El desmantelamiento del sector nuclear

Compartir

Mientras la serie Chernobyl cautiva a las audiencias, en Argentina la investigación y el desarrollo de energía nuclear son asfixiadas por el ajuste con el freno a importantes convenios y proyectos, la caída del presupuesto destinado a la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) y el deterioro de los salarios reales de trabajadores que están entre más calificados del país. ¿Cómo impacta el ajuste en las tres centrales nucleares argentinas? Un informe de CEPA describe el retroceso sistemático en el sector nuclear desde la asunción de Cambiemos a manos del subsecretario Julián Gadano.

La investigación y el desarrollo de energía nuclear tiene larga tradición en nuestro país. La Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) fue creada bajo la presidencia de Juan Domingo Perón en 1950, con el objetivo de coordinar las investigaciones y el desarrollo de la energía atómica. Es una institución federal, que cuenta con centros atómicos y sitios en diversas provincias del país, incluyendo instalaciones tales como reactores de investigación, centros de medicina nuclear, complejos mineros, laboratorios. Otros actores importantes vinculados a la CNEA participan del ámbito, a partir de empresas en las que el Estado tiene participación y ha hecho un enorme esfuerzo de inversión a lo largo de los años.

La más importante es la empresa pública Nucleoeléctrica Argentina SA (NASA), que opera las tres centrales nucleares: Atucha I, Atucha II y Central Nuclear Embalse. También se destacan Dioxitek, una empresa creada por el Estado en 1997 para la producción de dióxido de uranio, Combustibles Nucleares Argentinos S.A (CONUAR) y Fabricación de Aleaciones Especiales (FAE), INVAP, empresa especializada en la producción de satélites y la Empresa Neuquina de Servicios de Ingeniería, creada en 1989 con el objetivo de producir y comercializar agua pesada, mediante la planta industrial en la ciudad de Arroyito. 

La centralidad que tuvo el sector nuclear fue variando según las diferentes administraciones de gobierno. Aquel primer impulso en la década de los 50 vino acompañado de una visión estratégica en torno al rol del Estado empresario en el sector enérgico, que comenzó a revertirse en la década de los noventa con la reducción de funciones de la CNEA, quitándole su núcleo productivo. En 2006 esta tendencia se reverte a partir del lanzamiento del Plan Nuclear Argentino, con la decisión de concluir Atucha II y la proyección de construir (a partir de convenios con China y Rusia) Atucha III, IV y V. Este proceso se detuvo con la llegada de Cambiemos al gobierno y varios especialistas alertan sobre el desmantelamiento de una senda de producción que apuntaba a diversificar la matriz energética, elemento clave del desarrollo económico en nuestro país.  

El Centro de Economía Política Argentina (CEPA) publicó recientemente un informe donde enumera las principales transformaciones operadas en el sector nuclear: 1) desde diciembre de 2016 la CNEA pierde autarquía y pasa a depender de la Subsecretaría de Energía Nuclear, 2) en agosto de 2018, con el proceso de eliminación de Ministerios, se produjo una nueva degradación de la CNEA en su nivel de jerarquía, 3) se frena la creación de Atucha III, IV y V, 4) se caen los proyectos con Rusia sobre uranio natural y agua pesada. Además, se produjo un recorte muy importante del presupuesto medido en dólares destinado por el Estado a la CNEA:  pasó de US$ 363 millones en 2015 a US$ 161 millones en 2019, constituyendo una caída del 57%. El presupuesto destinado a CNEA en 2019 representa sólo el 0,16% del Presupuesto General de Gastos, cuando en 2015 representaba el 0,24%. Esto implica que, en los últimos cuatro años, se redujo a un tercio la participación de la CNEA en el gasto total del Estado.

De hecho Julián Gadano, el subsecretario de Energía Nuclear, es un sociólogo totalmente ajeno a la temática que se ocupó primero de esmerilar la independencia de las empresas y áreas de investigación, luego de implementar el ajuste y al mismo tiempo de privilegiar ciertos negocios de la administración Macri. Gadano tomó el control de Nucleoeléctrica Argentina SA (empresa estatal independiente), para impulsar un negocio con China, desmantelando la línea tecnológica de agua pesada y uranio enriquecido y avanzando en la construcción de una central donde el único rol asignado a la Argentina será levantar el edificio, mientras se «importará» de China la tecnología.

Andrés Kreiner, un reconocido físico nuclear e investigador de la CNEA, fue consultado en televisión a raíz de estos datos y confirmaba el deterioro de una línea tecnológica que tiene más de 50 años, en la cual el Estado Nacional ha invertido muchísimos recursos financieros, técnicos y administrativos, configurando una industria altamente calificada para dicha tarea. El investigador destacó el rol de la Central Embalse, como elemento clave para cerrar un ciclo que permite fabricar casi la totalidad de todo lo que se necesita en las centrales nucleares para funcionar con tecnología CANDU, en base agua pesada y uranio natural. Según su visión, es la más adecuada para funcionar eficientemente considerando la historia de los desarrollos en nuestro país. Luego del acuerdo con el FMI, el gobierno giró el curso de años de especialización, inclinándose a una central con uranio enriquecido, insumo que Argentina no produce y aumentando la dependencia económica en el proceso.  

La falta de visión estratégica en torno a la importancia de la ciencia, la tecnología y la innovación en sectores estratégicos para el desarrollo, como la energía nuclear, es una constante del gobierno actual. En el caos de CNEA se advierte una importante pérdida de capacidades del Estado que emplea personal del más calificado del país. No solo se redujo la cantidad de trabajadores y trabajadoras, sino que la caída del salario real fue contundente: -42% y -44% entre diciembre de 2015 y mayo de 2019, según las estimaciones de CEPA.

Como es de esperar, esto configura un escenario totalmente desalentador para científicos del área, que no tienen alternativa más que migrar al exterior, en sintonía con lo que ocurre en el CONICET. La formación de trabajadores y trabajadoras de alta calificación conlleva una enorme inversión por parte del Estado. Perder capital humano especializado en la producción, distribución y mantenimiento de energía nuclear, genera un gran déficit estratégico para impulsar políticas de crecimiento y desarrollo en nuestro país. 

Comentarios

Comentarios

Débora Ascencio

Débora Ascencio

Periodista especializada en economía. Integrante del Centro de Economía Política Argentina (CEPA), becaria doctoral de CONICET y docente de la Universidad de Buenos Aires. Es licenciada en Sociología y maestranda en Sociología Económica.

Hacé tu anotación Sin anotaciones
Apoyan Nuestras Voces

NuestrasVoces.com.ar - 16/09/2019 - Todos los derechos reservados
Contacto