La crisis acorrala a la industria editorial

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Cuando hay ajuste, el libro deja de venderse rápidamente. Los libreros argentinos ya tienen experiencia en crisis: el público “visita” las librerías, pero no compra. Ya cerraron 18 librerías en Capital y GBA, y las editoriales pequeñas y medianas están al borde del abismo. Lo que se viene: concentración del mercado por parte de las multinacionales y cadenas. En el primer año de gestión de Macri, además, aumentaron las importaciones de libros un 95%.

La compra de libros se volvió, en el último año y medio, un consumo de lujo. “Es que cuando hay crisis económica los libros pierden porque no son artículos de primera necesidad, pasa a ser algo bastante secundario”, afirmó Carlos Benítez, dueño de la Pyme editorial y libreria Punto de Encuentro. “La realidad es que nuestras librerías reciben muchas visitas, pero la gente no compra. El Ahora 12, que podía significar una ayuda, ya no existe, entonces la gente compra cuando puede. Las ventas bajaron muchísimo”.

En el mismo sentido, el dueño de la librería Hernández, Ecequiel Leder Kremer, agregó: “Las ventas cayeron en 2016 y siguen cayendo en 2017. Es lógico. Como todos sabemos primero está la comida, los servicios, el alquiler, la prepaga si es que todavía la tenés, pero no los libros. Los libros son fundamentales sólo cuando son herramientas de trabajo, pero ese es un sector muy pequeño. La mayoría somos librerías generalistas, dependemos del gran público, de las novelas, de la literatura, del libro masivo y eso no se está vendiendo”.

Además Leder Kremer agregó: “En tanto integrantes de una industria cultural puede haber muchas miradas e ideologías, pero como comerciantes más o menos estamos todos formados dentro de la misma mecánica. Tu negocio tiene que pasar por la rentabilidad, tenés que poder pagar y llevarte algo para vivir. Eso cada día cuesta más y lo que no se entiende en este esquema económico es cómo vamos a hacer para que estas empresas vuelvan a ser rentables, es una explicación que está faltando”.

Una factura de luz que mata

Desde la Cámara Argentina de Papelerías, Librerías y Afines (CAPLA), de la cual Leder Kremer es vicepresidente, se contabilizaron ya dieciocho cierres de librerías en Capital Federal y Gran Buenos Aires desde el cambio de gestión: “Tenemos economías frágiles y una rentabilidad muy delgada. Las librerías que estaban en una situación de mayor fragilidad debieron cerrar, pero si el agua sigue subiendo esto es absolutamente inviable para todos”.

El cierre no afecta únicamente a las librerías sino que arremete de igual manera contra el sector editorial: “La situación de cierre por goteo es constante. Nosotros como editorial estamos muy atados a esto, porque si las librerías cierran tenemos poca vida. Si esto persiste en el tiempo muchos de nosotros no vamos poder sostenerlo y vamos a terminar cerrando o vendiendo a las grandes empresas, que ya están comprando”, afirmó Benítez.

Durante este año las ventas cayeron entre un quince y un veinte por ciento. Además, según el último informe de la Cámara Argentina del Libro (CAL), la impresión de publicaciones disminuyó alrededor de un 25 por ciento en comparación con el 2016 y casi un 40 por ciento en relación al año 2015.

Además de disminuir estrepitosamente la tirada, muchas editoriales se encuentran produciendo menor cantidad de novedades. Es el caso de Punto de Encuentro, que según afirma su dueño debió bajar la producción de nuevos libros en un 60 por ciento: “Antes editabamos un promedio de cuarenta libros por año y hoy como mucho hacemos quince. Las editoriales tenemos menos ventas, entonces nos vemos obligadas a editar en menor cantidad”.

Durante el 2016 el 20 por ciento de las empresas editoriales (61 de las 341 registradas por la CAL) no publicó ninguna novedad. Y, si bien el dato aún no existe para lo que va de este año, los trabajadores del sector auguran una nueva caída. “Las perspectivas no son muy buenas, el mercado se va a achicar, van a seguir cerrando librerías, se van a sostener sólo las cadenas porque son las que tienen más espalda, pero no las PyMes”, declaró Benítez.

Emma en la calle de la solidaridad

El ahogo de los tarifazos

La caída de las ventas no es la única problemática que enfrenta el sector: “También nos suben los gastos. El aumento en los costos de gestión genera un amesetamiento para el comerciante muy complejo: te sube la luz, te sube el agua, te suben los servicios, te aumentan los costos de los insumos y te bajan las ventas”, afirmó el referente de Hernández.

En el caso de las librerías, los aumentos en los costos de producción nunca pueden ser trasladados al precio del producto: “Los libreros no ponemos precios. Los pone el editor. Tenemos una ley de defensa de la actividad librera que también existe en España, en Francia y en muchos otros países para proteger la industria editorial. Cuando la editorial, cualquiera sea, saca un libro es el editor el que pone el precio. Vendamos más o menos tenemos que respetar ese precio de venta. Esto significa que no trasladamos al público el tarifazo”.

A pesar de ser quienes fijan el precio final, las editoriales tampoco se encuentran en condiciones de aumentar los precios en relación a lo que aumentan los costos de producción. Fernando Roperto, integrante de la editorial Acercándonos, lo explicó: “Cuando tenés un libro que sale 300 pesos y no se vende no podés encima sumarle el aumento de papel, el aumento de la luz, el aumento de la imprenta, porque si ya no lo vendías al precio inicial menos lo vas a vender trasladando los costos. Entonces lo que hacés es dejar el libro al mismo valor y comerte vos parte de la ganancia. Lo peor hoy en día es que incluso manteniendo el precio no lo podés vender”.

Los aumentos desmedidos en las tarifas de los servicios públicos fueron devastadores para la industria editorial en su conjunto. “La luz es vital, las librerías son superficies grandes y el nivel de iluminación es enorme porque tiene que permitir leer cómodamente. No podés tener sectores con penumbra”, afirmó Ecequiel y agregó: “Lo mismo sucede con el agua. Pagamos una fortuna y sólo se usa para el baño. Lo que pasa es que solemos tener espacios amplios y como te cobran por superficie pagamos mucho”.

“Ni Una Menos Sin Trabajo”

Desde la librería Hernández afirmaron que sufrieron aumentos de entre el seiscientos y el setecientos por ciento: “Para el gobierno no es un ajuste, ellos le llaman adecuación fiscal pero la realidad es que hay menos plata en salud, menos en educación, menos en salarios, menos en insumos, en servicios y también por supuesto en consumo”.

Las editoriales, por su parte, no sólo sufrieron el incremento de los servicios: “El papel aumentó muchísimo con la última devaluación lo que encarece la base de nuestra tarea. Ahora el dólar bajó un poquito pero no bajó el precio del papel, es lo que pasa siempre. Esta situación nos está ahogando”, aseguró el referente de  Acercándonos.

Resistiendo al nocaut por tarifazo

Cuando lo que importa es importar

Durante el primer año de gestión de Mauricio Macri las importaciones de libros aumentaron en un 95 por ciento respecto del año 2015. El incremento continúa: en los primeros seis meses del 2017 ya se realizaron importaciones por 51,4 millones de dólares: un 20 por ciento más en comparación al primer semestre del año pasado. Las estadísticas, realizadas por la CAL en función de los datos brindados por la Aduana, son fácilmente percibidos por los trabajadores del sector.

“La importación creció muchísimo y eso impacta directamente en la construcción del precio porque lo que se está trayendo es lo que sobra de lo que sobra. No es que se trae material de primera calidad, traen lo que está en depósitos en las grandes editoriales, lo que nosotros llamamos basura para saldar. Entonces el precio del libro baja y se vuelve un precio contra el que es imposible competir”, afirmó Fernando. Juan Manuel Pampin, integrante de la CAL y de la editorial Corregidor dijo al respecto: “Lo que viene son rezagos, la industria española por lo general es mucho más grande que la nuestra, tienen tiradas muy grandes. Lo que a nosotros nos llega es el sobrante, es lo que mandan a los mercados emergentes”.

Es decir que, además de sufrir aumentos siderales en los costos e importantes bajas en las ventas, el sector editorial debe competir con libros importados que llegan al país a precios irrisorios: “Está claro que es mentira que todos importamos. Los que tienen la posibilidad de hacerlo son siempre los mismos, son las corporaciones. Nosotros, al margen de que no lo haríamos por cuestiones ideológicas, no tenemos la capacidad de importar, es decir, de conseguir esos libros baratos. Por lo tanto lo que hacen es fundirnos”, afirmó Carlos Benítez.

La desregulación de las importaciones tampoco aseguró la democratización del sector: “Hay editoriales que a partir de la apertura de importaciones comenzaron a venir. Vuelven, pero no se vende nada. Entonces yo me pregunto hasta dónde está la posibilidad de traer libros que antes no estaba o que estaba más controlada, si la gente no los puede comprar”, dijo Fernando Roperto.

Ecequiel Leder Kremer, como referente de CAPLA, agregó: “Hoy en día los industriales gráficos son víctimas de su propia miopía. Están pidiendo al gobierno que implemente medidas por las que criticaban al gobierno anterior. Por ejemplo, que frenen las importaciones de China. Se las puede haber instrumentado bien o mal, nosotros desde el sector discutimos mucho con la Secretaría de Comercio, pero hoy vemos que por lo menos las medidas existían. Antes tenías un gobierno que te protegía y se votó otra cosa”.

El abrupto crecimiento de las importaciones durante el último año y medio se vio acompañado por una caída de las exportaciones del sector: En el primer semestre de 2016 se habían exportado libros por 15,7 millones de dólares mientras que en el mismo período del año actual se exportó un diez por ciento menos.

El Estado ya no lee

Entre 2003 y 2015 el Estado argentino había comprado más de 90 millones de libros a pequeñas, medianas y grandes empresas editoriales. El número se había incrementado a partir del año 2006 con la implementación de la Ley de Educación Nacional, en donde se establece que “El Estado debe garantizar las condiciones materiales y culturales para que todos/as los/as alumnos/as logren aprendizajes comunes de buena calidad, independientemente de su origen social, radicación geográfica, género o identidad cultural (Artículo 84. Ley 26.206)”. Los libros adquiridos por el Estado eran recibidos por escuelas urbanas y rurales públicas en los niveles inicial, primario y secundario de todo el país.

Juan Manuel Pampin aseguró que “en lo que fue la gestión de Sileoni el ministerio pasó de tener 12 proveedores clásicos a tener más de 180. Eso produjo un efecto derrame importantísimo porque tenías imprentas trabajando, empresas chicas en actividad, generaba una enorme producción”.

Sin embargo, desde 2016 el Estado decidió frenar la adquisición de libros. “Ahora el Estado no compra nada, se recortó casi en un cien por ciento”, afirmó Roperto. “Pasamos de un Estado con récord histórico de compra de libros a una situación de cero compra”, agregó Ecequiel Leder Kremer.

La quita de compras estatales es, en el contexto de crisis antes descripto, el golpe de gracia: “Las compras tenían un doble sentido, por un lado se trataba de colecciones interesantes que recibían todas las escuelas. Pero por el otro, ayudaban mucho al sector de editoriales e imprentas pequeñas”, explicó Fernando y agregó: “La industria editorial se apoya principalmente en el mercado interno y en las compras del Estado. El mercado interno cayó terriblemente y el Estado dejó de comprar, así que las perspectivas son muy malas”.

Además, el dueño de la librería Hernández agregó que “desde el gobierno aseguraron que no van a comprar nada” y que los motivos fueron insólitos: “Hablaron de recorte presupuestario, han llegado a decir que los chicos no leen, así que la compra de libros era innecesaria”.

El incremento de los costos, la disminución en las ventas, la apertura de las importaciones y la ausencia de compras estatales auguran un futuro negro para una industria que emplea a miles de personas en todo el país. Desde el sector se busca la organización y se exige a los organismos que agrupan a las Pymes una posición menos pasiva. “Sin embargo, desde las cámaras estamos desconcertados”, dijo Leder Kremer y agregó: “Hemos atravesado muchas etapas en donde el sector del libro estaba con problemas. Frente a un conflicto económico podemos ir por una solución económica, por un instrumento. El problema es que actualmente no es el sector del libro el que está mal, sino que son todos los sectores. Frente a un problema tan macro, que atraviesa a todo el tejido social, no existen soluciones focales: la única forma es organizarse políticamente”.

@malaumanfre

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