El futuro en nuestras manos

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Nahuel Sosa presenta «Debates Albertos», un dossier que compila textos de diversos intelectuales y pensadores para debatir los tiempos que vivimos: «Desde el pensamiento crítico tenemos el desafío de aportar con ideas, producciones y acciones para la construcción de una solidaridad social activa, de hacer del conocimiento una herramienta de transformación para superar esta crisis», asegura.

“Mucha gente pequeña, en lugares pequeños,

haciendo cosas pequeñas, puede cambiar el mundo”.

(Eduardo Galeano, 2014)

El mundo ya es otro. O mejor dicho está siendo otro. El gerundio nos abre las puertas para pensar hasta dónde está en nuestras manos lo que viene. Y el futuro no es lo inesperado, tampoco es la apología de la incertidumbre, el futuro es el producto de un quehacer colectivo que aun en la contingencia nos permite proyectar los mejores escenarios posibles. Tenemos derecho al futuro, incluso a desearlo, pero sin justicia social no hay estabilidad posible, no se puede proyectar nada real sin un piso mínimo de garantías. Si algo nos enseña la historia de las catástrofes es que muchas veces han sido parte esencial de procesos de reconfiguración de la vida social. Las grandes crisis que sacuden a las sociedades nos colocan ante una pregunta fundamental: cómo (sobre)vivir juntos. Qué es lo que nos une y qué es lo que nos separa, cuáles son nuestros objetivos e intereses comunes. El coronavirus visibiliza lo mejor y lo peor de nuestra condición humana, evidencia los valores que están en disputa y visibiliza los límites del funcionamiento mundial. Nos desenmascara la faceta depredadora de las elites que pretenden hacer un negocio de las tragedias del mismo modo que nos muestra expresiones novedosas de solidaridad en cada aplauso a quienes con su trabajo se exponen y se esfuerzan cada día por mitigar los efectos de la pandemia. Sin dudas, nuestra sociedad no volverá a ser la misma. Son pocas las veces en que la humanidad se encuentra ejerciendo una acción colectiva de forma global y simultánea, son pocas las veces también en que tenemos la oportunidad de transformarlo todo, de cambiar radicalmente nuestras subjetividades, valores, deseos y las formas en que imaginamos un mundo en el que quepan otros mundos.

El siglo XXI aceleró los tiempos de nuestra vida social. Es posible hablar de hipermodernidad en vez de modernidad: una aceleración de los tiempos con individuos que se apilan en centros urbanos, que están cada vez más cerca físicamente, pero, paradójicamente, cada vez más lejos socialmente. Cuanto más valor le pone la sociedad a la noción de individualismo, más frágil se vuelve el individuo.

A su vez nuestras sociedades tienen una tendencia narcisista y hedonista creciente. Como señala el filósofo Byung–Chul Han, vivimos en sociedades del cansancio y la ansiedad, cada vez más hiperfragmentadas. En este escenario se desenvuelve el hiperindividualismo, donde la razón deja de ser lo importante y es negada y sustituida por la emoción y el deseo, por la satisfacción inmediata de los impulsos sin tener en cuenta sus consecuencias, solo se mira al aquí y ahora. Solo hay inmediatez, presente e incertidumbre. El hiperindividualismo es, nada más ni nada menos, que el efecto actual que nos impuso durante demasiado tiempo el neoliberalismo, proyecto económico pero, fundamentalmente, cultural. La nueva crisis pandémica expone a todo el planeta a nuevos dilemas cuyas respuestas tuvieron que apresurarse en un marco que nos pone a todos y a todas en riesgo. El neoliberalismo cool y su cultura hiperindividualista son puestos en cuestión. En apenas segundos se viriliza el hashtag #TeCuidaElEstadoNoElMercado y no es casualidad porque, justamente, lo que está en debate son las características básicas que sostienen a nuestra sociedad. Se han puesto al desnudo muchas contradicciones en el campo de la economía, la salud y la política. Los hombres y las mujeres estamos de nuevo frente a un espejo roto, que refleja los límites de un capitalismo financiero y voraz, pero también refleja el desafío de animarnos a pensar en sociedades alternativas, donde prevalezca la cooperación y la solidaridad social activa. Por eso es importante volver a observar la sociedad desde el conjunto. Recuperar la idea de solidaridad social e integralidad. La salida es con más democracia e igualdad. Las acciones colectivas son las claves para superar el hiperindiviudalismo, porque dan sentido al encuentro, construyen un nuevo nosotras y nosotros, politizan el espacio público e instituyen un nuevo tipo de ciudadanía. Aplausos, pañuelazos, festivales virtuales, compras comunitarias, ollas populares, son parte de estas acciones. “En las grandes adversidades, sale a la luz la virtud” nos decía Aristóteles. Y la virtud no está concebida como un eufemismo, sino que es en tanto práctica moral, ética y política. Para gran parte de la filosofía griega el hombre se realiza en comunidad, cuando discute y define los asuntos de la polis entre pares. El destierro podía ser peor que la muerte, porque significaba negar la condición humana: el ser ciudadano. Somos ciudadanas y ciudadanos en tanto nos apropiamos del quehacer público, en la medida que somos protagonistas de la historia. El siguiente dossier se inscribe en una situación inédita que nos coloca el COVID-19. Sin embargo, creemos que desde el pensamiento crítico tenemos el desafío de aportar con ideas, producciones y acciones para la construcción de una solidaridad social activa, de hacer del conocimiento una herramienta de transformación para superar esta crisis. Debemos apostar al debate de ideas, a la interacción entre pares, porque el aislamiento es físico, pero no social. Y frente a esta coyuntura de excepcionalidad debemos, en cada una de nuestras casas, cuidarnos entre todos, pero activos. En ese sentido, la publicación es un aporte para, desde distintas miradas y disciplinas, pensar a Alberto, no como persona física sino como parte de una nuevo paradigma cultural. El 10 de diciembre no solo hubo un cambio de Gobierno sino que se abrió un nuevo proceso político que en el marco de una situación emergencia y excepcionalidad pone sus valores en acciones concretas. Acuerdo social, empezar por los últimos para llegar a todos, tener un Estado presente, fortalecer nuestra soberanía, democratizar la economía, eliminar los privilegios, son parte de este nuevo proceso.

Nuestro derecho y la postpandemia

A modo de ejemplo, el acuerdo social no es solo una puja distributiva de precios y salarios, es la posibilidad real de construir consensos a partir de las diferencias y disidencias. Hoy el Gobierno y la oposición, al igual que la sociedad civil, construyen nuevos consensos sobre la necesidad de cumplir con las medidas de aislamiento y de proteger a los sectores más vulnerables. Iglesia, movimientos sociales, universidades, escuelas,Fuerzas de Seguridad son algunos de los actores centrales que le dan sentido en la práctica a un nuevo modo de relacionarnos. La salida es colectiva, con más derechos y justicia social. Debemos incomodarnos para salir mejores, para fortalecer un Estado sensible y una sociedad que está dispuesta a dar vuelta la página de la historia.

El dossier completo puede leerse haciendo click aquí

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