Recuperar fábricas en medio de la crisis

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En medio de la crisis todavía hay grupos de obreros que logran convertir una fábrica quebrada y a punto de cerrar en una unidad productiva. Salvan así sus puestos de trabajo, pero además mantienen vivo el tejido de Pymes nacionales. El Gobierno les responde con saña y la corporación judicial los ataca. Para los trabajadores el compromiso es total. Sus historias.

Desde que asumió el gobierno de la Alianza Cambiemos se contabilizaron alrededor de 30 nuevas fábricas recuperadas, según el informe del Programa Facultad Abierta de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA. El número es parte de las 370 empresas recuperadas en todo el país, muchas de las cuales nacieron producto de la crisis del 2001. Se trata de 30 ejemplos de lucha pese a las condiciones adversas: política económica, crisis social y encono judicial, que las tiene como blanco particular. Sobre todo, porque el gobierno que encabeza Mauricio Macri se esfuerza por hacer quebrar a estas empresas recuperadas por sus propios trabajadores.

El informe elaborado por el director del programa, Andrés Ruggeri, es muy contundente. Reflexiona, a modo de paradoja: “Es bastante difícil provocar el cierre de miles de empresas y, al mismo tiempo, evitar que por lo menos un grupo de éstas se convierta en empresas recuperadas”. O sea, el Estado no sólo no se hace cargo de la pérdida de empleos, sino que además pone todas las trabas habidas y por haber para que los trabajadores no puedan reconvertirse y apropiarse de sus lugares y herramientas de trabajo.

Según explicó Ruggeri a Nuestras Voces, “la diferencia entre las empresas recuperadas del macrismo y las que se convirtieron anteriormente es básicamente el contexto económico. Una cosa es recuperar una fábrica en un proceso donde se está recuperando el mercado interno, y otra cosa es ahora donde no hay perspectivas de que eso pase. Hay pleno periodo de contracción y recesión eso lo hace muy complejo el comienzo. Además, el camino de la expropiación ahora es casi imposible. Antes no era fácil, pero era posible”.

Vidal y su saña contra las fábricas recuperadas

La empresa de plásticos “Oropel” es de las más reconocidas en todo el país. Se fundó en la década del 50 en el barrio de La Boca y se convirtió en la empresa líder en el mercado del plástico. Había 110 trabajadores, muchos de ellos que venían casi desde los comienzos de la fábrica. Pero en 2015 empezaron a atrasarse los pagos, se hizo alevoso hasta que en 2016 empezó realmente la crisis. La empresa contrató a un dueño que llevo la gerencia y puso la fábrica en concurso, de un día para el otro. Hasta febrero del 2018 cuando quisieron entre gallos y medianoche llevarse las molderías pensando que los trabajadores no se iban a dar cuenta. Pero ellos, alertas, impidieron que eso pase y empezaron un proceso de asamblea permanente y de parálisis de la producción. Desde ese día, también, los trabajadores de “Oropel” empezaron a pensar en que seguramente se convertirían en una fábrica manejada por ellos mismos. “Nosotros todavía estamos con abogados y ocupando la fábrica. Quedamos 54 familias que cumplimos los tres turnos laborales. Estamos pensando seriamente en recuperar la fábrica. Todavía estamos viendo si hay solución”, explica Gustavo Urueña, que nunca se imaginó pasar por esta situación después de veinte años de trabajar en Oropel. “Nunca hubo una situación como la de ahora. Estamos en lucha y con la esperanza de que se pueda revertir. Nosotros queremos laburar. El ministerio de Trabajo hizo mediaciones no daba soluciones. No llegó a nada. Ahora la próxima instancia es que si va a la quiebra nos den la posibilidad de recuperarla. Nosotros nunca hacíamos protestas ni nada, nos plantamos porque nunca nos imaginamos esta situación. Y encima nos hicieron denuncias penales, de usurpación, de toma de fábrica”.

Cresta Amarilla

Otro caso similar es el de la marroquinería Tresge, otra emblemática fábrica que funciona hace 48 años en el barrio de La Paternal. El 11 de mayo de 2018 los 24 trabajadores llegaron como todos los días a las 8 de la mañana y se encontraron con la entrada bloqueada, con tablones y con candados. Intentaron contactarse con el dueño pero no hubo caso. Se dio a la fuga. Fabián Barreto era el entonces delegado de la fábrica y hoy presidente de la cooperativa “Renacer”: “Teníamos el temor que nos vinieran a desalojar así que empezamos un proceso de guardia haciendo turnos. De los 22 que éramos somos 13. A la semana nos vinieron 160 mil pesos de luz cosa que para nosotros es imposible de pagar, así que ahora estamos teniendo que enfrentar esa situación porque nos llegó la intimación para cortarla”.

En el informe, Ruggeri sostiene que el tarifazo es una pieza fundamental para analizar la situación de las cooperativas. “El impacto del aumento de tarifas es enorme porque se lleva gran parte o la totalidad de la rentabilidad de las cooperativas en momentos de contracción del mercado interno y fuerte competencia de las importaciones. Esto se ve en números: de una muestra de 73 ERT, el 80% experimentó bajas de producción y un 12% directamente está sin producir”.

Otra de las empresas que está experimentando su proceso de recuperación es el restaurante Vita, en pleno Palermo Soho, que ofrecía un menú 100% vegano. Era una cadena de tres restaurantes. Además del de Palermo estaba la sucursal del centro y la tercera estaba radicada en la ciudad de Nueva York. “El 8 desde diciembre del 2017 arrancó toda la crisis del restaurante. Fue una sumatoria que incluyeron malas decisiones del empleador, inversiones sin sentido, y obviamente la sitación económica impulsada por el actual gobierno”, explica Jonathan Piedrabuena uno de los 8 integrantes de la nueva cooperativa “Salvaje” en la que se reconvirtieron después de meses de lucha. “El último día estaba siendo normal, estábamos haciendo el cierre a las 2 de la mañana cuando viene la mamá de la dueña con un policía a cambiar la cerradura, pensando que no iba a haber nadie. Ahí decidimos quedarnos en el lugar porque sabíamos que sino nunca más íbamos a poder volver a entrar. Ahí decidimos seguir trabajando y empezar el proceso para formar una cooperativa. No fue fácil, vivimos situaciones de violencia, nos vinieron a allanar una noche, y bueno, obviamente después nos tuvimos que ir del local porque no lo podemos pagar. El alquiler es carísimo. Ahora estamos en tratativas para mudarnos a un local en el centro y por ahora estamos haciendo viandas en nuestras casas y le vendemos a nuestra clientela”.

Así como sucedió con el restaurante Vita, las situaciones de violencia y desalojo a los trabajadores que quieren recuperar su trabajo son moneda corriente desde que asumió el macrismo.

El informe de la Facultad Abierta se desprende que “existe un aumento de las operaciones judiciales contra los trabajadores: 7 casos sobre 73 tienen orden de desalojo, y en 17 casos más, otro tipo de denuncias, en su gran mayoría de tipo penal, es decir, no conectadas ni con lo laboral ni con lo comercial, que son los ámbitos en que se deberían resolver los conflictos. Estas denuncias son por usurpación en la mitad de los casos, y en el resto una variedad de motivos entre los que se encuentran amenazas, robos, daños, etc. Casi el 60% de las denuncias son contra integrantes de las cooperativas a título individual, llevando la presión sobre los trabajadores en forma personalizada”.

Sin embargo, lo que también sucede en tiempos de Cambiemos son los lazos de solidaridad entre las cooperativas, las redes sociales, los vecinos. Lo que impulsa, en definitiva, a seguir peleando por lo más importante: el trabajo.

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Tali Goldman

Tali Goldman

Periodista y politóloga. Escribe para Nuestras Voces y también es colaboradora en la Revista Anfibia, Crisis y Tiempo Argentino. Trabajó en la investigación para el libro El Nieto y fue columnista en la radio de las Madres. Dicta clases de periodismo en la UMET.

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