La mala leche de Stanley

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Uno de cada tres argentinos es pobre, según datos recientemente difundidos por el INDEC. La Ministra de Salud y Desarrollo Social al presentar las cifras dijo: “Hoy es un día triste”, pero redujo a la mitad la cantidad de kilos de leche en polvo que se entregan en los comedores. Las organizaciones sociales denuncian el recorte y la malnutrición a la que someten a los niños y niñas: a cambio de la leche les envían mermeladas o dulce de membrillo. La población que asiste a los comedores para poder alimentarse se triplicó.

El jueves por la tarde, en otra puesta en escena de cinismo, una de las ministras preferidas de Mauricio Macri, Carolina Stanley, dijo que era un “día triste” luego de que se conocieran los escalofriantes datos de pobreza del INDEC (Instituto Nacional de Estadísticas y Censos). La Argentina hoy tiene un 32 por ciento de pobreza. En otras palabras se trata del índice más alto en los últimos nueve años, lo que deja un saldo de 14 millones pobres: 2,9 millones personas más en los últimos doce meses. Y Stanley, con cara de circunstancia en un acting que sigue a rajatabla los manuales del Pro, dijo que estaba muy triste porque la “pobreza cero” que prometió su jefe en campaña quedaba cada vez más lejos en el horizonte. Pero ese mismo día, unas horas antes, la ministra suspendió una reunión que tenía con varios movimientos sociales para responder su reclamo por la escasez de alimentos. Concretamente, denuncian que desde la cartera de Desarrollo Social redujeron a la mitad la cantidad de kilos de leche en polvo que entregan en los comedores.

Silvia Saravia es la Coordinadora Nacional de Barrios de Pie, organización que nació al calor del 2001 y que asiste a más de 80 mil niños y niñas en 23 provincias. En diálogo con Nuestras Voces explicó: “A fin de año le hicimos un planteo a los funcionarios con respecto a la calidad de los alimentos y a la variedad porque ya estábamos notando que iba variando. Hubo meses por ejemplo en los que no se entregó aceite, harina de maíz y en cambio nos dieron muchísimos kilos de dulce de membrillo o mermelada, fideos o arroz. Concretamente en el mes de diciembre nos iban a entregar la mercadería previo a navidad y eso no sucedió. Nos mentían diciéndonos que había habido problemas con los camiones, con el stock. Nosotros empezamos a hacer público esto, empezamos a pedir a los supermercados donaciones y con el fantasma de los saqueos finalmente aparecieron los camiones el 28 y 29 de diciembre. Es decir, fue una decisión política darnos los alimentos”.

Pero después del durísimo diciembre, llegó el mes de enero y otra vez las mismas excusas. Que el camión, que la logística, que el stock. Finalmente llegaron pero con algunos productos en particular, reducidos a la mitad como el caso de la leche. “Fuimos al ministerio, hicimos el planteo y nos dijeron que iban a ver, que estaban con problemas en las compras, las licitaciones. Pero en febrero otra vez no hubo entrega de alimentos. Recién llegaron a partir de la primera semana de marzo y ya estamos a fin de mes y no se terminó de completar la entrega en todas las provincias. Y otra vez lo que más escaseó fue la leche. Hasta el día de hoy nos adeudan 20 mil kilos”.

El listado de productos que el ministerio envía como complemento a los comedores y merenderos de todo el país debería contar con veinte alimentos entre los que hay aceite, arroz, leche en polvo, fideos, azúcar, harina de maíz, de trigo, puré de tomate, yerba, picadillo, dulce de batata, de membrillo, lentejas, arvejas, duraznos y cacao en polvo.

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“En diciembre no entregaron ni harina de maíz, mi tomate, ni picadillo, ni yerba ni arvejas. En enero no entregaron aceite que fue dramático, ni puré de tomate, ni yerba. En febrero no incluyeron puré de tomate. Pero como son por kilo, entonces engañan mandando otros productos que no tienen los niveles de nutrición como mermelada y dulce de membrillo en cantidades siderales. La compensación del dulce de membrillo se cuadruplicó frente a que se fue a la mitad la leche”, explica Saravia.

En ese sentido, Laura Lonatti trabajadora social y coordinadora del área de salud colectiva del instituto ISEPCI del Movimiento Barrios de Pie explicó a Nuestras Voces que lo que en definitiva hay que pensar es en una cuestión “integral” de la alimentación en los barrios.

“Los programas alimentarios tienen un déficit en cuanto a los nutrientes. Lo que nosotros detectamos en los trabajos de campo que hacemos en los comedores de los barrios es que hay una preminencia del sobrepeso y la obesidad. Es decir, la malnutrición puede ser por déficit alimentario o por sobrepeso. Son la misma cara de un único problema que insisto en nombrarla como malnutrición y no desnutrición.

Hoy hay un cambio de patrón alimentario. Todas las encuestas marcan un proceso creciente y alarmante de los indicadores por exceso de peso. Y en los últimos años y concretamente en los últimos meses esto se acrecentó. Nosotros como organización social analizamos qué les está pasando a nuestros niños en nuestros comedores. En primer lugar vemos que esa población se ha triplicado, es decir, acuden porque no pueden resolver el problema alimentario en la casa. Entonces el problema es el acceso a los alimentos. Porque no estamos ante una escasez. Es decir, si yo quiero ir al supermercado a comprar lomo puedo hacerlo, el problema es el poder adquisitivo de la familia”.

No es difícil acordarse de las imágenes en la televisión, allá en 2001, de los pibes y pibas desnutridos en los barrios. El caso más emblemático había sido el de Barbarita, una nena tucumana que había llorado frente a cámara porque tenía hambre.

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Pero a diferencia de esa época, según explica Lonatti “hoy está poco analizado como problema de salud la obesidad en las clases populares porque sigue estando presente el paradigma niño gordo-niño sano. Nos alarmamos con la desnutrición pero no hay una alarma social con respecto al sobrepeso y obesidad”. Y el impacto es preocupante. Según registran hay muchísimos chicos diabetes, hipertensión infantil.

“Hay que rediseñar la política alimentaria. No podemos permitir que el Estado escatime la leche para la alimentación de nuestros chicos. Necesitamos rever qué hacemos con el plan alimentario nacional que entrega alimentos secos y que hoy no están resolviendo el problema de la malnutrición”.

Para Silvia Saraiva lo que hace falta “es soberanía alimentaria y recuperar el trabajo de la tierra, las huertas comunitarias son una prioridad. Para esto es clave recuperar los recursos naturales como fuente redistributiva y relanzar una industrialización por sustitución de importaciones”.

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Tali Goldman

Tali Goldman

Periodista y politóloga. Escribe para Nuestras Voces y también es colaboradora en la Revista Anfibia, Crisis y Tiempo Argentino. Trabajó en la investigación para el libro El Nieto y fue columnista en la radio de las Madres. Dicta clases de periodismo en la UMET.

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