Argentinos a la carta

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Me pregunto si las características de CABA, tan cosmopolita, habitada por seres más inquilinos que propietarios de su ciudad, con inmigrantes del interior o del exterior, que votaron a Macri como jefe de gobierno hace años, no se extendieron al resto del país y ahora somos 44 millones de iguales, extrapolados de una tierra diversa a la que llegamos en busca de un futuro promisorio que se nos está negando cada día. Argentinos a la carta, con fritas o con humita, con mate cocido o con chocolate.

Cuando a mis 62 años creí haberlo visto todo, haberlo escuchado todo y haberme curado de espanto de todo, la vida me regala un presidente que atraviesa todas mis barreras y filtros de ciudadana formada a lo largo de la historia argentina, la estudiada, la vivida, la contada por los antepasados, la analizada y discutida y la confrontada. El discurso del 1 de marzo de Macri no difiere mucho de los anteriores, pero esta vez tuvo algo así como un cinismo no encubierto, una fuerza inventada y un enojo actuado, algo así como un “estoy repodrido de ocupar este lugar y lidiar con ustedes que quieren lo que no voy a dar porque nunca pensé hacerlo”.

El discurso del primer día de marzo pertenece a una película de ficción de esas que suman tramas de novelas diversas, en donde el muchacho se cree una gran mentira durante años porque una suegra malvada lo tiene engañado y descubre al final y demasiado tarde que su novia le era fiel. Algo así como una injusticia largamente sostenida en donde el malvado dice que los demás son mala gente, el ladrón ve ladrones por todos lados y el inepto hecha culpas de ineptitud a los sabios. Un cuento como “Las mil y una noches” versión Argentina siglo XXI.

Pero convengamos que el problema no es Macri, está preparado y aleccionado para mentir en el marco de la más bizarra irreverencia, ineptitud e impunidad. El problema en realidad es la credulidad de los que todavía lo sostienen y a pesar de todo sufrimiento lo votarían de nuevo, como felicitar y acariciar el perro que se robó el asado de la parrilla o al mozo que me escupió la sopa. Y lo dicen sin vergüenza, sin rencor, sin culpa y sin sentirse cómplices.

El pueblo macrista parece haber nacido hace 4 años, sin historia, sin memoria y descubriendo de golpe que en una vida anterior se robaron todo, se instalaron en el poder para hacer daño, regalaron a manos llenas lo que no les era propio, sostuvieron a gente vaga e inepta, y el estado era un gigante innecesario. Nacieron con la idea de que la guita es todo, sin leyes y sin derechos, solo con cotizaciones y tasas de interés, con encuestas de subas y bajas de bolsa, con precios y descuentos, tarjetas y préstamos. O sea, nacieron en un gobierno que es sinónimo de economía, no de política.

Dentro de ese marco, lo social se atrofia y la pobreza se ve como algo sucio, con mal olor, con gente que roba y es mejor no cruzarse en la calle, la ciencia y el trabajo son gastos y la educación y la salud, si son privadas pueden quedarse, con bastante esfuerzo, y si son públicas se cierran achicando el gasto y desprotegiendo a los que menos tienen. Lo importante es si les descuentan un 10% tal día en tal super y entonces pagan 900 pesos y no 1000 por algo que en 2015 valía 300. Y se sienten felices si consiguen un laburo en una empresa privada donde son explotados hoy y dejados en la calle mañana.

Me pregunto si las características de CABA, tan cosmopolita, habitada por seres más inquilinos que propietarios de su ciudad, con inmigrantes del interior o del exterior, que votaron a Macri como jefe de gobierno hace años, no se extendieron al resto del país y ahora somos 44 millones de iguales, extrapolados de una tierra diversa a la que llegamos en busca de un futuro promisorio que se nos está negando cada día. Argentinos a la carta, con fritas o con humita, con mate cocido o con chocolate.

La pregunta a como una persona asume que ese mamarracho que habla cosas frívolas y simples, miente descaradamente y no tiene ningún empacho en ser cruel y despiadado, es su presidente y lo respeta, no la tengo respondida. Me dicen que es el odio, el odio al kirchnerismo, a Cristina, me dicen que la prensa mancomunada les muele las neuronas haciéndoles creer que se robaron todo y es gente con el cerebro lavado y machucado a mentiras e inventos. Sería algo así como aleccionar sobre una proscripción del peronismo estilo 1955 en donde el centro del sistema es Cristina, no Néstor, cosa que también se toca con el machismo militar reinante y aplaudido por este capullo de gatillos fácil y salvemos las dos vidas.

Yo creo que la profundidad social del tema va mucho más lejos que eso, creo que hay un hilo histórico que nace con el siglo XX, con la oligarquía, con el campo robado a los aborígenes, con los inmigrantes europeos, con la necesidad de “ser” a comienzos de siglo. Sigue con una clase creciente cuando empieza a llamarse media y deja de ser baja confrontando con la alta. Creo que nace con el peronismo que empieza a hacerle lugar a una clase sojuzgada y maltratada que pasó a comer una torta que jamás había probado. Y creo que esa sensación sigue, los que creen ser no aceptarán que otros sean. Y Cristina augura eso, otra vez los negros vagos en lugares que no les pertenecen. Como no hay otra opción les sale el Macri y Scioli son lo mismo o Macri y Cristina son lo mismo para justificar no votar o votar en blanco. Es una clase cobarde que no se acepta como tal y prefiere sufrir a ver que otros ya no sufren y bajar para que otros no suban.

Esta sensación no tiene remedio porque es invisible a sus ojos. Jamás entenderán que los males deben ser asumidos por un estado que con Cristina era eficiente y ahora es inexistente. Ese estado es el único protector del ciudadano, pero este pueblo macrista no lo ve así, cree en su propio esfuerzo más que en el estado y no entiende que su propio esfuerzo no sirve frente a males tan grandes, deudas tan descomunales, empresas con las que no se puede competir, salud y educación devastadas, ciencia moribunda y oídos sordos. El esfuerzo vale si se compite de igual a igual. No entiendo como creen que ellos pueden ser lo mismo que esos 100 tipos dueños de todo, para los cuales la clase que era media y esta cayéndose a pedazos, es un grupo de indigentes.

Me da mucho miedo el futuro, me dan una sensación de desprotección eterna las elecciones de 2019 con este grupo de antiperonistas crónicos que ve en cada funcionario no Cambiemos al mismo diablo. Ese diablo es muy diverso pero esa diversidad no sirve para mentes no diversas, obtusas y cerradas. Tengo pánico de no poder asumir una deuda impagable, tengo miedo que tanta injusticia jamás sea saldada, que los que hicieron tanto mal se refugien en donde no se vean y no podamos nunca tener un halo de justicia hacia tanta maldad desplegada hacia la gente, piense como piense.

El poder de la ignominia es tan fuerte que ni siquiera permite armarse social y políticamente a los partidos y a la gente. Es tan grande la impunidad que no se combate con el desarrollo de fuerzas, que desarma, comprime, enfrenta y no deja respirar ni paz, ni sosiego, ni futuro ni esperanza. Es una máscara que no deja entrar el aire y va creando una sociedad robotizada y oscura que va a favor de corrientes superficiales y frívolas y en contra del pensamiento intelectualizado, que ve al final solo cuerpos sin mente pero con relojes de marca. No sabe ni le importa quién es un escritor pero conoce a la modelo de turno que arma escándalos en TV, cree en pastores evangelistas truchos y ladrones, come panchos y es feliz sin educación, sin atención de salud y con mucha hipocresía, mentalidades que transforman un kiosco en el Coto y a su hijo sin trabajo en un ganador.

Hacia allá vamos, época menemista que creí superada con las olas de la intelectualidad y la justicia kirchnerista y que ahora vuelve renovada y empeorada en sus principios y hace que la tarima de la realidad se mueva hacia futuros no muy promisorios en un país que parecía ir hacia la unidad latinoamericana. A veces me pregunto que hubiera sido de este país si estos 4 años hubieran sido de Scioli. Claro que no lo sé pero al menos la riqueza no hubiera pasado de manos pobres a manos ricas. A lo sumo estaríamos igual que en 2015, que no es poco, seríamos un país esperanzado y no esta caterva de fracasados, malhumorados y empobrecidos, tratando de tapar la desgracia con cara de “soy desgraciado pero que no se note”. Porque si se notara habría que reconocer que se estaba mucho mejor en el gobierno anterior y eso sí que este pueblo sojuzgado no lo negocia.

Aun no asumo que lo sea, me parece mentira que un hombre que deja ver tan pocas luces en lo partidario, político, cultural y social sea presidente de un gran país como el nuestro. Ojalá las elecciones de este año nos den una chance de revertir este descomunal despropósito administrativo aunque nos lleve años. Si debiéramos sobrevivir otros 4 años a los cachetazos y patadas a las que nos acostumbraron no podría augurar que sea reversible.

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