Acerca de la posibilidad del otro peronismo en el infierno de lo igual

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La idea de un peronismo complaciente y aceptado por el poder establecido no es nueva, solo basta remontarse a ese oxímoron político que fue el peronismo neoliberal de la vergonzosa experiencia menemista, que llegó al poder prometiendo salariazo y revolución productiva, y generó una profunda crisis laboral, bomba social que le explotó en la cara al gobierno de la alianza en diciembre de 2001. Pero yendo más atrás en el tiempo, John William Cooke le decía en una de sus cartas a Perón: “si de estos dirigentes burócratas dependiese, la oligarquía y las fuerzas armadas podrían dormir tranquilas, seguras de que ni sus posesiones ni sus privilegios corren peligro.

“Los tiempos en los que existía el otro se han ido. El otro como misterio, el otro como seducción, el otro como eros, el otro como deseo, el otro como infierno, el otro como dolor va desapareciendo. Hoy la negatividad del otro deja paso a la positividad de lo igual”. Con esas lineas empieza su libro “La expulsión de lo distinto” Byung-Chul Han, filosofo coreano que escribe en alemán y analiza en clave dialéctica, la voraz positividad con la que el capital transnacional se reproduce implacablemente, a costa de la neoesclavitud en la que queda sumido el trabajador posmoderno.

“Con fuertes críticas al kirchnerismo y la autodefinición con expresiones como ‘peronistas racionales’ y ‘fuerza de centro’, un grupo de legisladores nacionales, liderados por el senador Miguel Angel Pichetto realizó hoy su primer encuentro orgánico, de cara a las elecciones generales de 2019.” De esta forma reseñanaba el diario La Nación, el encuentro realizado el 6 de abril de 2018 que aglutinó al sector del peronismo bendecido por el gobierno de Cambiemos, donde el actual jefe de gabinete, Marcos Peña los exhortaba al afirmar: “Más que qué vamos a hacer nosotros, es que van a hacer ellos. Si el peronismo quiere construir una alternativa racional para competir con Cambiemos en el 2019, bienvenido. Nosotros creemos que Cambiemos va a ganar en 2019 porque la mayoría de los argentinos quiere seguir con el cambio.”

La afirmación de que hay un peronismo ‘racional’ lleva implícita la definición de que también hay uno ‘irracional’, encarnado por el kirchnerismo, portador del peligroso gen del populismo. Laclau describió al populismo como la mejor posible de las formas republicanas, debido a que permite la participación de mayores grupos sociales en la pugna de poder y recursos, lo escribió precisamente en un libro llamado ‘La razón populista’.

La racionalidad hegemónica, a la que hacen referencia La Nación y Marcos Peña, surge de políticas que promueven la liberalización de la economía, la reducción del gasto público, la quita de impuestos a los sectores privilegiados y la disminución de la injerencia del estado en la economía, es decir, surge del credo neoliberal. Una razón que es más una cuestión de fe.

En una reciente intervención, Axel Kicillof, ex ministro de economía, decía lo siguiente al respecto de la colonización del sentido común por parte del credo neoliberal : “Hay muchos elementos de la economía que prendieron en el sentido común, como la teoría monetarista de Sturzenegger, que son estrictamente falsos y además muy jodidos para los sectores populares. Por eso muchas veces los economistas que pensamos distinto tenemos que hacer un esfuerzo para llegar al punto justo, donde se nos entienda lo que decimos, pero también donde desafiemos un poco el sentido común que todos parecen tener asumido. Porque la economía, aunque la expliquemos fácil, es algo complicado, y yo entiendo que la cuestión de las Lebac está muy lejos del sentir, de la necesidad, de la reivindicación y del problema inmediato del compañero del barrio que no llega a fin de mes, pero todos sabemos, y creo que el compañero del barrio también, que las tasas de las Lebacs tienen algo que ver con por qué no llega a fin de mes.”

Volvamos a Byung-Chul Han, un tipo que viajó a Alemania con la excusa especializarse en sus estudios de metalurgia, escapando de ese único camino académico trazado por su familia, para poder dar con Heidegger y la filosofía. El filosofo originario de Seúl describe de la siguiente manera el pensamiento político-económico hegemónico a nivel global: “A la globalización le es inherente una violencia que hace que todo resulte intercambiable, comparable y, por ende, igual.(…) La violencia de lo global como violencia de lo igual destruye esa negatividad de lo distinto, de lo singular, de lo incomparable que dificulta la circulación de información, comunicación y capital. Donde dicha circulación alcanza su velocidad máxima es precisamente donde lo igual topa con lo igual.” El infierno de lo igual, en este caso hace referencia a un orden global que obtura la posibilidad del surgimiento de experiencias político-económicas heterodoxas, alteridades para la hegemonía.

La idea de un peronismo complaciente y aceptado por el poder establecido no es nueva, solo basta remontarse a ese oxímoron político que fue el peronismo neoliberal de la vergonzosa experiencia menemista, que llegó al poder prometiendo salariazo y revolución productiva, y generó una profunda crisis laboral, bomba social que le explotó en la cara al gobierno de la alianza en diciembre de 2001. Pero yendo más atrás en el tiempo, John William Cooke le decía en una de sus cartas a Perón: “si de estos dirigentes burócratas dependiese, la oligarquía y las fuerzas armadas podrían dormir tranquilas, seguras de que ni sus posesiones ni sus privilegios corren peligro.(…) Si coinciden en la conciliación de clases, en que el imperialismo no es necesariamente nocivo y un buen gobierno puede valerse de el, en el rol de los militares en América de hoy, en que por sobre todo hay que defender los valores ‘Occidentales y Cristianos’, etcétera, etcétera, ¿Que los separa? Solamente lo formal, lo transitorio, los malentendidos”. Malentendidos, como cuando Massa, presentado como jefe de la oposición, viajó al foro de Davos con Macri y Prat Gay. El por entonces ministro de economía del gobierno, recordando aquel encuentro, relató divertido: “Mauricio de vez en cuando le tiraba el micrófono a Sergio. Y Sergio decidió que iba a hablar en castellano por lo que me pedía a mi que le hiciera de traductor. Más de una vez le hacía una traducción medio cambiada para ratificar la idea de que estaba con nosotros”.

Este peronismo servicial lejos está del espíritu de rebeldía plebeya que lo identificó desde sus orígenes. Perón, ese enorme ajedrecista político, no pocas veces controvertido en sus jugadas, en el marco de las reformas transformadoras de la década del 40’, instaba a sus descamisados a la paz social y en los 70’ le hacia un guiño a la militancia joven hablando de un socialismo de corte nacional, cercano a la experiencia China. Evita mencionaba en sus discursos las palabras vanguardia y revolución y Cooke incorporaba categorías marxistas en sus análisis. En cualquier caso, más allá de las muchas contradicciones que surgen de la historia peronista, se impone la misión de contrapesar la desigual balanza entre trabajo y capital, en detrimento de los bloques de poder dominantes y de los grandes capitales extranjeros.

El peronismo en su variante kirchnerista distó mucho de ser revolucionario. No modificó sustancialmente las estructuras económicas, pese a eso, subido al boom de las commodities, redistribuyó la riqueza, apoyó la reindustrialización (fomentando pequeñas y medianas empresas y cooperativas) y democratizó el consumo, alimentando la demanda. Los limites del modelo fueron la correlación de fuerzas, el cambio de ciclo económico global y los propios errores. Pero sin dudas fue un modelo económico alejado del dogma neoliberal, que se enfrentó, afectando intereses, a sectores que configuran parte del poder real en la República Argentina y dejó un país mucho mas integrado socialmente que el que recibió luego de la debacle de 2001.

Macri, aun con sus enormes dificultades en la alocución, se hace entender en un punto: no hay otro camino. Quienes se resisten, están conspirando con las posibilidades del país. Parte del peronismo denominado “racional” o “superador” (como le gusta decir a Marco Lavagna) comparten esa premisa, hay acuerdos que no pueden evitarse, e incluyen a los sectores económicos concentrados, nacionales y transnacionales. Resulta difícil pensar en un proyecto de país socialmente justo, económicamente libre y políticamente soberano, como planteaba aquel primer peronismo, acordado con las corporaciones que tejen el entramado del poder.

Byung-Chul Han cita a Alexander Rüstow, quien creo el concepto de ‘neoliberalismo’ y afirma: “constató que si la sociedad se encomienda únicamente a la ley mercantil neoliberal se deshumaniza cada vez más y genera convulsiones sociales y que si no se complementa con solidaridad y civismo surgen masas inseguras, que actúan movidas por el miedo”. Sin embargo el miedo es utilizado para desactivar la resistencia frente a políticas regresivas que vuelven a las sociedades mas injustas. Solidaridad y civismo podrían resumirse en aquella definición enterrada por la restauración conservadora, ‘la patria es el otro’, concepto que según afirmaba José Pablo Feinmann le resultaba a la derecha excesivo e insultante porque “no será aconsejable olvidar que ellos, el poder, el establishment, los monopolios, jamás pensarán que la patria son los otros. Sino que pensarán lo que siempre pensaron: que son ellos, solamente y nadie más que ellos.”

Esta expulsión de lo distinto realizada por la racionalidad neoliberal busca imponerse en las subjetividades como el único proyecto político-económico posible. Es en ese infierno de lo igual en donde se sellan los acuerdos entre la alianza Cambiemos y el Peronismo ‘Racional’. Y ahí no hay lugar para el otro peronismo, una vez más, el hecho maldito del país burgués.

 

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