La unión deshace la fuerza

Compartir

La unificación de parte de la Policía Federal con la Metropolitana para crear -a partir de 2017- la nueva Policía de la Ciudad, impulsada por Larreta, destapó una guerra interna y reavivó las graves denuncias que pesan sobre los jefes de ambas fuerzas. Calviño, de la Federal, está imputado por encubrimiento en dos causas y tiene un fuerte vínculo con Angelici, presidente de Boca: lo acusan de haber liberado la zona donde asesinaron a dos barras de “La 12” y de alertar a otro barra que lo iban a detener para que se fugara. Giménez, de la Metropolitana, estuvo en Tucumán durante el “Operativo Independencia” y participó de la razzia “antisubversiva” contra los obreros metalúrgicos de Villa Constitución; en 2009 fue denunciado por espiar agentes de su fuerza. Se odian y deben dirigir la unificación.

_mg_8797

Horacio Rodríguez Larreta chorreaba optimismo. Y estiró su mejor sonrisa al proclamar: “Esta nueva fuerza se distinguirá por su avanzado equipamiento”. Así presentó ante la prensa la aún no nacida Policía de la Ciudad, tal como fue bautizada la unión institucional de 19 mil efectivos de la Federal absorbidos por el Gobierno porteño con los siete mil de la Metropolitana. La escena tuvo lugar durante la mañana del 5 de octubre en el inmenso playón del Instituto Superior de Seguridad Pública (ISSP), emplazado en el barrio de Villa Soldati.

Allí, de espaldas al alcalde, se desplegaba en abanico una muestra vehicular de la mazorca en cuestión, la cual, además de patrulleros y camionetas, incluía hasta una bicicleta y un gomón, junto a un vistoso helicóptero. Nadie entonces imaginó que justamente la presencia de aquel aparato terminaría por hundir al evento en el ridículo, tras saltar a la luz –a través de un video viralizado– que en realidad se trataba de una unidad del SAME cedida especialmente para la ocasión y ploteada a las apuradas con los colores azul y negro de la flamante agencia del orden. Un pequeño paso en falso, pero no el único.

Eso bien lo sabe el comisario Guillermo Calviño –jefe máximo del sector de la Policía Federal asimilado a la Ciudad–, quien cuatro días antes había sido abucheado en aquel mismo predio por unos 600 agentes, durante la entrega de diplomas a egresados del curso anual de capacitación profesional. El motivo: la resistencia de esa tropa –integrada por muchos jóvenes venidos del interior– al impedimento de regresar como policías federales a sus ciudades de origen por quedar atados a la fuerza capitalina. El asunto fue debatido por TV.

Guillermo Calviño –jefe máximo del sector de la Policía Federal asimilado a la Ciudad–, cuatro días antes había sido abucheado en aquel mismo predio por unos 600 agentes, durante la entrega de diplomas a egresados del curso anual de capacitación profesional.

Las imágenes del “rechifle” –que no escatimó insultos ni diplomas volando hacia el azorado jerarca policial– fueron grabadas con un celular y difundidas ese viernes en el programa Animales sueltos. Al respecto, uno de los invitados, el periodista Rodis Recalt, esgrimió: “Un policía necesita contención; porque, si un día mata sin querer o se tirotea, queda en crisis y necesita desahogarse en su propio hogar”. ¿Acaso se refería a un hecho en particular?

Porque, en medio de semejante contexto, resultó poco oportuna una novedad judicial que empezó a circular por esas horas: la anulación del sobreseimiento de 33 policías de la Metropolitana y 11 de la Federal, acusados de “homicidio en agresión, abuso de armas y lesiones graves”, durante el violento desalojo –a fines de 2010– del Parque Indoamericano, donde fueron asesinados Rosmarie Chura Puña y Bernardo Salgueiro, además de recibir heridas de bala otras diez personas. Un notable antecedente de la afinidad entre ambas fuerzas ahora a punto de fusionarse.

Pero sobre este punto, precisamente, sobrevuela un interrogante: ¿Cuál será el precio de tamaña iniciativa?

La milicia del PRO

Durante un atardecer del ya remoto invierno de 2008, el entonces ministro de Seguridad porteño, Guillermo Montenegro conversaba con un periodista en su oficina de la avenida Patricios. Y se ufanó con que la Metropolitana –por esos días en su fase inicial de gestación– estaría basada en el modelo de los Mossos d’Esquadra, nombre con el que se conoce a la policía autónoma de Cataluña. Cuando se le aclaró que la gran especialidad de esa fuerza es la persecución a indocumentados, el funcionario enarcó las cejas, y su respuesta fue: “Bueno, eso es lo que allá la gente pide”. Sinceridad brutal.

La Metropolitana supo ser una herramienta eficaz para saciar las dos obsesiones del macrismo en materia de seguridad: el control del espacio público y el disciplinamiento social.

Lo cierto es que al calor de ese principio nació la Metropolitana. Y con una cúpula reclutada entre el núcleo duro de la Policía Federal, con el polémico Jorge “Fino” Palacios a la cabeza. De modo que aquella fuerza –a pesar de algún que otro temita coyuntural, como el affaire de las escuchas telefónicas– supo ser una herramienta eficaz para saciar las dos obsesiones del macrismo en materia de seguridad: el control del espacio público y el disciplinamiento social. Prueba de ello es su guerra sin cuartel contra vendedores ambulantes y trapitos, junto al recordado desalojo de la Sala Alberdi del Centro Cultural San Martín y la represión sobre médicos, trabajadores y pacientes psiquiátricos del Hospital Borda, algo que ni el propio Idi Amín se hubiera atrevido. Tanto es así que, a diferencia del resto de agencias policiales existentes en el país –cuyo poder territorial y la variedad de delitos en los que intervienen las transforman en un instrumento de recaudación ilegal–, la Metropolitana, al no tener tales atributos geográficos ni cajas delictivas para rapiñar, funciona como un cuerpo partidario; en otras palabras, es la milicia del PRO.

A los efectos de esta política, el actual jefe, Horacio Giménez, es muy bien visto por sus mandantes civiles. Al tipo le gusta comandar personalmente los bastonazos a las turbas en infracción. Y en eso lo avala una vasta experiencia: en su paso por la Policía Federal, registra hitos curriculares tan interesantes como “comisiones” en Tucumán entre 1975 y 1976, durante el “Operativo Independencia” y su participación en la memorable razzia “antisubversiva” contra los obreros metalúrgicos de Villa Constitución. Tres décadas después llegaría a comisario general, con el cargo de superintendente de Interior y Delitos Federales. En 2009 fue denunciado por fotografiar y filmar a efectivos de la Federal interesados en pasarse a la Metropolitana. Y a mediados de 2011 –tras ser eyectado por la ministra de Seguridad, Nilda Garré en el marco de una purga– se convirtió, para sorpresa de muchos, en el máximo jerarca de la policía macrista. Por tal razón, sus ex camaradas lo llaman: “El jefe de los traidores”.

Horacio Giménez registra hitos curriculares tan interesantes como “comisiones” en Tucumán entre 1975 y 1976, durante el “Operativo Independencia” y su participación en la memorable razzia “antisubversiva” contra los obreros metalúrgicos de Villa Constitución.

Y ahora deberá compartir, tanto las mieles del poder como el arduo camino de la unificación, con el poderoso titular de la Superintendencia de Seguridad Metropolitana, con jurisdicción sobre las 54 comisarías capitalinas traspasadas al Gobierno porteño; éste es nada menos que el abucheado comisario Calviño, otro viejo pájaro de cuentas.

De hecho, fue sorprendente su nombramiento, habida cuenta del prontuario que exhibe. Calviño está en la actualidad imputado por encubrimiento en dos causas (una, por frenar el allanamiento a una financiera; otro, por “proteger” a subordinados suyos que habrían plantado droga a dos motociclistas con fines extorsivos). Además, se lo acusó por haber liberado la zona del asesinato de dos barras boquenses (Ángel Díaz y Marcelo Carnevale), en el marco de la virulenta interna de “La 12”. Y recientemente, el mismísimo Ministerio de Seguridad –ya en manos de Patricia Bullrich– lo denunció por facilitar la fuga de otro barra boquense, Marcelo “Mey “Oetinger, quien –al parecer, alertado por Calviño– se habría esfumado de un paraavalanchas de la Bombonera, mientras iba por él una brigada de la División Antisecuestros.

Dicho sea de paso, en los pasillos oficiales se comenta con insistencia que el presidente de Boca, Daniel Angelici, tiene grandes esperanzas depositadas en su persona.

En resumen, Giménez y Calviño –quienes por otra parte mantienen un añejo encono– serán los pilares de la inminente reunificación policial.

Policía de vanguardia

Con respecto a la Policía Federal, el desguace de su estructura a través del traspaso de la Superintendencia de Seguridad Metropolitana al Gobierno de la Ciudad no generó el entusiasmo de los “azules”. Y ahora, su tan publicitada unificación con la Metropolitana se torna casi como un salto al vacío. Y eso, por una constelación de factores tan compleja como peligrosa.

Ya en el plano administrativo el asunto no es fácil. Los federales no ahorran preocupaciones por el futuro de su caja de jubilaciones. También temen por el destino de su obra social (los federales tienen el Hospital Churruca; los de la Metropolitana, OSDE). Asimismo los desvela de sobremanera el asunto de las horas extras (la Metropolitana las tiene prohibidas). A la vez, están atentos con el tema salarial (los de la Metropolitana cuentan con haberes más elevados). Y ni hablar de las nauseas que les provocan los chalecos turquesa de los nuevos uniformes, tan parecidos a la indumentaria de la empresa OCA.

Otro campo conflictivo tiene que ver con los negocios clandestinos ¿De qué modo la corporación de los federales articulará sus actividades recaudatorias en el marco de la nueva fuerza? ¿Acaso tendrá a bien compartir los beneficios con sus nuevos camaradas? ¿Acaso resignara sus fuentes espurias de ingresos? Si algo enseña la historia es que las respuestas a tales interrogantes usualmente se escriben con sangre.

En el aspecto operacional, la cuestión es también incierta y con perspectivas estremecedoras. Dado que el lanzamiento de la Policía de la Ciudad está fijado en los primeros días del año que viene, es de suponer que, sobre la marcha –y en base al inefable método macrista de ensayo y error– serán ejecutadas sus etapas organizativas. En otras palabras, la seguridad de los porteños quedará así subordinada a la osadía de un experimento.

Las otras fuerzas

No es una novedad decir que el vínculo que cultivó la alianza gobernante con las principales fuerzas de seguridad del país es más que vidrioso.

Basta con recordar que el 13 de diciembre –apenas a setenta y dos horas de que Macri asumiera la presidencia–, la ministra Bullrich inició su gestión con 43 gendarmes muertos, al desbarrancarse en Salta el micro que los llevaba a Jujuy para desalojar a militantes de la Tupac Amaru que acampaban frente a la sede del gobierno provincial. Así culminó lo que iba a ser el debut represivo del PRO a nivel nacional. Tal circunstancia, selló el dramático rencor entre los “Centinelas de la Patria” –tal como a la Gendarmería le gusta hacerse llamar– y las nuevas autoridades.

Ya se sabe que no menos escarpada es la relación de La Bonaerense con la gobernadora María Eugenia Vidal. La escalada de desencuentros entre ambas partes incluye zonas liberadas, asaltos y secuestros extorsivos a funcionarios y dirigentes macristas, junto con amenazas, reclamos y denuncias de toda laya.

El gobierno intentó la última semana tomar la iniciativa, enviando efectivos de Gendarmería a la provincia de Buenos Aires y anunciando un plan de seguridad nacional -que más se asemeja a algunos movimientos de urgencia- para contrarrestar las críticas de propios y ajenos sobre su ineficiencia.

@Ragendorfer

Comentarios

Comentarios

Ricardo Ragendorfer

Ricardo Ragendorfer

Es considerado uno de los mejores cronistas del género policial en el país. Autor de libros como El otoño de los genocidas (2017) y Los doblados (2016). Además de colaborar en Nuestras Voces, escribe en el diario Tiempo Argentino, Revista Zoom y en la revista Caras y Caretas, entre otros.

Hacé tu anotación Sin anotaciones
Apoyan Nuestras Voces

NuestrasVoces.com.ar - 10/08/2020 - Todos los derechos reservados
Contacto