“Ni Una Menos Sin Trabajo”

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Katy Balaguer trabajó 20 años en PepsiCo hasta que fue echada y reprimida. Denuncia que la mayoría de los despidos afectan a trabajadoras mujeres, muchas a cargo de sus hogares. Ella crió a dos hijas como madre soltera y para la marcha de ayer una de las chicas le bordó en su espalda una frase que ya empieza a repicar: “Ni Una Menos sin Trabajo”. Aquí su historia, que es la historia de miles de argentinas que sufren el ajuste del gobierno de Mauricio Macri en carne propia.

Fotos: Joaquín Salguero

Este año Catalina “Katy” Balaguer cumplíó dos décadas de trabajo en PepsiCo Snacks, en Vicente López. Pero el 20 de junio último se encontró con un papel en la puerta de la fábrica donde le enteraba informaron que estaba despedida. Al igual que 600 de sus compañerxs, con los que pasa más tiempo que en su casa. De ahí, la organización, el acampe, las asambleas, la resistencia en la toma de la planta, las reuniones con otras organizaciones que se solidarizaron, la visibilidad en los medios y la movilización al Ministerio de Trabajo. Un recorrido que, lamentablemente, Katy conoce bien porque ya es la segunda vez que la echan de PepsiCo. La primera, en 2002, durante otro conflicto laboral en el que defendió a 100 obreras contratadas, también la despidieron. Ella recurrió a la Justicia y denunció a la multinacional por “discriminación por práctica sindical” y, dos años después, la empresa se vio obligada a reincorporarla. Su historia ya se estudia en las universidades como caso emblemático. A este segundo despido se le suma el agravante de la violencia estatal: el último jueves Katy sufrió, como tantos otros, la represión -con violencia física y gases lacrimógenos- de la Policía Bonaerense, que desalojó la fábrica por la fuerza.

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“Esto que nos está pasando, les pasa a muchos y muchas trabajadores que no encuentran respuestas. Por eso nos encontramos con tanta solidaridad. Nuestra lucha tiene voz porque estamos organizadas a contramano de la burocracia sindical y del gobierno”, dice Katy y tose. Después de la represión, tuvo que ir al Hospital a hacerse placas, le recetaron remedios y nebulizaciones.

Katy es una delegada y referente histórica de PepsiCo de la Agrupación Bordó, opositora a la conducción de Rodolfo Daer en el sindicato de la Alimentación. Tiene 48 años y su rostro es la cara visible de las consecuencias del ajuste machista en PepsiCo: el 70 por ciento de lxs trabajadores cesanteadxs de la multinacional son mujeres. Llegó desde Rosario con la experiencia de haber trabajado en una fábrica de autopartes, dejó su currículum en la planta de snacks y consiguió el empleo. Era 1997. En ese momento sus hijas eran chicas y Katy se había separado. Hoy tienen 30 y 26 años. Con el sueldo de ella fueron a la escuela, se criaron, disfrutaron del tiempo de ocio. Cada una formó su familia: Katy ya es abuela de dos nietos. Anoche, después de una asamblea, pasó a verlos y su hija  le ploteó en la espalda de la campera con la que hoy marcha: “Ni Una Menos Sin trabajo”,

La mayoría de las obreras que fueron despedidas son madres y jefas de hogar que trabajan dentro y fuera de sus casas para sostener a sus familias. Son el reflejo del 41,5% de los hogares argentinos. En cuatro de cada diez casas la jefa es una mujer, según la Encuesta Permanente de Hogares del Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INDEC).

No quieren llegar a ningún arreglo, ni la doble indemnización que les ofrecen. Quieren trabajar porque saben que el desempleo para ellas es de dos dígitos. En el primer trimestre la desocupación promedio fue de 9,2 por ciento. Pero para las mujeres esa tasa subió al 10,2 por ciento mientras que para los varones fue del 8,5 por ciento.

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PepsiCo es la única fábrica en todo el gremio de la Alimentación que por igual tarea las mujeres tienen igual salario que los varones. Acortar esa brecha salarial no fue un premio de la empresa, fue producto de la lucha y la organización de las obreras. Fue Katy quien empujó una agenda sindical feminista desde que entró a trabajar ahí. Empezó repartiendo volantes para explicar de qué se trataba el 8 de marzo, Día de la Mujer Trabajadora. Esa organización robustecida derivó en la participación de las operarias de PepsiCo en el primer paro internacional de mujeres y en cada movilización por Ni Una Menos. Se hicieron remeras con la frase que sintetiza el grito contra todas las formas de violencia machista en Argentina.

Con tenacidad militante, a lo largo de los años, lograron un listado de conquistas que mejoró las condiciones laborales de las trabajadoras. Había mujeres que iban fajadas a trabajar porque si estaban embarazadas las echaban. Lograron que la empresa cumpla con las licencias por maternidad, que les paguen una guardería para sus hijxs, entre otros logros.

Cuando los cuerpos no aguantaban más por el ritmo de producción que les producían tendinitis, doble hernia de disco, problemas con las cervicales, intensos dolores de cintura, las echaban. Consiguieron que esas compañeras sean reubicadas en otros puestos.

“Para quedar efectivas nos obligaban a hacer un turno de más. Trabajabamos 16 horas”, cuenta. Durante tres años Katy no estuvo los fines de semana, ni los feriados en su casa para poder quedar efectiva en PepsiCo.

El maltrato cotidiano tuvo su punto máximo cuando las despidieron por un papel en la puerta. Y ahí empezaron las extorsiones para que aceptaran la indenmización. “No permita que se use la fuerza contra las mujeres trabajadoras. Porque cuando decimos NI UNA MENOS es contra los femicidios y también contra todo tipo de violencia hacia las mujeres”, le escribieron a la gobernadora de la provincia de Buenos Aires, María Eugenia Vidal, antes de la represión. No alcanzó ese pedido para frenar la violencia estatal.

Katy no sabe cómo va a terminar este conflicto, pero de algo está segura: que va a ir hasta el final y que ella y sus compañeras ya no van a ser las mismas.

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