Pedagogías para emancipar

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La elaboración de categorías de análisis propias de Nuestra América es un desafío de las pedagogías emancipatorias. A partir de estudios de investigación realizados colaborativamente en el Centro Cultural de la Cooperación, se presentan algunos rasgos constituyentes de las pedagogías que buscan la liberación colectiva de los pueblos.

Por Diana López Cardona*

Las Pedagogías Emancipadoras son una propuesta emergente en el campo de las pedagogías nuestroamericanas, producto de la reflexión y análisis de la realidad de nuestros pueblos. Esta perspectiva y propuesta de constitución del campo, es alentada por los cambios progresistas presentados en la región a principios del siglo XXI, como resultado del proceso de construcción de proyectos alternativos gestados durante la segunda mitad del siglo XX, producto de la resistencia de los pueblos y de educadores comprometidos, que vieron en la obra de Paulo Freire, un horizonte de posibilidad a partir de la lectura de la realidad.

Las pedagogías emancipadoras se presentan como una alternativa frente a los proyectos neocoloniales, contra las políticas impuestas por organismos internacionales y frente a la ausencia de Estados garantes de derechos.  Como campo emergente, las pedagogías emancipadoras son producto de una historia de resistencia y lucha de organizaciones y movimientos populares.

Muchos proyectos pedagógicos alternativos se han realizado en América Latina desde su proceso independentista hasta hoy, todas ellas hacen parte del carácter emancipador, ya que son la conjunción de propuestas alternativas que radicalmente se han opuesto a una educación para la dominación y la prolongación del proceso colonial que se instauró en nuestro continente desde la conquista.

Desde esta consideración, las pedagogías emancipadoras están, eso quiere decir que se ubican territorial, cultural y simbólicamente en Nuestra América -el espacio de definición que las constituye-, y son plurales porque se definen en la particularidad de los contextos, los sujetos y las condiciones en las cuales se proponen. Se entienden en plural, en el ejercicio dialéctico de los sujetos, la producción de conocimiento y la acción transformadora, que modifica a las personas, a los lugares y a las cosas.

Se puede decir que estas pedagogías han surgido en resistencia a la dominación, la desigualdad y la injusticia de este sistema-mundo, para romper con el condicionamiento que se impone a través de la educación, pero en particular, son propuestas desde un continente que sigue bajo la dominación cultural y económica del Norte Global.

Se consideran emancipadoras, porque buscan la transformación de las condiciones de desigualdad, de opresión, a través de las acciones colectivas, desde concepciones éticas, políticas, epistemológicas y comunicativas (Cullen 2017, Rancière, 2007, Rodríguez 1981, Martí, 2016).

Algunos rasgos constituyentes

Pensar en cómo describir y definir las pedagogías que buscan la liberación colectiva de los pueblos, es una tarea compleja y de largo aliento, pero además, se vuelve en sí misma una actividad que busca nombrar y legitimar pedagogías que han sido censuradas, negadas o utilizadas de acuerdo a los intereses de las clases dominantes. Es por ello que, a partir de los estudios realizados desde el Centro Cultural de la Cooperación, así como en otras organizaciones y grupos de investigación, se pueden describir algunos rasgos que pueden aportar a su definición y que las constituyen:

  1. Recuperación de la historia y el contexto: Las pedagogías emancipadoras parten de lo más cercano, de lo propio, del espacio/tiempo en el que se desarrollan las propuestas educativas, identifican el contexto de desigualdad en que viven los sujetos y las comunidades, para establecer una radiografía de lo que está y de lo que somos. Esa recuperación del contexto y de la historia es a la vez el reconocimiento de los negados/as, los vencidos/as, los censurados/as, de los desposeídos/as que son el punto de partida de la formación en los movimientos campesinos e indígenas del continente, así como de organizaciones sociales y sindicales.
  2. De la resistencia a la transformación: Esto significa que pasan de ser pedagogías de la resistencia, para convertirse en pedagogías que buscan la transformación desde horizontes éticos, políticos y culturales, por cuanto crean alternativas que promueven la transformación radical de las condiciones a las que se resiste. Existen muchas experiencias de construcción alternativa que se vienen gestando en este siglo, muchas de ellas desconocidas por no haber sido registradas o reconocidas por el campo pedagógico.
  3. Subjetividades propias y colectivos conscientes. Se reconoce como labor fundamental de la educación enseñar a pensar con “cabeza propia” (Lanz, 2003) para lograr una soberanía de pensamiento que libere de la dominación cultural y de la hegemonía del sentido común que imponen quienes ostentan el poder. Es el caso del proyecto “Todas las Manos a la Siembra” en Venezuela, o de soberanía alimentaria del MOCASE, entre otros y otras.
  4. La formación sentipensante: una pedagogía emancipadora trabaja sobre la integralidad, promoviendo múltiples aprendizajes que tengan en cuenta el carácter sentipensante (Fals Borda, 1980) de los sujetos y las comunidades, es decir, que no sólo se trata de adquirir conocimientos útiles o de mera repetición, sino que se trata de apropiarse del saber, de la producción de conocimiento colectivo que recupera los saberes, los deseos y las luchas de los pueblos.
  5. La participación real en la construcción pedagógica: Una pedagogía que emancipa, reconoce a todos/as los/as sujetos que participan activamente en las deliberaciones, toma de decisiones y responsabilidades. De esta manera, se atiende a las necesidades concretas, pero también a los intereses y anhelos de esos grupos humanos. Poniendo en mismo nivel los saberes múltiples que en un diálogo constructivo aportan a la transformación de las realidades de exclusión y negación.
  6. El conocimiento como producción social: Las pedagogías emancipadoras asumen que existe un saber-otro que ha sido ocultado, censurado o negado y que se recupera a través del reconocimiento de lo que es nuestro y propio, que ningún saber está por encima del otro, desmonta la jerarquización de saberes, sin desconocer la riqueza de producción de saber históricamente constituido. La recuperación de los saberes propios y los que le sean pertinentes para la producción de conocimientos, permite superar la escisión entre teoría y acción, contribuye a superar la división entre el trabajo manual e intelectual y aporta a la transformación de la realidad concreta de las comunidades.
  7. Principio de Igualdad: Las pedagogías emancipadoras, buscan desnaturalizar la desigualdad y asumir la constitución de lo público a partir de la igualdad como principio de justicia. Esa igualdad, entendida como principio y no como finalidad, parte del reconocimiento de las diferencias y asume a la emancipación como su finalidad. El establecimiento de la igualdad como principio se reconoce en las propuestas que rompen con el carácter excluyente de una educación colonizadora o mercantilista que quiere privatizarlo todo, negando a los desposeídos sus derechos.
  8. Transformar desde el trabajo: Las pedagogías Emancipadoras reconocen el trabajo como ejercicio pedagógico y como parte constitutiva de la condición humana, no en la perspectiva del castigo o el premio divino, ni como recurso de dominación a través de la labor; sino más bien se le reconoce en tres dimensiones: i) como acción pedagógica, es decir, como parte del proceso de producción de conocimiento. El hacer con las manos para generar productos concretos que trascienden la repetición; ii) como didáctica crítica, es decir, como un recurso de aprendizaje, donde el estudiante logra interactuar con las cosas, a través del contacto directo con la naturaleza; y iii) como producción en la educación, es decir, como un gran taller donde se resuelven problemas de la realidad concreta. Se evidencia en las propuestas de Rodríguez, Martí, Warisata y los movimientos sociales actuales, así como en las organizaciones sindicales que reivindican su lugar como trabajadores y trabajadoras.
  9. La colaboración y la cooperación: No es posible liberarse de manera individual, no hay sujeto sin intersubjetividad, sin interacción. Partir de lo nuestro, de lo que podemos hacer juntos y juntas es el reconocimiento de una alteridad que me identifica, que me hace posible y permite la creación colectiva.
  10. Descolonizar: Es descolonizadora porque parte del acervo cultural e histórico de los que han sido ocultados o vencidos. Recupera el deseo de los oprimidos y constituye su identidad haciendo visible el carácter desigual con el que se han definido algunas propuestas pedagógicas que le son afines a la desigualdad y la dominación.
  11. Ruptura y cambio de paradigma: Todas las pedagogías definidas como emancipadoras, buscan un cambio en el paradigma hegemónico y se establecen como posibilidad de construcción de nuevos paradigmas.
Aportes sentipensantes

Hay todavía muchos aportes que hacer, muchas experiencias que recuperar, muchas reflexiones las que se deben hacer para constituir el campo de las pedagogías emancipadoras. Estamos en el camino, de esta manera, vamos hacia la construcción de las mismas y en ese camino, además de las pedagogías ya mencionadas como antecedentes, también hay experiencias más contemporáneas que abonan a pensar en lo que estamos siendo.

La lucha sostenida de los sindicatos por mejores condiciones de trabajo, en defensa de la escuela pública; con procesos de autoformación que se asumen desde una perspectiva de liberación rompiendo con las estructuras clásicas de la reproducción. Las escuelas de formación de los Movimientos Sociales, los bachilleratos populares, la educación de adultos, los procesos de alfabetización, la educación en condiciones de encierro, las universidades indígenas, entre muchas otras experiencias que hoy movilizan de manera muy fuerte el campo educativo y pedagógico.

Para finalizar, vale señalar que estas pedagogías están siendo una fuente de lucha y alternativa al orden dominante soportado en la concepción neoliberal de convertir todo en mercancía, sin despojarse de su carácter neocolonial y neoconservador. Son relevantes por la posibilidad de develar la infamia y la mentira a la que estamos sometidos/as todos los días en el continente, además de aportar a la construcción de alternativas a esa dominación. Tienen vigencia y seguirán emergiendo, porque son necesarias para la transformación de esta realidad de barbarie que sigue prevaleciendo en el mundo. Mientras haya injusticias, habrá propuesta pedagógicas que se levanten para dar voz y aliento a los/as oprimidos/as tal y como lo afirmara Freire hace 50 años.

Bibliografía de referencia

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Durán, M., Imen, P., López Cardona, D., Ouviña, H., Wainstock, C. (2013) Simón Rodríguez y las Pedagogías Emancipadoras de Nuestra América. Buenos Aires: CCC

Fals Borda, O. (1980) “La ciencia y el pueblo: nuevas reflexiones sobre la investigación-acción”, en: Asociación Colombiana de Sociología, La sociología en Colombia: balance y perspectivas. Memoria del Tercer Congreso Nacional de Sociología, Bogotá, 20-22 de agosto,  pp. 149-174.

(1986b) “La investigación-acción participativa: Política y epistemología”, en Álvaro Camacho G. (ed.), La Colombia de hoy, Bogotá, Cerec, pp. 21-38.

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* Filósofa y Magíster en Educación. Doctoranda de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA. Investigadora del Centro Cultural de la Cooperación Floreal Gorini, Departamento de Educación, grupo de Pedagogías Emancipadoras de Nuestra América. El presente escrito es una versión corregida y ampliada de la ponencia presentada en el IV Encuentro Hacia una Pedagogía Emancipadora, Septiembre de 2018, CCC.

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