Otra cacería mapuche en la Patagonia

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Un enviado del Poder Ejecutivo coordinó la represión de la Gendarmería y la Policía en Esquel, Bariloche y Cushamen contra miembros de la comunidad mapuche liderada por el detenido Facundo Jones Huala. La nueva guerra racial contra los pueblos originarios repite la historia de sangre en la Patagonia. Además de represión y detenciones, denuncian que hay un joven desaparecido.

Fotos: Red de Apoyo a Comunidades en Conflicto

El Estado nacional, junto con las provincias de Río Negro y Chubut, han desatado desde el sábado 29 de julio una auténtica cacería racial contra la comunidad del lonko mapuche Facundo Jones Huala en Esquel, Bariloche y Cushamen. Como en los tiempos más siniestros de la historia -a fines del siglo XIX- las tropas de choque de la Gendarmería y de la Policía de Esquel, por orden del juez federal Guido Otranto, se dedicaron a reprimir con palos y balas de goma a un grupo de mujeres y niños mapuches que reclamaban por la libertad de Jones Huala -preso desde el 26 de junio– en Esquel por una causa de la que fuera sobreseído y cuyo proceso se declaró nulo porque las fuerzas policiales torturaron a un testigo para que revelara el paradero del líder mapuche. Huala tiene un pedido de extradición de Chile, trámite que fue acelerado tras una reunión entre Mauricio Macri y Michelle Bachelet.

La escalada represiva sobre la comunidad mapuche continuó hasta el cierre de esta nota, con las tropas de choque de Gendarmería rodeando la lof de Jones Huala en Cushamen, sobre la ruta 40, desde el martes. Durante la arremetida incendiarion todas las pertenencias de una familia humilde, incluidos sus documentos, víveres, herramientas y otros elementos imprescindibles para sobrevivir en una zona que hace semanas sufrió temperaturas de 12 grados bajo cero. Se repitieron las escenas de mujeres corriendo por la estepa y gendarmes disparando. En ese contexto, el joven oriundo de La Plata, Santiago Maldonado, que vivía entre El Bolsón y Cushamen, sigue desaparecido. Según los testigos, fue visto por última vez al ser apresado por gendarmes en Cushamen.

En diálogo con Nuestras Voces, la abogada de Jones Huala, Eli Gómez Alcorta, explicó que está preparando con sus colegas un habeas corpus para conocer la situación y el paradero de Maldonado. Además insistió con la liberación del lonko Jones Huala, que mantiene una huelga de hambre. “Es apabullante la represión que el Estado ha iniciado contra la comunidad mapuche”, dijo Gómez Alcorta. La abogada también defiende a la dirigente social de Jujuy Milagro Sala, presa hace 565 días pese al dictamen de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), que pidió hace una semana “la liberación inmediata”, porque la cárcel pone en riesgo su vida.

La cacería de un mapuche en el siglo XXI

En tanto, luego de 48 horas detrás de las rejas, la Justicia de Río Negro liberó a los nueve detenidos (7 hombres y 2 mujeres, todos golpeados). Los habían acusado de participar de supuestos incidentes en la puerta del Juzgado Federal de Bariloche. La represión se comenzó a hacer sentir con la llegada del funcionario del Ministerio del Interior de la Nación, Pablo Noceti a Bariloche. Al menos así lo reflejó el Diario de Río Negro en su edición del 1 de agosto.

La oligarquía

Si uno repasa los apellidos del gabinete de Macri notará los lazos con las familias que aun hoy se enorgullecen de lo que llaman “La Campaña del Desierto” y, que en verdad, fue una matanza de pueblos preexistentes en ambos lados de la Cordillera  hace 10 mil años. La ministra de Seguridad se llama Bullrich Luro Puyrredon, el jefe de Gabinete, Peña Braun, y el presidente es hijo de los terratenientes Blanco Villegas. Sólo una fracción de las mil familias que todavía rigen el precio de la tierra y los alimentos en la Argentina del siglo XXI. Su pensamiento atrasa 200 años.

El ex ministro de Educación que nunca llamó a la paritaria docente y que ahora es candidato a senador por Buenos Aires, Esteban Bullrich, declaró el 16 de septiembre de 2016: “Esta es la nueva Campaña del Desierto, pero sin espadas con educación”. La frase la destiló al inaugurar el Hospital Escuela de Veterinaria de la Universidad de Río Negro y dejó absorto a los oyentes. “Sin profesionales que multipliquen lo que hacemos, no sirve de nada porque no estaríamos poblando este desierto”, insistió, “ustedes hacen que no sea un desierto”.

Declaración Argentinos Para la Victoria en defensa del pueblo mapuche

Ya hemos contado en la nota de enero pasado en este mismo portal de noticias, la historia de esas tierras de las reserva de Cushamen, sus límites con un antiguo emporio comercial de lanas británico concedido graciosamente por estos budistas dueños de “la Patria”, el rol del general Roca y sus oficiales, y el reparto de 50 millones de hectáreas entre el patriciado de uniforme plagado de medallas a cambio de sangre humana. Gran parte de esos campos fabulosos pasaron después a capitales ingleses que se cansaron de explotar a los peones rurales (en su mayoría descendientes de indios tehuelches, pehuenches, pampas, ranqueles y mapuches) en complicidad con la oligarquía de toda la Patagonia. Sólo el Estatuto del Peón, sancionado por Juan Perón, el 8 de octubre de 1944, inició la protección de esos trabajadores.

En las comunicaciones internas de la Compañía de Tierras del Sud Argentino de capitales británicos, el historiador Ramón Minieri halló signos de malestar por las mejoras que reclamaba el Estado inclusivo de entonces. Y lo que es peor, también la presunta mensura de lotes en tierras fiscales con la complicidad de las provincias en la zona de  Colonia Lepá:

“Un sobrante de mensura, una fracción de forma irregular de 4 1/2 leguas de extensión (11.250 hectáreas). Este campo de dimensiones no desdeñables fue ocupado por ‘la Compañía’ con su hacienda. La situación siguió inadvertida (puesto que los inspectores, como queda visto, solían no llegar al lugar de los hechos” (pág. 154). “Un poblador, Ramos, que no pudo conseguir la tierra de la fracción escondida de Lepá…” (pág. 165).

El libro de Minieri, “Ese Ajeno Sur. Un dominio británico de un millón de hectáreas en la Patagonia” fue publicado en 2006 por el  Fondo Editorial Rionegrino, en Viedma. Este cronista pudo verificar con antropólogos y otros historiadores de universidades de la Patagonia, que las tierras que ocupa Benetton hoy fueron usadas hace más de dos siglos de forma continúa como campo de invernada y pastoreo de caballos y ovejas por los caciques Nahuelquir y Sayhueque, entre muchos otros, antes de la llegada de las balas del Ejército.

Macri y la tercera invasión inglesa

La experta Susana Bandieri lo explica así: “Los primeros gobiernos patrios, envueltos en permanentes luchas externas e internas, solo efectuaron campañas militares sobre tierras indígenas cuando la creciente expansión ganadera comenzó a exigir la ampliación de las fronteras productivas, pero el interior patagónico seguía siendo dominio indiscutido de los grandes caciques. En la segunda mitad del siglo XIX, las condiciones mundiales cambiaron y el país se insertó más decididamente en un mercado internacional que día a día aumentaba la demanda de materias primas y alimentos. La ampliación de las fronteras productivas se convirtió entonces en una necesidad ineludible del sistema. A la expansión del país en el marco del capitalismo dependiente, le correspondió el crecimiento del poder estatal como necesaria instancia articuladora de la sociedad civil. Esto derivó en la urgencia de conformar un sistema de dominación estable que permitiese imponer ‘el orden’ y asegurar el ‘progreso’ con la preservación del sistema”.

Nótese que la idea de “progreso” que menciona Bandieri analizando el contexto histórico durante dos siglos, es la misma que esgrime el candidato Bullrich pero en 2017. Para el macrismo la Patagonia sigue siendo un desierto como pensaba Roca.  No les importa absolutamente nada la cultura de etnias milenarias que sus familiares de antaño salieron a cazar tanto del lado del Atlántico como del Pacífico al precio de “ocho libras por cabeza”, lo que pagaba el Museo Antropológico de Londres por cada ser humano asesinado de la etnia selknam u ona en Tierra del Fuego. Los salesianos habían estimado que había unos tres mil o cuatro mil habitantes selkman en la zona. Uno de los criminales en serie que trabajó para los ingleses y la oligarquía chilena y argentina fue el rumano nacionalizado argentino, Julio Popper. Incluso documentó en fotografías la cacería de familias completas que liquidó a balazos con su rifle Winchester. Del otro lado resistían con flechas. La última mujer selkman pura, Ángela Loij, murió en 1974.  Mientras tanto, el clan Menéndez Behety (rama familiar del actual jefe de Gabinete y su primo el secretario de Comercio, Miguel Braun) continúan controlando el precio de los alimentos en toda la Patagonia a través de la cadena de supermercados La Anónima, que se caracterizó por tener precios “muy solidarios” durante el último desastre climático en Comodoro Rivadavia.  “Del lado chileno, los Menéndez Behety siguen siendo los dueños del país”, cuentan los expertos en la riqueza del Valle Central y La Araucanía.

Otra vez, la Patagonia rebelde

En la película “La hora de los hornos”, de Fernando “Pino” Solanas y Octavio Getino, realizada en 1968, un integrante de la oligarquía agro-exportadora dice en la exposición de Palermo:

“Nosotros no disponemos de plata, nosotros somos subestimados frente a cualquier industrial que vende estufas, cuando nosotros hemos podido vivir tomando mate con leña de pinillo o de tala. Porque antes hemos tenido militares, que eran gloriosos civiles. Sépalo, si no lo sabe, que el general Mitre traducía El Dante, ¿no? Y escribía poemas, y era un famoso periodista que inventó La Nación. Y el general Roca era un erudito, y el general Agustín P. Justo, que pocos lo recuerdan, tenía la mejor biblioteca de historia argentina del país. Los de ahora… ¿sabrán de algo?”.

@jotaalonso

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Juan Alonso

Periodista y escritor. Columnista con Roberto Caballero en Radio del Plata. Distinguido con el premio Rodolfo Walsh que entrega la Facultad de Periodismo y Comunicación Social de La Plata (2017). Fue editor de policiales en Tiempo Argentino.

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