Trump: una guerra para la reelección

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El presidente estadounidense, en concordancia con la línea más conservadora del Partido Republicano, acudió al remanido uso de la guerra y el nacionalismo contra un actor estatal de Medio Oriente para acrecentar su popularidad en un año electoral. Aún es una incógnita precisar si la incursión unilateral podrá derramar votos hacia el magnate; lo único certero es que activará una respuesta asimétrica del gobierno iraní y la consecuente inestabilidad del mercado petrolero.

“Irán nunca tendrá un arma nuclear”, tuiteó ayer en su habitual tono bravucón el presidente de los Estados Unidos Donald Trump a días de haber ordenado y consumado el asesinato de la principal autoridad militar iraní. Trump, que utiliza la red social Twitter para comunicar los pasos más trascendentes de su política exterior, un poco para reforzar su pose histriónica, pero también porque entiende el peso de la comunicación directa sobre las masas en la denominada guerra psicológica, escribió las seis palabras de la intervención referida en mayúsculas, en el sentido de hacer entender que era una afirmación hecha a los gritos y subido al puesto de mando de un teatro de operaciones militares que tiene en vilo al mundo entero.

En paralelo el gobierno de Irán continuó ayer con la realización de homenajes póstumos a su héroe nacional perdido durante el ataque teledirigido estadounidense, el general Qasem Soleimani, donde desplegó dos mensajes políticos: masividad y cohesión popular, que estuvo a la vista en las numerosas columnas de personas agolpadas para despedir a su líder, pero también rabia y deseos de consumar una pronta venganza, que estuvo expresada en comunicaciones oficiales de peso. «La pérdida de nuestro querido general Soleimani es amarga. La lucha continua y la victoria final serán más amargas para los asesinos y criminales», vaticinó el líder supremo de Irán Ali Khamenei.

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La incursión militar estadounidense sobre territorio iraquí, nervio central de una zona geopolítica convulsionada donde se procesa y distribuye buena parte del flujo petrolero mundial, precipita dos preguntas: ¿Se trata de una acción atada al mercadeo electoral doméstico? ¿Trump busca reforzar su sueño americano lanzando drones, a falta de poder inyectar dólares en el mercado interno? ¿La conquista de votos gracias a las botas acelerará la puesta en marcha de un escenario bélico asimétrico que se esparcirá como una mancha de petróleo por todo Medio Oriente?

El analista internacional argentino Joaquín Harguindey, Director del Observatorio Político JFK, expresa a Nuestras Voces que: “En principio todos los gobiernos norteamericanos han hecho un ejercicio cínico acerca de los efectos de su accionar militar sobre la opinión pública, aunque este es un caso serio de dicho patrón de comportamiento. Eso sí, Trump, al iniciar un conflicto bélico que puede poner un velo sobre los problemas domésticos y su capacidad para resolverlos, no busca solo aumentar su popularidad. En paralelo el presidente pretende elevar las acciones de Estados Unidos como potencia ruda y poderosa, lista para flexionar sus músculos militares e intimidar a sus enemigos. Ahora  bien la acción emprendida en Irak tiene sus efectos inmediatos en cuanto a reforzar el liderazgo de Trump en un subgrupo influyente del Partido Republicano. Ese núcleo de parlamentarios o mecenas partidarios han sido hostiles a Irán, y por lo tanto a mantener líneas de diálogo con Teherán, desde hace décadas, y tuvo como referente público hasta su muerte al Senador John McCain. Sus miembros más activos hoy son el Senador por Carolina del Sur Lindsey Graham, o el contribuyente privado Sheldon Adelson, que es un magnate vinculado al negocio de los casinos. Es un grupo de presión que busca abiertamente una guerra con Irán, y por lo tanto hoy sienten que Trump los contiene, aunque el mismo presidente ha dicho más de una vez que está en contra de las guerras de ocupación en Medio Oriente”

Trump: el golpe del petróleo

A su vez Harguindey considera probable que haya un aumento de las escaramuzas militares entre los países: “El problema de este tipo de acciones militares es que se vuelven muy difícil de contener una vez que escalan en intensidad. En ese sentido la decisión de Trump ha recibido críticas muy fuertes en EE.UU. porque varios analistas advierten sobre la inminencia de peligros bélicos inciertos. En lo concreto Washington ingresa a un conflicto en el que no tiene mucho por ganar, más allá de satisfacer ciertas expectativas ideológicas de un sector del Partido Republicano, y además lo va a forzar a resguardar los intereses de sus aliados regionales como Arabia Saudita. En el corto plazo aparecen más costos que beneficios para Estados Unidos. Además, en líneas generales, la opinión pública sigue rechazando que el país se comprometa a un conflicto abierto porque la memoria de lo sucedido en Afganistán e Irak sigue en la mente de todos”.

Uno de los periodistas internacionales que más conoce el terreno belicoso de Medio Oriente, el corresponsal inglés Robert Fisk, no desestima que Donald Trump, al que califica como un presidente orate, haya apretado el botón del ataque mecánico mientras comparaba encuestas y sondeos de opinión. “Es esta una guerra por accidente o por designio? Todos hemos dicho que en Medio Oriente es posible empezar una guerra por accidente, pero a nadie se le ocurrió que Trump se iría a la yugular de este modo. Matar al general Qasem Soleimani es una espada en el corazón de Irán, sin duda. ¿Y por cuenta de quién? Trump alardea de su relación con el rey saudiárabe, quien ha hablado de cortar la cabeza a la serpiente iraní y cuyas instalaciones petroleras fueron atacadas con misiles disparados por drones el año pasado, acto del que Estados Unidos acusa a Irán. ¿O será de Israel? ¿O es sólo una decisión más tomada por el orate presidente estadunidense, con resultados incalculables?”, comienza Fisk y luego remata su columna advirtiendo lo siguiente: “hay algo más. ¿Acaso no viene una elección en Estados Unidos este año? ¿Y acaso Trump no la quiere ganar? Soleimani como blanco de un ataque en Bagdad funcionará muy bien con los republicanos. Irán siempre ha respondido a los insultos y ataques esperando y demorando sus represalias. ¿Recuerdan los dos buques cisternas llamados Adrian Darya y Stena Impero? Pero ahora el asunto se vuelve personal”.

Los expertos Nader Entessar, politólogo por la Universidad de Alabama, y Kaveh Afrasiabi, ex profesor de Ciencias Políticas en la Universidad de Teherán, publicaron un interesante paper en el Observatorio Middle East titulado “Trump juega con fuego para salvar su presidencia” donde juzgan la intervención del presidente hotelero a tono con incursiones militares similares por otros mandatarios de su país en situaciones de coyuntura electoral semejantes a la actual. “No se puede pasar por alto la clara posibilidad de que Trump haya echado mano del viejo libro de jugadas de instigar una crisis extranjera para desviar los peligros internos de su presidencia. Esto recuerda cómo Bill Clinton, en 1998, ordenó un ataque aéreo contra Iraq en vísperas de una importante votación de destitución. Del mismo modo, buscando desviar la atención del proceso de destitución, que ha cobrado impulso al revelar más pruebas condenatorias que sugieren un “quid pro quo” en relación a Ucrania, Trump y su equipo de política exterior cuentan con los dividendos políticos de su último “desafío” a Irán, incluso con respecto al asalto de los iraquíes a la embajada estadounidense fuertemente fortificada en Bagdad”, precisan ambos analistas.

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Emiliano Guido

Emiliano Guido

Periodista especializado en política internacional. Forma parte del Programa de Integración Regional y Financiamiento para el Desarrollo en Fundación SES (Argentina). Ganador del Premio José Martí (2006) otorgado por la agencia Prensa Latina.

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