Los padres del piloto que saltó desde un avión en Córdoba rompen su silencio

El Último Mensaje de un Hijo

Carlos conserve ese último mensaje de WhatsApp que recibió de su hijo. Era un sábado cuando Carlos le animó a disfrutar del día y de la compañía de sus amigos. Leandro, su hijo, respondió con un emoticono de corazón. Pocos momentos después, abordó un avión para dar instrucción a una joven de 22 años. Durante el vuelo, le pidió a ella que continuara pilotando, abrió la puerta y se lanzó.

Un Evento Inesperado

Este trágico suceso aconteció el 4 de julio de 2026 en Córdoba. Cuatro meses después, Ethel y Carlos, padres del piloto Leandro Bertazzo, de 42 años, hablan con Clarín sobre lo sucedido, quién era realmente su hijo y cómo desean recordarlo.

El Legado de un Hombre Apasionado

Con un afecto evidente, sus padres describen a Leandro como una persona reservada pero amigable, llena de sueños, con dos grandes amores: la música y volar.

Desde muy joven, Leandro se apasionó por la música, formando una banda de rock llamada Encrucijada junto a sus amigos, donde él tocaba su querida guitarra eléctrica.

Ethel comparte: “Llegó a ser un gran guitarrista, al punto que formamos un grupo de amigos de Leandro. Recibimos muchos videos y mensajes de esos chicos que integraron la banda en su adolescencia. Hasta hace poco seguían juntándose para tocar, disfrutar de reuniones”.

Su otro amor, la aviación, se fue haciendo cada vez más importante con el tiempo. Para invertir en su formación como piloto, vendió sus guitarras y utilizó un auto que recibió de su abuelo como capital.

A lo largo de los años, Leandro acumuló experiencias que moldearon su carrera de piloto. “Obtuvo todas las licencias y alcanzó el nivel más alto de inglés. Había aprobado la parte teórica del English Proficiency Test (EPT) en Estados Unidos y estaba listo para la parte práctica. Tenía muchos proyectos”, recuerda su madre, quien insiste en que no había indicios de suicidio.

Un giro significativo ocurrió en mayo. Después de un mes en un proceso de selección para trabajar en LATAM Airlines en Chile, regresó a Córdoba tras ser desafectado. Comenzó a vivir con sus padres tras terminar una relación de dos años.

Ethel observó cambios en Leandro. Su hijo hablaba de culpa, tristeza y frustración. En ese momento, descubrieron que estaba siendo acosado en redes sociales durante su tiempo de reclutamiento y que su salud mental estaba en deterioro.

Las condiciones invernales impidieron su vuelo en la empresa privada donde trabajaba, lo que agravó la situación. “Detectamos que algo estaba mal y que había personas detrás de esto, detractores confabulando. Leandro era reservado, educado y nunca manifestaba lo que le molestaba. Las palabras tienen poder, y a él lo destruyeron”, comenta Ethel.

Leandro confesó a sus padres que recibía mensajes de odio, donde lo llamaban un peso muerto y dudaban de su éxito. Aunque tenía dificultades para pedir ayuda, recurría mucho a su celular.

“Lo notaba muy dependiente del celular. Al hablar con él, a veces decía sentirse una carga, feo, o culpable, y yo le reafirmaba que era hermoso”, narra entre lágrimas su madre.

En junio, pese a recibir atención psicológica y psiquiátrica, su situación empeoró, experimentando ataques de pánico frecuentes. Sus padres decidieron llevarlo a una clínica psiquiátrica.

Durante una cita, Leandro pidió 48 horas para despedirse de sus amigos antes del ingreso. Esto se acordó el viernes 3 de julio. “Pactamos con Leandro que pasaría 48 horas en internación domiciliaria y se presentaría el domingo en la tarde para ingreso”, les comentó la psiquiatra. Iba a un evento en el aeroclub, algo que parecía ser positivo para él”, explica Carlos.

El aeroclub albergaba la escuela de vuelo Flying Parrot Córdoba, donde Leandro trabajaba como instructor. Todos los vuelos eran con un instructor o piloto de seguridad. Eduardo Álvarez, el director, no tenía conocimiento de la situación de Leandro.

Antes de abordar, Leandro contestó a un mensaje de su padre sobre si iba bien. Aseguró que sí y Carlos le expresó que disfrutara. Leandro respondió con un corazón, su último mensaje.

Comenzó el día de vuelo con un estudiante y todo transcurrió con normalidad. Sin embargo, en el siguiente vuelo con una chica de 22 años, después de pedirle que continuara pilotando igual, Leandro se quitó los auriculares, organizó sus pertenencias, soltó el cinturón y se lanzó del avión. La joven avisó y aterrizó el Cessna C-150. Cuando hallaron a Bertazzo, ya había fallecido.

La Justicia Federal de Córdoba, responsable de temas de incidentes aéreos, investiga el caso. El teléfono de Leandro sigue sin abrirse, un aspecto vital para su familia que cree que fue hostigado en sus últimos meses de vida por un grupo virtual.

La familia de Leandro busca respuestas sobre sus últimos días. Ethel comparte una frase que decía a su hija: “Leandro abrió la puerta del avión, pero muchas manos lo empujaron”. No estamos preparados para la pérdida de un hijo, es un dolor indescriptible”, declara Ethel.

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Reconocen que el miedo de Leandro a perder su carrera bajo presiones insuperables lo acorraló. Durante las recientes semanas, su familia buscó el apoyo de una clínica psiquiátrica debido a su rápido deterioro.

El grupo de amigos de toda la vida sigue en contacto con la familia, compartiendo recuerdos, fotos y videos de Leandro, para honrar su legado.

“Lo observaba como un instructor muy dedicado; a sus alumnos los consideraba como sus críos bajo sus alas. Siempre les estaba guiando”, expresó uno de sus compañeros.

Eduardo Álvarez expresó que Leandro era como uno de sus hijos, quien a pesar de su dolor, compartió su amor hasta el final.

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Ethel y Carlos desean que la historia de su hijo sirva para sensibilizar sobre la importancia de hablar de salud mental y construir puentes de apoyo.

Ethel concluye diciendo: “Es vital abordar el tema de las redes sociales, que muchas veces se usan para daño. Necesitan ser espacios para empatía y amor, para cambiar un poco la sociedad y evitar la destrucción mutua”.

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