Los nuevos “emprendedores” de Macri

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Los despedidos del ministerio de agroindustria (la última tanda sumó 565) lanzaron un catálogo y una aplicación para celulares bajo la consigna “Hasta que vuelvan” con el objetivo de armar una red con las “changas” que están haciendo para subsistir. Un ex chofer devenido en carpintero y una ex encargada de recursos humanos que ahora ofrece masajes son ejemplos del modelo de país del macrismo: trabajadores echados que se convierten en “emprendedores”. 

Apenas volvió de Nueva York el Presidente y su hijita Antonia —a la que usa para la foto cada vez que su imagen cae de manera estrepitosa— fueron de “sorpresa” a la pizzería de una pareja. Más allá del revuelo que se armó por el papelón del video, por el hecho de que los pizzeros eran empleados públicos, y además de que el propio Macri los desalentó con el negocio por la crisis económica, puso en la agenda nuevamente el discurso que tanto le gusta a Cambiemos: el del “emprendedorismo”.

En 2016, a poco tiempo de asumir y desde las oficinas de Mercado Libre, su empresa preferida, Macri había anunciado la puesta en marcha del plan “Argentina Emprende” y el envío de una ley al Congreso: “Ante este éxito de Mercado Libre, quiero que sientan que sí se puede. Esperamos que el Congreso nos acompañe con una ley de emprendedorismo”, señalando, además que esto iba “a ser incluido como materia en la currícula educativa, porque este es un país que tiene un enorme espíritu emprendedor”.

Lo que para Macri es “ejemplo emprendedorismo” —el dueño de Mercado Libre, Marcos Galperín proviene de una familia multimillonaria— suele ser para muchos otros el último recurso en una situación desesperante. Porque hoy, en la Argentina, los nuevos “emprendedores” son aquellos que, al igual que en los 90’, no tienen otra opción que salir a “changuear” porque no tienen más trabajo o porque los echaron.

Se duplicaron los despidos en julio

Porque Galperín no tuvo solo una buena idea. Tenía un capital para invertir y la pertenencia a una clase social que, se sabe, no le teme a los fracasos.

Lejos de eso, uno de los casos paradigmáticos y de lazos de solidaridad fruto de un impulso del sindicato, se produjo entre los despedidos del Ministerio de Agroindustria. Hace una semana, cuando se cumplió un mes de la última tanda de despidos —565— lanzaron un catálogo y una aplicación para celulares bajo la consigna “Hasta que vuelvan” con el objetivo de armar una red con las “changas” que están haciendo para subsistir sus ex compañeros.

Como en el caso de Leonardo Dionisio, al que despidieron el 19 de marzo de este año, que trabajaba en la sección de Automotores del ministerio y hoy hace carpintería. “Yo era chofer del ministerio hace seis años y medio. Viajaba por todo el país porque es un ministerio que trabaja sobre todo a nivel federal. Llevábamos comités de todas partes del mundo, hacíamos eventos”. Del sueldo de Leonardo vivía toda la familia: su esposa y sus tres hijas. Leonardo estudió carpintería y trabajó en una industrial, pero cuando entró al ministerio eso se volvió un hobby: construía muebles para su casa sólo para despuntar el vicio y por placer. Pero ahora ese pequeño taller que había construido en su casa, se transformó en su nuevo “emprendimiento”. Pero por supuesto, no le alcanza. “Ahora es mi principal sustento pero hace 30 días no tengo trabajo. Con el tema del dólar todo aumenta y la gente no tiene dinero”.

Nuevos delitos del secretario Etchevehere

Daniela Peduto, delegada de la junta interna de ATE explicó a Nuestras Voces cómo surgió esta iniciativa: “Los delegados seguimos manteniendo contacto con los despedidos, sobre todo para ver en qué andan, como la vienen llevando. Uno de los compañeros al que llamamos nos dijo que estaba haciendo sushi y nos preguntó si lo podíamos ayudar a difundir su flyer. A las semanas nos llamó para agradecer porque no paraba de vender sushi. Entonces ahí dijimos ´¿Y si armamos algo en conjunto?”.

Daniela y el resto de los delegados empezó a llamar uno por uno a los primeros 158 despedidos de marzo-abril. Les preguntaban si estaban con algún “emprendimiento” momentáneo y les ofrecían diseñar y un flyer, con una de las delegadas, para difundirlo. “Algunos ya habían conseguido trabajos formales, estaban sin hacer nada y nos pedían ayuda a ver con qué podían participar y otros que ya estaban con sus changas se sumaron al catálogo. Cuando la diseñadora les mostró todo estaban felices”. Con el catálogo, el sindicato fue a todas las oficinas del ministerio para que los propios trabajadores que aún quedan pudieran conocer la iniciativa de sus ex compañeros. Además, en la calle y frente al ministerio, armaron una pequeña feria con todos los productos y servicios que estaban ofreciendo los trabajadores despedidos.

Silvia tiene 58 años y fue una de las despedidas de abril. Trabajaba en la oficina de Recursos Humanos, en el sector del personal. Se encargaba de las certificaciones de servicios, jubilaciones, pensiones, declaraciones juradas. Hacía ocho años que cumplía a rajatabla el horario laboral y no faltaba nunca. De su trabajo dependía su familia, su hija de 24 años y su nieto. “Con la nueva gestión todo se volvió muy hostil. Nuestra jefa, Sabrina Gordno era una déspota. En nuestra oficina éramos cuatro y nos exigía un montón. Y hasta nos decía que borremos la antigüedad de los compañeros”. Paralelamente al trabajo Silvia estaba terminando de estudiar para ser masajista, así que cuando la echaron no tuvo otra opción que empezar a ofrecer esos servicios. Además de ir a Flores a comprar zapatos y ropa para revenderlos. “Este gobierno tiene un discurso de que son solidarios y son unos hipócritas, son unos mentirosos”. Como la mayoría de los despedidos estaba bajo el contrato de “ley marco” no cobraron indemnización, por lo tanto la tarea fue doble. “Yo no pierdo la esperanza de conseguir un buen trabajo”, aclara Silvia.

Marisa trabajaba en el área de seguridad e higiene hacía seis años. Fue durante mucho tiempo la encargada de fumigar el ministerio que fue nido de ratas y cucarachas. Como el sueldo no era muy alto, Marisa aprovechaba para hacer horas extras que le permitía juntar un pucho más. Pero desde que asumió la nueva gestión se cortaron de plano las horas extras, así que tuvo ya desde ese momento que pensar cómo juntar esa plata. Así que se convirtió en consultora de los productos Just, que son elaborados en Suiza y que tienen como sustancia principal esencias naturales. Pero desde que la echaron la venta por catálogo se convirtió en su principal sostén, aunque en realidad no le alcanza para nada. “Obviamente que no puedo vivir de esto porque son productos caros y hoy la gente consume menos. Por suerte mi marido tiene trabajo pero para mi es muy duro no poder tener mi propio dinero, no estoy acostumbrada a no tener independencia económica. Yo tengo 45 años y no me está resultando fácil conseguir trabajo”-

El desmantelamiento de Agroindustria

Lucas tiene 24 años y desde los 18 que es operario en el área de control de accesos en la recepción: un área a la que desmantelaron casi por completo. El trabajo significó para Lucas poder pagarse los estudios de música, en la Escuela de Música de Buenos Aires (EMBA). Cuando hace algunas semanas lo llamaron de la junta interna de ATE les contó que para rebuscárselas estaba dando clases particulares de música. “El momento en que me despidieron fue un lunes, el día de cumpleaños y el domingo anterior enterré a mi abuela. No me lo voy a olvidar nunca más”.

Si bien para Macri ser “emprendedor” es un valor, para estos trabajadores y sobre todo, para los que creen y son parte de una organización que los nuclea como lo es un sindicato, este tipo trabajos son, justamente la cara de la flexibilización y la precarización laboral. Ninguno de los casi 900 despedidos del ministerio de agroindustria en lo que va del 2018 serán futuros Marcos Galperín ni Andy Freire, otro de los predicadores del “emprendedorismo” que tuvo su participación en el gobierno de la ciudad y huyó despavorido. Porque sus pequeñas changas son las formas de subsistencia de un Estado que en vez de contenerlos, los expulsa.

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Tali Goldman

Tali Goldman

Periodista y politóloga. Escribe para Nuestras Voces y también es colaboradora en la Revista Anfibia, Crisis y Tiempo Argentino. Trabajó en la investigación para el libro El Nieto y fue columnista en la radio de las Madres. Dicta clases de periodismo en la UMET.

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