Una factura de luz que mata

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Pedro Bohn tiene 55 años, padece una enfermedad pulmonar obstructiva y tiene que estar conectado veinticuatro horas al concentrador de oxígeno para respirar. Edenor amenaza con suspenderle el servicio de energía por una deuda que tiene con la empresa. La última factura que recibió fue de más de 6.500 pesos y Pedro no puede pagarla. Hay una ley que garantiza la gratuidad del servicio eléctrico para las personas electrodependientes pero el presidente Mauricio Macri no la reglamentó.

Pedro Bohn tiene 55 años, padece EPOC (enfermedad pulmonar obstructiva crónica) lo que hace que sea electrodependiente. Esta semana Edenor le notificó la suspensión del servicio de energía por la deuda que mantiene con la empresa. La factura del período mayo-junio fue de 4.314,47 pesos y la última de 6.604,97 pesos. “Ya lo decidí: el día que me vengan a cortar la luz me encadeno al medidor. Es la única que me queda”, asegura Pedro.

“Aunque quisiera no la puedo pagar”, cuenta a Nuestras Voces Pedro, que cobra una pensión no contributiva de 5.000 pesos. “Mi mujer es depiladora a domicilio. El trabajo ha disminuido mucho y ahora en invierno es cuando menos la llaman”.

Como los más de 9 mil miembros de la Asociación Argentina de Electrodependientes –y otros miles del resto del país que no están registrados– Pedro necesita con urgencia que el presidente Mauricio Macri reglamente la ley que aplica la gratuidad de tarifas del servicio eléctrico para las personas electrodependientes por cuestiones de salud.

Resistiendo al nocaut por tarifazo

“El 26 de abril el Congreso convirtió en ley el proyecto que elaboramos desde la Asociación. Fue publicado en el Boletín Oficial pero las empresas distribuidoras se niegan a ofrecer la gratuidad ya que falta la reglamentación del Presidente de la Nación”, explica Mauro Stefanizzi a Nuestras Voces, miembro de la Asociación Argentina de Electrodependientes y papá de Joaquín, un niño que precisa estar conectado permanentemente.

Para garantizar el servicio eléctrico domiciliario en forma permanente con un tratamiento tarifario especial gratuito la ley contempla que el titular del servicio o uno de sus convivientes se encuentre registrado como electrodependiente por cuestiones de salud.

“La boleta está a nombre de mi señora. Dos veces nos negaron la tarifa social y no entiendo los motivos ya que no tenemos auto y la casa en la que vivimos, que era de mi suegro, ni siquiera tiene escritura”, dice Bohn.

Facundo Ferro es el abogado la Asociación, de la familia de Joaquín y de otras personas electrodependientes y uno de los redactores de la ley que aún espera la firma de Macri en algún despacho de la Casa Rosada. “La ley también garantiza la provisión de grupos electrógenos sin cargo para evitar las complicaciones que pudieran surgir de los cortes en el suministro energético y ordena al Ministerio de Salud la creación de un registro de electrodependientes, además de una línea gratuita para registro e informes y una campaña publicitaria para que las personas electrodependientes de todo el país sepan que tienen derecho a la gratuidad del servicio”, explica a Nuestras Voces.

Tarifazo doble

El abogado cuenta que “desde que la ley se aprobó en el Congreso venimos solicitando una audiencia con el presidente pero hasta ahora no hemos obtenido respuesta”. A poco de sancionarse la ley, el 24 de mayo, Mauricio Macri almorzó con Mirtha Legrand en la Casa Rosada y unos días después recibió a 8 jóvenes de la comunidad digital Taringa pero aún no hay un espacio en agenda para la gente de Asociación Argentina de Electrodependientes.    

La vida con “Arturito”

Pedro Bohn trabajó toda su vida como pintor de obra y un tiempo en la CEAMSE hasta que en el 2005 le diagnosticaron EPOC: la enfermedad pulmonar que obstruye las vías respiratorias de manera progresiva e irreversible.

Tantos años de respirar los disolventes de la pintura y el consumo de tabaco le produjeron la enfermedad que lo dejó discapacitado: “Soy como esos perros que le ponen una cadena pero la diferencia es que yo tengo una manguera de 7-8 metros que me permite llegar hasta el baño y salir a la puerta si está lindo el día. Estoy preso pero en estas cuatro paredes”.

En su casa de Merlo, en la ruta 200 del kilómetro 34, Pedro pasa las 24 horas del día conectado al concentrador de oxígeno al que bautizó “Arturito” en homenaje al droide de la saga Star Wars. “Es mi amigo, con el que comparto más tiempo, si él no funciona me muero pero me muero de verdad”, dice el hombre que la mayor parte del tiempo está con una estufita eléctrica y con la televisión prendida para no aburrirse.

Además de estar conectado a “Arturito” Pedro se nebuliza cada 4 horas y cuando va al hospital Malvinas Argentinas lo hace en remís y con una mochila de oxígeno que le dura una hora. En verano la energía se cortó por casi una semana y tuvo que permanecer internado para poder respirar.

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“Sé que soy un granito de arena entre las miles de personas que padecemos lo mismo. Por eso le pido al presidente Macri que por favor reglamente la ley para no tener que sufrir más de lo que sufrimos con estas enfermedades”, dice.

Pedro cuenta que “nunca” le interesó la política “porque no entiendo nada pero ahora me he puesto a mandarle mensajes de Facebook a los que son candidatos para que sepan lo que padecemos y pedirles que se ocupen del tema para darnos una solución”.

Por estas horas Pedro Bohn está atento por si llega la cuadrilla de Edenor. De a ratos corre la cortina y mira por la ventana. “Ojalá nunca lleguen”, piensa pero el miedo a que le corten la energía lo hace más fuerte para seguir viviendo.

@ulisesroman

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