Stornelli y Santoro serán juzgados por espionaje ilegal y extorsión

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El juez Ramos Padilla cerró una parte de su investigación, detallando más de 60 hechos de espionaje ilegal llevados a cabo por «la banda paraestatal» integrada por el supuesto agente de la DEA Marcelo Sebastián D’Alessio, la Agencia Federal de Inteligencia (AFI)  de Macri y miembros del poder judicial. El fiscal Carlos Stornelli y el periodista Daniel Santoro quedaron a un paso del juicio oral acusados de nuevos delitos. 

En un dictamen de 1.125 páginas que debería estudiarse en todas las universidades del país, ya que representa una pieza jurídica y un ensayo histórico del plan sistemático de espionaje ilegal que implementó el macrismo en la Argentina, el juez federal de Dolores Alejo Ramos Padilla amplió el procesamiento del periodista de Clarín Daniel Pedro Santoro en la causa del supuesto agente de la DEA D’Alessio y del fiscal Carlos Stornelli. Al fiscal rebelede le incautó los pasaportes y le fijó una caución de 10 millones de pesos, que de no cumplirse podría derivar en su encarcelamiento preventivo. De hecho, el juez le dio vista al procurador interino eterno, Eduardo Casal, y a la Bicameral de Control del Ministerio Público sobre la complicadísima situación procesal de Stornelli en el expediente. 

Ramos Padilla puntualizó más de 60 hechos de espionaje ilegal llevados a cabo por Marcelo Sebastián D’Alessio y el ex jefe del “Proyecto AMBA” de la Agencia Federal de Inteligencia (AFI), Pablo Pinamonti, Stornelli y Santoro. Además del ex espía de esa Agencia, Hugo Rolando “Rolo” Barreiro y el fiscal suspendido de Mercedes, Juan Ignacio Bidone. Muchos de esos hechos tuvieron concordancia con actos judiciales del fiscal Stornelli y notas del periodista Santoro.  

A todos ellos, Ramos Padilla les imputó integrar la banda paraestatal dedicada al espionaje ilegal con el aval del Estado. Según el juez, el fiscal Stornelli integró una banda de características paraestatales para desestabilizar la democracia e incidir en las instituciones con el accionar del Poder Judicial y periodistas de los medios comerciales dominantes. “Esos delitos concurren de forma real con aquellas otras conductas ilícitas por las que ya se ha dictado su procesamiento”, sostuvo el magistrado, en referencia al espionaje ilegal y la extorsión, entre otros delitos.

En el caso de Santoro, “la participación resultó evidentemente necesaria para el desarrollo de los planes ilícitos” de la banda que integró el presunto agente de la DEA estadounidense, D’Alessio y que el juez definió como “paraestatal”, o sea, una extracción del macrismo en el poder. 

“Lo que se ha comprobado”, afirmó Ramos Padilla, es que “además de sus aportes a cada una de las maniobras” hubo una “participación dolosa”. “Este es el elemento determinante que permite considerar sus aportes como parte de la empresa criminal”, indicó Ramos Padilla en su resolución. 

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De esta forma, D’Alessio, Santoro y el fiscal  Stornelli, entre otros imputados como el ex comisario bonaerense y espía de la AFI, Ricardo Bogoliuk, quedaron al borde del juicio oral, porque está concluida la etapa de la instrucción. Pese a que aún la Cámara de Apelaciones de Mar del Plata no confirmó el primer procesamiento al dúo Santoro/Stornelli, Ramos Padilla sigue avanzando profundamente en la investigación de la causa. Y repasó todos los hechos del expediente: de las comunicaciones de D’Alessio con la legisladora Paula Olivetto, apodada por él como “Pau”, hasta la infiltración de la banda narco “Los Monos” y el odio visceral del grupo mafiosa contra Marcelo Saín, ministro de Seguridad de Santa Fe, a quien el propio D’Alessio y Bogoliuk nombraron en sus chats. 

En el caso de Santoro ya había sido procesado en agosto de 2019 por los delitos de “coacción y extorsión en grado de tentativa”, por su accionar en decenas de casos que le adjudicó a la banda de D’Alessio. Entre ellas, la coacción al ejecutivo Gonzalo Brusa Dovat y la extorsión al empresario Víctor Cifuentes.

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Con la ampliación del procesamiento, Ramos Padilla definió 17 nuevos delitos cometidos  por Santoro.

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En el caso puntual de Cifuentes, el juez subrayó: “En la ejecución de la extorsión se acudió a la exhibición de tales informes de inteligencia ilegal a la víctima, la exhibición de armas de fuego, sirenas de policía, e incluso el poder que un determinado periodista –Daniel Santoro– tendría respecto de diversos jueces. D’Alessio no sólo utilizó su vínculo con Santoro para amedrentar a la víctima, sino que anticipó en tres oportunidades o bien notas de prensa que se publicarían en el diario Clarín, o menciones solapadas que el periodista haría respecto de la empresa de Cifuentes en el programa Animales Sueltos, lo que efectivamente ocurrió”. 

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Ramos Padilla destacó que “se pudo probar que D’Alessio y Santoro planificaron en forma conjunta una maniobra a largo plazo que buscaba presentar en una causa judicial información obtenida y producida ilegalmente. Para ello, fue necesario que Santoro se ocupara de que el fiscal Stornelli recibiera y le tomara declaración a D’Alessio. El fiscal declaró que Santoro se lo presentó como “un agente vinculado a la Embajada de EE.UU., perteneciente a la DEA o la NSA”.

“Aquí se encuentra involucrada la actividad de una organización paraestatal con fuertes vínculos con los tres poderes del Estado e incidencia en las instituciones democráticas mediante mecanismos de espionaje ilegal y pseudo mafiosos”, dijo Ramos Padilla. 

Las actividades de la banda de D’Alessio llegaban tan lejos que incluso se incorporó dentro del procesamiento maniobras de espionaje ilegal que tuvo como víctima al presidente de la Corte Suprema, Carlos Rosenkrantz.

Los procesamientos

En diciembre pasado, Ramos Padilla ya había procesado a Stornelli por siete delitos, entre ellos las operaciones contra el ex marido de su actual pareja, Jorge Castañón. En mayo de 2019 explicábamos en Nuestras Voces las presiones de Florencia Antonini, pareja de Stornelli sobre Castañón. Le dijo que el fiscal procesado  se había reunido con Mauricio Macri para lograr echar al juez Ramos Padilla y apartarlo de la investigación.

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Ahora, el juez amplió el procesamiento del fiscal federal Stornelli por las coacciones contra Pablo Barreiro, ex secretario de la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner, en el contexto de la llamada causa “cuadernos” y profundizó sobre el nexo entre Stornelli y D’Alessio que se remonta a 2017 y, según las pruebas de la causa comenzaron a intercambiar mensajes en 2018, el año en que se inició la causa de “los cuadernos”. Para el juez, no hay ninguna duda de que Stornelli sabía que D’Alessio era un agente de inteligencia.

Ramos Padilla evaluó que los hechos que vinculan a D’Alessio, Stornelli, Santoro y Pinamonti están probados en el expediente. 

En tanto, prosigue la pesquisa sobre el espionaje en la provincia de Buenos Aires, hecho por el cual indagó a Gustavo Arribas y Silvia Majdalani, ex directores de la AFI macrista. Las indagatorias a los ex jefes y agentes de la AFI que desarrollaron una auténtica cacería de opositores en Mar del Plata, Bahía Blanca y La Plata, entre otras ciudades, proseguirán en los próximos días. El juez Ramos Padilla tomó declaraciones indagatorias a los ex jefes de las principales bases de la AFI, que dependían de Pinamonti en el AMBA. A todos ellos y ellas les impuso una caución de 10 millones de pesos y la retención de sus respectivos pasaportes, como dictó en el caso específico del fiscal Stornelli. 

La AFI

Desde algunas querellas, no descartan que el juez Ramos Padilla pueda avanzar sobre la Dirección de Asuntos Jurídicos de la AFI macrista, que estuvo a cargo de los abogados Juan Sebastián “El Enano” De Stéfano, Hernán Martiré, José Padilla, Mariano Ruda Bart, y un grupo operativo de 160 abogados y abogadas. Esa organización a cargo de Arribas habría trabajado en coordinación con el área de Operaciones Especiales del espía Alan Ruiz –procesado en la causa que instruye el juez federal Juan Pablo Augé en Lomas de Zamora- junto a Arribas, Majdalani, Diego Dalmau Pereyra y Martín Coste; éstos últimos ex jefes de una división clave de la AFI: Contrainteligencia. 

Es decir: Jurídicos y Contrainteligencia de la AFI operaban en conjunto con la responsabilidad de Arribas y Majdalani. 

Y es más. Alejo Ramos Padilla puso el foco sobre la ex ministra de Seguridad de Macri, Patricia Bullrich y sus relaciones peligrosas con la banda paraestatal de agentes orgánicos e inorgánicos de D’Alessio y su Gestapo neoliberal. 

Uno de los letrados querellantes y víctimas del grupo de espías de D’Alessio y Cía, José Ubeira dijo que Alejo Ramos Padilla debería ser el juez instructor de todas las causas sobre el plan sistemático de espionaje ilegal de la mini era macrista. No estaría errado en absoluto. Lo mismo opinó el diputado Leopoldo Moreau, que preside la Comisión Bicameral que controla a los Organismos de Inteligencia. La AFI macrista infiltró y espió ilegalmente a organizaciones de familiares de pesqueros hundidos en el Atlántico Sur y persiguió a los familiares de los tripulantes del ARA San Juan para evitar “daños” que pudiesen perjudicar al ex presidente Macri. 

Aunque todos los caminos conducen a Macri y por eso la mesa judicial de Juntos por el Cambio que sigue gestionando Daniel Angelici y Fabián Rodríguez Simón, alias “Pepín” se puso en actividad de nuevo.

En la resolución de Ramos Padilla también quedó expuesta como una fractura judicial y mediática la fallida operación que pretendió encarcelar a Aníbal Fernández como el falso apodo de “La Morsa”, acusándolo nada menos que del Triple Crimen de General Rodríguez. Ni Aníbal era “La Morsa” ni el narco extraditado de Paraguay, Ibar Pérez Corradi se convirtió en arrepentido de nada. Al contrario, Pérez Corradi señaló a Patricia Bullrich, Arribas y Majdalani. Viró de feroz delincuente a garantista. En esa maniobra espectral apareció en escena el ex jefe de Gabinete del Ministerio de Seguridad, Pablo Noceti –funcionario del staff de Bulrrich-, que tuvo su momento de oscuro esplendor con la desaparición y muerte de Santiago Maldonado y el accionar ilegal de la Gendarmería Nacional en agosto de 2017 en Chubut.    

Teniendo en cuenta ese contexto funesto y estos fuegos recientes en la matriz misma de los sótanos de la democracia, el día que se conozcan las escuchas y las filmaciones ilegales a los presos políticos, sus letrados y familiares en la cárcel de Ezeiza, por parte de la AFI y el Servicio Penitenciario Federal (SPF), la credibilidad de la casta judicial se evaporará como su vocería tilinga de “capacitaciones” en EE UU.        

La fantochada de FOPEA

El sello que dice ser de periodistas, pero que en verdad representa los intereses de la Asociación Empresaria Argentina (AEA), defiende a los propietarios de la mayor red de fibra óptica del Grupo Clarín a través de Cablevisión Fibertel. FOPEA emitió un comunicado señalando que la ampliación del procesamiento del periodista Santoro –fundador de esa entidad pro-empresarial de las corporaciones mediáticas, que usan el ejercicio del periodismo como mercancía y no como derecho a la información-, calificó el dictamen del juez Ramos Padilla como “un nuevo avance para criminalizar la actividad periodística”. 

Es una extraña forma de comprender la realidad la de FOPEA. Según el dictamen de Ramos Padilla, el periodista Santoro no sólo aparece en el expediente vinculado a la coacción de Brusa Dovat y la extorsión a Cifuentes, sino que también habría operado con D’Alessio y Stornelli en la causa GNL, “Cuadernos”, los aprietes al empresario que fuera amigo de Néstor Kirchner, Roberto  Porcaro, y el espionaje contra de su antiguo compañero de tevé, Alejandro Fantino, en el programa “Animales sueltos”. 

¿El motivo? La reunión en off the récord que había mantenido Fantino con CFK luego de la gestión del diputado Eduardo Valdés, víctima de la rapiña mediática y de operadores cuya fuente era la AFI y D’Alessio. 

El juez recordó la llamada operación “Fariña-Echegaray”, que incluyó la degustación de café y comida en un restaurante entre D’Alessio, el testigo estrellado Leonardo Fariña (íntimo del ex ministro de Justicia, Germán Garavano –consejero del secretario privado de Macri, Darío Nieto) y el mencionado Santoro. 

En ese cónclave, D’Alessio hizo ostentación de un arma de fuego en su cintura.    

Tal como lo adelantamos en septiembre del año pasado, el declive de Santoro resulta paradojal. Comenzó a trabajar en el periodismo para intentar parecerse a los investigadores del Watergate, Bob Woodward y Carl Bernstein, pero culminó pareciéndose a los espías de Nixon. 

Pasaron cosas. 

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Juan Alonso

Juan Alonso

Periodista, escritor y docente. Columnista con Roberto Caballero en Radio Colonia y del programa ADN en C5N. Distinguido con el Premio Walsh de la Facultad de Periodismo de La Plata en 2017. Fue editor de Policiales de Tiempo Argentino.

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