Un acto de esperanza

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Una multitudinaria convocatoria del Frente de Todos en Rosario, con abrumadora presencia de gobernadores electos y en ejercicio sobre el escenario, ofició como cierre de campaña para las PASO. Cristina apuntó al corazón y Alberto habló de valores. Con la bandera como símbolo de unidad. Pese a la crisis, el clima fue de esperanza. «El futuro es hoy. Vamos a poner de pie a la Argentina, como hicimos con Néstor en 2003», prometió el candidato.

DESDE ROSARIO.- Un evidente entendimiento de consigna se distinguió desde temprano en las calles de la ciudad. Cientos de banderas argentinas inundaron peatonal Córdoba y caminos inmediatos al monumento a la bandera, desde el mediodía hasta la hora pactada para dar inicio al acto de cierre más fuerte y convocante del binomio Alberto Fernández y Cristina Fernández de Kirchner. Inmensa la expectativa, extraordinaria la realidad. Más de cien mil personas saturaron el parque frente al símbolo mayor de Rosario y uno de los más significativos del país. Y a pesar de la crisis y desilusión política actual, o justamente por eso, se respiraba alegría. Los colectivos que todos los años en esta fecha se ven atiborrados de personas que viajan con su estampita de San Cayetano, esta vez trasladaban a quienes salían apurados de sus obligaciones cotidianas para demostrar su afecto, su pasión, su apoyo. Las veredas expresaron que tal vez no valga la pena rezarle al santo para conseguir trabajo, sino que más bien son las elecciones las que juegan esa carta. Y que el cierre de campaña haya tenido síntomas de celebración, quizás lo explique una oración que dijo Axel Kicillof cuando arribó a Rosario: “la gente está desesperada con lo qué pasa, pero esperanzada con lo que se viene”.

En el tejido humano se concebía la ilusión, mediante abrazos y encuentros que acortan distancias de cientos de kilómetros. “No te veo desde Lomas de Zamora” y una carcajada. La militancia en la ruta. Se escucha a una pareja analizar: ¿cómo se sentirá salir al escenario y enfrentar esta inmensidad? Una piba compara el entorno con un recital, mientras su amiga le contesta “bueno, pero al show del Indio no vas con tu abuela”. En el mismo instante, dentro del vértigo de voces, alguien se acerca atraída por la credencial de prensa y dice “ella, mi amiga, te quiere decir algo”.  Amy, tiene 38 años, y es alemana. Llegó hace más de diez años a nuestro país para estudiar música. Particularmente, el tango. Observa incrédula la masa, con su estuche de violín colgando de un hombro. Le consulto si en Alemania existe algo así, y contesta que no. Piensa algo en silencio, y confiesa: “el país al que yo me vine a vivir, en el que decidí quedarme, es este. Y espero que vuelva pronto”.

Los oídos de Argentina también estaban en Rosario, y se escuchaba el sonido que se baila en el barrio, como reza la canción de Miss Bolivia. Además, el playlist de la previa incluyó, entre varios artistas, a: Pescado Rabioso, Ca7riel, Marilina Bertoldi, Indios, Litto Nebbia, Andrés Calamaro y Los Redondos. Cada frase que se escuchaba, enviaba señales. Un relámpago de sugestión congeló el aire cuando Solari dice la más linda del amor, y el único héroe en este lio. La música de Fito abrió y cerró para la transmisión de TV.

Y llegó el momento esperado. En el cielo, un avión, cuatro drones, y la luna. Anuncian a Alberto y Cristina. Toma la palabra la ex presidenta, y hace algún comentario sobre el micrófono, mientras delante de todo se ensaya el comienzo del hit del verano, y ella pide que no la canten. “Que están esperando eso para dividir a los argentinos. No le demos el gusto”. Y ese primer gesto advierte el concepto general de lo que va a seguir. Luego, pregunta a la multitud “¿mucha esperanza, no?” y la marea larga con ‘Se siente, se siente, Alberto presidente’. “Se siente, y se necesita”, agrega. Su lengua es popular,  y claramente es una persona que con una oración es capaz de cambiar el estado de ánimo de mucha gente. Pero, entretanto, saca a pasear una oratoria poética que deslumbra. Por ejemplo, una manera exquisita de describir la gestión de gobierno actual, fue calificarla como “profundidad de maltrato”. Luego arremete con un “los dirigentes políticos no duermen en la calle, ni comen salteado como el pueblo. Por eso tienen la obligación moral y ética de ponerle freno a esta situación”. Varios ‘te quiero’ desde el público interrumpen lo que tal vez tenía pensado para el final, que termina siendo con un “si a pesar de todo todavía estoy acá parada, es por el amor de ustedes”. La pantalla, muestra personas llorando. Sobre el escenario, todos y todas observando: Omar Perotti –anunciado como el anfitrión- y Alejandra Rodenas. Axel Kiciloff –quién recibió grandes aplausos-, Lucía Corpacci, Juan Manzur, Alberto Rodríguez Saá, Matías Lammens, Gustavo Bordet, Sergio Uñac, Gerardo Zamora, Verónica Magario, Sergio Casas, Gildo Insfrán, Domingo Peppo, Carlos Verna, Mariano Arcioni, Sergio Ziliotto, Rosana Bertone, Pablo González y Gustavo Melella. La convocatoria de gobernadores electos, en ejercicio y candidatos muestra unidad y fuerza. Sergio Massa también está en el acto, para completar el arco.

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Abajo, en la voces de la gente, se mezcla el repetido ‘se siente, Alberto presidente’ que arranca desde adelante, con el ‘vamos a volver’ que viene de atrás. En el centro de la marea, cuando se encuentran esas dos olas de canto, se impone la primera. Entonces Alberto toma la posta, saluda a la ciudad, a la provincia y al país. Expone tres agradecimientos. El primero, para Cristina. Reconoce el distanciamiento, y confiesa que cuando se reencontraron dijeron ‘empecemos otra vez’. “Recuperamos el cariño y el afecto”, afirma. Y otras frases fueron “La política nos distanció y permitió que se instale esta realidad penosa” o “La política es representación de intereses, y entre los jubilados y los bancos, no tengan duda que nosotros elegimos a los jubilados’. Pero lo más significativo ocurrió cuando declara que lo que estaba pasando,  “no podía ocurrir si no es por la grandeza de Cristina” y le sigue un “Nunca más me voy a pelear con Cristina”. El segundo agraciado fue para el pueblo por estar y manifestar el afecto y el cariño. Y tercero, a los gobernadores con quienes pactó construir una argentina federal, desde el interior, y nos siempre desde Buenos Aires. De hecho, durante el día firmaron el Acta Compromiso Argentina Federal que persigue tres objetivos: crear la Mesa Provincias En Red, encender las economías regionales y diseñar la Agenda de Desarrollo Federal.

El discurso de Alberto fue también un repaso del penoso presente: «una Argentina que expulsa, que es la mitad del Producto Bruto, que ve bajar el consumo, bajar los sueldos y bajar las jubilaciones (….) lo único que ha producido Macri son 4,5 millones de pobres». Y una promesa de «un futuro que no es mañana sino hoy»: «Nosotros el primer semestre que gobernemos vamos a cambiar la Argentina, porque la suerte va a depender de nosotros. Notros vamos a recuperar las fábricas y volveremos a dar trabajo (…) Vamos a poner de pie a la Argentina, como lo hice con Néstor allá por el 2003».

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Hoy le toca a Córdoba, donde seguramente repercutirá lo vivido ayer en Rosario. La expectativa que generan, es probable que se resuelva a través de decisiones políticas. Pero sería injusto, o parcial, entender lo que pasó ayer en el monumento solamente desde ese punto de vista. Ni siquiera andaba internet por la aglomeración de personas. La esperanza, anuló cualquier jugada estratégica y de precisión que se pueda hacer por algoritmos. Consiguieron con un discurso breve, lo que se plantearon como concepto y objetivo en toda la campaña: ser inclusivos. Aún para aquellas personas que votaron a quienes gobiernan hoy. Comprensivo, con algunas teorías políticas y datos, pero aclarando que no habla de economía, sino de valores, Alberto animó a decir que no se las cuestione y se las invite a votar para revertir la situación actual. En la era de las palabras claves (corrupción, robo, narcotráfico, cárcel) que activan acciones automáticas, acusaciones varias, estereotipos y diferencias de clase, hubo dos personas hablándole a miles, invitándoles a pensar. A utilizar la inteligencia, sin artificios ni estrategias pautadas por estudios de mercadotecnia.

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