Chihuido, el problema chino que Macri le dejó a Alberto

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La megarepresa de Chihuido iba a construirse con fondos rusos. Pero Mauricio Macri intentó arrebatarle el negocio de 2.000 millones de dólares a Eduardo Eurnekian, que había ganado la licitación, y vetó el financiamiento de Vladimir Putin con papelón internacional incluido. Ahora un consorcio chino, que había quedado segundo, le reclama al presidente Alberto Fernández volver al ruedo.

El pasado 11 de enero, un diario cercano a Mauricio Macri, publicó una nota cuyo título sostuvo: “Carta incómoda: rusos y chinos, tras un proyecto clave del kirchnerismo”. 

Allí el medio creador de la saga de los encuadernados arrepentidos y del memorioso y misterioso señor Centeno, dilapidó letras como estiércol para hacer lobby a favor de capitales alemanes y en contra de Rusia sobre la inversión de 2500 millones de dólares para la obra hidroeléctrica de Chihuido en la provincia de Neuquén. 

Vamos a concentrarnos en lo que no dijo la nota de los voceros de Macri y su redacción.  

Chihuido es un típico ejemplo del estancamiento proverbial de los países subdesarrollados en su búsqueda de soberanía energética, más la especulación de la llamada burguesía empresarial local –que al igual que los Macri de Calabria- montaron sus fortunas gracias a los favores del Estado desde 1976. 

La represa hidroeléctrica de Chihuido es clave para el país y Neuquén, no para el kirchnerismo. Se ha licitado tres veces desde 2008. La primera empresa que ganó con su oferta fue Electroingeniería cuyo principal referente histórico, Gerardo Ferreyra fue perseguido y encarcelado por la mesa judicial macrista, que sigue intacta con la Corte, la Casación y el fuero federal penal. 

¿Qué pasó desde 2008? 

El único fabricante de turbinas eléctricas de Argentina para obras de semejante importancia es una compañía de Pescarmona, que recurrió en queja a la Justicia para impedir la adjudicación inicial a Ferreyra.  ¿Entonces? El gobierno de Mauricio Macri determinó en su mini era, a través de dos ministerios y una resolución decretada, que la obra de Chihuido no podía realizarse con una sociedad entre Eduardo Eurnekian y capitales rusos, lo que obligó al empresario a buscar capitales alemanes por medio de una gestión diplomática y comercial en Berlín. 

Por esa misma época, Macri tuvo una acción algo desafortunada nada menos que con Vladimir Putin en una reunión en Moscú. Intentó hacerse el gracioso y le hizo señas de mesa a mesa de que no estaba de acuerdo con la sociedad rusa con Eurnekian y los porcentajes de inversiones. Eurnekian es otra de las víctimas de la mesa judicial del macrismo que incluyó operaciones extorsivas y visitas de Marcelo Sebastían D’Alessio y la presunta lobbista del fenecido juez Bonadío, Alejandra Zizzías a la sede de Aeropuertos Argentina 2000. Así lo revelé desde este mismo portal en marzo y abril de 2019. 

D’Alessio le ofreció a Eurnekian «llegada al juez Bonadío y al fiscal Stornelli»

Repasemos: en el mismo momento en el macrismo amenazaba con causas penales de los encuadernados de Bonadío, el fiscal Carlos Stornelli y la inquisición de Comodoro Py a Eurnekian –uno de los empresarios más ricos y poderosos de la Argentina, de excelentes relaciones con los capitales rusos-, el ex presidente cambió de un plumazo las reglas de juego en la concesión de Chihuido, destratando a Putin que de una sola mirada helada anuló la inversión en Neuquén. 

Alejandra Zizzías, ¿la abogada «presentable» de la banda D’Alessio-Stornelli?

Ahora la puja continúa entre inversores locales y extranjeros, sin que se logre resolver la concreción de una obra monumental de 2500 millones de dólares, que genera empleo genuino y favorece al sistema energético nacional, el riego y la prevención de inundaciones en el Sur. 

En sus años de esplendor gubernamental, no ahora que parece un videojuego transmitiendo con alpargatas de marca, Macri habría intentado apropiarse de las empresas de Eurnekian a través de múltiples trapisondas judiciales y de las otras. Y como no logró su objetivo final, sus medios afines enlodan la gestión del Gobierno y del empresario para poder avanzar en una obra fundamental para la reactivación de la Patagonia en tiempos de crisis económica, sanitaria y social por el crecimiento de la pandemia en todo el mundo.    

Por abajo

Desde que asumió en diciembre de 2015, Macri delegó en Guillermo Dietrich el lobby contra Eurnekian. Desde entonces hasta que se fue del gobierno derrotado por el Frente de Todos, trató de menoscabar a Eurnekian y sus empresas. A tal punto que como dijimos tras el cambio de las reglas de juego de Macri con los socios rusos de Eurnekian para obra de Chihuido en Neuquén, el bimillonario de raíces armenias obtuvo una gestión con el ex embajador en Alemania, Luis María Kreckler, para acercar posiciones con los socios alemanes, luego del enorme error de Macri con los rusos. Por tal motivo, Dietrich –enemigo interno de Kreckler- lo hizo mudar de Alemania a Suiza, furioso por la ayuda a Eurnekian en la obra de Chihuido. 

Hacia el fin de su mandato, el genial y único Mauricio Macri tomó una deuda con el FMI de más de 44 mil millones de dólares que se fugaron del país por medio de sus amigos del alma de apellido Caputo. Con una parte de ese enorme volumen de dinero se podrían haber gestionado millones de vacunas contra el Covid-19, y ampliar la estructura sanitaria de los hospitales, y obras que garantizaran la solidez económica y energética del país, cuando el macrismo nos cobró durante cuatro años todas las tarifas dolarizadas de los servicios públicos en aquellos años inolvidables. Pero no. Lo que sí realizaron con ahínco fue una campaña inquisitorial contra ex funcionarios de Néstor y Cristina Kirchner, idearon el lawfare con jueces, fiscales, medios y periodistas amigos, más la estructura de inteligencia del Estado con la AFI macrista que espió a medio país con cualquier excusa de forma ilegal. 

Mientras Macri quería adueñarse de sus compañías, Eurnekian pagó unos 370 millones de dólares de seguros externos por los corredores E y F. Pese a ello, Dietrich continuaba operando en los medios comerciales dominantes contra el empresario y su línea directiva. 

Han pasado cinco años de esos hechos y desde la hegemonía mediática siguen con la misma música repetida. ¿Y Chichuido? 

Ferreyra no estaría dispuesto a ceder la primera concesión y lucharía en sociedad con capitales chinos. Mientras Eurnekian intentó solventar a la empresa IMPSA de Pescarmona, con capitales europeos. De esa forma la Argentina podría fabricar turbinas hidroeléctricas. Cada país tiene un fabricante: China tiene dos grandes empresas, Rusia, una, al igual que Alemania. 

Lo propio sucedió con Yacyretá. Macri favoreció a Paraguay antes de irse de la Casa Rosada, la Argentina quedó en desventaja, siendo la máxima inversora de la obra, condonó la deuda a los paraguayos por presión de EE UU. 

Ahora está la negociación pendiente sobre la deuda externa que lleva a cabo el ministro Martín Guzmán. 

La Argentina debe ser cuidadosa: al interés de Alemania y China por Chihuido hay que sumarle el acuerdo Estado-Estado entre Rusia y Argentina para el abastecimiento de millones de vacunas Sputnik V del Instituto Gamaleya que están llegando en aviones de Aerolíneas Argentinas en vuelos directos de Buenos Aires a Moscú con el visto bueno del mismísimo Putin. 

Por eso no hubo ningún imprevisto en la derrota (plan de vuelo) de esa gigantesca logística gubernamental que atraviesa 17.324 kilómetros y surca el Atlántico hacia África, parte de Europa, y Asia. No es conveniente para la concordia global que alguien ni siquiera piense en entrometerse con millones de vacunas que proveyó Rusia a la Argentina. La piratería aérea de la industria farmacéutica mundial conoce las consecuencias y los vuelos argentinos a Rusia están protegidos por el acuerdo entre el Presidente Alberto Fernández y Putin. 

Epílogo

En 2017, una supuesta compañía de Taiwán llamada “Thunder Power” intentó venderle autos eléctricos al Estado belga y a la ciudad de Barcelona en el parasitario Reino de España. 

¿Cómo fue el mecanismo? 

Un empresario de rasgos chinos se presentó en Bruselas y dijo que los trabajadores belgas eran “los mejores del mundo para fabricar autos”. Cosa que bien podría ser cierta por la historia industrial belga. Prometió la instalación de una mega-fábrica sobre los restos de una multinacional norteamericana que había dejado un tendal de despidos, y pidió más de 70 millones de euros a los belgas para iniciar la instalación de la fábrica en su territorio. Todo con una enorme campaña publicitaria que incluyó hermosas modelos posando en autos eléctricos tuneados de rojo furioso, fiestas nocturnas con funcionarios y mujeres famosas, espacios en tevé pagos, reportajes concesivos, y otros condimentos del show del vacío. 

Las promesas no se cumplieron por un pequeño detalle: los orientales querían los 70 millones de euros en una guarida fiscal propia y eso a los belgas no les cayó en gracia. El auto eléctrico  Made in Taiwán desapareció de los medios belgas y la misma oferta extravagante retornó en Barcelona con el alcalde y su pompa. ¿Qué pasó? Lo mismo que en Bruselas. Los periodistas belgas fueron a buscar a los chinos a Roma y en la presunta sede italiana de la multinacional hallaron un piso completamente desmantelado y fantasma. Nada era lo que parecía. El presidente de la empresa, Shen Wei, desapareció de los medios de comunicación europeos con la rapidez de un lobo en el viento. 

Ojalá no sucede lo mismo con la construcción de la obra hidroeléctrica de Chihuido en Neuquén que representa 2500 millones de dólares de inversión. Alemania, Rusia y China no son una desconocida empresa fantasma de Taiwán y Macri dejó de ser presidente.

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Juan Alonso

Juan Alonso

Periodista, escritor y docente. Columnista con Roberto Caballero en Radio Colonia y del programa ADN en C5N. Distinguido con el Premio Walsh de la Facultad de Periodismo de La Plata en 2017. Fue editor de Policiales de Tiempo Argentino.

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