Vivir mal

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Sobre las tierras en las que Larreta y Elsztain planean hacer «la Dubai argentina» se encuentra hace más de veinte años la villa Rodrigo Bueno, construida por los propios vecinos que vienen reclamando la urbanización definitiva. Ahora, con el fantasma de un nuevo proyecto inmobiliario, refuerzan sus vínculos para parar las topadoras.

En Nuestras Voces te contamos cómo el jefe de gobierno Horacio Rodríguez Larreta se propone hacer en un negocio inmobiliario en las tierras de la villa Rodrigo Bueno, bajo el manto de una «urbanización».

Pero los vecinos ya saben de qué se trata: en el año 2005 el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires mediante el decreto N° 1247/2005 intentó desalojar parte de la Rodrigo Bueno. Los vecinos se organizaron y presentaron un amparo judicial donde denunciaban que uno de los intereses detrás del desalojo era el desarrollo del proyecto inmobiliario “Solares de Santa María”, un complejo de lujosas viviendas, por parte de la empresa IRSA.

Seis años después, el 22 de marzo del 2011, la jueza Elena Liberatori, a cargo del Juzgado de Primera Instancia en lo Contencioso Administrativo y Tributario Nro. 4, ordenó dos cosas: no desalojar y la urbanización del barrio.

El GCBA apeló la sentencia y no realizó ninguna acción que mejore las condiciones de vida de los habitantes, hasta este nuevo repentino interés.

No hay excusas

Desde que es gobierno, el PRO no urbanizó ni una sola de las más de 30 villas y asentamientos que existen en la Ciudad de Buenos Aires, en las que viven más de 300 mil personas. «Muchas con el argumento de que las tierras pertenecían a Nación, pero ahora que tienen los dos gobiernos tampoco lo hacen”, analiza Ana Laura Azparren es socióloga y becaria del CONICET y militante de la organización El Hormiguero en el barrio Rodrigo Bueno.

Azparren analiza que la estrategia del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires se basó en no reconocer a Rodrigo Bueno como una villa: habla de asentamiento. Ana Laura: “Le da una categoría menor como si estuviese en una situación de mayor precariedad pero es un barrio tan consolidado en su estructura como cualquier otro. Es un barrio muy tranquilo de familias trabajadoras que están ahí porque están cerca de sus lugares de trabajo: la mayoría trabaja en Puerto Madero como empleadas domésticas, en la construcción, en los negocios de comida que hay en la Costanera o de vendedores ambulantes.

A los sectores populares para poder vivir en la ciudad no les queda otra que vivir en las villas por la situación del mercado inmobiliario, por la dificultad de alquilar y porque el transporte está cada vez más caro”.

El (no) acceso a la ciudad

Desde el año 2005 los vecinos llevan adelante el reclamo de una urbanización definitiva del barrio. “Lo correcto es hablar de reurbanización porque se trata de barrios que existen – sigue Azpparren- , que tienen una estructura urbana y viviendas de material bien consolidadas construidas por las mismas personas que construyeron Puerto Madero. Se busca la reurbanización, la radicalización que implica quedarse en ese lugar, que no sean trasladados porque las tierras valen mucho para que vivan los sectores populares y la integración urbana que implica la apertura de calles; que puedan ingresar ambulancias y bomberos, que haya una salita de salud, recolección de residuos, infraestructura de cloacas, agua potable, luz eléctrica, una escuela, todo lo que hace a los servicios urbanos que no es solo una casa: es el acceso a la ciudad”.

Entre los años 2001 y 2010 según el censo nacional la población residente en villas creció un 58%, registrando 170.054 habitantes. Según fuentes oficiales de la Ciudad para el año 2013 se estimaban más de 275.000 habitantes y una creciente situación de cohabitación: más de una familia habitando la misma vivienda.

La situación se contrapone con otro dato: el boom inmobiliario que produjo un aumento en el valor del suelo porteño. Entre 2001 y 2013 en la Ciudad se construyeron 167.870 viviendas nuevas. Puerto Madero es el barrio más caro por metro cuadrado, dato clave para entender la poca voluntad de urbanizar a su vecino Rodrigo Bueno.

Foto: Nacho Yuchark
¿Mientras tanto?

Los vecinos siguieron haciendo lo que hicieron siempre: construir calidad de vida desde abajo. Quedaba claro que a la par de los reclamos judiciales era necesario trabajar desde el barrio para el barrio: presentaron distintos proyectos de ley para la urbanización de Rodrigo Bueno y se organizaron para impulsar mejoras en las condiciones de vida.

Ana Laura reconoce la importancia de que los vecinos se mantengan unidos: “Es fundamental porque el Estado nunca actúa, por lo menos en estos casos, por propia voluntad entonces la organización y la lucha son fundamentales para lograr la urbanización y la integración urbana de Rodrigo Bueno».

Su voz es grito y reclamo colectivo: «Que el Gobierno de la Ciudad urbanice el barrio, que los legisladores aprueben los proyectos de urbanización que se han presentado desde 2004, que el barrio pueda quedarse ahí, que no le gane la especulación inmobiliaria al derecho a la vivienda y a la Ciudad”.

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