Santiago Maldonado, un crimen de Estado

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El “festejo” de los gendarmes luego de la represión mientras quemaban las pertenencias de los mapuches. Las fallas de la investigación. Las pruebas que se perdieron. La estrategia de Gendarmería de autoimputar a Echazú para acceder al expediente.  Adelanto del libro “Santiago Maldonado, un crimen de Estado”, de Sebastián Premici.

Dentro de los expedientes de Habeas Corpus y Desaparición Forzada existe información más que suficiente para esbozar una aproximación de cómo fue la represión del 1 de agosto, la corrida hacia el río, el avance de los gendarmes que terminó con la desaparición forzada seguida de muerte de Santiago Maldonado. Sus contradicciones y mentiras.

La reconstrucción de los hechos pudo realizarse luego de cotejar innumerables veces las declaraciones testimoniales de los gendarmes, sus entrevistas guionadas ante el Ministerio de Seguridad y la propia GNA, incluidas las falacias esbozadas por los jefes de los Escuadrones 35 y 36 en los medios de comunicación hegemónicos porteños. También cotejamos las fotos y videos incluidos dentro de ambos expedientes, las testimoniales de los pocos mapuches que declararon, sumado a un incesante intercambio de opiniones con quienes investigaron el caso desde el primer momento, además de la presencia en el territorio en al menos cuatro oportunidades.

Los que trabajan en este tipo de causas penales saben que los primeros pasos dentro de una investigación son cruciales. En el allanamiento del 5 de agosto dentro de la Pu Lof en Resistencia Cushamen, procedimiento del que ni el juez Guido Otranto ni la fiscal Silvina Ávila participaron por decisión propia, hubo algunos indicios de cómo pudieron haber sido los acontecimientos, detectados por el defensor oficial Fernando Machado.

En ese operativo central, clave, porque era la primera vez que abordaban el territorio para encontrar pistas de lo sucedido–por eso resulta inexplicable que Otranto se haya retirado del lugar con la excusa de no ponerse de acuerdo con los integrantes de la comunidad-, el perito de la Prefectura Juan Carlos Mussin determinó que la profundidad del río no superaba el metro y medio, con escasa velocidad de corriente, y buena visibilidad. A su vez, fue encontrada una gorra de Santiago y más importante aún, todavía estaban impresas sobre la tierra las huellas del camión que ingresó hasta el inicio de la pendiente que daba al río, tal cual lo observó Ailin Co Pilquiman (testigo clave que vio el momento exacto en que Santiago inició su corrida hacia el río mientras era perseguido por los gendarmes), junto a las huellas del resto de los vehículos que formaron parte del operativo.

Machado aportó las fotos y videos dentro del expediente y un croquis realizado a mano alzada con las características del territorio. De haberlo querido, Otranto tenía ante sí pruebas irrefutables de la represión que terminó con la vida de Santiago Maldonado, pruebas que hubieran permitido encarar una reconstrucción de los hechos. Pero su misión era otra: debía convalidar el encubrimiento a la GNA.

En una entrevista con el diario La Nación, el segundo jefe del Escuadrón de Esquel, Pablo Escola –el agente con aptitud para realizar tareas de inteligencia según un documento interno de la fuerza rubricado por Pablo Badie el 3 de agosto- sostuvo que “las dos Ranger y el Eurocargo nunca se movieron de la casilla, no podían descender hasta el río porque la depresión es muy abrupta y hubieran quedado empantanadas, tampoco tenía sentido que los hombres bajaran a pie hasta allí.” Escola mintió. Sí bajaron al río y los vehículos avanzaron mucho más allá de la casilla mencionada. También mintió en su declaración testimonial del 4 de septiembre, cuando ratificó que las dos camionetas y el Eurocargo siempre estuvieron “al costado de la construcción que hay en el lugar”.

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Los gendarmes se movieron de un lado al otro del río en una franja de entre 50 y 60 metros, aproximadamente. Las pocas imágenes aportadas por GNA –incluso borraron una importante cantidad de fotografías- indican que a las 11:32:11 ya había gendarmes que avanzaban por el camino principal, mientras que a las 11:32:25, el sargento Orlando Yucra “toreaba” a los peñis de la comunidad desde el interior del territorio, con un chapón que hacía las veces de escudo según relató Ailin Co Pilquiman.

¿Quiénes eran esos gendarmes que iban y venían sobre el río? ¿A quiénes le tiraron con sus escopetas o tiraron piedras? ¿A quiénes les pudieron haber disparado con sus armas reglamentarias? El juez Otranto, al inicio de su instrucción, no mostró indicios de querer secuestrar las armas de los conductores para peritar posibles disparos. Ellos sí portaban sus 9 mm reglamentarias. Incluso, el conductor del Eurocargo, Lucio Buch, descendió del vehículo.

Recién un mes y medio después, la fiscal Ávila reconoció que el libro “Cuaderno Registro de Entrega y Recepción de Efectos de Sala de Armas” pudo haber sido adulterado. Tenía una hoja pegada con cinta adhesiva por lo que ordenó peritarla para saber si dicha foja estaba originalmente en el cuaderno o había sido agregada con posterioridad. Al día siguiente, el 12 de septiembre, fueron secuestradas del Escuadrón 36 cuatro armas 9 milímetros y otras dos del mismo calibre del Escuadrón 35 para ser peritadas. Los peritajes no indicaron rastros de disparos. Sin embargo, la ventana temporal entre el 1 de agosto y el 12 de septiembre permite inferir que dichas armas fueron lavadas.

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Hay al menos tres uniformados que en sus testimoniales o en las entrevistas administrativas realizadas ante el Ministerio de Seguridad y la GNA dieron cuenta que bajaron al río en la misma dirección en la que se ubicó el Eurocargo y una de las dos Ford Ranger, es decir, como si fuesen en línea recta desde la tranquera hacia los sauces, mismo lugar por donde corrieron Santiago Maldonado y Lucas Pilquimán según las testimoniales de Ailin Co y Lucas. ¿Quiénes fueron los verde oliva que corrieron en esa misma dirección? Yucra, Zoilán y Echazú.

Echazú es el único imputado en la causa 8232/17. En realidad, su auto imputación fue un ardid de la Gendarmería, convalidado por la fiscal Silvina Avila para que el Gobierno tuviera acceso al expediente de la Desaparición Forzada de Santiago. Hasta la llegada de Lleral como juez de la causa, la Gendarmería y el Gobierno habían entorpecido la investigación a partir de su acceso al Habeas Corpus. Cuando asumió Lleral, la GNA fue apartada de ese expediente y automáticamente Echazú se autoimputó. De esta manera, el Gobierno logró ser parte de un expediente cuyo eje central debía ser investigar la responsabilidad penal de la GNA en la desaparición y muerte de Santiago Maldonado.

Este subalférez, ascendido por Bullrich como premio por su ¿accionar contra la RAM?, ingresó al territorio por la tranquera de la Pu Lof. No todos lo hicieron por el mismo lugar, algunos saltaron el alambrado por los costados. Primero lo hizo caminando –según su testimonial- y cuando llegó a la altura de la casilla, apuró el paso. Corrió.

“Ya habían entrado el Eurocargo y la Ford Ranger. Sigo camino hacia el río. Cuando llego al inicio de la pendiente me quedo observando el panorama. Ahí recupero mi arma. Desde el inicio de la pendiente se puede observar el panorama hacia abajo. Me voy hasta la orilla del río. Al que encuentro abajo es a Zoilán, me acuerdo bien de él porque estaba hacia mi izquierda”, narró Echazú.

Zoilán portaba otra de las armas anti tumulto. Él admitió que disparó una vez al inicio de la pendiente y otra mientras bajaba, cerca del río, además de los 17 disparos que efectuó antes de ingresar al territorio. Es decir, admitió haber ejecutado cerca de 20 tiros en total.

Sobre el río, los gendarmes dispararon más de dos veces. El primer alférez del escuadrón 35 Daniel Gómez le reconoció al jefe del Escuadrón de Esquel Pablo Badie que “hubo un montón de disparos” sobre el río.

En el teléfono celular de Zoilán fue encontrado un video – peritado por la División de Tecnología de la Policía Federal Argentina- en el que pueden observarse cuatro gendarmes caminando por las vías de La Trochita, luego de realizar un rastrillaje, probablemente sobre la costa del río. Dos de ellos poseen escopetas, un tercero tiene un palo y una tenaza y el cuarto está enrollando un alambre. Los escopeteros son Pelozo y Zoilán. El que filma les pregunta:

-La patrulla de Leleque ¿y cómo estuvo el procedimiento?

-Agitador… Muy agitado pero valió la pena-, respondió Zoilán.

De fondo, algunas risotadas en clave de festejo y un enorme fuego que ardía cerca de las vías, donde los gendarmes quemaron algunas de las pertenencias de la familias de la comunidad, incluidos los juguetes de los niños y niñas de la Lof. ¿La nueva “fiestita en Leleque” habrá sido una instancia más, una consecuencia o un daño colateral de los nuevos lineamientos para la seguridad nacional vociferados por Bullrich y avalados por Macri? En verdad, la represión del 1 de agosto fue sólo el comienzo. Luego siguió el encubrimiento del Gobierno nacional y su denodado esfuerzo por seguir desapareciendo a Santiago Maldonado.

@spremici


El 31 de julio a las 19 se presentará “Santiago Maldonado, un crimen de Estado” en el Centro Cultural de la Cooperación, Av. Corrientes 1543 CABA, Sala Meyer Dubrovsky (3ºP). Estarán presentes Horacio Pietragalla, Elizabeth Gómez Alcorta y Sebastián Premici, con la coordinación de Ernesto Mattos. Entrada libre y gratuita.

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Sebastián Premici

Licenciado en Ciencias de la Comunicación. Autor del libro De patrones y peones. Los aliados esclavistas de Mauricio Macri. Colabora en Página/12 y formó parte de Radio Nacional.

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