Abusos televisivos

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Diez presos mueren en un incendio, una niña muere quemada en un taller clandestino, y ocurren otros tantos hechos de violencia extrema contra menores de edad por parte de las “fuerzas de seguridad”, pero nadie podrá ver esas noticias en los principales y más vistos canales de información. Sin embargo, con el oportunismo como herramienta inmoral al frente, la totalidad de los programas televisivos se ocuparon, en los últimos días, del sonado caso de una joven actriz y su abusador.

Diez presos mueren quemados, encerrados en una celda donde nunca pudieron haber estado por estar clausurada, pero nadie podrá ver esa noticia en los principales y más vistos canales de información. Una niña muere quemada dentro de un taller clandestino, pero jamás se pudo escuchar y ver una crónica extensa sobre semejante sinrazón. Otros tantos hechos de violencia extrema contra menores de edad por parte de las “fuerzas de seguridad”, son ignorados por la mayoría apabullante de la población. Sin embargo, con el oportunismo como herramienta inmoral al frente, la totalidad de los programas televisivos se ocuparon, en los últimos días, del sonado caso de una joven actriz y su abusador, un actorzuelo de poca monta e inmerecida fama.

Casi sin solución de continuidad, por horas y días, desfilan por las pantallas de todos los canales todo tipo de supuestos analistas, estudiosos, profesionales, artistas y conocidos de la víctima y el victimario, repitiendo hasta el paroxismo opiniones obvias, escenificando con evidentes exageraciones histriónicas sus evaluaciones sobre el tema, profundizando en las heridas, clonando opiniones de verdaderos estudiosos de ese tipo de hechos, con conductores y conductoras sobreactuando preocupaciones que solo sirven para elevar las cifras del rating. O eso creen.

Este tipo de casos, evidentes atisbos de un iceberg que se esconde en el océano de oscuras relaciones de poder que se tejen en la sociedad y sus manifestaciones culturales, laborales o empresariales, terminan por convertirse en actos de una sucia comedia dramática, protagonizada por “estrellitas” de los medios, tilingos y tilingas de lenguas fáciles y conocimientos nulos, creídos periodistas que avergüenzan la profesión, exhibiendo sus ignorancias con la altivez propia de los brutos.

En realidad, nada les importa de lo que muestran con tanta fruición y falsa congoja. Es un negocio más, una etapa en la construcción de un ideario populachero, una simple forma de dominación de las conciencias y un intento de anulación de la capacidad de razonamiento de las mayorías. El Poder, lo sabemos, nunca da puntada sin hilo, cosiendo los retazos de imbecilidades para transformarlos en una capa uniforme que cubra la verdad hasta oscurecerla por completo, anulando la reflexión y postergando la salida de este mundo fabricado para negar la vida y acumular riquezas obscenamente robadas a quienes nada tienen.

Mientras tanto, los productores de todas nuestras desgracias, los tramoyeros de los desastres económicos y financieros, los evasores de responsabilidades y dineros mal habidos, siguen cobrando el dividendo mortal del tiempo ganado. Sus cómplices mediáticos cumplen con creces sus papeles distractores, nublando el reconocimiento de las verdades ocultas tras esos actos de violencia personales o colectivos, resaltando solo los dramas individuales y tirando bajo la alfombra de las mentiras sus primigenios orígenes, relacionados siempre con la estructura social levantada para asegurar el status quo de un Poder que reproduce y multiplica sus dominios.

Como en cada caso donde los medios son protagonistas casi excluyentes, pronto pasará esa ola reproductora del sonado caso del abuso, para comenzar con otra, de cualquier otro tipo, pero siempre asegurando el desconocimiento sobre las razones que permiten la repetición de los sucesos que se muestran como escenas de una película sin autores ni directores, como generación espontánea de una sociedad que pretenden alienada como método para su explotación sin límites.

Y aquellos muertos entre rejas reales o virtuales, al igual que las auténticas causas de los abusos, seguirán siendo como el lado oscuro de la luna, el pozo profundo donde se entierran las verdades ardientes que pretenden apagar con más fuego, el lugar jamás mostrado, las razones que no se dicen, el orígen siempre escondido detrás de las cortinas malolientes de una corrupción nunca mencionada por los sonrientes conductores de la falsedad televisada.

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