Triste, solitario y final para Santoro

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El periodista Daniel Santoro fue procesado por presunta coacción al ex gerente de PDVSA Argentina, Gonzalo Brusa Dovat  y la supuesta extorsión al empresario Mario Cifuentes. El juez federal, Alejo Ramos Padilla, probó que Santoro y Marcelo D’Alessio mantenían un vínculo de amistad desde, al menos, el año 2016 y que realizaban investigaciones a dúo. El rol de la Comisión Provincial por la Memoria (CPM) para dilucidar si Santoro estaba al tanto de las operaciones de inteligencia ilegal de D’Alessio. La defensa de algunos colegas periodistas. Los señores de la Aduana. La resistencia de Bonadío para entregar al Juez la causa sobre Gas Natural Licuado.

En la era de la reconversión, con la reconversión no alcanza. La situación del periodista de Clarín, Daniel Santoro se asemeja a una encrucijada tenebrosa. El juez federal de Dolores, lo procesó por la presunta coacción al ex gerente de PDVSA Argentina, Gonzalo Brusa Dovat –quien se tuvo que exiliar en Uruguay por culpa de la banda del falso abogado Marcelo Sebastián D’Alessio–, y la supuesta extorsión al empresario Mario Cifuentes. Para mal de males para Santoro, el juez Ramos Padilla instruyó a la Comisión Provincial por la Memoria (CPM), que preside el Premio Nobel de la Paz, Adolfo Pérez Esquivel, para dilucidar si en verdad Santoro estaba al tanto de las operaciones de inteligencia ilegal completadas por D’Alessio y su grupo de espías de la Agencia Federal de Inteligencia (AFI) y la Maldita Policía.

Con la rapidez de los reconvertidos, los editorialistas de la hegemonía mediática, agropecuaria y financiera, salieron en tropel a cuestionar a Ramos Padilla.

Dijeron, entre otras barbaridades, que el juez violaba la Constitución, las garantías del periodista profesional, las fuentes periodísticas y hasta el Código Procesal Penal. Todo es mentira. Ramos Padilla quiere saber si Santoro cometió un delito grave y por eso busca cotejar con la CMP las carpetas de espionaje ilegal que poseía D’Alessio en su mansión de Esteban Echeverría.

La desesperación roza al juez Claudio Bonadío –querellado e imputado en la causa de Dolores– quien se niega a enviarle la insólita causa sobre Gas Natural Licuado a Ramos Padilla, donde el dúo Santoro/D’Alessio habría tenido un protagonismo tan estelar como agónico. Bonadío acusó a Ramos Padilla de prevaricato (infringir la ley) y levantó la perdiz sobre D’Alessio, Brusa Dovat y la mar en coche, cuando Ramos Padilla no le preguntó absolutamente nada de eso. Al mismo tiempo, el magistrado estrella/estrellado del reino incendiado de Comodoro Py realizó una pesquisa inquisitorial contra el padre de Alejo Ramos Padilla, el también juez, Juan Ramos Padilla –defensor de Alejo ante el Consejo de la Magistratura– que incluyó peritajes sobre una estadía veraniega en Entre Ríos, cruzamiento de llamadas y un delirio propio de estos tiempos de desguace y anomia presidencial.

Nada de eso salva la situación de Santoro. Veamos por qué.

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Correcaminos

El juez federal Ramos Padilla probó en la resolución de procesamiento de Santoro que él y D’Alessio mantenían un vínculo íntimo de amistad desde, al menos, el año 2016. No sólo compartían fotos de sus vacaciones: se trataban con suma confianza y compartían actividades familiares. Hay fotografías y llamadas de ambos que constan en las páginas 39 y 42 del procesamiento a Santoro.

Pero, además, Ramos Padilla demostró que realizaban investigaciones en dúo.  A tal punto que Santoro presentó a D’Alessio con la legisladora de la cruz invertida, Elisa Carrió y sus colegas de la matrícula, Paula Oliveto y el fiscal rebelde eterno, Carlos Stornelli, entre otros. Como John Watson y Sherlock Holmes, Santoro y D’Alessio solían intercambiar  información de los casos que investigaban y proyectaban cómo avanzar juntos por la vía de la pesquisa mediática. Esos hechos constan en la foja 49 del procesamiento de Ramos Padilla.

Hay más. El juez repasó otros hechos graves donde el dúo dinámico puso empeño y dedicación.

Los señores de la Aduana

En diciembre de 2016, el empresario  Gabriel Traficante denunció a Marcelo D’Alessio por extorsión. Junto con su denuncia aportó –al igual que hizo Pedro Etchebest casi tres años después– más de dos horas de grabaciones donde se comprobaba esa extorsión. La causa se inició ante el Juzgado de Instrucción 11 de la CABA, y, pese a los pedidos de allanamiento del fiscal, Ignacio Yacobucci, el juez la remitió al fuero federal porteño. Una disputa de competencia que duró un año hasta que D’Alessio fue al fin notificado.

En el procesamiento de marzo de 2019, el juez federal Luis Rodríguez dejó en claro que Marcelo D’Alessio extorsionaba a Traficante amenazándolo con que podría quedar detenido en la llamada “Mafia de los contenedores”.

El falso abogado le decía que podía interceder ante el juez en lo Penal Económico, Marcelo Aguinsky. En ese mismo sentido, D’Alessio aseguró que saldrían publicaciones del periodista Daniel  Santoro sobre Traficante.

El juez Rodríguez demostró, no sólo que D’Alessio anticipó a varias personas –Gabriel Garcés y Juan Pablo Di Pierro– las notas de Santoro que saldrían días más tarde, sino que usaba el trabajo de Santoro para extorsionar. Así surge de los audios aportados al juzgado que constan en la foja 54 del procesamiento. Textual: “Vos me decís ‘Marce, cerráme lo de Santoro’. Listo. Te lo siento en una mesa”.

Además, Rodríguez determinó que había una correlación entre lo que D’Alessio le anunciaba a Traficante al extorsionarlo, y lo que aparecía publicado en las notas de Santoro, pero ninguna de estas cosas tenían vinculación con lo que sucedía en el expediente. De hecho, Santoro publicó una nota diciendo que Traficante era “el cerebro de la mafia de la aduana” y éste ni siquiera fue indagado al día de la fecha en dicha causa. Ver el artículo de Clarín firmado por Santoro:

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La extorsión realizada a Traficante quedó en grado de tentativa. Pero el empresario  denunció a D’Alessio hace tiempo. A su vez, Marcelo D’Alessio fue notificado de la denuncia a principios de 2017 y designó como  abogado defensor a Rodrigo González, quien a fines de 2016 había presentado a D’Alessio y a  Santoro.

Diez meses después, en septiembre de 2017, la Justicia apresó a dos personas. Eran Víctor Palomino Zitta y Saturnino Costas. Fue en una terminal portuaria. Habrían querido retirar un contenedor con papeles presuntamente apócrifos. Cuando fueron detenidos, un lobbista a las órdenes de D’Alessio, cuyo nombre es Carlos Liñani, procesado por el juez Ramos Padilla en la causa de Dolores, se presentó ante las mujeres de los detenidos y comenzó el plan para encuadernarlas.

Se trata de María Cecila Giannoni y Yaquelin Da Fonseca. Liñani les dijo que  designaran al estudio de Rodrigo González (ex socio de D’Alessio) para la defensa de sus maridos presos.

Al mismo tiempo, los detenidos Palomino Zitta y Costas denunciaron que desde el estudio de los González les indicaron que, en su indagatoria, debían imputar a Gabriel Traficante, Gabriel Garcés –un testigo de la denuncia de Traficante contra D’Alessio– y Gladys Fernández como quiénes los habían mandado a retirar el contenedor. El juez Ramos Padilla encontró en la computadora de D’Alessio un resumen de lo que debían decir Palomino Zitta y Costas, que consta en la foja 179 de su resolución procesal.

Así las cosas, mientras Palomino Zitta y Costas declaraban, en el pasillo del Tribunal, las parejas de Zitta y Costas fueron extorsionadas por D’Alessio para que le diesen 500 mil dólares a cambio de lograr que sus maridos saliesen en libertad y evitar futuras publicaciones de notas de Daniel Santoro.

La extorsión se volvió verosímil ya que, en un momento, se presentó Santoro en persona e ingresó junto a D’Alessio al despacho del juez Marcelo Aguinsky. Esto último fue declarado por Giannoni y ratificado por el propio Santoro en su indagatoria ante Ramos Padilla.

Si bien Saturnino Costas se negó a declarar lo que le exigían sus abogados, Palomino Zitta accedió a mentir en su indagatoria y declaró la información que le había enviado el clan D’Alessio, lo que permitió que ese mismo día Gladys Fernández fuese detenida.

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El mecanismo real

Al día siguiente de la detención de Gladys Fernández, el periodista Santoro publicó una nota donde decía que el juez Aguinsky probablemente le ofrecería declarar como arrepentida para que indicara quiénes eran sus jefes. Buscaban que se refiriese a Gabriel Traficante y Gabriel Garcés. Esto sucedió cuatro días más tarde. Ver la nota titulada: “Mafia de los contenedores: detienen a una puntera K que conocía a Néstor y Cristina”.

En un lapso de 20 días Gladys Fernández prestó cinco indagatorias, donde pidió acogerse a la figura del arrepentido. Al declarar, ratificó lo que había dicho Palomino Zitta y dijo que, los dueños del contenedor sospechado de contrabando eran Traficante y Garcés, como lo había anticipado Santoro. ¿Casualidad?

En esas declaraciones, Gladys Fernández aportó información transcripta de los informes de inteligencia ilegales que tenía D’Alessio sobre Traficante, Garcés y otras personas. Pero, además, D’Alessio contaba en su computadora con los borradores textuales de las declaraciones presentadas por Gladys Fernández ante el juez Aguinsky, fechadas en el archivo antes de concretarse la declaración. ¿Alquimia?

El juez Aguinsky le preguntó a Gladys Fernández en la indagatoria de dónde conocía la información que aportaba. La mujer respondió “es vox populi”.

Esas declaraciones de Gladys Fernández como “arrepentida” le permitieron salir en libertad –aunque luego la Cámara revocó su excarcelación–. Mientras estuvo libre, en octubre de 2017, Daniel Santoro logró una entrevista en exclusiva con ella, que se emitió en el programa “Animales Sueltos”, el 23 de octubre de 2017. Ver el programa en cuestión:

Allí Gladys Fernández denunció “un sistema de corrupción K en la Aduana”. Y reiteró que los dueños del contenedor por el que habían detenido a Saturnino Costas y Palomino Zitta eran Gabriel Traficante –la persona que había denunciado a D’Alessio y Santoro 10 meses antes– y Gabriel Garcés, testigo del hecho.

A partir de las fotografías halladas en el teléfono de D’Alessio, el juez Ramos Padilla probó que quien filmó esa entrevista a Gladys Fernández, fue el hijo de Marcelo D’Alessio de apenas 11 años en el año 2017. Es más, el propio Marcelo D’Alessio filmó con su celular cómo su hijo grababa la entrevista entre Santoro y Gladys Fernández.

En resumen, primero D’Alessio extorsionó a Traficante con la publicación de notas de Santoro –las que efectivamente se publicaron como aquí probamos–, y Traficante lo denunció a D’Alessio, quien nombró como defensor a Rodrigo González, quien presentó a D’Alessio y Santoro, según dijera Santoro. Unos diez meses después, detuvieron a Zitta y Costas, y la organización logró contratar al estudio de Rodrigo González para su defensa. Allí, sus abogados –Emiliano Pérez Lozana, empleado del estudio– les habrían dicho a los detenidos que imputasen a Traficante, Garcés y Gladys Fernández. Mientras eso sucedía, D’Alessio se reunió junto a Santoro con el juez de la causa y extorsionó a las esposas de los detenidos. Ese mismo día detuvieron a Gladys Fernández y Santoro anticipó en una nota que se arrepentiría, lo que sucedió. La declaración de Gladys Fernández como arrepentida la ideó el propio D’Alessio. Gracias a esa gestión, la mujer salió en libertad y dio una entrevista a Santoro para “Animales Sueltos”. La filmó el hijo de D’Alessio, en presencia de su padre y del periodista Santoro. Toda una familia.

La causa GNL

El 19 de octubre de 2017, Bonadío dictó el procesamiento de ex funcionarios, entre ellos Julio De Vido y Roberto Baratta,  a quienes les impuso prisión preventiva. En base a esta medida procesal, logró el desafuero de Julio De Vido como diputado de la Nación votado por el pueblo. La resolución se basó casi exclusivamente en el peritaje realizado por David Cohen, quien un año después fue procesado por falso testimonio en ese peritaje. La Cámara, al anular los procesamientos dictados por Bonadío, determinó que el perito había citado como referencia organismos europeos inexistentes y trabajos de dos estudiantes de una universidad chilena. El juez Sebastián Ramos procesó por falso testimonio a Cohen y concluyó que hubo una “intención deliberada de tergiversar la verdad” por parte del perito.

¿Qué relación hay entre D’Alessio y Cohen? En su computadora guardó un documento titulado “Síntesis AFI”, creado en febrero de 2018, que decía: “Bonadío y un peritaje para ser impugnado”.

Repasemos. Antes de que la Cámara revocara el procesamiento de De Vido y extrajera testimonios por el falso testimonio de Cohen, D’Alessio ya conocía la pericia impugnada.

En la computadora de D’Alessio de su mansión del country Saint Thomas, se encontró otro documento llamado “Síntesis de investigaciones actuales”, creado el 25 de febrero de 2018, que funcionó como una especie de currículum de los planes y actividades de su banda de espionaje y extorsiones. Allí,  D’Alessio admitió que estuvo “un año y medio infiltrado en la compañía Enarsa”.

El 1 de septiembre de 2018, se publicó el libro “El mecanismo”, de Daniel Santoro, donde D’Alessio apareció citado como fuente en sus capítulos. El presunto agente de la DEA, introdujo nuevos hechos que no habían sido tenidos en cuenta por Bonadío y el fiscal Stornelli: un caso de 500 buques de Gas Licuado y una denuncia sobre seguros.

El juez Ramos Padilla comprobó que D’Alessio obtuvo ilegalmente los listados de llamadas del hermano de uno de los mencionados en el libro sobre Gas Licuado. Ese material sensible que viola la intimidad de las personas, se lo entregó a D’Alessio el suspendido fiscal de Mercedes, Ignacio Bidone, procesado en la causa D’Alessio.  Santoro publicó otras de sus notas exclusivas con el material de D’Alessio:

Coimas, peleas y sobreprecios en la importación de 500 buques con GNL

El ingeniero Pablo García Arrébola, que tiene dos carreras de grado y siempre mantuvo un trabajo exclusivamente técnico, declaró en el Juzgado Federal de Dolores, que a partir de las notas de Daniel Santoro, no logró volver a trabajar (lo mismo le pasó a Brusa Dovat) y tuvo que dedicarse a vender remeras.

Nunca fue imputado en la causa GNL.

Citan a indagatoria a Daniel Santoro de Clarín como parte de la banda de D’Alessio-Stornelli

La Fiscalía de “Carlitos”

En el documento “Síntesis de investigaciones actuales”, D’Alessio dio cuenta del plan sistemático de espionaje paraestatal. Y admitió que había sido presentado por Daniel Santoro ante el fiscal Carlos Stornelli. Eso le posibilitó presentarse a declarar el 5 y 12 de noviembre de 2018. Allí aportó el libro de Santoro “El Mecanismo”, introdujo como nuevos hechos los mencionados en esta crónica, y entregó cuatro carpetas de documentación que, según dijo expresamente en la declaración, le habían llegado “anónimamente”. Lo mismo hizo Carrió en la causa de las escuchas ilegales a los presos políticos que instruye Bonadío. Otra casualidad.

En su artículo del 29 de octubre de 2018, “Coimas, peleas y sobreprecios en la importación de 500 buques con GNL” –antes de que D’Alessio declarase ante Stornelli–, el periodista Daniel Santoro explicó que Bonadío no había tenido en cuenta en su peritaje nulo los nuevos hechos denunciados por D’Alessio. También detalló que Bonadío esperaba un peritaje, de acuerdo a la nueva información de su libro, para saber cuánto fue el dinero desviado y “decretar nuevos procesamientos”.

Como se ve, existe una profusión de hechos fácticos entre lo que D’Alessio anticipaba que sucedería en sus informes de inteligencia ilegales y lo que Santoro escribió en sus notas. Todo tenía un correlato judicial con la actividad frenética de la Gestapo de Comodoro Py.

El caso Porcaro

El juez Ramos Padilla probó también que el falso abogado, Marcelo D’Alessio tenía en su poder “informes de inteligencia” sobre Roberto Porcaro, otra de las víctimas de la banda. En una carpeta titulada “Porcaro K” y en archivos, D’Alessio filmó con un dron la casa de Porcaro en Necochea. En la causa hay fotos y videos de esas filmaciones con drones. El propio Santoro admitió en su indagatoria que sabía que D’Alessio hacía filmaciones con drones de la gente que investigaba. Lo cual es un delito porque viola la Ley de Inteligencia y el derecho a la intimidad de las personas. Pero continuemos en nombre de la República.

En los elementos informáticos de Marcelo D’Alessio, el juez Ramos Padilla halló mensajes donde D’Alessio le narró al comisario de la Bonaerense y agente de la AFI, Ricardo Bogoliuk, que le llevó al periodista Daniel Santoro “la investigación” (en verdad un caso de espionaje ilegal) sobre Porcaro.

Así fue que el inmaculado Santoro publicó numerosas notas sobre el asunto durante el año 2017.

AMIA: investigan ahora a un operador kirchnerista por el encubrimiento de Irán

En una nota del 28 de septiembre de 2017, que Santoro tituló “Reactivan una causa contra un operador K por el pago de sobornos.”, aparece una imagen curiosa. El libelo de Santoro fue ilustrado con una fotografía tomada por el dron de D’Alessio, que el juez Ramos Padilla encontró en su computadora personal. ¿Cómo fue que el periodista Santoro accedió al material del dron usado ilegalmente por su amigo D’Alessio?

Cuando fue citado a testimoniar, Porcaro contó una situación extraña. La casa filmada por D’Alessio y publicada por Clarín y Santoro no era la suya, sino la de un vecino médico que no tiene nada que ver con el caso en cuestión. O sea que la nota de Santoro fue ilustrada con una imagen tomada ilegalmente por D’Alessio con un dron, pero que pertenecía al vecino de Porcaro.

Reactivan una causa por el pago de sobornos contra un operador K

Como quedó claro, en ciertas publicaciones del periodista Santoro se vislumbró la mano operativa del indescifrable Marcelo D’Alessio, que además accedió a esos datos de forma  ilegal con tareas de espionaje.

Cargados de futuro

Ahora que el panquequismo está de moda y hasta los empresarios de medios que fueron cómplices del desastre macrista, hacen memoria en su inevitable derrota, que incluye una deuda externa astronómica, impagable y encima floja de papeles; negocios incompatibles con el rol de funcionarios públicos en las áreas de Energía y aerolíneas comerciales; creación de pobreza endémica cerca del 40%, en contraste con el paulatino  enriquecimiento del presidente en dólares por 3.375.000 en pleno barranco de 2018 (el 75% de las inversiones de Mauricio Macri están en bonos de la deuda argentina), mientras la ciudadanía pagaba la leche en dólares con inflación, recesión y aumento del desempleo;  quiero hacerle justicia al poeta Gabriel Celaya (olvidado por “los neutrales”), con este corazón contra las tinieblas:

“Porque vivimos a golpes/porque apenas sí nos dejan decir que somos quien somos/Nuestros cantares no pueden ser sin pecado un adorno; estamos tocando el fondo, estamos tocando el fondo”.

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Juan Alonso

Juan Alonso

Periodista, escritor y docente. Columnista con Roberto Caballero en Radio Colonia y del programa ADN en C5N. Distinguido con el Premio Walsh de la Facultad de Periodismo de La Plata en 2017. Fue editor de Policiales de Tiempo Argentino.

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