Los exiliados de Macri

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La desinversión en Ciencia y Tecnología, los altos índices de inflación, la falta de oportunidades, la persecución política, el creciente nivel de violencia son algunos de los motivos que llevan a miles de argentinos a dejar el país. Lucas Pagura es biotecnólogo y se fue a Estados Unidos con la agudización del ajuste en el sector científico. Nadia Lihuel es periodista y emigró a Bolivia en medio de los masivos despidos en la prensa. “El país que se ve de lejos es catastrófico”, asegura. ¿Nueva “fuga de cerebros”? ¿Nuevo exilio económico?

Este viernes se conocieron los resultados de ingreso a la carrera de investigador del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET). De 2500 candidatos, sólo ingresaron 450. “Producto del ajuste, 2050 doctores (grado y posgrado, formados en universidades nacionales por más de 12 años) fueron excluidos”, denunció en sus redes sociales Roberto Salvarezza, bioquímico, diputado nacional y ex presidente del CONICET y agregó que fruto de esta situación muchos profesionales piensan irse al exterior.

El nombre de Lucas Pagura, de 32 años, no es conocido, pero su foto lavando platos junto a otros científicos rosarinos circuló en octubre de 2016 por distintos medios de todo el país cuando comenzaban a denunciar la reducción del Presupuesto 2017 en Ciencia e Investigación. Su cuerpo lavando platos con la cara de Einstein fue tapa de Página/12. “No queremos irnos del país ni lavar platos”, reclamaba entonces junto a otros colegas. El 27 de febrero de este año, después de haberse formado durante toda su vida en el ámbito de la educación pública, viajó a Estados Unidos a realizar un pos doctorado, por el cual le pagan en la Universidad de Harvard.

Fernando Stefani, Investigador Principal del CONICET, denunció que la reducción del Presupuesto del Ministerio de Ciencia y Técnica, hoy Secretaría, “profundizó una selección negativa donde los científicos más jóvenes y brillantes que se han formado financiados por el Estado argentino, se ven impulsados a dejar el país para desarrollar sus carreras en el exterior, generando conocimiento y beneficios en otros países”. Tal es el caso de Lucas Pagura, que no abandonó el país por voluntad propia sino impulsado por el contexto.

Realizó la primaria y la secundaria en una escuela pública. Se recibió de biotecnólogo en la Facultad de Ciencias Bioquímicas y Farmacéuticas de la Universidad Nacional de Rosario, hizo un doctorado en la misma institución con beca del CONICET y luego cursó un año de postdoctorado, también con beca. El año pasado fue uno de los dieciséis seleccionados entre participantes de todo el mundo para realizar un curso en Estados Unidos. Allí conoció a la directora del proyecto en el cual esta trabajando en este momento, que lo contrató para trabajar en Harvard.

“Decidí venir porque la situación de Argentina en este momento no es muy propicia para la ciencia. Desde hace un par de años, desde el 2015 exactamente, hubo un gran recorte en la posibilidad de hacer ciencia, hacer carrera porque los recortes en los ingresos del CONICET dificultan completamente poder seguir. En el 2015 había alrededor de 1200 ingresos y después que asumió Macri y cambiaron las políticas. La competencia es mucho mayor y no hay lugar para todos, o nos están haciendo entender que no hay lugar para todos. Entonces me salió la oportunidad de hacer un postdoctorado afuera, en este caso en Harvard. Debido a que no tenía posibilidades de seguir en mi tema de trabajo en Argentina, y acá el trabajo es similar decidí venirme”, explicó Pagura en diálogo con Nuestras Voces. Y agregó: “No es una situación para nada agradable. En Argentina estuve cinco años dando clases de biología molecular en la Facultad de Bioquímica y Farmacia de la Universidad de Rosario y después empecé en la cátedra de Biofísica. Estuve tres años más trabajando ahí y la verdad que es una situación bastante angustiante porque uno deja todo, su carrera como docente, la carrera como investigador, deja su familia, sus amigos, uno abandona completamente toda la actividad que tenía allá para intentar establecerse en una sociedad bastante distinta a la nuestra. No es una cosa fácil”.

Sin embargo, en términos de investigación las posibilidades son distintas. “En lo que se refiere a recursos verdaderamente hay de todo. Acá invierten muchísimo en ciencia, hay equipamiento, hay reactivos. Imaginate que en Argentina uno necesita un reactivo y desde que lo pide hasta que lo recibe puede pasar tres, cuatro meses mientras que acá lo pedís y al día siguiente o a los dos días lo tenés en el laboratorio para trabajar. Entonces los niveles de competencia son completamente distintos. Acá pedís los elementos que necesitas sin fijarte en el precio mientras que en Argentina los subsidios se vieron completamente afectados por la devaluación y además sufrieron recortes, entonces también tenés que estar midiendo qué es lo que podes comprar, qué no, qué experimento podes desarrollar y cuáles no por la falta de recursos”.

Para Lucas “un país que invierte en ciencia y tecnología puede desarrollar sus propias actividades, sus propios desarrollos científicos e industriales. Si un país no invierte en esas cosas, termina siempre dependiendo de otras potencias y nunca se puede desarrollar por completo. Me parece fundamental que un país invierta en ciencia, tecnología y educación para tener personal calificado que pueda impulsar cosas verdaderamente importantes en el país”.

La traición de Lino Barañao a la ciencia

Nadia Lihuel es periodista y productora de televisión. En junio de 2016 se fue a vivir a Bolivia junto a su compañero fotógrafo. Recibieron una oferta laboral, viajaron a Santa Cruz de la Sierra a conocer la empresa en la que trabajarían, vacunaron a sus dos gatos, en tres semanas desarmaron su casa y se mudaron. “Sabíamos que laburando en medios no iba a ser fácil sostener el trabajo en el macrismo. Y con la experiencia de vivir en CABA habíamos comprobado de primera mano la represión. A él, por ejemplo, le vaciaron un gas pimienta en la cara y le pegaron tres balazos de goma en la represión en el hospital Borda. ¡Entraron con topadoras a un hospital psiquiátrico!
También cuando fue la toma de la Sala Alberdi en el San Martín”. Parafraseando a una amiga, sostuvo: “Sabíamos que el gato venía con botas”.

Según un informe del Sindicato de Prensa de Buenos Aires (SIPREBA), sólo en 2017 se perdieron más de 500 empleos en el ámbito periodístico. “En el 75% de los medios relevados hubo pérdida de puestos de trabajo, sumando más de 500 en total, que, si se agregan a los datos relevados en el informe de 2016, rondan los 1.800 puestos de trabajo formales perdidos en los últimos 2 años”. Las estimaciones a la fecha en todo el país desde que asumió el actual gobierno superan los 3000 despidos en los medios.

“En ese momento yo colaboraba como freelancer en algunos medios, producía cosas para TV también. El 26 de octubre de 2015, después de la primera vuelta y de que hablase Vidal en provincia me bajaron todas las notas que me habían pedido: ¡todas!.O sea, que incluso antes de que asumiera Macri un poco nos jodió la vida la coyuntura. No teníamos laburo fijo, pero sí cierta estabilidad. Yo como periodista y productora y mi compañero como fotógrafo en medios y también haciendo sociales. Pero 2016, el casi medio año que vivimos todavía en Buenos Aires, nos costó muchísimo”, contó.

Respecto a cómo ven la Argentina desde Bolivia, Nadia aseguró: “El país que se ve de lejos es catastrófico. Los amigos que pierden laburo, la familia que tiene limitaciones. Es la primera vez en la historia que los giros de ayuda familiar cambian de dirección. Tener que ayudar económicamente a la familia desde acá es triste. Me refiero a que una agradece el hecho de poder hacerlo, pero saber el estado en el que están las cosas para necesitarlo es realmente doloroso. Argentina suspendió la compra de gas a Bolivia y ahora lo importa vía Chile. Se lo compra a Shell. Estando los gasoductos que se cagan de risa mientras los argentinos pagan sobreprecios acordados por Aranguren que es accionista de la propia Shell. Es demencial lo que pasa en Argentina”.

“Siempre dan ganas de volver, de ver a la familia, a los amigos. Pero la idea de volver a vivir en Buenos Aires me angustia. Pienso en los subtes colapsados, inundados, sin frecuencia, en la violencia cotidiana de la gente que no le puede comprar un yogur a sus pibes y no, la verdad que no quiero volver. No podés culpar a la gente por esos estados de ánimo, pero tampoco es tan fácil pensar en volver cuando mí equivalente al subte es la red de teleféricos urbanos más grande del mundo. Cuando los precios de hoy en el supermercado son los mismos que hace dos años. Cuando tu capacidad de trabajo es constante y tu capacidad de ahorro también. Y no se trata de lo material: es la calidad de vida. Cuesta la distancia. Siempre. Pero somos muy afortunados y lo sabemos”.

Macri poda la ciencia

Ana Zenarrusa es jujeña. Decidió irse a los pocos meses de recibirse de Licenciada en Comunicación en Córdoba. Cuenta con la ciudadanía italiana y eso, aseguró, facilitó su situación. Se instaló en junio de 2018 en Palma de Mallorca. “Yo trabajaba en una radio y el ámbito era horrible, no había nada que me atara. Lo único que me retenía era que estaba de novia, fue la relación mas larga que tuve y eso fue bastante difícil. Contextualmente era malo el entorno y decidí venirme para Mallorca que tengo familia, entonces tampoco era un lugar tan arriesgado. Sabía que podía llegar a una casa, que tenía la contención de mi tío, una prima de mi edad. La isla, además, hablando de lo que es encontrar trabajo tiene muchas posibilidades dentro de lo que es el rubro de la hostelería. Es una isla que esta hecha para turistas, tiene casi un millón de habitantes y recibe por año casi 14 millones de personas”.

Actualmente trabaja como camarera en una hamburguesería veinticinco horas a la semana. “Acá está lleno de argentinos y saben que laburamos de lo que sea, que le metemos el pecho. Hay un montón de gente que le gusta trabajar con argentinos, no tenemos mala fama, no me impidió conseguir ningún trabajo el hecho de ser argentina. El primer lugar donde dejé el currículum empecé a trabajar. Estaba tomando una cerveza y pregunté donde podía dejar el CV, se lo di al dueño y me dijo que podía empezar en ese momento. Ahí estuve un mes y medio, después dejé de trabajar para disfrutar un poco de la isla y después comencé nuevamente en otros lugares”.

Más allá que viajar era un proyecto que tenía, el contexto influyó en su decisión: “El 10 de diciembre cuando asumió Macri, estaba en Córdoba y veía a la gente festejando. Sentía que me tenía que ir porque sabíamos qué iba a pasar. Y al mismo tiempo, el año pasado, cuando empezó la corrida y el salto del dólar sentía ganas de estar allá quemando gomas y cortando calles. No es que estando acá no me importa lo que pasa en Argentina. Me re molesta, y sufro todo lo que esta pasando porque mi gente esta allá y está sufriendo. Pero el entorno tuvo mucho que ver en mi decisión de venirme porque no prometía nada para mí”.

Si trabajara como camarera en Argentina, tampoco podría hacer lo que le permite el salario que cobra en Europa.  “Cuando estaba en Argentina, de los ingresos que tenía, el 80% se me iba en comida. No tenía capacidad de ahorro. Lo que veo ahora es que de mi sueldo el 40% se me va en vivir y en comer, pero me queda un 60% para hacer lo que quiera. Y ahí nunca me pasó de tener la mitad de lo que ganara para irme de viaje, salir a comer con mis amigos, salir a tomar algo, no me pasaba eso. Igualmente, cada uno tiene como un standard de vida. Si fuese mas gastadora por ahí tendría menos posibilidades. Siempre fui de cuidar el dinero y ahora lo sigo cuidando, no es que me sobra y lo gasto. De hecho, estoy ahorrando y quiero viajar por el  sudeste asiático. Allá, siendo camarera no podría hacer lo que hago acá. Cobro un sueldo de los mínimos, pero acá uno tiene previsión. Yo se que los 900 de hoy son los 900 de mañana y los 900 dentro de un año, entonces uno si conoce sus gastos sabe como manejarse”.

“A Argentina hoy no puedo volver. Estuve todo febrero, pero fue un baldazo. Hoy Argentina no me promete nada. Vuelvo y ¿qué hago? ¿Trabajo de periodista? ¿Dónde? ¿Para quién?”, se pregunta. Y para ella no hay respuestas.

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Sabrina Roth

Sabrina Roth

Licenciada en Ciencias de la Comunicación (UBA). Es corresponsal de Telesur en Argentina y escribe colaboraciones en Página/12 y #LaGarcia.

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