El macho Trump

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A un mes de las elecciones presidenciales norteamericanas, una cuestión muchas veces marginada por los analistas políticos, los grandes medios y hasta la academia irrumpió con fuerza hasta ocupar el centro de la escena: la misoginia y la violencia machista. ¿Cuál es la Lección Trump?

El viernes 7 de octubre, cuando faltaban dos días para el segundo debate presidencial entre Hillary Clinton y Donald Trump, The Washington Post publicó un video hasta entonces inédito en el que se veía la peor faceta del candidato republicano. En 2005, había sido invitado a participar de un programa de televisión y, en el micro que lo llevaba hasta el estudio, se despachó, en tono risueño, con anécdotas de su vida sexual. Frente al actor Billy Bush, Trump se ufanó de que “cuando uno es famoso, las mujeres se dejan” y ninguna se atreve a decirle que no. En medio de vulgaridades y comentarios despectivos, el magnate hacía alarde de su poder frente a las mujeres y comía unos Tic Tacs “por si le daban ganas” de besar a la actriz Arianne Zucker, que estaba en camino. “Cuando una mujer me gusta, la empiezo a besar; no espero”.

A partir de la filtración del video de Trump, se desató una intensa polémica en la opinión pública norteamericana, y por ende global, acerca de las implicancias de aquellas declaraciones. Numerosos candidatos republicanos, que ven peligrar la reeleección en sus estados, salieron rápidamente a desmarcarse de su propio candidato a presidente y hasta llegaron a pedirle que se bajara de la contienda. Los demócratas, rápidos de reflejos, aprovecharon para pegarle a Trump mientras esperaban que Hillary hiciera lo suyo en el debate de anoche.

Numerosos candidatos republicanos, que ven peligrar la reeleección en sus estados, salieron rápidamente a desmarcarse de su propio candidato a presidente y hasta llegaron a pedirle que se bajara de la contienda.

¿Cómo fue que un tema usualmente relegado por otros aparentemente más importantes –la política exterior, el combate del terrorismo, la cuestión fiscal- logró imponerse de esta manera? “En los últimos años, se dio una revolución de las mujeres en todo el mundo”, evaluó la periodista especializada en temas de género Florencia Alcaraz en diálogo con Nuestras Voces. “Se vio en Polonia, cuando las mujeres salieron a hacer huelga porque querían volver atrás con la despenalización del aborto, se vio acá cuando se instaló el Ni Una Menos en un año electoral y se ve en Estados Unidos ahora. Las mujeres estamos poniendo temas en la agenda pública, mediática y política de una manera muy creativa y eficaz. Eso tiene que ver con la democratización que nos permiten las redes sociales. Ahí encontramos una grieta para jaquear a los discursos machistas, misóginos y patriarcales. Hasta hace poco, estas cuestiones no pasaban de un circuito cerrado y minoritario. Y eso está cambiando”.

“Esa fue una charla de vestuario”, se intentó disculpar Trump en el auditorio de la Washington University de St Louis, Missouri. E intentó salir enseguida del tema: “No estoy orgulloso de ello, me disculpé con mi familia y los estadounidenses. Pero es una charla de vestuario. Cuando hay tantas cosas malas pasando, cuando tenemos a ISIS cortando cabezas, esta discusión es como medieval”. Con calma, Hillary esperó a su turno y dijo que lo que se vio en el video “representa lo que él piensa sobre las mujeres, muestra lo que él les hace a las mujeres y representa quién es el. Me parece que es claro para todos que representa exactamente quién es”, definió antes de repasar los comentarios discriminatorios de su rival contra los latinos, los musulmanes y otras mujeres, como la ex Miss Universe Alicia Machado, eje del debate anterior y de algunos tuits de madrugada de Trump.

Más allá de las repercusiones que tuvieron las declaraciones machistas de un candidato presidencial en la arena política, se produjo un fuerte movimiento social, espontáneo, entre hombres y mujeres que participan de los medios y de la opinión pública de las redes sociales que sirven para entender el alcance de esta discusión.

“Trump dice ‘son sólo palabras, amigos’. Es su acusación y su defensa. Las palabras no importan, los hechos no importan. Si es así, estamos todos perdidos”, tuiteó la escritora J.K.Rowling, autora de la saga de Harry Potter, en medio del debate. En otro tramo, cuando el magnate se excusó por no haber pagado impuestos federales durante 18 años, Rowling ironizó: “Es tu culpa que no haya pagado impuestos, Hillary. Las mujeres te dejan hacer cualquier cosa cuando sos famoso”.

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En una columna publicada en la versión norteamericana de The Guardian, Jessica Valenti subrayó que el peor momento del video es cuando aparece la actriz de la que Trump y Bush estaban hablando en términos de objeto. “Es doloroso de ver no sólo porque Zucker no sabía lo que habían dicho sobre ella sino porque eso es lo que todas las mujeres tememos. Que los hombres que conocemos, que los hombres con los que trabajamos –o incluso amamos- digan cosas horribles sobre nosotras. Que a pesar de las certezas de que nos respetan y consideran iguales, los hombres estén cuchicheando detrás de nosotras y diciendo que no somos personas de verdad para ellos, sino meras cosas”. Y agregó: “Cuando las mujeres miramos esa interacción, pensamos en la inmumerable cantidad de veces que caímos en la mitad de una conversación entre hombres y sentimos una patada en el estómago. Nos preguntamos si la sospecha que teníamos, la de ser la broma de ellos, era cierta”.

Para Valenti, el republicano no se va a recuperar de este escándalo porque las mujeres conocen “la mirada de alguien que no nos respeta. Hemos visto esa mirada, hemos escuchado esos insultos, a lo largo de nuestras vidas. Son parte de lo que somos. Y el 8 de noviembre, Trump se va a enterar cuán cansadas estamos de eso”.

“Yo conozco a Donald Trump. Aunque nunca nos hayamos visto, lo conozco bien”, escribió Shaun R. Harper, profesor de la Universidad de Pensilvania y director del Centro para el Estudio de la Raza y la Equidad en la Educación. En un artículo publicado en The Washington Post, Harper contó que al ver el video de Trump percibió algo familiar en él. Y advirtió que sí, que en muchas conversaciones que se dan entre hombres –en bares, en peluquerías, en campos de golf- escuchó a varones referirse a las mujeres de la manera en que Trump lo hizo. Es decir, la cuestión no pasa simplemente por condenar las palabras del magnate y hacer de cuenta que apenas reflejan su miserabilidad, sino por pensar qué dicen esos comentarios soeces e irrespetuosos sobre la propia sociedad a la que aspira representar. “Yo he visto hasta a hombres que se apartan de los demás y se engarzan en este tipo de conversaciones sobre las mamás de los niños en cumpleaños infantiles”, continúa Harper. “Desafortunadamente, este tipo de palabras que escuchamos de Trump son comúnmente dichas cuando hombres hablan con otros hombres. Aquellos que participan de esta ‘broma’son recompensados y los que eligen no ser parte, especialmente los que critican ese tipo de declaraciones, ven cómo su masculinidad es cuestionada y arriesgan ser puestos por fuera de la aceptación social”.

La cuestión no pasa simplemente por condenar las palabras del magnate y hacer de cuenta que apenas reflejan su miserabilidad, sino por pensar qué dicen esos comentarios soeces e irrespetuosos sobre la propia sociedad a la que aspira representar.

Para que no haya más Trumps, para que la igualdad entre hombres y mujeres sea una realidad cada vez más tangible, es importante que los hombres vean, veamos, que es un tema que también nos compete. El profesor Harper, que pasó años estudiando la construcción de masculinidades, enfatizó que “muchos estudiantes universitarios me dijeron que aprendieron a ser como Trump en la secundaria, a veces antes. Los medios, los padres, los familiares y los compañeros configuran la manera en que los hombres aprenden a pensar sobre las mujeres desde una edad temprana”. Para Harper, además de propiciar espacios de discusión en las escuelas para deconstruir la construcción de estereotipos, es necesario que aquellos hombres que no piensan de esa manera salgan de la espiral de silencio y se animen a confrontar con sus pares que creen que faltarles el respeto a las mujeres es canchero, es ser un verdadero hombre. Así como la elección de Obama no terminó con el racismo, la victoria de Hillary no terminará con el machismo, pero será un paso importante, dice el profesor, para entender que la misoginia lastima a todas las mujeres y todos los hombres de la sociedad.

“Estoy de acuerdo en que tienen que cambiar los propios hombres”, planteó la periodista especializada en género Luciana Peker en diálogo con Nuestras Voces. Y ejemplificó: “Como cuando acá en Argentina se usó el lema ‘Sin clientes no hay trata’. Hay que movilizar a los hombres a mayores cambios. Las mujeres seguimos motorizando cambios como en el Encuentro Nacional de Mujeres, pero los varones no han cambiado tanto como nosotras. Hay que apelar a ellos y una frase de cabecera que me parece importante es: ‘No quiero hombres coherentes sino hombres dispuestos a cambiar’. O sea, no tiene que ver con que nunca hayan dicho o sentido algo similar a lo de Trump, sino que estén dispuestos a cambiar con la cabeza y el cuerpo sin prescindir del deseo, sin ser más formales, ni menos hombres, ni gozar menos, sino tener un goce, un deseo y una palabra de seducción que tomemás en cuenta las palabras de las mujeres”.

Peker: “Hay que movilizar a los hombres a mayores cambios. Las mujeres seguimos motorizando cambios como en el Encuentro Nacional de Mujeres, pero los varones no han cambiado tanto como nosotras”.

En “What it feels like for a girl”, una canción de 2000, Madonna elaboró un discurso masivo que en estos días resuena con fuerza. “Las chicas pueden usar jeans y cortarse el pelo bien corto, pueden ponerse camisas y botas porque está bien ser un chico. Pero que un chico se vea como una chica es degradante, porque pensás que ser una chica es degradante. ¿Sabés lo que se siente ser una chica en este mundo?”. Las declaraciones de Trump tocaron una fibra íntima de la sociedad, apuntaron a lo más profundo de nuestra manera de vincularnos con el otro y particularmente con el sexo opuesto. Las mujeres recordaron la enorme cantidad de vejaciones que durante años tuvieron que soportar como si fueran parte de un “orden natural” y los hombres nos vimos obligados a reflexionar sobre nuestras propias prácticas, concepciones y silencios. Para que la revolución de las mujeres de la que habla Alcaraz sea completa, los hombres vamos a tener que cambiar lo que desde pequeños nos dijeron que era obvio. Así y solamente así, en el mundo va a haber menos Trumps y un contrato social más fundado en el respeto y la empatía.

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