Trump juega fuerte contra Evo en Bolivia

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El inicio de la campaña electoral boliviana, con Evo buscando su reelección, se topa con Estados Unidos en modo intervencionista, tras varios años de convivencia pacífica con La Paz. La oposición política recupera su autoestima con la candidatura del catedrático Carlos Mesa, contracara de Morales: moderado en lo ideológico y de buena química con los sectores medios urbanos. El hostigamiento diplomático y militar contra Venezuela tensa aún más la campaña. Evo renueva el gabinete y busca reenamorar al electorado.

Bolivia, un país mediterráneo, rodeado de tierra, y neoliberalismo. El país gobernado por Evo Morales es una excepción en el actual tablero sudamericano coloreado con administraciones alineadas con los Estados Unidos. Además del país del altiplano, el gobierno frenteamplista uruguayo también discrepa con el clima regional, aunque con una voz más sosegada, y la otra gestión que defiende una integración regional autónoma, Venezuela, se halla en una posición vulnerable ya que puja por no recibir una intervención militar humanitaria. Recapitulando, Bolivia es, nuevamente, una isla rodeada de tierra. Una isla que va a elecciones en octubre. Unos comicios donde, por primera vez en doce años, los rivales del primer indio presidente se entusiasman con cantar victoria.

En Bolivia, y también en los Estados Unidos, hay una suerte de copy paste de la narrativa que el Grupo de Lima utiliza para desconocer el triunfo electoral de Nicólas Maduro. Si el cerco diplomático contra Venezuela busca legitimarse como una oleada democrática contra el supuesto fraude del heredero de Hugo Chávez, en la nación aymara las llamadas Plataformas ciudadanas (PC), pero también en el Capitolio, comienza a tomar temperatura un discurso que alerta sobre la ilegalidad de la candidatura de Evo Morales. Las PC, movimientos civiles apartidarios movilizados contra la decisión del Tribunal Constitucional Plurinacional que habilitó la boleta Evo 2019 a pesar de haber perdido el referéndum del 2016, y los senadores gringos Ted Cruz, Bob Menéndez y Dick Durbin coincidieron durante los últimos días en advertir que no iban a cejar hasta tumbar la postulación “trucha” de Morales.

Las posiciones citadas vienen cargadas con olor a pólvora. Veamos lo que informó, por caso, ayer Willian Zola, corresponsal en Sucre del diario El Deber -de Santa Cruz de la Sierra-: “El tercer congreso nacional de plataformas del país  determinó convocar a un cabildo nacional en todos los departamentos para este 21 de febrero. La medida es en contra de la postulación de Evo Morales. En el congreso también se determinó convocar a la resistencia ciudadana y desobediencia civil si es que el gobierno del MAS insiste en llevar a su binomio a las elecciones presidenciales de octubre, en contra del referéndum del 21 de febrero de 2016 y de la Constitución política del Estado”. Es importante subrayar con negrita la parte del comunicado cuando las PC hablan de “desobediencia civil”. Fuerte.

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Los tres legisladores estadounidenses, en representación de los Partidos Republicano y Demócrata, también mostraron virulencia en su declaración. “Bolivia se encamina a una dirección muy peligrosa, alineándose con regímenes ilegítimos e ilegales, incluido el de Maduro en Venezuela”, señalaron con arrogancia imperial. La encargada de responder esa provocación fue la presidenta de la Cámara Alta, la joven legisladora Adriana Salvatierra -tercera en la línea de sucesión presidencial después del Vicepresidente Álvaro García Linera-, quien recordó que: “Ya no vivimos en esos tiempos, vivimos en tiempos de soberanía, vivimos en tiempos de dignidad y exigimos el respeto a nuestras decisiones que nosotros podamos definir en el proceso electoral y el respeto a las normativas que rigen el comportamiento interno de nuestro Estado”.

Nuestras Voces habló con Katu Arkonada, vasco de nacimiento que se ganó el sellado de nacionalidad boliviana tras haber militado y trabajado para el gobierno de Evo Morales, e integrante de la coalición Red de Intelectuales en Defensa de la Humanidad, para leer la letra chica de unos comicios que, como sucede con la delicada coyuntura venezolana, serán vividos como propios por las fuerzas populares y neoliberales de toda la región latinoamericana por su significación política.

Ante la pregunta de si la severa y actual intromisión de los Estados Unidos en Venezuela está modificando el debate político electoral en Bolivia, Arkonada, de buena llegada a la Casa Grande del Pueblo (ex Palacio Quemado, la Casa Rosada de Evo), responde que: “Todo lo que sucede en Venezuela es parte intrínseca del debate geopolítico latinoamericano, por no decir mundial. Y, por supuesto, esa injerencia afecta a Bolivia porque es el proceso político popular más sólido del continente: recordemos que, por cuarto año consecutivo, es el país de Sudamérica que ve más crecer su PBI. Además, hay un vínculo especial entre los dos pueblos, el venezolano y el boliviano. Evo Morales consideraba a (Hugo) Chávez su padre político pero después de la muerte del ex presidente, también con Nicolás Maduro siguió habiendo una buena relación”.

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Pablo Stefanoni, ex director de la versión boliviana del Le Monde Diplomatique y editor de la recomendable revista zonal Nueva Sociedad, desestimó en un artículo reciente el supuesto emparentamiento que el discurso mediático mainstream hace sobre las administraciones de Maduro y Evo: “Pese al discurso socializante del gobierno y las denuncias opositoras sobre una inminente venezuelización, en estos años florecieron los mercados, hubo un boom de consumo de sectores populares y clases medias, se desarrollaron los servicios financieros y los cafés y restaurantes chic conviven con una renovación del parque automotor en grandes ciudades como La Paz o Santa Cruz. Al tiempo que el teleférico de transporte urbano, el más grande del mundo, transformó el paisaje paceño y reconectó las diversas partes de la ciudad con efectos en la sociología urbana de mediano y largo plazo”.

Ahora bien, ¿qué pasaría si las advertencias hechas en febrero por los senadores estadounidenses comienzan a subir en escala más cerca de las elecciones? ¿Bolivia tiene espalda, y lazos geopolíticos con las potencias no occidentales para poder soportar la guerra económica y diplomática que hoy padece Venezuela? Al respecto, Arkonada comienza advirtiendo lo siguiente: “La Paz cuenta con una diplomacia activa y flexible. El presidente Evo estuvo en la toma de posesión de (Jair) Bolsonaro porque, más allá de las diferencias ideológicos, el país tiene un vínculo comercial muy activo con la potencia sudamericana. Con Trump, Evo intenta tener una relación cordial a pesar del grosero intervencionismo con que Washington buscó siempre entrometerse en Bolivia. Recordemos que tanto el embajador estadounidense como la (agencia antinarcótica) DEA fueron expulsados del país en los inicios de la gestión de Evo, al igual que la agencia de cooperación USAID, lo que no implica que la oficina de la CIA siga activa en Bolivia y vaya a ser lo posible para apoyar una alternativa política electoral a Evo Morales”.

A su vez, el referente de la Red de Intelectuales en Defensa de la Humanidad detalla los puentes que la Paz está tendiendo con Moscú y Beijing: “Bolivia tiene diversificada sus relaciones. Posee un canal activo con Rusia, tiene muy buenas relaciones con la India, también con China, una potencia a la que hace poco se le ha comprado un satélite de comunicaciones, y en ese sentido se han capacitado agentes bolivianos en Asia para que haya una transferencia de conocimiento. Por último, con Rusia hay acuerdo de cooperación para el uso de la medicina nuclear; es más, se rumorea que (Vladimir) Putin podría visitar el país en los próximos meses”.

Sobre la compulsa electoral, Katu Arkonada finaliza dando dos datos claves de la emergente campaña: el rediseño ministerial del gobierno y la necesidad de construir más hegemonía para garantizar un triunfo que parece más que probable en primera vuelta, y no tanto en ballotage. “Después de 13 años de gobierno hay un desgaste normal del proceso de cambio que ya no interpela a muchos sectores de la sociedad, en especial a los sectores medios, como sí lo hacía antes. En ese sentido me parece clave el regreso de Juan Ramón Quintana como Ministro de la Presidencia (similar a nuestra Jefatura de Gabinete), durante casi diez años estuvo en el cargo que hoy vuelve a ocupar, es el gran estratega del gobierno boliviano y el gran ordenador del gabinete, el mariscal de campo de Evo por decirlo de alguna manera”, analiza Arkonada.

Por último, en lo estrictamente electoral, el entrevistado acota que: “En las últimas primarias abiertas el MAS demostró que es la principal fuerza política del país ya que oficializó un millón de afiliados, y movilizó con su voto a casi la mitad de ese padrón. Esa porción de militantes que concurrieron a las primarias supera en número a los afiliados de los principales partidos de la oposición, los que lideran Carlos Mesa y Oscar Ortiz. Obviamente es necesario mejorar la comunicación gubernamental hacia los sectores medios y urbanos pero también consolidar al núcleo duro militante para garantizar un comicio que promete ser muy reñido. Y lo equilibrio de la pulsa reside en que Evo debe ganar en primera vuelta ya que en una hipotética segunda ronda es más que factible la unidad de todos los partidos opositores contra el oficialismo, el ballotage sería una especie de 21F (fecha que remite al plebiscito sobre la reelección) recargado; es decir todos contra Evo”.

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Emiliano Guido

Emiliano Guido

Periodista especializado en política internacional. Forma parte del Programa de Integración Regional y Financiamiento para el Desarrollo en Fundación SES (Argentina). Ganador del Premio José Martí (2006) otorgado por la agencia Prensa Latina.

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