En pobreza, cero credibilidad

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Sobre la base de la poca credibilidad de las cifras del INDEC, Cambiemos decretó la emergencia estadística por dos años apenas asumió la gestión de gobierno, iniciando un proceso de “revisión integral de las estadísticas públicas”. Si bien los indicadores más cuestionados son los vinculados a la medición de inflación, la nueva administración generó cambios sustanciales en la metodología de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH). Estas transformaiones operan sobre indicadores muy sensibles en la evaluación de políticas públicas tales como la desocupación, la desigualdad y la pobreza, dado que la EPH funciona como “insumo” de los mismos. El Centro de Economía Política Argentina (CEPA) en su informe “Inconsistencias en la medición de pobreza del INDEC”, analiza una serie de elementos que cuestionan la EPH y la metodología de medición de la pobreza del INDEC actuales. Los cambios en las proyecciones poblacionales de la EPH suavizaron los resultados de la transferencia de regresiva de ingresos suscitada desde la asunción de Cambiemos. Por errores en la valorización y composición de la canasta básica alimentaria no representa el patrón de consumo actual de la población.

Fotos: Joaquín Salguero

El INDEC publicó durante tres trimestres consecutivos una sensible disminución de la pobreza. Esto le permitió al gobierno adjudicarse la reducción de la pobreza en un lapso de tiempo muy corto, asociándolo a un proceso de recuperación económica. Sin embargo, el informe de CEPA puntualiza en ciertos elementos de la medición, que obligan a considerar la aparente mejora de manera mucho más crítica.

En primer lugar, se identifica un comportamiento llamativamente heterogéneo en el área metropolitana, que posee características similares. Mientras que entre el segundo semestre de 2016 y el primer trimestre de 2017 la pobreza se incrementa en CABA y La Plata, se registra una disminución de dos puntos porcentuales en una zona tan castigada por el desempleo como es el Gran Buenos Aires.

En segundo lugar, el informe detalla las discrepancias en las mediciones de diferentes organismos. Para el mismo aglomerado (la Ciudad de Buenos Aires), el comportamiento medido por el Instituto de Estadísticas de la Ciudad de Buenos Aires y por el INDEC es inverso: mientras que para el primero la pobreza cae 2,9 puntos porcentuales, para el segundo aumenta 3,9 puntos porcentuales en igual período. Más allá de las diferencias en las características de la muestra y la construcción de canasta en cada caso, la discrepancia en la tendencia resulta llamativa.

En tercer lugar, el comportamiento de los aglomerados de las provincias de San Juan y Córdoba resulta sumamente contradictorio. En el primer caso, la variación de la pobreza entre el segundo semestre de 2016 y el primer semestre de 2017 alcanza una caída de 17,1 puntos porcentuales (implicando una disminución de 84.678 personas pobres), mientras que para el segundo la caída es de 9,8 puntos porcentuales (implicando una disminución de 147.093 personas pobres). Según el INDEC, durante el período habría habido una disminución de la pobreza en el país de 439.080 personas, lo que implica que la disminución de la pobreza en Córdoba y San Juan explican el 53% de la caída en la pobreza total. El propio Gobernador de la Provincia de Córdoba, Schiaretti se refirió hace unos meses a esa drástica reducción afirmando que se trata de una “burla hacia los cordobeses”. Una reducción de 10 puntos porcentuales en un período tan corto, más que mostrar un éxito de gestión abre un manto de duda sobre los indicadores oficiales.

En cuarto lugar, los cambios realizados en 2016 en la estructura demográfica de la muestra de la EPH, produjo un cambio sustancial con consecuencias en la distribución del ingreso. Este cambio de la proyección poblacional (en la composición etaria) introdujo 518 mil menores de 18 años menos, 355 mil adultos más y 516 mil adultos mayores más en la población total. Esto provocó el aumento de la población activa y disminución de la inactiva, aumentando los ingresos promedio del hogar y de la población total.

Asimismo, la distribución de los tres grupos etarios analizados (menores de 18 años, entre 18 y 65 años y mayores de 65 años) no se reparte equitativamente entre los deciles de ingresos. Los menores de 18 años se encuentran sub representados en los deciles de más altos ingresos, mientras que el grupo etario de 18 a 65 años se reparte de forma relativamente equitativa entre los deciles de ingresos y los mayores de 65 años se encuentran sobre representados en los deciles de más altos ingresos. Por consiguiente, una disminución en la participación del grupo etario de menores de 18 años y un aumento de los otros dos grupos tiene un efecto de mejora de la distribución del ingreso.

De pobreza cero a pobreza energética

Vale aclarar que la estructura demográfica real sólo se obtiene del censo, en base a los cuales el INDEC aplica modelos de proyección demográfica que simulan la evolución de la estructura poblacional a partir de tasas de natalidad, mortalidad y migratorias. En 2016, sin explicación o debate la nueva gestión del INDEC modificó las proyecciones poblacionales y las certezas en torno al cambio sólo pueden obtenerse con un nuevo censo.

Las cambios en la Canasta Básica Alimentaria

Además, el informe de CEPA puntualiza una serie de sesgos y errores metodológicos detectados a partir de la asunción de Jorge Todesca al frente del INDEC en las mediciones de pobreza e indigencia. Los cambios en la canasta han operado como justificación para obviar la publicación de indicadores de pobreza e indigencia desde el inicio de la gestión de Cambiemos que posibiliten la comparación con la gestión anterior. Sin embargo, en el informe se demuestra que no existen grandes diferencias entre una canasta y la otra aunque los cambios en su composición dificulten el cotejo. Que el INDEC no haya hecho ningún esfuerzo de empalme hacia atrás solo sirve para ocultar un importante aumento de la pobreza y la indigencia durante el primer semestre de 2016. El cambio en la norma calórica de la canasta básica aumenta la exigencia 1,85% y conduce a un aumento monetario de sólo 1,7%, confirmando que no es el cambio de norma lo que produce una modificación sustancial en el aumento de los guarismos de pobreza e indigencia registrados con la nueva metodología en relación a la anterior.

Pobreza cien mil en CABA

Otra de las críticas al cambio en la composición de la canasta básica alimentaria es que no refleja el patrón de consumo actual. Para CEPA, la nueva canasta básica del INDEC es anacrónica dado que pretende estimar el comportamiento de consumo de la población de 2016 en base a patrones de consumo de 1996/1997 o 2004/2005. Más aún llama  la atención que se haya descartado el uso de la Encuesta Nacional de Gasto de los Hogares (ENGHo) de 2012/2013 la cual se utiliza para determinar los patrones de consumo, cantidades y montos que realice la población. La elaboración, desarrollo y análisis de esta encuesta es de largo plazo y muy costosa sin embargo, el INDEC en 2016 decidió no utilizarla (argumentando solamente alta tasa de no respuesta y falta de documentación) y volver a las versiones previas.

En síntesis, el informe de CEPA analiza críticamente la metodología del INDEC de Todesca, señalando puntualmente que el cambio metodológico realizado por el organismo tiene por finalidad impedir el empalme hacia atrás en las series de pobreza e indigencia y soslayar el aumento de la pobreza con Cambiemos respecto de la gestión anterior. Esta decisión resulta sumamente funcional a la instalación de un discurso de austeridad fiscal, dirigido al recorte de importantes partidas del gasto social.

Como complemento de esta imposibilidad de comparar con las cifras oficiales, se pretendido instalar que el “empalme natural” a los datos de pobreza publicados por el INDEC es la serie provista por la Universidad Católica Argentina (UCA) para el período 2010-2016. Sin embargo, numerosos analistas y centros de estudio (incluido CEPA en informes anteriores) han demostrado la imposibilidad de considerar dichas estimaciones como confiables. La omisión deliberada de los niveles de pobreza desde el inicio de Cambiemos responde a que la evolución de los precios de los alimentos en diciembre y enero de 2016, así como el impacto del tarifazo posterior, golpearon gravemente el bolsillo de las mayorías argentinas produciendo un sensible aumento de la pobreza y la indigencia en la Argentina.

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