Aunque ¨la justicia¨ se disfrace de mujer, patriarcal queda

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Si alguien nos pidiera que dibujemos a ´´la justicia´´, posiblemente a la mayoría se nos vendría a la mente una vieja imagen socialmente difundida de una mujer con vestido largo, dos balanzas y los ojos tapados. En una asociación del valor de justicia al Poder Judicial, por lo menos como un ¨deber ser¨, cabe preguntarse ¿No es un gran oxímoron que el Poder Judicial sea asociado a la figura de una mujer?

Cuando hablamos de Poder Judicial, hablamos del poder antidemocrático, y no expresado en forma despectiva, sino objetivamente como el único poder no elegido por el voto popular. Poco más de la mitad de la planta de su personal se encuentra integrada por mujeres, pero en los rangos más altos los lugares son ocupados mayoritariamente por varones.

Por una simple cuestión de igualdad resulta necesario que esta situación sea modificada, pero si uno lee los fallos que se vienen dando en los últimos años en distintos puntos del país, se torna una verdadera urgencia lograr la paridad en el Poder Judicial. El conocido caso de ¨Lucía Pérez¨ es un claro ejemplo, pero como este un sinnúmero de decisiones patriarcales.

Solo por citar ejemplos se puede mencionar el fallo del año 2011 de la Sala I del Tribunal de Casación bonaerense, donde los magistrados manifestaron que una joven golpeada y asesinada con más de 40 heridas por su pareja tuvo una actitud provocativa, y es por ello que decidieron reducir la pena. No es menor aclarar que está ¨actitud provocativa¨ surge de las propias declaraciones del condenado.

Luego también un fallo del Tribunal Oral en lo Criminal N° 23 porteño donde en el marco de una violación a dos menores, este tribunal decidió que no estaba probado el acceso carnal por la fuerza ya que no hubo falta de resistencia y que el varón acompañó a la adolescente a realizarse un aborto, lo que pareciera tomarlo como un buen gesto.

Sin detenernos en analizar la efectividad de la pena y su relación con los objetivos constitucionales de la misma, es evidente que jueces utilizan su poder con arbitrio en detrimento de los derechos de las mujeres. Esta situación se ve agravada en mujeres de extractos sociales más vulnerables, en donde hay que sumarle el problema del acceso a la justicia, el cual no es efectivo en todo el territorio argentino, por obstáculos económicos, falta de información, burocracias, entre otras cuestiones.

El llamado ´´Cuarto poder´´, el Consejo de la Magistratura, tiene a cargo, entre otras funciones, la selección de magistrados. El mismo está integrado por 13 personas de las cuales solo 4 son mujeres. No es casualidad que ninguna es miembro representante de los jueces del Poder Judicial, sino que 3 de ellas representan al Poder Legislativo (H.C. Diputados y Senadores) y la restante a la abogacía.

Todo esto lleva a concluir la necesidad de plantearse serias reformas dentro del Poder Judicial, que al ser el poder no democrático, es el que logra pasar más por desapercibido, y es el menos observado no solo a nivel mediático, sino por parte de la sociedad, quizás porque no hay una relación de representación que realce los ánimos de realizar críticas y reproches como sí sucede con el Poder Legislativo y Ejecutivo. Lo cual no quita que este, como parte de un engranaje estatal, no puede quedar por fuera de las conquistas paulatinas que se vienen dando con respecto a la igualdad de género gracias a la lucha colectiva y organizada.

El Poder Judicial debe tener perspectiva de género en cada una de sus decisiones, lo cual si bien no está asegurado por la mera presencia de mujeres, resulta sumamente importante este poder deje de ser independiente de la paridad de género.

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