2 de abril de 1982

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En un nuevo aniversario de la Guerra de Malvinas, y en un intento de entender ese disparatado emprendimiento que llevó a la muerte a miles de jóvenes, separé el tema de la recuperación de las mismas en dos partes: una, en el hecho incuestionable de nuestra pertenencia, y la otra, el momento elegido; el cómo; el porqué; con qué y básicamente quién dispuso tal intervención armada, que nos embarcó, alegre y desenfadadamente en una contienda tan desigual como inútil y absurda, ya que sólo un puñado de mentes delirantes pudo prever una victoria, al disponerse a enfrentar a una potencia participante de cuanta disputa bélica recuerde la humanidad. 

Tal vez por la magnanimidad de algún interventor militar de la época, por su miope tosquedad, o sólo por otra maniobra distractora más, en la noche del histórico sábado catorce de mayo de 1983 pude ver -supongo que junto a millones de compatriotas- , la proyección de un film realizado por PROARTEL, -por esos momentos la productora de canal 13-, sobre la Guerra de Malvinas.

A su término, aún shockeado por las imágenes, separé el tema de la recuperación de las mismas en dos partes: una, en el hecho incuestionable de nuestra pertenencia, y la otra, el momento elegido; el cómo; el porqué; con qué y básicamente quién dispuso tal intervención armada, que nos embarcó, alegre y desenfadadamente en una contienda tan desigual como inútil y absurda, ya que sólo en un puñado de mentes delirantes pudo preverse una victoria, al disponerse a enfrentar a una potencia de tales calibres, participante de cuanta disputa bélica recuerde la humanidad.

Al preguntarme por el MOMENTO, caía en la cuenta que nos hallábamos en el punto más ardiente de una crisis económica agobiante, con empresas quebradas o a punto de serlo, desocupación, desnutrición, analfabetismo y miseria.

Si me refería al CÓMO, chocaba con una de los interrogantes más graves de responder ¿cómo era eso de estar en guerra si por televisión veíamos a nuestros bravos y épicos muchachos de la selección disputar sin pena ni gloria el Mundial España 82? ¿cómo en combate, si en ningún momento un gran porcentaje del país tomó conciencia de la contienda guerrera y la consideraba como algo “muy lejano allá en el sur ? ¿dejamos de ir al cine, al teatro, a cenar afuera? ¿llevamos todos una vida recoleta que reflejara en parte la impresión del padecimiento y pesar que nos debiera haber embargado, o nos dejamos arrastrar por la misma prensa canalla en todas sus formas, -aquella que nunca pierde vigencia-, encabezada por José Gómez Fuentes que nos vendía alguna que otra victoria y nos ocultaba los horrores ajenos y – lo más terrible-, los propios?

Si iba al POR QUÉ, la decisión era evidente a la luz de la óptica de un autogobierno que daba sus últimos manotazos de ahogado. Fue el mismo que secuestró, torturó, mató, el que proscribió, censuró, el que nos mantuvo siete años bajo estado de sitio, y el que -lo sufrí personalmente-, unos días antes reprimió al pueblo congregado en la Plaza de las Madres cumpliendo con una huelga convocada bajo la consigna Paz, Pan y Trabajo a través de Saúl Ubaldini.

El CON QUÉ: ¿con la esperanza del “vía libre” de los Estados Unidos Satánicos de Norteamérica? ¿con nuestra mediocre preparación táctico-estratégico-militar? ¿con una flota modelo 1944? ¿con jefes de salones y escritorios? ¿con el etílico y bizarro comandante que pedía a gritos “QUE VENGA EL PRINCIPITO” y después de declarar que no se suicidaba porque era católico y útil (para quién), tuvo que padecer hasta la subasta de su gorra en Londres?

Y, como todo llega, arribé al QUIÉN: ¿comprendimos que el mentor y gestor de tal despropósito congeniaba con las bebidas estimulantes? ¿reparamos en la traición a su antecesor en el cargo? ¿asimilamos que un día -haciendo gala de su desaprensión- dijo que daba lo mismo “que murieran 4000 o 40000 soldados? Evidentemente no lo captamos y fueron millares quienes, descocada y eufóricamente se embarcaron a festejar esa locura colectiva, no faltando quien lo comparara con la celebración de la obtención del dudoso Mundial 78.

¿Qué hicieron muchos dirigentes políticos y sindicales en la oportunidad? Nada menos que participar del famoso charter junto al esplendoroso general, cosa de no quedar a contramano si todo salía bien, y…. ¿qué de gran parte del periodismo, que nos saturó con bandos triunfalistas y manipulación artera e interesada de la opinión pública? ¿Cuántos ciudadanos donaron lo que pudieron y luego se comprobó que hasta eso fue saqueado por el régimen?

Los torturados de Malvinas

Todo esto y muchas cosas más vinieron a mi memoria esa noche, al ver los rostros aterrorizados de los soldados en el frente de combate, arrancados brutalmente de lugares tan dispares y distintos al del “teatro de operaciones”.

Yo me los imaginaba recogiendo algodón, talando un monte, levantando una red de pesca, estudiando; en una fábrica, en una oficina, riendo, amando, llorando, soñando, pero no, ellos ya habían conocido los padecimientos del combate, la destrucción, el hambre, la ceguera, el frío, los estaqueamientos (negados por la Corte como delitos de lesa humanidad), la muerte, agazapada tras un sofisticado aparato de relojería o por la tarea manual y certera de un combatiente nepalés.

Fueron las mismas caras a las que durante muchos años se les negó el derecho a reunirse, contar sus experiencias y dar a conocer a todo el país la verdad de lo acontecido. Fueron a quienes se trató de ocultar desmalvinizando su heroicidad y su protagonismo, debiendo esperar lustros antes que un gobierno los resguarde y los reconozca.

No son precisamente estos los tiempos, donde quienes rigen los destinos del país se empeñan a diario en resignar soberanía y entregar petróleo, pesca, territorio, los que marquen con sus acciones una justa reivindicación de todo lo actuado.

Las incalificables claudicaciones ante la corona pirata, la cobarde cipayería puesta al servicio de quienes no son “un pueblo nativo”, contrasta con el maltrato y muerte que se le propina a quienes sí fueron indudablemente nuestros ancestros.

Retornando a los combatientes, son aquellos a los que criamos, educamos, nutrimos, reprendimos, corregimos tenazmente durante 18 años para que después “… la Nación los reclame…” y para que luego algún oficial, en nombre de ese mismo País al que ellos escarnecieron y mancillaron por décadas, nos entregue una medalla para colgar en un pecho juvenil desgarrado o nos indique en algún ambiguo documento que” Usted ha perdido un hijo, la Patria, perdió, un soldado…”

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