El ventilador de D’Alessio calienta la causa contra Stornelli&Cía

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El juez Alejo Ramos Padilla todavía analiza las 20 horas de declaración del falso abogado vinculado a la AFI, Marcelo D’Alessio, para decidir si lo acepta como arrepentido. El acusado de realizar operaciones de inteligencia, extorsión y lavado de dinero habló del rol del fiscal Stornelli, del periodista Santoro, del marido de Patricia Bullrich, de los agentes de la AFI y de muchos otros. Los cambios en la ley de inteligencia, las escuchas y los fondos reservados que planea el presidente Alberto Fernández.

En la cárcel nadie lo quiere. A las diez de la noche se cierran las rejas y ese sonido le produce un insomnio incurable. El falso abogado y presunto agente de la Agencia Federal de Inteligencia (AFI) y la DEA estadounidense, Marcelo Sebastián D’Alessio sobrevive en una pesadilla constante. 

Declaró en Dolores durante 20 horas en tres jornadas agobiantes ante el fiscal Juan Pablo Curi. D’Alessio dio todos los detalles sobre la operación de la causa de Gas Licuado –resucitada más que Lázaro el bíblico-, y arrojó dardos con veneno moderado para el fiscal Carlos Stornelli y el juez Claudio Bonadío. Explicó que función cumplió en la trama. Le enrostró toda la responsabilidad a Gustavo Arribas, Silvia Majdalani, Pablo Pinamonti, Juan Sebastián De Stéfano y los comisarios bonaerenses, Aníbal Degastaldi y Ricardo Bogoliuk. De forma concisa atacó la pirámide de gerentes del operador Daniel Angelici, ex presidente de Boca y amigo de Mauricio Macri.  

Todas las operaciones de inteligencia ilegal y extorsión del caso D’Alessio-Stornelli

Admitió por qué y cómo espió de forma ilegal al piloto peruano Christian Castañón –ex consorte de la mujer de Stornelli- a pedido del fiscal. Y como si fuese poco, contó el accionar del testigo estrellado Leonardo Fariña en el armado de causas con materia mucosa y la inestimable ayuda de supuestos periodistas cercanos a una fábrica de servilletas que está en cierre por liquidación. 

En su angustiante escalada discursiva, el ex columnista del programa Animales Sueltos y Clarín se acordó de las diputadas Elisa Carrió (¿una legisladora ñoqui hasta marzo?) y sus colegas Mariana Zuvic y Paula Oliveto. 

El hombre que lavó miles de millones de dólares y euros en guaridas fiscales de media docena de países de América, Asia y Europa, producto de operaciones de extorsión, coacción y espionaje ilegal en la Argentina y en el exterior, arguyó sentirse “utilizado” por esas damas de profundas convicciones morales. 

La extensa delación de D’Alessio tiene el auge del viento de la redención en el marco del incendio de Comodoro Py. Y el fiscal Curi lo sabe. Por eso formalizó el protocolo del caso y lo promueve como potencial “arrepentido”. Pero el juez federal Alejo Ramos Padilla no es Bonadío. Y al cierre de esta edición estudiaba las horas de grabación y tomaba notas de cada frase del imputado de formar parte de una asociación ilícita dedicada al espionaje estatal y paraestatal. 

Los movimientos de Curi –a su vez- están siendo monitoreados seriamente por el futuro Procurador General de la Nación. Se trata de un juez federal detestado por militares genocidas y el gran diario del 5G y sus plumíferos. Todo indica que Eduardo Casal pasará a otro destino porque fue designado por el gobierno que terminó su mandato el 10 de diciembre. 

Ahora Ramos Padilla debe decidir si homologa la propuesta del fiscal Curi, que se cansó de cuestionar su competencia hasta que fue retado por la Cámara Federal de Mar del Plata y advertido por mensajes jurídicos de la Corte.  

Ya recostado en el asiento como quien espera la inyección de suero, D’Alessio ponderó de mala gana su íntimo vínculo amistoso con el periodista Daniel Santoro. Y esa rutina del estilo Marcel Marceau quedó registrada en la cámara. Claro que no le fue tan bien cuando tuvo que explicar por qué demonios tenía una leyenda con la frase “Ubeira, a sangre fría”, por aquel libro de Truman Capote que narró la masacre de una familia completa en Estados Unidos. 

La intención maliciosa era realizarle una cámara oculta al abogado José Manuel Ubeira –uno de los tantos querellantes de la causa- que espera las impresiones orales  de D’Alessio y Stornelli como los ancianos de Tropea en Italia. 

Entre penalistas hay una frase que hace furor: “El tiempo los traerá a mi puerta”. 

El gobierno que se fue tuvo logros impresionantes: transformó en litigante a Antonio Horacio “Jaime” Stiuso y en testigo de 75 carillas al empresario Mario Montoto. El fiscal Juan Ignacio Bidone dejó la soberbia por el pánico y el narco Ibar Pérez Corradi viró en garantista. Si hasta el espía en retiro de la AFI, Hugo Rolando “Rolo” Barreiro, se convirtió en un personaje memorioso de escuálida literatura. Todos fueron señalados por D’Alessio en el lodo. 

Los antiguos padrinos peligrosos de la Maldita Policía se preguntan en qué circo le enseñaron a cantar D’Alessio. Dicen que ellos lo hubiesen empleado para servir mate en las “taquerías”. 

Un tercer sujeto nombrado por el espía espera la hora. Es nada menos que Guillermo Yanco, esposo de Patricia Bullrich, a quien tampoco le place verse citado por D’Alessio.

Ya suman tres los hombres que hacen fila para ajustar el saldo. Por lo general no hablan demasiado y están acostumbrados a la carencia de empatía. Si Marcelo D’Alessio anhela una prisión domiciliaria segura debería saber que no existe un lugar del planeta que escape a quienes nombró con el cerebro fuera de órbita. Justo ahora que la especialidad del espionaje trucho se descompone como la fruta vencida. 

Fin de la AFI

El Presidente Alberto Fernández decidió dividir en tres la AFI y centrarla solo a la verdadera Inteligencia. Cambiará una de sus funciones con la reforma de un artículo de la Ley de Inteligencia que se debatirá en el Congreso de la Nación.  

Los espías no podrán dedicarse nunca más a los delitos como el narcotráfico, los secuestros extorsivos, la trata de personas, y el festival de escuchas judiciales difundidas con ensobrados. 

Se acabó.  

El Ministerio de Seguridad tiene una Secretaría específica y especializada para la lucha contra la criminalidad. No hay más excusas de procedimiento.  

La AFI deberá dedicarse a las amenazas externas. ¿Cuál será su principal deber? La defensa del orden constitucional en preservación del estado de derecho y el especial cuidado de los recursos estratégicos de la Argentina. 

Además, la partida de 7.500 millones de pesos de gastos reservados que dilapidó el macrismo fue anulada y dedicada a terminar con la monstruosa pobreza –cinco millones de nuevos pobres en cuatro años-, que legó el ex presidente de ojos celestes. 

La AFI también dejará de trabajar con escuchas. La DaJuDeCo –otro engendro- dejará de existir y las escuchas judiciales volverán a estar a cargo del Ministerio Público Fiscal como hasta 2015, cuando nadie hallaba audios de ex presidentes y presidentas trotando por los bosques de Palermo y vituallas en juzgados.  

La Policía Federal Argentina (PFA) se dedicará a convertirse en un símil del FBI. Con sus cuadros técnicos expertos en homicidios, delitos informáticos, narcotráfico, asalto de bancos, secuestros extorsivos, y sus oficiales avezados en investigaciones complejas, comenzarán a adentrarse en territorio de la Ciudad y en todo el país si las fuerzas locales no resuelven los hechos concretos de la oferta y demanda de la fluctuación del delito que funciona como la lógica del capitalismo. 

Esta semana se vieron camionetas de la Federal en el microcentro porteño a pasos de las cuevas de cambio de dólares. La caja de los arbolitos no es un secreto para nadie y la Policía de la Ciudad pensada como fuerza de choque contra jóvenes, trabajadores, pobres, indigentes y vendedores ambulantes que llegan del exterior, vio cómo en un chasquido –a 24 horas de asumir el Gobierno- se demolieron las rejas de la Plaza de Mayo y la doctrina Chocobar finalizó de cuajo. No más disparos por la espalda, uso del garrote y el gas pimienta.   

Bonadio, Stornelli, Feinmann y la AFI: desesperados

Lo propio sucederá con la Gendarmería y la Prefectura Naval. Entre esas tres fuerzas suman los mismos efectivos que el Ejército Argentino. 

Una experta en Seguridad –rara palabra en la zozobra de estos tiempos líquidos- suele comentar sonriente: “Vamos a hacer como en el fútbol. Tendrán que cumplir funciones concretas, estratégicas, y pragmáticas con una fuerte conducción”. 

Con la llegada del médico y militar de carrera  Sergio Berni al Ministerio de Seguridad de la provincia de Buenos Aires, la Gendarmería –adorada por Bullrich- podría regresar a su función original de “centinelas de la Patria” en las fronteras. 

Todo llevará un tiempo metodológico. Con el mismo sentido, es probable que Prefectura se quede en Puerto Madero y profundice el resguardo del recurso pesquero en la milla 201 del Atlántico Sur en conjunto con la Armada.  

Todos los organismos de Inteligencia –incluso de las Fuerzas Armadas- serán monitoreados en tiempo real por la Comisión Bicameral de Seguimiento del Congreso. Se busca que no se produzca nunca más un caso D’Alessio con la impronta de los hechos consumados y la cofradía de la extorsión, el carpetazo y el fenómeno del lafware. 

La jura de Agustín Rossi en el Ministerio de Defensa asegura un diálogo sin secretos con el Parlamento.  

Todo está pensado en un contexto de guerra comercial, armamentística y geopolítica entre Estados Unidos, China y Rusia. 

China no quiere perder el nexo comercial, industrial y tecnológico con Argentina. Eso pone nerviosos a los halcones del Departamento de Estado, el Comando Sur, la CIA, y la NSA. 

Los analistas estadounidenses pueden escuchar al planeta completo, pero detestan que China ingrese el 5G, los autos, las grandes fábricas, y las centrales energéticas y nucleares a Argentina. 

Juan Domingo Perón citaba seguido a Mao y envió a Juan Manuel Abal Medina (padre) a China para intentar acuerdos estratégicos entre ambos países. Lo propio hizo con Rusia desde 1946 a 1955.

La situación actual de la Argentina es semejante a la de 1820 con Bernardino Rivadavia. Los espías británicos controlaban los puertos, el contrabando, y hasta las rutas de la carne, la lana y el cuero. Los chinos atesoraron 300 años el secreto de la seda y su industria. Naves chinas de 120 metros de eslora llegaron a África 200 años antes de que Cristóbal Colón pisase América. Desde entonces este es territorio de piratas, especuladores, usureros y saqueadores. 

El primer sepulturero de Buenos Aires llegó de Europa y murió en 1824. Fue homenajeado como un héroe por algunos criollos que no sentían demasiada culpa ante “su majestad el rey” de España.

El 10 de junio de 1824, Rivadavia despidió al diplomático estadounidense, César Augusto Rodney con estas palabras: “Alma ilustre (…) Volved al seno de tu creador con la elevación y confianza del haber sido exactamente su imagen acá en la tierra”. 

Claro que aquella Buenos Aires no era la actual. Las mulatas lavaban la ropa en el río y los negros tenían derecho a pedir un nuevo empleo con otro patrón si eran víctimas de latigazos y malos tratos. 

Los ricos salían en carreta de bueyes y a caballo a pasear los fines de semana por Flores y San Isidro. 

Los profundos desafíos del porvenir remiten a la superación del pasado entre la sangre y el barro. 

China puede destruir Estados Unidos en 15 minutos con misiles que superan 7 veces la velocidad del sonido. Rusia no le va a la zaga. Al contrario. Y Vietnam es una potencia tecnológica que supera a los países bajos.  

El inglés Jack Hall fue el más famoso enterrador de Buenos Aires entre 1810 y 1824.

Macri coronó su ego maníaco con mérito semejante.  

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Juan Alonso

Juan Alonso

Periodista, escritor y docente. Columnista con Roberto Caballero en Radio Colonia y del programa ADN en C5N. Distinguido con el Premio Walsh de la Facultad de Periodismo de La Plata en 2017. Fue editor de Policiales de Tiempo Argentino.

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