AFI: la ciénaga de Macri

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El espionaje de la AFI a la gobernadora María Eugenia Vidal y sus bases en territorio bonaerense, supuestamente para combatir narcotráfico y con anuencia de Vidal. El reciclaje del grupo Sushi en la AFI. Los roles de Arribas y Majdalani, jefes de los espías. El mecanismo se reproduce: la denuncia del ex juez Llermanos por extorsión contra dos agentes de la AFI, un periodista y un fiscal. La mesa de dinero de D’Alessio revelada por el agente «Rolo». El escándalo Stornelli-D’Alessio llegó al Parlasur.

La Argentina actual tiene algunas escenas de la película “La Ciénaga”, donde la actriz Graciela Borges bebe del veneno de la locura en el borde de una pileta de agua podrida, rodeada de personajes falsarios y canallas. Lo que se ve es apenas el trasluz de lo aparente. Lo inquietante de la auténtica escena detrás del decorado es el juego perverso del poder real en un país rematado por sus dueños. El presidente Mauricio Macri logró endeudar a la Argentina por el equivalente al presupuesto de Defensa de China del año 2017. Ni en sueños, su tan admirado José Alfredo Martínez de Hoz, habría logrado semejante sangría con millones de nuevos pobres, sin el terrorismo de estado y la aniquilación de una generación por medio de la tortura y la desaparición sistemática en campos de exterminio de la dictadura cívico-militar.

Sin embargo, los vikingos de la alegría lanzan su estrategia incendiaria con las valquirias del olvido. Los heridos en combate son sus propios oficiales de norma y no hay remedio para tanta desdicha. En el embuste hasta quedó comprometida la gobernadora de Buenos Aires, María Eugenia Vidal, a quien la banda de Marcelo Sebastián D’Alessio habría espiado, sin el aparente consentimiento de la jefatura de la Agencia Federal de Inteligencia (AFI), que pese a ello la mencionó ante los senadores y diputados de la Comisión Bicameral de Fiscalización y Control de los Organismos de Inteligencia. Es que el humo trepa como el odio.

Conforman el mapa de los personajes el fiscal Carlos Stornelli, los periodistas Daniel Santoro y Luis Majul, los espías en estado de arrepentimiento D’Alessio, presunto agente de la DEA,  y Hugo Rolando “Rolo” Barreiro, agente de la AFI; los ex comisarios de la Maldita Policía, Aníbal Degastaldi y Ricardo Bogoliuk, también devenidos en espías de la AFI; más el fiscal suspendido de Mercedes y en trauma de culpa, Juan Ignacio Bidone. A través de estos seres estrafalarios, que bien podrían haber sido protagonistas de “Los Siete Locos” de Roberto Arlt, se concentra la primera línea de la frontera de lo inexplicable. ¿Cuál es el fondo?

El hada

El pasado 4 de abril, el jefe de la central de espías locales, Gustavo Arribas, “el señor 5”, traje azul impecable, sonrisa ancha, carpeta oscura de tapas finas en sus manos, juró hasta el infinito y más allá que el Estado no tenía nada que ver con la trama de espionaje ilegal, armado de causas federales, amenazas, coacciones, y extorsiones de empresarios y testigos encuadernados, que pone en jaque la democracia y las instituciones de la República.

A su izquierda, cabello negro azabache, vestido oscuro con mangas blancas, ojos delineados en negro, un collar de perlas en el cuello, y su gesto habitual de hastío, Silvia Majdalani, “la señora 8” -auténtica responsable estratégica y política de la AFI-, habría encendido la mecha de lo impensado. Ante una pregunta sobre las bases de la AFI en la provincia de Buenos Aires y el rol de María Eugenia Vidal, la dama habría aclarado a los presentes, que el plan para inaugurar seis nuevas bases de la AFI en la Provincia habría sido pactado con Vidal en un mano a mano entre ellas. Y es más: Vidal habría sido la que presuntamente señaló los lugares donde deberían asentarse los espías. Entre otras zonas, Pilar, La Matanza, San Martín y Ezeiza. ¿Para qué? Para realizar un supuesto trabajo de recepción y evaluación de información sensible sobre el espinoso problema del narcotráfico en el corredor provincial. Ante la pregunta de si semejante tarea titánica de la AFI no significó salir al territorio de caza donde habita el principal predador de la región –la Bonaerense-, “el señor 5” habría que dicho que no. “Prefirieron fingir que son inútiles y no cómplices del escándalo de espionaje y extorsiones que los enloda”, dice una fuente confiable, que escuchó la voz de Majdalani, acariciando lo áspero, con total normalidad sin que se le corriese un milímetro el rímel.  Y resulta lógico y hasta comprensible el fastidio de la señora. Su cuñado, Darío Biorci, quien se desempeña en el piso 9 de la AFI, podría ser considerado Ricardo Bochini en su momento de esplendor. Al menos comparado con el funcionario Pablo Pinamonti, jefe de Asuntos Internos, de “La Casa”, puesto a dedo por el presidente de Boca, Daniel Angelici, y presunto numerario de la línea del Grupo Sushi. Su vicepresidente sería Darío Richarte, con la ayudantía de Juan José Gallea (a cargo de las finanzas de los espías y devoto del santo del billete), más el rabino en retiro, Sergio Bartolomé Szpolski. Todos ellos, serían los supuestos suscriptores del desastre que completaron los espías Pinamonti y Sebastián Destéfano. Ambos aparecen en carteles de neón pronunciados por sus propios mandantes, al igual que el encargado de los delitos económicos de la AFI, Fernando Di Pasquale, quien junto a uno de los “D” visitó al juez de Garantías de Avellaneda, Luis Carzoglio en 2018 para obligarlo, según aseguró el magistrado, a fallar en contra de Pablo Moyano y encarcelarlo por orden de Macri.

Aquí mi nota del 3 de abril, donde cuento la denuncia del abogado Carlos Broitman contra Elisa Carrió y el episodio de amenazas al juez Carzoglio:

Vinculan a Carrió con la banda de espías de D’Alessio y «Rolo» Barreiro

La semana pasada, el ex juez Daniel Llermanos, presentó una denuncia penal por espionaje, amenazas y difamación contra los agentes de la AFI, Juan De Stéfano y Fernando Di Pasquale, el fiscal Sebastián Scalera y el periodista Luis Majul, a quien le reclamó 30 millones de pesos de resarcimiento. La demanda recayó en el Juzgado Federal Número 2 de Lomas de Zamora. Llermanos también pidió ser parte querellante en la causa D’Alessio que instruye el juez federal, Alejo Ramos Padilla, en Dolores.  “Esta causa ha dejado al descubierto la alianza entre el Poder Ejecutivo, ciertos fiscales, y algunos periodistas. El  periodismo preparó el terreno para la extorsión económica y/o judicial desacreditando al futuro imputado, debilitándolo. Majul habría trabajado activamente en varias ‘operaciones’, aunque aclaró que la de Moyano, era su trabajo sucio especial”, dijo Llermanos, que hoy ampliará su demanda penal y económica, señalando presuntamente a Arribas como el responsable de esa supuesta maniobra.

Las deposiciones de “Rolo”

En 60 páginas que provocan el espasmo vomitivo, el agente en retiro por estado de arrepentimiento, Hugo Rolando “Rolo” Barreiro, nacido en 1981, hijo de un espía de la ex SIDE ya jubilado y ex efectivo de la Base 85 de Contrainteligencia, dijo que conoció a D’Alessio porque él posee una agencia de seguridad que cuida la paz del country Saint Thomas de Esteban Echeverría, donde está radicada la mansión del presunto agente de la DEA, que fue allanada por el juez Ramos Padilla.

El espía Barreiro describió presuntas reuniones de negocios: tres mesas de dinero que le atribuyó a D’Alessio, el nombre de su supuesta secretaria, un sistema financiero presumiblemente ilegal y una metodología de cambio de cheques por dinero en efectivo en el territorio de la Provincia.

Barreiro contó que tiene un campo en arriendo y que debía cambiar un cheque por 30 mil pesos. Una minucia para la economía de D’Alessio, que sería dueño de una docena de autos de alta gama, un yate, 50 relojes de primera marca, una escopeta del Ejército de Estados Unidos, y varios  millones en moneda extranjera. La personalidad expansiva de D’Alessio brota de las descripciones de Barreiro, quien se mostró como supuesta víctima.

Según el relato de Barreiro, el precipicio de D’Alessio habría sido su psiquismo desenfrenado. En su indagatoria sobran las sucesivas descripciones de reuniones con espías de la AFI en oficinas en Puerto Madero y presentaciones con los comisarios en desgracia, Degastaldi y Bogoliuk, con la actuación de periodistas en escenas diversas. Entre otros, Barreiro recordó a Daniel Santoro, Rolando Graña y Eduardo Feinmann. ¿Aseguró acaso que estos periodistas conocidos de D’Alessio habrían cometido hechos ilícitos? No necesariamente. Simplemente relató que eran parte de la extensa agenda mediática de D’Alessio y que él presumía de ello, al igual que de su presunto nexo con el fiscal Carlos Stornelli, la supuesta cercanía con el juez Claudio Bonadío, y el presunto trato habitual con la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich.

¿Qué es lo que busca enhebrar Barreiro? La coartada de su arrepentimiento. Y en el hilo invisible de su narrativa, se nota la incertidumbre, porque hay un marco de impunidad de los sectores de la inteligencia desocupada. Por eso, el fiscal Bidone va camino al arrepentimiento. Barreiro lo mencionó en el ofrecimiento de tecnología de espionaje israelí de D’Alessio al senador Carlos Mauricio Espínola, con la presunta participación de supuestos agentes del Mossad (servicio secreto de Israel) en una reunión en el Senado.

Estos negocios explican sin querer, los siete meses que duró el experimento de la AFI en la Provincia con Vidal presumiblemente al corriente, según los supuestos dichos de Majdalani en el Congreso de la Nación ante diputados y senadores de la Comisión Bicameral.

La gobernadora fue espiada por el grupo de D’Alessio y eso no pudo ser un secreto para las bases antiguas de “La Casa” en La Plata, Bahía Blanca y Mar del Plata. “Nadie puede espiar a un gobernador sin que las bases de SIDE tomen nota de ello”, deslizó un comisario bonaerense retirado, que conoce el control de la botonera. ¿Entonces? D’Alessio habría ido tan lejos que, según Barreiro, tenía un chequeo de la zona portuaria de Zárate-Campana y su supuesta conexión con una presunta misión comercial de Irán en Uruguay. “D’Alessio me comentó acerca de una investigación para detectar una delegación comercial iraní clandestina con asiento en Montevideo –declaró Barreiro-, yo conté sobre los puertos y ríos que él decía, y que en ese momento no recordé. Ahora, más descansado, recuerdo que D’Alessio me dijo que era la zona de Zárate-Campana. No recuerdo más que eso”.

El Parlasur formó una Comisión para investigar el espionaje del grupo de D’Alessio en Uruguay y el episodio no es menor: fueron espiados comerciantes iraníes, diputados uruguayos del Frente Amplio, empresarios colombianos y argentinos y asociados rusos. En el informe preliminar de 43 páginas realizado a pedido de Ramos Padilla por la Comisión Provincial por la Memoria (CPM) sobre las tareas de Inteligencia y Contrainteligencia, que desarrolló D’Alessio en el exterior, existe prueba fáctica sobre los hechos en registros informáticos pertenecientes al supuesto agente de la DEA.

La niebla

Mientras el otoño horada los huesos de la neurosis colectiva, la saga trepidante del falso abogado D’Alessio excede largamente al protagonista en cuestión y señala una escalera de estiércol. Lo malo es que esta mierda no es la nombrada por el poeta John Berger en Puerca Tierra, uno de sus libros. El abono fertiliza la vida con los desechos y los gusanos crecen con la lluvia y el viento de lo inesperado. Pero aquí no hay fertilizante vital. Lo que existe es la siembra de muerte por doquier y los personajes no son de ficción. Ojalá fuese así, pero no. El espía Barreiro habló de que Leonardo Fariña, según refirió D’Alessio, sería un presunto protegido del Ministerio de Seguridad. Fariña comenzó siendo el invitado estelar de los programas de la tarde hasta que capturó el imaginario popular con una frase publicitaria sobre el Producto Interno Bruto. El inefable D’Alessio era proclive a los títulos del estilo de Clarín: “El Centeno de PDVSA” lo llamó a la víctima de su extorsión, Gonzalo Brusa Dovat, a quien obligó a sentarse con Santoro y con Stornelli. “El Lázaro Báez de Neuquén”, tildó al empresario Mario Cifuentes, quien denunció el auténtico mecanismo de desapoderamiento de empresas, chantaje y extorsión, similar al que padecieron los herederos de David Graiver con Papel Prensa en 1976.

Aquí mi nota sobre el caso Cifuentes en Nuestras Voces del 26 de marzo:

Cifuentes, otra víctima de extorsión que denuncia al trío Stornelli-D’Alessio-Santoro

La ponzoña habría llegado hasta el mismo despacho del Ministro de Justicia, Germán Garavano, donde por intermedio de la presunta gestión del periodista Luis Majul, habrían sentado a la ex abogada de Fariña, Giselle Robles, para que su entonces defendido comenzara a desgranar el libreto del PBI y la sarasa de las tardes. Aunque eso no habría sido todo. Barreiro recordó en su indagatoria, que D’Alessio le pidió una gestión para hacerse del automóvil Audi A1 de la letrada. “D’Alessio en relación a Fariña, un día me consulta, me dice que Rodrigo González (actual defensor de Fariña y el mismo al que D’Alessio quería encargarle la realización de una cámara oculta al abogado José Manuel Ubeira, querellante en la causa), le había encargado recuperar un auto que era del padre de Leonardo Fariña el cual decían que se lo había quedado y no lo quería devolver la anterior abogada de Fariña que se llamaba Giselle Robles. D’Alessio me preguntó a mí si yo podía conseguir a alguien para buscar ese auto porque sabían donde andaba, porque ellos tenían copia de una llave. Yo le dije que no tenía a nadie que se ocupara de eso –declaró Barreiro-, un mes después, o dos, no recuerdo cuánto tiempo, D’Alessio sacó el tema otra vez, le dije qué había pasado, y él me dijo que Rodrigo ya se había ocupado de eso”.

Rodrigo es el penalista Rodrigo González, quien fuera indagado a fines de marzo en la causa por el juez Ramos Padilla. Hombre prolijo, siempre trajeado, cultor de la gestualidad de la inocencia, el doctor González negó cualquier accionar presuntamente delictivo con su ex socio y amigo D’Alessio. Consta en actas.

También están registradas las supuestas conversaciones de la diputada y abogada del ARI, Paula Oliveto con el ahora especialista en narcotráfico preso, acusado de integrar una asociación ilícita dedicada al espionaje, el armado de causas penales y la extorsión.

¿Qué relación tenía D’Alessio con las diputadas Elisa Carrió y Oliveto? “A mi entender, lo he escuchado de él, decir de él, era una relación de dar información, de que le pedía información sobre Política, sobre cuestiones vinculadas a esos temas, del perfil opositor y temas así. (…) Me decía que le pedían data sobre los opositores o sea que no lo llamaba Paula Oliveto sobre un modelo de auto, eran cosas de política, hablaban de eso, según él”, dijo Barreiro en su indagatoria.

La telaraña de estas supuestas relaciones de espionaje ilegal habría inquietado a un juez de la Corte que se sentiría vulnerado. Se trataría de Horacio Rosatti. En las próximas horas no habría que descartar que el juez del máximo tribunal de la Nación pudiese presentarse como querellante en la causa. ¿El motivo? Las presuntas tareas de espionaje que habría realizado el grupo de D’Alessio sobre él y el presidente de la Corte, Carlos  Rosenkrantz.

La ciénaga se derrama.

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Juan Alonso

Juan Alonso

Periodista, escritor y docente. Columnista con Roberto Caballero en Radio Colonia y del programa ADN en C5N. Distinguido con el Premio Walsh de la Facultad de Periodismo de La Plata en 2017. Fue editor de Policiales de Tiempo Argentino.

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