo más o un tiempo menos, lo cierto es que no es la primera vez que circula el rumor de su renuncia, que es al fin el pedido de todos los organismos de Derechos Humanos, encabezados por Estela Carlotto y Abuelas; Adolfo Pérez Esquivel y el SERPAJ; Madres de Plaza de Mayo, HIJOS; directores de teatro, artistas, músicos, pintores y docentes. 

El mundo del arte y la cultura hispanoamericana repudia a Lopérfido y pide su renuncia.

Este grito colectivo se volvió carne el pasado 14 de junio en una “Mesa de Acción de Cultura y Derechos Humanos” para coordinar las acciones en pro de la renuncia del ministro. Y hace apenas seis días ocurrió el último escrache público a Lopérfido durante la inauguración de una sala junto al jefe de gobierno, Horacio Rodríguez Larreta (quien le habría soltado la mano) y Jorge Telerman (uno de los que suena como candidato a sucederlo).

Uno de los portavoces del mundo de la cultura argentina, Víctor Heredia, cree que la renuncia es “lo más prudente que puede hacer”. Por qué: “No se puede ofender a la memoria, la justicia y la lucha que nos dio esta democracia. Me comí dos exilios, como muchos de mis compañeros, estuve en listas negras, fui censurado por la dictadura. Me ofende personalmente: me ofende como familiar de desaparecido lo que ha dicho”.

Tras el escrache en dicha inauguración, el aún Ministro de Cultura de la Ciudad de Buenos Aires redobló la apuesta: afirmó que durante la anterior gestión “compraron las voluntades de todos los fanáticos kirchneristas porque actuaban siempre los mismos”. Y dio, cobardamente, nombres: “Rita Cortese, Luis Machín, Alejandro Awada, Juan Palomino, Gustavo Garzón”.

Dos Asociaciones de actores salieron a respaldar a los colegas y a señalar la persecución ideológica que entabló el ministro: “Lamentablemente se ha desbocado nuevamente, esta vez para agredir trabajadores, y ha hecho otro gesto que en vez de defender la cultura desde el cargo que le confirieron, la ataca como ya lo hizo en el pasado integrando un gobierno que la avasalló”, dice el comunicado, en referencia a su participación en el gobierno de Fernando De La Rúa.

Víctor Heredia tampoco pierde el eje: “Esta acusación espantosa la hace para intentar desviar la atención del tema central que fueron sus dichos sobre los desaparecidos, lo que es imperdonable desde todo punto de vista”. Y continua: “Tengo compañeros que son intachables, que han luchado por la memoria, por la justicia, que han acompañado a Abuelas, a Madres, desde Teatro por la Identidad, desde donde pudieron.

Él se siente con derecho a discriminarlos porque tiene un cargo político, pero los cargos políticos en democracia son para rendirle cuentas y homenaje a la democracia, no para destruirla”.

¿Cómo se imagina a un nuevo ministerio de cultura? Heredia tiene un espejo: “Me imagino un Ministerio de Cultura tal cual lo vi: me parece extraordinaria la tarea que llevó adelante Teresa Parodi. Es una pena que se intente minimizar, destruir y manchar con sugerencias de tipo económicas sobre la corrupción una tarea que fue extraordinaria. Se hicieron cosas increíbles. La cultura, el arte, la música en los últimos 40 años en Argentina cumplieron un rol que todavía continúa, independiente de lo que suceda. Ese rol es el de decir la verdad. Por eso pedimos la renuncia de este hombre”.

La falta de gestión en su área deja a Lopérfido en evidencia.

Su condena, haberse metido con los derechos humanos.

Su error estratégico, seguir subiendo el tono, desbocado, delante de cada micrófono que se le cruza.

Su desbarranco, entonces, la última arremetida contra los actores y una sentencia nefasta: “No hablen de política, la política es compleja”.

Pez por la boca renuncia.

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Gabriela Cerruti

Gabriela Carla Cerruti (Punta Alta, 9 de diciembre de 1965) es una periodista, escritora y política argentina, ex legisladora de la Ciudad de Buenos Aires por Nuevo Encuentro.

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