Los cómplices civiles del robo de bebés en la dictadura

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En un juicio oral que desnudó las complicidades civiles en el robo de bebés durante la dictadura, ayer un fiscal federal pidió hasta 12 años de prisión para el médico dueño del Instituto Privado de Pediatría de Paraná y sus socios. En 1978 estuvieron internados allí los mellizos Valenzuela Negro, hijos de militantes montoneros. Sabrina recuperó su identidad en 2008 y aún busca a su hermano apropiado. En la causa hubo misteriosas muertes de imputados. La sentencia del Tribunal Oral se conocerá a mediados de octubre en Entre Ríos. 

Fotos: H.I.J.O.S Paraná

La Fiscalía pidió entre 9 y 12 años de prisión para los tres médicos dueños de Instituto Privado de Pediatría de Paraná (IPP) donde en 1978 trasladaron desde el Hospital Militar a los mellizos Valenzuela Negro, hijos de dos emblemáticos militantes montoneros que fueron víctimas de la dictadura cívico-militar. La querella había pedido 15 años. Sabrina Gullino Valenzuela Negro recuperó su verdadera identidad en 2008, pero aún busca a su hermano mellizo con ahínco. El caso incluye muertes misteriosas de imputados y un pacto de silencio e impunidad, que el tiempo no logra quebrar. Pareciera que un manto de ruindad merodea este hecho paradigmático de la Argentina. Los alegatos continuarán hasta la semana próxima y a mediados de octubre se espera la sentencia del tribunal oral. Hasta entonces, los acusados Miguel Torrealday, Jorge Rossi y David Vainstub aguardarán con sus miradas de sombras.

Nuestras Voces: ¿Qué le dirías a Torrealday?

Sabrina Gullino Valenzuela Negro: Le preguntaría qué es lo que le impide poder romper el pacto de silencio y ser protagonista de la reconstrucción de la verdad histórica para que yo pueda abrazar a mi hermano. A veces pienso que está encubriendo a la familia que se quedó con El Melli.

Según el fiscal José Candioti,  los acusados tuvieron un accionar doloso. “Prestaron colaboración con los delitos con total conocimiento e intención. No hubo negligencia ni accionar culposo. No hicieron nada para dar con los familiares; ninguna presentación a las autoridades correspondientes como un juez de menores o Consejo del Menor”.

En el mismo sentido, el fiscal recordó la entrevista que Sabrina tuvo con los dueños del IPP en 2013. En aquel momento, Torrealday reflejó que conocía el caso. “Esa es la cunita donde vos estuviste –le dijo- y tu hermanito entró descomplejizado, vinieron, pagaron y se los llevaron”.

“En noviembre de 2008 me llegó una citación a la casa de mis papás en Ramallo –me contó Sabrina en 2015 en su casa de Victoria-. Era la hora de la siesta cuando tocó un timbre un cabo. Lo atendí yo. Me acuerdo que le pregunté qué era esa citación de la justicia federal y me respondió que era o por tráfico de drogas o por robo de bebés –seguía Sabrina-. Entonces, me preocupé mucho. Me angustié por la situación. Porque me había preguntado si era hija de desaparecidos, aunque mis viejos me habían adoptado legalmente. Mi papá me respondió que me quedara tranquila que seguro la causa se trataba de un choque que tuvo con mi mamá en la ruta. Yo lo senté y le dije: no papi, esto es muy serio, ustedes pueden ir presos si cometieron un delito conmigo. Pero ellos me adoptaron cumpliendo todos los pasos legales y después de realizar un tratamiento médico de cinco años. Hasta me mostraron el trámite de adopción. Así que al poco tiempo estábamos con mis viejos ante el juez y lo veía tan frágil a mi papá, tan buen tipo, tan inocente en el medio de ese problemón, luchando contra el aparato del Terrorismo de Estado. Declarando contra una multiplicidad de intereses: no teníamos la menor idea ante qué cosa monstruosa nos enfrentábamos”.

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Las grandes historias jamás nos sueltan. Uno queda atrapado entre signos de quimeras y espejos. Cervantes decía que la memoria no deja descansar. Quizá se refería a la quietud de la mente o a la noche de los tiempos.

Sabrina es hija de Raquel Negro y Edgardo Tulio “Tucho” Valenzuela. Su madre está desaparecida desde poco después del parto de los mellizos en marzo de 1978 y él murió en Paso de los Libres en julio de 1978, durante la llamada “Contraofensiva”, después de que revelara en México el 18 de enero de ese año, el plan de la dictadura que buscaba aniquilar a la cúpula guerrillera con un comando mixto de militares y “quebrados”.

Tucho desbarató con heroísmo los planes de Leopoldo Fortunato Galtieri y su séquito del campo de tortura de “La Quinta de Funes”, sabiendo que no lograría salvar la vida de Raquel.  Valenzuela había conocido a Galtieri en 1972 en la cárcel de Trelew antes de la ley de amnistía de Héctor Cámpora. Para el Ejército, Tucho siempre fue un objetivo: desde el asesinato del general Jorge Esteban Cáceres Monié en diciembre de 1975, adjudicado por la propia guerrilla de extracción peronista en un operativo llamado “Cacerola”, que se produjo a unos 20 kilómetros de Paraná.

La trepidante saga de Tucho y su compañera –una auténtica tragedia argentina- fue narrada magistralmente en la novela del ex canciller, Rafael Bielsa, publicada en 2014, “Tucho. La Operación México, o lo irrevocable de la pasión”. En ese texto Bielsa intenta con éxito contar el sentido profundo de aquella lucha quijotesca que incluyó algunos héroes y no pocos necios que todavía corren con la fusta.

Además, la trama de Valenzuela ocupó decenas de páginas en los libros revisionistas de mediados de los ’90, “Recuerdo de la muerte”, de Miguel Bonasso, y los tres tomos de “La Voluntad”, de Martín Caparrós y Eduardo Anguita, entre otros, que buscaron un significado posible en el difuso camino que atraviesa el compromiso absoluto, la pérdida de la razón y, por qué no, la redención.

La serpentina de la historia trae de nuevo la voz de Sabrina. Ahora bordeando los 40 con su familia intacta y esa perseverancia de las mujeres valientes. “Mientras esperamos la sentencia del juicio, se produjo otra muerte dudosa en Córdoba –dice-, esta vez se trata del médico Eduardo Halac, de quien sospechábamos que habría tenido vínculos con los dueños del IPP, donde estuvimos con mi hermano en la dictadura. Luego nos separaron. Desde que recuperé mi identidad sigo buscándolo. A esta altura creo que El Melli es un ‘botín de guerra’ para los militares y estos médicos deben saber quién se lo llevó”.

Desde Hijos Paraná publicaron un comunicado: “En la clínica de la familia Halac se formaron en neonatología los socios del IPP acusados por la retención y ocultamiento de los mellizos. Esto nos hace recordar al militar Paul Navone, que apareció suicidado en la misma provincia el día que debía prestar declaración indagatoria por estos mismos hechos”. Hijos exigió “una investigación a fondo de la posible vinculación de la muerte de Halac con la apropiación del Melli”.

Sin embargo, los medios de Córdoba no publicaron nada sobre las sospechas de la presunta participación de Halac en el IPP junto a sus dueños Torrealday, Vainstub y Rossi, acusados de haber puesto a la clínica al servicio del plan sistemático de robo de bebés y sustracción de identidad de la dictadura.

Halac fue hallado muerto en la madrugada del pasado jueves 20 dentro de un pozo de 30 metros de profundidad en su casa de Córdoba. Un vecino había llamado a la Policía. Dijo que el médico no atendía el teléfono y la última vez que lo vio con vida  fue durante la tarde. La calificación legal de la causa es “muerte de etiología dudosa”. Lo cual significa que aún los investigadores no lograron precisar con exactitud cómo llegó Halac al fondo del pozo de su casa. ¿Qué pasó entren las 14 y el atardecer, cuando un vecino y un jardinero llamaron a la Policía y a los bomberos? Es un misterio. Y no es el único.

Otro caso siniestro vinculado a la causa por la apropiación ilegal de los mellizos Valenzuela Negro se produjo también en Córdoba, a fines de febrero de 2008. En ese momento, Sabrina desconocía su verdadera identidad y vivía con su familia adoptiva en Ramallo.

El 25 de febrero de 2008, un día antes de ser citado a declarar como imputado en el Juzgado Federal de Paraná, el teniente coronel de Inteligencia, Paul Navone, se disparó un balazo calibre 9mm a 50 centímetros de su cabeza. Dejó una nota: “Tomo esta decisión en pleno uso de mi libertad y facultades. Nadie, de mi entorno familiar, ni de mi contexto tiene conocimiento de lo que he dispuesto hacer. Lo hago solo sin participación de tercero alguno. Adopto esta conducta como el mejor camino para mí”.

Su cuerpo fue encontrado en un sitio de la Fuerza Aérea. La operación de autopsia determinó que “se habría disparado en la cabeza con una 9 milímetros. Hora presunta del hecho 03.00. Encontrado hoy (por el 25 de febrero de 2008) a las 8.15. Tiene un orificio en sien izquierda compatible con salida de proyectil”. En la necropsia le extrajeron “sangre y humor vítreo” de la cornea para determinar la data de muerte. Pero hay otros episodios funestos.

“Con la muerte de Halac revisamos la causa y encontramos que al jefe de Terapia Intensiva donde estuvimos con mi hermano mellizo lo quisieron matar después de que yo restituyera mi identidad”, recuerda Sabrina, perpleja. Tanto que hace 72 horas visitó a un testigo cercano al imputado, ya fallecido, quien reveló que “dos tipos del Ejército lograron meterse en su celda. Tenía huellas de ahorcamiento en el cuello y marcas en la espalda”.

Juan Zaccaría, quien luego ingresaría por gestión de la abogada de derechos humanos, Ana Oberlin,  al Programa de Protección de Testigos, también tenía pánico. Alguien llamó al conmutador del Hospital San Martín y le soltó a la directora: “Zaccaría se salvó en la cárcel, pero en el hospital lo vamos a hacer mierda”. Lo que sobrevino después se parece mucho a la desesperación. No era para menos. Zaccaría había sobrevivido de milagro con un cinturón alrededor del cuello.  Según la reconstrucción de la querella, él estaba presente cuando la patota militar llegó con los mellizos en brazos. No era el único médico sospechoso. El mismo día que Sabrina mantuvo un careo en el juicio oral con una enfermera del IPP, el médico Halac murió en extrañas circunstancias en Córdoba. Las enfermeras continuaron declarando, algunas con contracciones.

Stella Maris Cuatrín dejó su letra en el libro del IPP. En una reunión, Cuatrín le confesó a Sabrina que el mellizo podría estar en Córdoba. Pero en el juicio lo negó y hubo un fuerte cruce verbal. Ante el juez Roberto López Arango, el fiscal José Candioti y la querella a cargo de Marcelo Boeykens, dijo que Torrealday y su familia tenían una casa en Córdoba. Se sabe que era amigo de Halac y solía visitarlo. Para mal de males, agregó que una médica, Amelia Niveyro, le contó: “A lo mejor este chico ya esté en otro lado, esté bien, sea profesional”.  Esa médica estaría vinculada con el imputado Vainstub. La pista de Córdoba crece.

En 2011, el fallecido Ángel Luis Schroeder, también acusado, amenazó a la enfermera Cuatrín: “¿Qué vas a declarar Mari, en qué te estás metiendo?”. La mujer afirmó la semana pasada en la audiencia oral que Sabrina y su hermano mellizo fueron atendidos por los médicos Rossi, Schroeder y Torrealday, quien según los testigos no le quitó la mirada de encima en ningún momento. Cuatrín insistió en que no entregó al mellizo a sus apropiadores. Dijo que desconoce dónde está, aunque deslizó que otras enfermeras podrían tener datos. Habló de Norma Lasbías, Miriam Guillen e Imelda Princic, quienes no testimoniaron en el juicio, tal como publicó el portal Uno de Entre Ríos. El abogado de Sabrina, Marcelo Boeykens, pidió que declaren Princic, Niveyro y Guillen. Una de ellas vive en el exterior.

“La audiencia del jueves pasado estuvo relacionada con una pericia caligráfica que demostraba que Stella Maris Cuatrín y Marta Ofelia Gómez (dos de las enfermeras involucradas) habían registrado en ese libro de ingresos y egresos del IPP, siendo que una de ellas dijo que no había trabajado en el año 78 en el Instituto”, explicó a Elonce TV, Sofía Uranga de la querella de Hijos Paraná.

Sabrina sostiene que Gómez anotó a su hermano como “NN López” y a ella la registró Cuatrín bajo el nombre ficticio de “Soledad López”. El IPP siempre negó este hecho. Durante años dijeron que el registro lo hizo “una empleada administrativa que falleció”. Pero los peritos judiciales demostraron que la caligrafía era de las enfermeras Gómez y Cuatrín. Sabrina estuvo 23 días cautiva en el IPP, su hermano 17. ¿Quién se llevó al mellizo?  “Tenían un deber de cuidado y generaron tanto daño. Generaron un dolor constante. Sólo pedimos justicia”, sostuvo la querella sobre el rol de los médicos acusados.

El caso de la enfermera Gómez es propio de la amnesia del miedo. Manifestó que no trabajó en el IPP en 1978, pero los documentos demuestran que percibió salarios hasta septiembre de ese año. La querella de Hijos la acusó por el supuesto delito de falso testimonio.

En una conmovedora cinta que Raquel Negro, mamá de Sabrina, grabó en plena clandestinidad, en 1977, legó este mensaje: “Por ahí parece que uno no va a seguir viviendo, que no se puede, que el dolor es muy grande, que a uno lo ahoga, pero hay fuerza siempre, hay fuerza y objetivos por los que queremos vivir y personas por las cuales siempre somos necesarios. Yo quiero que sepan que aún dentro de esta situación, yo soy feliz. Y quiero decírselo a ustedes, yo creo que no hay nada en el mundo tan hermoso como tener un hijo y criarlo, educarlo, tratar de hacerlo feliz, aún dentro de las condiciones que no siempre son las mejores”.-

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Juan Alonso

Juan Alonso

Periodista y escritor. Columnista con Roberto Caballero en Radio del Plata. Distinguido con el premio Rodolfo Walsh que entrega la Facultad de Periodismo y Comunicación Social de La Plata (2017). Fue editor de policiales en Tiempo Argentino.

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