Una Defensoría con igualdad de género

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Marzo fue, sin duda, el mes de la lucha feminista. Con referentes del movimiento en el prime time televisivo, una plaza repleta durante el #8M y la legalización del aborto en pleno debate legislativo, la disputa de las mujeres para lograr la igualdad de género se instaló con fuerza. La Defensoría del Pueblo de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires es una referencia en este sentido: el 58 por ciento de las direcciones ejecutivas son ejercidas por mujeres. Alejandro Amor, actual Defensor, explica: “Trabajamos muy fuerte en conformar cuadros con capacidad para conducir esta casa y la mayoría de ellas son mujeres”.

Uno de los históricos reclamos es la brecha salarial existente. “Las mujeres ganamos menos que los hombres en todo el planeta”, asegura Mercedes D’Alessandro en su libro Economía Feminista. Al menos en Argentina, en promedio, ganan casi un 28 por ciento menos que los hombres y tienen menor acceso a los puestos de poder. En el mundo, solo el 25 por ciento de las mujeres accede a cargos directivos y en nuestro país la cifra desciende al 15 por ciento.

En este contexto, Nuestras Voces charló con Alejandro Amor, a cargo de la Defensoría del Pueblo de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, en donde el 58 por ciento de las direcciones ejecutivas son ejercidas por mujeres. “Trabajamos muy fuerte en conformar cuadros con capacidad para conducir esta casa y la mayoría de ellas son mujeres”, explicó Amor a este portal.

Cuando el cupo se vuelve natural

“Me ha costado grandes críticas decir esto, que no se malinterprete, pero la verdad es que acá lo que nosotros trabajamos muy fuerte es la conformación de cuadros con capacidad para conducir esta casa y vos no te fijas si es hombre, si es mujer, simplemente buscás a las mejores en su área de trabajo”.

Ejemplos abundan: María Rachid, quien se encuentra a cargo del Instituto contra la Discriminación, fue vicepresidenta del INADI (Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo). María Elena Naddeo, creadora y primera Presidenta del Consejo de los Derechos de Niños, Niñas y Adolescentes de la Ciudad de Buenos Aires, se encuentra a cargo del Centro de Atención de Niñez, Adolescencia y Género dentro de la Defensoría y la reconocida abogada y dirigente María América González ejerce como Defensora Adjunta.

La subsecretaría de Derechos Humanos y Seguridad, el área de Derechos Sociales, Derechos Urbanos, Espacio Público y Medio Ambiente, Gestión Pública, Descentralización, el Centro de Estudios para el Fortalecimiento Institucional, el Consejo de Mediación, Conciliación y Arbitraje, el Consejo Permanente para la Vigilancia, Promoción y Protección de Derechos Humanos, Acceso a la Justicia, Emergencias y Contención Psicosocial, Víctimas del Narcotráfico y el Centro de Estudios Tributarios Impositivos para la Administración Pública son algunos de los sectores de la Defensoría conducidos por mujeres: “Es una tendencia que, además, se reafirma hacia los cuadros de abajo. Para mí la verdad que nos manejamos todos iguales y uno lo que reconoce es una capacidad en cada persona”, agrega Amor.

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Puertas para adentro

La Defensoría consiguió una dinámica en la que, además de reforzar los puestos de conducción en manos de mujeres, implementó un reglamento interno en el que se aplican medidas de transversalidad con una clara perspectiva de género. Un ejemplo de ello es la licencia por maternidad y por paternidad, histórica lucha del feminismo para que los hombres puedan también presenciar y colaborar durante los primeros días del niño.

El Convenio Colectivo de Trabajo de la Defensoría incluye también licencias por tratamiento de fertilización asistida y por razones derivadas de casos de violencia de género, asignaciones por adopción y asignaciones prenatales tanto para hombres como para mujeres. También incorpora capítulos dedicados a la igualdad de oportunidades y garantiza los principios enunciados en la Convención sobre la eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer, además de artículos dedicados a erradicar la violencia laboral.

“Yo no podía entender que estemos hablando de esto para afuera y que no esté implementado como norma interna, así que fue una de las primeras medidas. Para mí es muy difícil ponerme en una posición distinta porque el lugar desde el que yo vengo tiene esta connotación cultural, se incluye, no se discrimina y se trabaja en equipo y a la par”, aclaró el defensor.

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La Defensoría y su lucha por la igualdad

La Defensoría del Pueblo forma parte del Colectivo #NiUnaMenos desde su conformación. “Fabiana Antúnez era una delegada en Sutecba, me conoce de toda la vida. Se acercó y empezamos a trabajar juntos desde la primera marcha”, relata Amor.

Desde la Defensoría se presentaron ya cuatro Leyes trabajadas en conjunto con los organismos que nuclean la lucha feminista. Dos de ellas ya se hicieron realidad. Se trata de la Ley Brisa, dedicada a amparar a niños y adolescentes menores de 18 años que se queden sin madre debido a femicidios, y la Ley de La Casa del Encuentro, un espacio feminista que brega por los derechos humanos de todas las mujeres, niñas, niños y adolescentes que se encuentra en pleno acondicionamiento para su inauguración. “Fueron todas leyes que se aprobaron por unanimidad. La Defensoría del Pueblo tiene iniciativa legislativa y en ese carácter presentamos los proyectos que nos trajo Ada”, cuenta Amor en referencia a Ada Beatriz Rico, directora de La Casa del Encuentro.

La Defensoría trabaja también en fuertes campañas de concientización y de debate: “Nosotros lo que queremos es llevar a abrir la cabeza y la realidad es que somos los varones los que tenemos que cambiar, si los varones no cambiamos es imposible. El cambio tiene que venir y hay que discutirlo. Yo creo que la Ciudad de Buenos Aires tiene una natural tendencia a ir cada vez asentando más esto. Rosario es otra ciudad de características parecidas también. Me parece que hay que ayudar a trasladar este debate al interior del país. Es un debate que hay que dar en la sociedad argentina en su conjunto”, aclara Amor como Presidente de la Asociación de Defensores del Pueblo de la República Argentina (ADPRA).

“Una vez tuve que escuchar, Alejandro podemos estar en esta reunión nosotros solos. Yo había ido con otra Defensora, de otra Ciudad, y me dijo que se tenía que retirar porque era un tema de hombres. En el interior del país, en el norte, la situación es muy compleja. Por eso el debate hay que provocarlo, hay un choque cultural tremendo. El tipo me lo dijo con total naturalidad y yo no lo podía creer. Esto no pasó hace cuarenta años, me pasó hace un año atrás”, recuerda Alejandro.

El objetivo de la Defensoría es claro: provocar. “Provocar el debate, provocar la discusión, provocar el pensamiento”, resalta el defensor. En conjunto con el Centro de Estudios para el Fortalecimiento Institucional (CEFI), se organizan múltiples actividades en escuelas primarias, secundarias y universidades para instalar estos temas entre los jóvenes.

Intervinieron en diversos casos de discriminación, como las chicas que fueron expulsadas del restaurante La Biela por besarse o las mujeres policías que fueron desafectadas por mantener una relación: “Tenemos que acompañar a todas las personas y a todas las organizaciones que vayan contra cualquier tipo de discriminación sea el que fuere. Tenemos que provocar, concientizar y defender. Si nos equivocamos yo prefiero equivocarme para ese lado pero no para atrás”.

Cuando el pasado te moldea

En 1987, mientras era impensada una Ley de Matrimonio Igualitario y apenas se lograba promulgar la Ley de Divorcio, Sutecba –el Sindicato Único de Trabajadores del Estado de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires– realizó la primera reforma al estatuto de la Obra Social. Se exigió que se cambie la palabra cónyuge por la de conviviente. ¿Por qué? “Porque había personas que eran gays, homosexuales, lesbianas, que trabajaban con nosotros y que convivían como matrimonios pero a los que no alcanzaba la cobertura médica. Era algo sumamente injusto, entonces lo que se hizo fue exigir que se acredite la convivencia, después el tipo de vínculo que tenían no nos importaba”, recuerda Amor, quien en ese entonces era parte del Consejo Directivo. Aquella pelea que se dio desde el gremio permitió que, años después, se reformara la Ley de Obras Sociales para ampliar el derecho a todos y todas las trabajadoras.

En aquel entonces, los debates feministas y los movimientos que buscaban la igualdad de género y el respeto a la diversidad sexual eran menos potentes: “No formaban parte del debate social. Todavía en esa época la gente esperaba el momento en el que Arnaldo André le daba el cachetazo a Luisa Kuliok. Ese era el contexto. Burlas era lo menos que te puedo decir que recibimos, pero era nuestra representación. Cuando sos dirigente, y creo que cuando vivís en una sociedad, tenés que manejarte con los criterios que la sociedad tiene y entender a las personas como personas”, afirmó el actual Defensor.

Fue su paso por Sutecba tal vez lo que determinó su respaldo a la paridad de género: “Teníamos un plenario de delegados en que más de la mitad eran mujeres, no se forzaba a conseguir el cupo. Sucedía naturalmente. Sé que no es así, lógicamente, en todos lados, hasta casi te diría que es una excepción. Pero así crecí. Creo que el lugar en el que uno se forma, el alrededor tuyo, te va moldeando. Aquello fue una realidad, no tuvimos un debate, no se debatió esto, fue simplemente absorber lo que pasaba. Con Amadeo (Secretario General del Sindicato) lo hablamos y pensamos esto es ridículo. ¿Qué estamos haciendo? Son compañeros y no pueden tener obra social porque tienen que demostrar que son cónyuges, pero no se pueden casar. Parecía una locura. Que los trabajadores tengan obra social era lo que correspondía”.

Alejandro Amor resalta que Sutecba sigue siendo una excepción: “En los gremios el problema suele estar en quién accede a los puestos de conducción. En este caso por ejemplo, la Obra Social tiene una presidenta que es María Rosa (Negre). No sé cuántas mujeres presidentas de obras sociales hay, no creo que muchas. El Directorio está compuesto mayoritariamente por mujeres, la vicepresidenta es mujer y dos de las integrantes del Consejo son mujeres, así que tuve la suerte de crecer en un espacio bastante especial”.

Aquel esquema conocido por Amor fue el trasladado a la Defensoría del Pueblo cuando en marzo de 2014 asumió su conducción. Desde entonces más de la mitad de las direcciones ejecutivas se encuentran en manos de mujeres: “aunque me siguen reclamando que la administración financiera aún está en manos de un hombre”.

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